|
Ring... Ring...
Ring... "Gracias por comunicarse con el Estudio Hem de Arquitectura, en
este momento no lo podemos atender..."
-Hola.
Carla se quedó
paralizada. Estaba ahí. Cortó. "¿Por qué carajo no la había llamado?
¿Estará con la mujer? ¿Con alguno de sus hijos? ¿Se habrá dado cuenta de
que era yo? ¿Me llamará?" La cabeza le estaba por estallar. No podía
hacerse más preguntas. Se sentía una adolescente estúpida. Ella no era así.
Decidida, volvió a marcar.
Ring... Ring...
Ring... "Gracias por comunicarse con el Estudio Hem de...
-Hola.
-Hola. ¿Ricardo?
Soy yo, Carla.
-Hola.
¿No se la podía
hacer fácil? ¿No podía decirle algo como "acabo de llegar y estaba
pensando en llamarte, veníte para acá"?
-¿Estás trabajando?
-Sí, tengo que
terminar los planos, sin falta. La entrega es el lunes.
-Sí, ya lo sé.
Trabajo con vos, ¿te olvidaste?- Carla lamentó el tono y el contenido de su
frase. No se le tenía que notar el enojo.
-¿Dónde estás?
-En el club.
-Ah.
Silencio. Carla se
odió por haber llamado. Ahora tenía que remarla hasta las últimas
consecuencias.
-¿Querés que vaya
para allá?
-No tenés ninguna
obligación. Es tu día de descanso. Dejá, yo me arreglo.
Una madre judía no
lo hubiera dicho mejor. Carla estaba a punto de insultarlo pero quería verlo, más
que a nadie en el mundo.
-No me vengas con
formalidades. Además los chicos están con el padre así que no tengo problema.
-Ah, bueno, vení
cuando quieras.
-En un rato estoy
allá.
-Chau.
-Chau.
Carla se quedó
mirando el teléfono. Ahora tenía ganas de insultarse a sí misma. En lugar de
eso, dejó un billete de dos pesos sobre la mesa y salió casi corriendo.
En el camino se
encontró con un par de conocidos que intentaron empezar una conversación que a
ella se le hacía imposible. Se tomó un taxi en la puerta del club. En el
camino se fumó dos cigarrillos seguidos.
La ansiedad por
verlo la consumía, pero tenía que estar bien preparada para la ocasión. Se
metió de nuevo en la ducha. Se afeitó las piernas, las axilas, la entrepierna.
Dejó que el agua caliente corriera un rato sobre su cuerpo. Este instante fue
el paréntesis dentro de la locura.
Otra vez los
interrogantes: "¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy loca? Me dice que vamos a
tener que trabajar el fin de semana, no me llama, y cuando lo llamo prácticamente
me corta el rostro. Cuando le digo de ir me sale con la idiotez de mi día libre
y yo, lo único que atino a hacer, es correr como una loca, meterme en la ducha
y prepararme para coger con él. No, pará, no. No, de ninguna manera. Si
empiezo así voy muerta. Yo lo que tengo que hacer es ir, sí, ir voy a ir
porque me muero por verlo, pero nada. Como si nada. Hay que terminar los planos.
perfecto, vamos a terminar los planos. Ojalá me llamé alguien en el medio así
se da cuenta de que yo tengo mi vida. ¿Y si le pido a Sofía que me llame? Otra
vez el ataque de adolescencia. No, nada de eso. Voy, trabajo y listo".
Salió de la ducha y
se enfrentó con el ropero. ¿Qué me pongo?
Ricardo se miró en
el espejo del baño. Las dicroicas le pegaban en la frente y las arrugas parecían
más nítidas. "Le tendría que haber dicho que estaba de paso, que me iba
a llevar los planos al country y que los iba a terminar ahí. No voy a poder
seguir." Levantó la cabeza y miró las dicroicas con odio " Esta luz
blanca de mierda habría que desterrarla de los catálogos, es impúdica."
Salió del baño. El estudio estaba ordenado. Fue a la cocina. En la heladera no
había nada. Agarró las llaves y salió.
|