¿Es o no es?


¿ES O NO ES? de Mercedes Farriols

comedia dramática inédita y sin estrenar

PERSONAJES:

  • LETICIA

  • SEBASTIÁN

hombre y mujer entre 35 y 50 años. da lo mismo.

educación
clase
vida económica, social y sexual: la que se puede

el escenario despojado. en el medio, una de esas sillas que se reclinan un poco y tienen rueditas. la silla desentona con el resto.

una mesa y tres sillas haciendo juego que representan el living comedor de la casa.

1.

se apagan las luces de sala y se escucha un off de ruidos de gente, ruido ambiente pero no se distingue dónde es.

sebastián: (en off)

(Estridente)¿Separarte?

se prenden las luces del escenario. leticia sentada en la silla con rueditas mirando al público.

leticia:

(Al público) Mi vida transcurría serena. Mal. Pero serena. Hasta que un día tomando un café en un vasito de cartón, le dije a Sebastián: me quiero separar.

enfermera: (en off)

¡Doctor Quiroga, favor presentarse en Radiología! ¡Doctor Quiroga, favor presentarse en Radiología!

se prenden luces a un costado que representa un dormitorio de la casa.

sebastián hablando a leticia que sigue sentada mirando al público.

sebastián:

Estás nerviosa, cansada, necesitás unas vacaciones. Cuando salgamos de esto vos te pedís unos días y nos vamos de vacaciones: la playa, arenita, dormir la siesta.... hacer una cucharita. Ya vas a ver que se te pasa, ¿eh?

leticia:

(Al público) ¿Cucharita? ¿Acurrucaditos de costado en la cama mezclando las piernas hasta no saber cuál es de quién? ¡¡¡Hacía cinco años que no hacíamos una cucharita!!!!

apagón. se escucha otro off.

enfermera: (en off)

¡¡Doctora Lenvingson, Doctora Levingson!! ¡¡Favor presentarse con urgencia en Terapia Intensiva!! ¡¡ Doctora Levingson, presentarse con urgencia en Terapia Intensiva!!

se prenden las luces.

leticia: (en off)

¡¡¡¡Me quiero separar!!! ¡¡¡¡Me quiero separaaaaaaarrr!!!!

leticia se mueve con la silla de rueditas para alejarse de sebastián pero después de un pequeño recorrido, vuelve al mismo lugar.

leticia:

Me quiero separar, insistí yo una y otra vez. Pero como la cosa se ponía muy difícil intenté decirle: (a Sebastián) un tiempo, Sebas. Siento que no soy yo. Que sólo trato de complacerte y ya no sé quién soy. Sólo trato de complacerte y nada te complace. Quiero vivir sola un tiempo, me siento agobiada...muy presionada. Dejame pensar, Sebas, ¿eh? Por ahí viviendo separados nos podemos re-encontrar....¿no?... te extraño, me extrañás... Un tiempo, dale, ¿si?

leticia con un movimiento de su silla, habilita otro sector del escenario: la cocina.

entra sebastián con un ramito de jazmines detrás suyo.

leticia lee un libro mientras toma mate. sebastián la sorprende.

sebastián:

Para vos.

leticia:

Me asustaste... ¿qué hacés acá?

sebastián:

Tengo la llave...y ...entré...

leticia:

Está bien...pero....no te esperaba. Tendrías que avisarme si vas a venir. Esta es mi casa ahora. Yo puedo querer organizar... podría estar... Bue... está bien. Ahora ya está. ¿Qué pasa?

sebastián:

Te hago unos masajes, ¿quérés? (Sin recibir respuesta empieza con los masajes en los hombros y cuello)

leticia:

Eh...yo...

sebastián:

¿Te tranquilizaste? ¿Ya te pasó?

leticia:

¿A qué te referís?

sebastián:

Digo...si... ¿se te pasó? Me dijiste que estabas nerviosa....que querías estar sola. Te pregunto si se te pasó. ¿Estás mejor? ¿Te tranquilizaste?

sebastián sigue con los masajes mientras leticia habla al público. mientras él la masajea. leticia puede deslizarse a otro lugar con la silla de rueditas pero sebastián sigue masajeándola como si estuviera bajo sus dedos.

