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En ese Chevrolet del treinta y ocho van el padre, el tío la madre, la tía y Federico. El padre no sobrepasará jamás los cuarenta kilómetros por hora. El tío dice que el día es impecable. La tía dice que de noche cenan poco. La madre aconseja tomar café con leche . Es un domingo innegable espléndido. llegarán a un lugar donde habrá sombra, olor a bagres frescos, sol, arena. Los hombres pescarán, y Federico contento corazón de siete años, confiará en que un alfiler doblado a mano le enganche su regalo vivo y loco en el misterio del agua. la madre con la tía toman mate cortan la torta, reparten la factura, todos ríen, hay algo que se rompe, refresca , cae la sombra, y entonces se hace la hora de volver. En ese Chevrolet del treinta y ocho vienen el padre. el tío, siempre a menos de cuarenta kilómetros por hora El tío dice que esa noche dormirá profundamente. la tía dice que estaba muy sabrosa la factura. La madre dice que es muy buena persona el panadero. Federico... hunde su mano a fondo en el pubis de talco de la tía. Federico pesca un pez plateado. Esa piel de mujer. Aroma. Tía. No hay confusión; bajo la trusa es tibio. Tía. Tía de noche. Tía de talco Tía que dice que no le dejó comida al pobre perro. Tío que dice que le hace falta agregar un galpón a su taller. Tío que es más lindo que papá. Tía que es más linda que mamá. La mano de Federico es una fiesta entera. Nunca se olvidará de ese domingo. Felices. Fueron todos muy felices. Y nunca sobrepasaron los cuarenta kilómetros por hora.. En ese Chevrolet del treinta y ocho. Que tiene la misma edad de Federico. Seguramente, por supuesto, claro: esto nadie podrá saberlo nunca.
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