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Nota publicada en la revista THEATER HEUTE

Número correspondiente al mes de Mayo.

Berlín-ALEMANIA 

El nuevo lenguaje de Beatriz Catani

La escritura dramática de historias se vuelve particularmente clara en las obras de Beatriz Catani. En toda su producción, ella juega dialécticamente con el pasado y el presente. No teme personalizar a la muerte con veracidad, y en ese caso no habla sólo acerca de la fuerte simbología de los cuerpos desaparecidos durante la dictadura militar, sino también de la muerte universal, que marca toda la historia argentina como un pecado original. Cuerpos abanderados trata sobre dos hermanas y un cadáver, que es restituido a su pueblo natal luego de una ausencia de años. Este cadáver es la prueba de los sucesos ocurridos en el país, pero al mismo tiempo es una ofrenda. Con esta referencia al terrorismo de Estado no se hace mención sólo a la época de la dictadura militar, sino sobre todo al terror, que hace imposible la vida en el seno de las instituciones y asfixia aquel tipo de democracia desde sus comienzos. De este modo, no sólo el lenguaje no es, en el seno de la obra, un medio de acuerdo. Es puesto en cuestión, sobre todo, su carácter de medio de comunicación: ¿de qué modo el hombre deberá utilizar el lenguaje, cuando el lenguaje de los medios, que es el discurso que debe ser particularmente abierto, consiste en mentiras y en un tipo de relación ficcional?

Las obras de Catani constituyen una respuesta oportuna a la búsqueda de Diedrich Diederichsens de una demarcación contemporánea entre la comunicación estética y política. En la medida en que ella inventa biografías abstrusas, monstruosas, que podrían surgir de una aguafuerte de Goya, está proyectando la representación de la moderna decadencia de la maldita Babel. Catani se ocupa –como ninguna otra de las escritoras de su generación- con mitologizaciones de la crueldad, que van más allá de las alusiones al régimen militar.

En Todo crinado ella construye una figura femenina, que acompaña toda la obra con comentarios casi inentendibles, al modo de los coros de las tragedias griegas. Se trata de una antigua vecina, una mujer india que está siempre embarazada, y es violada por el dueño de casa, un general del siglo XIX. Encerrada para siempre en una especie jaula para gallinas, gime con florida retórica, que se vuelve crecientemente inteligible: ella cita las palabras de los héroes de la historia argentina, que son impresas en negrita en los libros escolares. Los salvajes sórdidos y gimientes constituyen figuras horribles: gauchos modernos, en quienes se reconocen las estructuras de lo que actualmente ha explotado.

El trabajo de Catani de la mitología constituye un juego tenebroso con referencias al pasado y al presente. En medio de estas alusiones locales pueden esconderse imperceptiblemente citas de Ofelia, Lady Macbeth o Antígona. En Ojos de Ciervo Rumanos se trata de una relación padre-hija bizarra. El escenario simula una plantación de naranjas, en la cual los frutales están apestados por una extraña enfermedad: la así llamada tristeza de los cítricos. El intento del padre de emprenderla contra esta inexplicable enfermedad, es puesto a prueba en primer lugar en la hija: de este modo no se transgrede tan sólo aquella lógica botánica, sino ante todo las reglas de las relaciones familiares. El padre ejerce un poder cruel sobre la niña, quien deja pasivamente que se realicen todos los experimentos sobre ella. En esta relación surge la perversión perfecta de un infanticidio, una alusión a Ifigenia en Aulis, quien se dirige a la muerte voluntaria y alegremente, para salvar la vida del adulto descarriado. En la obra de Catani se trata del padre que ofrenda sus hijos sin futuro, o que hace de sus hijos una ofrenda a la falta de futuro: el destino moderno de los no-productivos, de los ineficientes.

El potencial político de las obras de Catani consiste en el ciframiento de mensajes, que intencionalmente exigen al público demasiado esfuerzo. Paralelamente a la lengua hablada, cada movimiento, cada juego con las manos, cada mínimo gesto significan un aporte para el horror que crece a través del malentendido. El mismo horror que todo el pueblo del país despilfarra diariamente. Una crisis de representación en el teatro de un país, cuya vida política se ha vuelto una tragedia.

El teatro más joven de Buenos Aires es un triste y renovado juego sobre el eterno retorno de lo mismo. En esta tierra sacudida por la crisis el teatro gira más que cualquier otro género artístico sobre una “sobrevivencia al límite del escándalo”. Del mismo modo que ocurre con la desesperación en El Dios de las cosas pequeñas, de Arundathi Roy: “en la tierra de la que ella proviene todo lo que ocurre siempre es peor”.

Traducción: Héctor Arrese Igor

Nota publicada en la revista THEATER HEUTE

Número correspondiente al mes de Mayo.