leticia:

Jamás me tocaba. Hacía dos años que tenía una cadena de lunares en la espalda que me tenían que extirpar porque estaban creciendo y Sebas no se había enterado. Me podría haber crecido una joroba de veinticinco centímetros que a él no le hubiese surgido el más mínimo interrogante al respecto.

sebastián:

¡Ohia! ¡¡¡¡¡Te creció un lunar!!!!

leticia se desliza y vuelve a ubicarse debajo de las manos de sebastián.

leticia:

Jamás me preguntaba cómo estaba. Él en su mundo pesimista, lleno de rencores y resentimientos hacia todos lo que conseguían en la vida lo que él no podía alcanzar. Y yo... como no me quejaba de nada gracias a que siempre padecí de un agudo y crónico optimismo congénito, me había transformado en un gran recipiente de todos sus tristes, negros, irremediables padecimientos de la vida cotidiana y lo peor de todo: tratando de sacarlo a él de su cotidiano estado de ánimo nauseabundo y miserable.

sebastián:

¡Ah, no!!! Son varios. ¡¡¡Qué lindos!!! Uno... dos...

leticia:

Ochenta veces le había dicho que odiaba los lunares y que quería operármelos y que no lo hacía porque me producía pánico pensar en las anestesias, las malas praxis y todo eso que se escucha cada vez que un paciente se muere en una operación o se queda con una arteria tapada porque alguien se puso a mirar un partido de football en lugar de meter la aguja donde la tenía que meter. Pero seguramente cuando se lo había contado noventa y nueve veces, él habría estado en la trascendencia laberíntica de fatídicos e irremediables problemas de una existencia terrenal poblada de fantasmas urbanos que no lo dejaban ser feliz ....

sebastián:

(Dándole besitos en los lunares) Parece que por acá hay más.... ¡Qué lindo!!! ....siete....ocho lunarcitos...

leticia:

(Al público)...Y ahora él me contaba los malditos lunares como si hubiese encontrado piedras preciosas en busca de la esmeralda perdida.

sebastián:

¡Pero mirá qué hermosos!

leticia:

¿Hermosos dijo? Pensé que esa palabra no existía en su diccionario.

sebastián:

¿Estás mejor? ¿Te pasa? ¿Te gusta?

sebastián la sigue masajeando con su mejor sonrisa y aspecto relajado.

leticia:

Hacía una semana que Sebastián se había ido a vivir a lo de su hermano Cristian que tenía una casita en el Tigre que no usaba casi nunca. Estaría sucia y abandonada, con un rincón lleno de bolsas de residuos amontonadas con olor a miseria como era su costumbre. Con pedazos de dulce de membrillo o cáscaras de queso con poco queso desparramados por la mesada porque no tenía heladera. Él no necesitaba heladera. Y no porque no tuviese con qué comprarla. Era un tema de principios: nada de productos de consumo posmodernos, innecesarios y superfluos. Y la heladera entraba en ese rubro, como toda clase de teléfonos, secadores de pelo o aspiradoras hijas de Satanás y hasta las esponjitas de alambre para limpiar jarritos y cacerolas que limpiaría con arena una vez por mes y que nunca tuve el honor de ver limpios. ¡Quién sabe por qué fundamento filosófico el inodoro y el televisor no entraban entre los objetos no permitidos! Pero su hermano Cristian vivía así y ya no era asunto mío.