Berlín-ALEMANIA
 

Die neue Sprache von Beatriz Catani

Ganz besonders deutlich wird die dramaturgische Geschichtsschreibung in den Stücken von Beatriz Catani. In ihrer gesamten Produktion spielt sie dialektisch mit Vergangenheit und Gegenwart. Sie scheut es nicht, den Tod wahrhaftig zu personalisieren, und dabei geht es nicht nur um die Symbolhaftigkeit der unter der Militärdiktatur verschwundenen Körper, sondern um den allgemeinen Tod, der als Erbsünde die gesamte argentinische Geschichte prägt. In «Cuerpos (a)banderados» geht es um zwei Schwestern und eine Leiche, die eine von ihnen nach jahrelanger Abwesenheit in ihr Heimatdorf zurückbringt. Diese Leiche ist der Beweis für die Vorgänge im Land, gleichzeitig aber ist sie das Opfer kafkaesker Gesetze. Mit diesem Bezug auf die Willkür des Staatsterrors ist nicht nur die Zeit der Militärdiktatur gemeint, sondern der Terror überhaupt, der ein Leben im Rahmen funktionierender Institutionen unmöglich macht und jede Art von Demokratie im Keim erstickt. Deshalb ist die Sprache nicht nur innerhalb des Stückes kein Verständigungsmittel. Sie wird als Kommunikationsmittel überhaupt in Frage gestellt: Wie soll man überhaupt Sprache benutzen, wenn der einzige öffentliche Diskurs, die Sprache der Medien, nur aus «Apócrifos», beziehungsweise Fiktion und Lügen besteht?

Catanis Stücke sind eine passende Antwort auf Diedrich Diederichsens Frage nach einer zeitgenössischen Schnittstelle zwischen künstlerischer und politischer Kommunikation. Indem sie abstruse, monströse Biographien erfindet, die aus einer Radierung von Goya stammen könnten, entwirft sie die Darstellung eines modernen, zum Untergang verdammten Babel. Catani befasst sich – wie keine andere ihrer Generation – mit Mythologisierungen der Grausamkeit, die weit über Anspielungen an das Militärregime hinausgehen.
In «Todo crinado» schafft sie eine weibliche Figur, die wie der Chorus in der griechischen Tragödie das ganze Stück mit quasi unverständlichen Kommentaren begleitet. Es handelt sich um eine Ureinwohnerin, eine Indio-Frau, die ewig schwanger, vom Hausherren, einem General aus dem neunzehnten Jahrhundert, ewig vergewaltigt wird. Eingesperrt für immer in eine Art Hühnerkäfig, stöhnt sie Sprachfloskeln heraus, die zunehmend verständlicher werden: Sie zitiert die großen Worte der Helden der Geschichte Argentiniens, die in allen Schulbüchern fett gedruckt werden. Diese schmutzige, ächzende Wilde gebiert abscheuliche Missgestalten: moderne Gauchos, in denen man die Gestalten der aktuellen Ausgebeuteten erkennt.

Catanis Bearbeitung der Mythologie ist ein düsteres Spiel mit Referenzen der Vergangenheit und der Gegenwart. Mitten in diesen lokalen Anspielungen können sich unterschwellig und unbemerkbar auch Zitate von Ophelia, Lady Macbeth oder Antigone verbergen. In «Rumänische Rehaugen» geht es um eine bizarre Vater-Tochter-Beziehung. Die Bühne simuliert eine Orangenplantage, in der die Obstbäume von einer seltenen Krankheit befallen sind: der sogenannten Zitrustrauer. Die Versuche des Vaters, gegen diese unerklärliche Krankheit vorzugehen, werden zuerst an der Tochter getestet: Damit wird nicht nur gegen jede botanische Logik verstoßen, sondern gegen die Regeln der familiären Beziehungen überhaupt. Der Vater übt subtile, dabei grausame Gewalt auf das Kind aus, das alle Experimente passiv über sich ergehen lässt. Aus dieser Beziehung entsteht die perfekte Perversion eines symbolischen Kindermords, eine Anspielung auf Iphigenie in Aulis, die freiwillig und fröhlich in den Tod geht, um das Leben der irregeführten Erwachsenen zu retten. Bei Catani geht es um die Väter, die ihre zukunftslosen Kinder aufopfern oder ihre Kinder zum Opfer der Zukunftslosigkeit machen: das moderne Schicksal der Unproduktiven, der Nicht-Effizienten.
Das politische Potential in Catanis Werken besteht aus der Verschlüsselung von Botschaften, die das Publikum absichtlich überfordern. Parallel zur gesprochenen Sprache bedeutet jede Bewegung, jedes Spiel mit den Händen, jede minimale Gestik einen Beitrag zum Entsetzen, das aus dem Nichtverstehen erwächst. Das gleiche Entsetzen, das die gesamte Bevölkerung des Landes täglich durchdringt. Eine Krise der Repräsentation im Theater eines Landes, dessen politisches Leben zur Slapstick-Tragödie geworden ist.
Das jüngste Theater aus Buenos Aires ist ein erlebtes Trauerspiel um die ewige Wiederkehr des Immergleichen. In diesem krisengeschüttelten Land kreist das Theater mehr als jede andere Kunstgattung um die Artikulierung eines «Überlebens am Rande des Skandals». Wie die Verzweiflung als Dauerzustand in Arundhati Roys «The God of Small Things»: «In dem Land, aus dem sie kommt, geschieht stets Schlimmeres.»


E-mail: Bcatani@argentores.org.ar                                                                                 Espacio cedido por ARGENTORES