Mi hija Nazareth ya hacía un mes que iba y venía porque prefería estar en casa de mi hermana Ruth porque en casa, el infierno que vivíamos su padre y yo se había transformado en una película de terror en la guerra de las Galaxias. Yo estaba sola hacía una semana. Recién empezaba a bajar un poco la taquicardia constante en la que vivía hacía más de un año y estaba tratando de volver a escuchar el fluir de mi sangre por las venas que hasta la semana anterior parecían tuberías de hierro portadoras de residuos tóxicos y a punto de estallar como bomba atómica. Tomaba mate si quería y si no quería me rascaba el culo. No tenía que escuchar a cada rato que la vida es una desgracia continua, que el mundo se transforma en un basural insoportable o que todo se está desintegrando paulatinamente hasta destruirnos a cada uno de nosotros en los últimos despojos más detestables del universo. Ahora yo me sentía libre. Sola pero libre. ¡Tan sola! Y feliz. Mediocre pero feliz. Sin grandes pretensiones pero feliz. Mediocremente feliz. Y si alguna noche la soledad se asomaba amenazadora por mi cama: me acurrucaba al osito de peluche de mi hija Nazareth de los cuatro años y punto. A otra cosa y hasta la mañana siguiente. La noche era lo más denso en esos días. Siempre la noche había sido lo más denso. Larga, oscura, silenciosa, misteriosa, mágica pero siempre densa y llena de silencios ensordecedores. Pero la mañana siempre había seguido indefectiblemente a la densa y solitaria noche y no dejaría de pasar lo mismo aunque en su lento transcurso uno pudiese dudar de lo contrario. Podía parecer más larga que de costumbre pero el día llegaría. Aunque yo me tuviese que consolar con el juguete de mi hija por el desconsuelo que sentía al no encontrar mi lugar ni del lado derecho ni del lado izquierdo de la cama. Aunque los gatos del vecindario gritaran y lloraran de amor como refregándome en la cara mi condición de mujer sola. La noche llegaría a su aclarado fin y tarde o temprano la luz aparecería sin darme cuenta como en una película después de una noche de amor, de persecuciones o de torturas cuando aparecen las primeras sombras del día para dar testimonio del paso del tiempo. (Leticia gira y mira a Sebastián que sigue masajeándola.) Lo bueno de decirle a mi marido que quería separarme fue que empecé a vivir una constante luna de miel. Eterna e inesperada. Que me hacía preguntar a cada paso: ¿es o no es? ¿Es o no es? Flores... miradas, atenciones, masajes, invitaciones a cenar... manos que trataban de rozarme la pollera sensualmente hasta las piernas con la intención de sentir una humedad desaparecida hacia un siglo. Y hasta...

sebastián:

¿Traigo helado? ¿Te tomarías un heladito bañado en chocolate? ¿Con almendras como te gusta a vos?

leticia:

Helado. Hacía ocho años que le decía que no me gustaba el sambayón. Y él siempre me traía sambayón. Y yo me tomaba el sambayón para no ponerlo mal pero si un día yo me equivocaba y le ponía tomillo a la salsa de tomate, él era capaz de escupirla sobre el plato y salir corriendo a enjuagarse la boca. (Sebastián le sonríe) Esa sonrisa que había esperado cada mañana y que ahora, cuando menos la quería, la tenía: todos los días. Me quiero separar. (Y al público) Me quiero separar. ¿Cómo tengo que decírselo para que me entienda?

sebastián:

....dieciocho....diecinueve... Estos ya son muy chiquitos.

leticia:

Siempre me había traído helado de sambayón y frutilla. Odio la frutilla y el sambayón me parece vómito licuado. Me hace acordar a la sopa amarilla de mi abuela Teresa que me la metía con la cuchara en la boca tan adentro que me daba arcada. Él nunca me escuchó. Si antes no me escuchaba, ahora seguía sin escucharme pero empecinado en hacer todo lo que creía me podía hacer sentir bien. Con la diferencia de que yo, ya no quería recibir esas atenciones...

sebastián canta un bolero.

leticia:

...por lo menos de él.

sebastián:

…Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo...

leticia:

A quien, por otro lado ya no tenía ganas de explicarle que me molestaba profundamente que me tocaran mis lunares y mucho más que me contaran mis miserables lunares de la espalda heredados de mi abuela Felicitas. Lunares y mi primer nombre, herencia de cuatro generaciones de Felicitas: abuela, bisabuela y tatarabuela.

sebastián:

… ya no puedo acercarme a tu casa…

leticia:

¡Cada uno con su karma! Y el mío es mi primer nombre y lunares de mi abuela materna y el vómito de mi abuela paterna.

sebastián:

Día y noche…

leticia:

Por lo menos el vómito me venía de vez en cuando porque lo que es el nombre, pegado para siempre como sello de campo de concentración y los lunares sean eternos hasta que me decidiera a la terrible extirpación que era como sacarme parte de mi historia materna que mal no me vendría cambiar un poco pero ese ya es tema para otra novela de crimen y castigo. Por momentos me decía: "¿Lo habré inventado?" "¿Sería un sueño lo que me llevó a no poder soportar más ese vínculo que me parecía un castigo?" "¿O el sueño es este?" ¿Es o no es? Lo que si sé es que ya casi no puedo salirme del cuento que me cuento a mí misma todos los días hablando y hablándome de una historia que me llevó a querer tirarme por la ventana y que ahora, con la fórmula mágica: "separarme" parecía estar viendo a sus protagonistas bajo el efecto de una droga soporífera.

sebastián:

Veintiocho. Definitivamente son veintiocho lunarcitos.

leticia:

Y Sebastián seguía contándome mis tristes y desordenados lunarcitos. Por lo menos estaba entretenido. ¡Ya era un adelanto!

 

apagón.

 

2.

en la oscuridad se escucha un off con un nivel de histeria altísimo.

leticia (en off)

Yo trabajo tanto como vos y si no ponés un poco de buena voluntad para cambiar el humor te aviso que no me vas a ver más la cara.

sebastián (en off)

Si te dieras cuenta que esta es la realidad que nos toca vivir... te dejarías de hablar tanta pavada y te pondrías las pilas para seguir adelante sin tanta exigencia. Esta es la realidad y el que se adapta más rápido subsiste... si no, te engullen de un trago.

leticia (en off)

¡¡¡¡Quiero vivir en paz!!!! Esa es mi única exigencia. Esa es mi realidad. Nazareth es grande. Ya no le tengo que andar encima con ropa, horarios, teta y aburridos actos patrios de la escuela y lo que menos quiero es sentirme que tengo que dar examen todo el día con un lunático que lo único que hace es rezongar, rezongar y rezongar.

SEBASTIÁN (en off)

Si supieras las presiones que tengo para salir adelante te dejarías de recriminarme como una nenita malcriada.

leticia (en off)

Estás presionado porque nada te conforma y te la pasás comparándote con todo el mundo. ¿Por qué no aprendés a valorar lo que tenés...

sebastián (en off)

¿Qué tengo yo? ¿Qué tengo?

leticia (en off)

...en lugar de querer todo lo que tienen tus vecinos? "Culo veo, culo quiero" ¡¡¡¡Basta, Sebastián!!! ¡¡¡Basta, no doy más!!! ¿Sabés las veces que tengo ganas de tirarme por la ventana??? ¡¡¡Basta!!!

sebastián (en off)

¿Te parece? ¿Te parece que me amenaces con que te querés tirar por la ventana?

leticia (en off)

Quiero descansar.

sebastián

¿Yo me merezco esto? Empezá vos por valorarme a mí en lugar de pretender que me ría todo el día como un débil mental para tenerte contenta a vos que sólo pensás en cómo vivir en paz porque no se te ocurre pensar ni dos minutos cómo tengo que hacer yo para que no me pasen por arriba en la selva de todos los días que me toca vivir.

leticia (en off)

Yo vivo en la misma selva que vos, ¿qué te creés? Y sin embargo trato de no moverme por la vida como si la Tierra fuera un campo de batalla donde hay que estar disparando por las dudas te estén por disparar.

sebastián (en off)

Leíste mucha poesía. Y la vida hoy en día ya no es poesía, mi amor. ¡Hace tiempo se acabaron los poetas por si no te enteraste! ¡Hace tiempo!

se prenden las luces y están sentados a la mesa con platos llenos de comida pero que no tocan, uno en una punta y el otro en la otra.

leticia:

¡¡Sos un desgraciado!!!

sebastián:

¡¡¡Y vos una egoísta!!!!

leticia:

¡¡¡Insensible!!!! ¡¡¡Insatisfecho!!!

sebastián:

¡Conformista!

leticia:

¡¡¡Envidioso!!! ¡¡¡¡Malhumorado!!!!!

sebastián:

¡¡¡¡Dejame de hinchar las pelotas!!!

leticia:

¡¡Infeliz!!!

sebastián:

Me voy a la cama.

leticia:

¡Impotente!!!!!

apagón.

3.

se prenden las luces

estalla una música moderna de moda a todo volumen.

sebastián y leticia comen sentados a la mesa uno en una punta y el otro en la otra sin mirarse y sin dirigirse la palabra. sebastián come rápidamente y con voracidad. leticia saborea cada bocado con extrema lentitud, con exageración. obviamente para diferenciarse de sebastián que parece una bestia.

hay un clima tenso. pasan unos instantes y sebastián apoya los cubiertos con fuerza sobre el plato, reclamando una solución.

leticia no se hace cargo. sebastián tose como atragantado.

leticia:

(Con mucha calma) ¿Me servirías un poco de vino, por favor?

sebastián:

(Agarra la botella con violencia y está por servirle pero se interrumpe) ¿Cómo puede soportar esta música a todo volumen, me lo podés decir?

leticia:

(Sin inmutarse, Leticia se levanta y se va)

sebastián deja la botella con violencia y sigue comiendo con voracidad. pasan unos instantes y la música para completamente. leticia vuelve.

leticia:

(En el mismo tono que antes) ¿Me servirías un poco de vino, por favor?

sebastián:

(Agarra la botella pero se interrumpe. La mira.) No entiendo por qué estando acá no come con nosotros. Esta casa es de locos, cada uno lo que se le canta. Parece una pensión. ¿Soy boludo o qué? Me mato. Porque me mato para no traerles ningún problema. Ningún drama. Ninguna de las setecientas preocupaciones que me destruyen todo el día.... que me taladran el cerebro hasta hacérmelo puré de papas y no tengo el derecho de comer con mi mujer y mi hija aunque sea durante cinco pelotudos minutos. Ya te sirvo el vino. Ya te lo sirvo. Yo te cuento lo que me pasa durante medio minuto pero vos sólo pensás si te sirvo el vino o no te sirvo el vino. No pensás en mí. ¡Claro!! Vos estás pensando en lo que vos sentís, que es lo único que realmente te interesa, y a mí que me destruya la realidad, que me perfore la capa de ozono, que me tropiece con un sorete de perro malcriado y me rompa la nuca contra la vereda llena de baldosas flojas que dejaron los de Aguas Argentinas porque se les acabó el horario de trabajo y las dejan porque se les canta dejarlas total ellos no las pagan. A ellos lo único que les importa es cobrar el sueldo y qué les va a importar si alguien se parte la nuca con una baldosa y si a ellos no les importa mirá si le va a importar a un perro y menos al dueño del perro que lo único que le importa es que su perrito que mide ocho metros haga popó pero no en su casa así no le ensucia la alfombra que compró en el último viaje que hizo a China con la plata de mis impuestos porque la dueña del perro es esposa de un empleado corrupto del Ente Recaudador que para llevar a su esposa a la China o al Congo Belga recibe dádivas de toda la cuadra y le importa tres carajos que yo me rompa la nuca contra la vereda, total él se va a la China a comprar esa alfombra de mierda que tiene en ese living de mierda y ni hablemos de la esposa que tiene y menos del perro que caga a todo el barrio total ellos son del Ente Recaudador y mejor no te metas con ellos si no querés que te crucifiquen para toda la vida. (Grita a interiores para que escuche la hija) ¡¡¡¡La vida me está matando!!!! Tu padre sirve sólo para traer plata, después.... que coma solo.... ¡¡¡Total!!!! Papá paga las cuentas. Para eso sirve papá, ¿no?

leticia:

¿Terminaste?

sebastián:

Sí, terminé. Terminé. Me indigesté pero terminé.

leticia:

Tengo ganas de vomitar.

sebastián:

¡¡Ya está!!! Lo único que importa es lo que siente la señora.

leticia:

Voy a vomitar.

sebastián:

Yo que reviente, ¿no? Yo te digo que me indigesto pero vos tenés que vomitar.

leticia:

Terminala, por favor. No te das cuenta que no se puede estar con vos ni cinco minutos sin que transformes todo en un infierno.

sebastián:

¿Qué hice, Dios mío, qué hice?

leticia:

Todas las mañanas cuando me descubro en el espejo y no me reconozco me pregunto: ¿Qué hice? ¿Qué estoy haciendo? ¿En qué me estoy transformando? ¿Quién soy?

sebastián:

Ya te ponés a hablar de vos. Yo, yo, yo, yo.

leticia:

Miro programas que no me interesan.

sebastián:

Seguí, dale, seguí.

leticia:

Como comidas que no me interesan. Voy a un club que no me gusta.

sebastián:

¡Dale, dale que yo soy de goma, dale!

leticia:

No voy al cine. No estoy con gente que me guste. Vacaciono donde...

sebastián:

Donde se te canta el culo.

leticia:

Vacaciono donde no me gusta. ¿Por qué? ¿Por qué me convertí en una persona distinta a la que quería ser?

sebastián:

Porque sos boluda. Yo no te lo pedí.

leticia:

Sí, soy boluda.

sebastián:

Tan mal no nos va. En algo coincidimos todavía.

leticia:

¿De dónde saqué que tenía que complacerte.... que tenía que conformarte... que tenía que cambiar mis gustos? ¿Quién me lo enseñó?

sebastián:

Yo seguro que no. Pero si querés te lo averiguo.

leticia:

Yo lo tengo que averiguar, ¿sabés? Yo lo tengo que hacer.

sebastián:

Sos libre, creo, ¿no?

leticia:

La puta que te parió.

sebastián:

¡¡¡¡Andá a averiguarlo entonces!!! Yo madrugo, me voy a la cama.

4.

leticia se traslada con las rueditas a proscenio y sigue.

leticia:

Hasta a veces me parece que soy una mala persona por no aceptar lo que me está dando en este momento. En serio, muchas veces digo: "no es verdad... o ... no era verdad lo anterior" ¿Puede ser lo que me pasa? ¿Puede ser lo que me pasaba? ¿Es o no es? Esta era mi pregunta. ¿Puede ser que una persona cambie tanto? Y con la misma persona. Es decir, conmigo. No es que de pronto se transformó porque se está levantando a una pendeja de 20 años. ¡No! Soy yo misma. Misma cara, mismo carácter, misma celulitis y mi mismo tan criticado egoísmo. Con las mismas miserias, con mis mismos miedos. Yo misma. A la que le dijo ochocientas mil veces que era una egoísta...

leticia se traslada a otro espacio, siempre deslizándose en la silla con rueditas. sebastián con su mejor humor, toma uno de los platos llenos de comida y le empieza a dar de comer en la boca con todo cariño y dedicación como si fuese un bebé.

leticia:

... mediocre, conformista, "cómo podés pensar en jubilarte como maestra en un mundo como este? Sólo a vos se te ocurre"... "Los maestros son los idealistas de este siglo"

(Come sin mirarlo) No quiero comer, Sebastián, no quiero, gracias. Sebastián. ¿Cuánto hacía que no pronunciaba su nombre? ¿Y él el mío? Ya ni me acuerdo. Porque en el Colegio los chicos me dicen "Seño", los padres me dicen "Señora Rodriguez" y otras miles de personas nunca se preguntaron cómo me llamo y yo tampoco me ocupé de decirles cómo me llamo. O por ahí me ocupé, insistí, los llamé por su nombre hasta cansarme y después de mucho tiempo me harté. Pero... ¿por qué me cansé? ¿Por qué renuncié a que pronunciaran mi nombre que es una de las caricias más hermosas a las que podemos aspirar los seres humanos? Seguramente porque se lo habré pedido a Sebastián y se habrá burlado tanto que me fui convenciendo y... ¿para qué insistir? Tampoco es para tanto que alguien pronuncie tu nombre. Se puede vivir sin eso. Está bien... no es nada... tiene razón... debo estar equivocada... soy una tonta. Es que soy una tonta. Fui una tonta. Fui una tonta al dejarme decir "sos una tonta". Y lo peor de todo: creer yo misma que soy una tonta. ¿Por qué tendría que ser una tonta? ¿Por querer que pronuncien mi nombre? ¿Habrá alguien que no desee que pronuncien su nombre? Habrá muchos que ya se olvidaron lo hermoso que es que pronuncien su nombre pero... ¿que no les guste? Eso no lo creo. (A Sebastián) ¿Sebastián?

sebastián:

¿Qué Leticia?

leticia:

(Al público) Y lo dijo. Yo no lo podía creer. (A Sebastián) ¿Sebastián?

sebastián:

¿Qué Leticia?

leticia:

Casi me sonaba a una burla escuchar mi nombre ausente. Había tan poco ejercicio de pronunciarlo que hasta a mí me sonaba extraño. Hasta había perdido mi nombre y ahora sonaba como un verso, como una nota musical, un verdadero susurro en mi atormentado oído derecho. ¡Tanto se lo había pedido!. Pero de tanto pedirlo me había olvidado que lo estaba pidiendo. Como cuando un chico pide ya casi sin pensar en lo que pide: "dale, ma, dale, ma, dale, ma, dale, ma". ¿Estaría soñando? ¿Me estaría muriendo y por eso todo se confundía como en un sueño? (A Sebastián) No quiero comer, no me des más.

sebastián sigue dándole un fideo tras otro con total dedicación.

leticia:

La noche anterior había comido asado al horno con papas y batatas. Yo adoro las batatas. En realidad adoraba las batatas porque como ni a Sebastián ni a Nazareth le gustaban las batatas, yo había dejado de comer batatas por diez años. ¡No me las iba a hacer sólo para mí! ¿Para mi sola? ¿Para qué? No tenía sentido. Y esa noche había comido tantas batatas y estaban tan saladas que tenía una sed increíble pero como tenía pereza de levantarme a tomar agua, empecé a soñar que tomaba grandes bocanadas de agua de un manantial que me caía como por un tobogán desde la terraza y me llenaba la garganta ardiente de las batatas llenas de sal y orégano y prohibidas durante diez años. Sin embargo al despertarme seguía sintiendo sed por lo que había tenido que levantarme a tomar tres vasos de agua que fueron los necesarios para tranquilizarme y poder retomar mi sueño en el que volvería a soñar que tomaba agua, ahora del agua del inodoro, para poder seguir durmiendo un rato más y no tener que levantarme nuevamente a saciar mi sed ardiente producto de "la batata prohibida".

sebastián:

¿Qué Leticia?

leticia:

Ya no quería más hacer fuerza para conseguir algo que al otro le costaba tanto esfuerzo y sacrificio entregarme. Ya no me quería exponer a pedir algo y sentirme rechazada. Sí. De tanto desear que pronunciaran mi nombre, ahora pensaba que estaría soñando que Sebastián pronunciaba mi nombre porque sólo en un sueño esto podría haber ocurrido. Por lo tanto cuando me despertara del sueño aún iba a tener que satisfacer el deseo de que alguien pronunciara mi nombre. Aunque ya no sé si sería de Sebastián que desearía escucharlo. Así que era probable que estuviese soñando.

apagón

5.

Suena una música suave y sensual.

poca luz.

leticia en una punta del escenario. sebastián en la otra. se miran profundamente y sin moverse.

todo transcurre lentamente, sin ningún apuro.

sebastián se saca lentamente la remera sin dejar de mirarla, la tira al pecho de leticia que no deja de mirarlo.

leticia a su vez se saca los dos zapatos y, con cierta violencia sensual, los arroja sobre el pecho de sebastián que los ataja. apoya los zapatos en el piso y sin dejarla de mirar, hace lo mismo: se saca ambos zapatos y las medias. mete las medias en cada zapato y los tira encima de leticia que los ataja sin dejar de mirarlo.

leticia, levantando una pierna y apoyando sensualmente el pie sobre una silla, deja ver una media de nylon negra con liga enrejada y moñitos de tul que baja melosamente hasta sacársela.

el aire huele a humedades prohibidas.

lentamente repite lo mismo con la otra media sin dejar de mirar a los ojos de sebastián que no deja de mirarla. hace un bollo con ambas medias y las tira a la cara de sebastián que las huele, las besa, se las pasa por la cara y luego las deja caer al piso.

sebastián se saca los pantalones y queda en slip.

leticia baja con dificultad el cierre de su vestido. se lo saca lentamente pero tapándose con él de manera sensual hasta que -siempre mirando a los ojos de su compañero. lo deja deslizar por el piso mostrando su torso desnudo.

sebastián admirando sus formas, se saca el slip.

leticia queda estática mirando a sebastián mientras luce ingenua su pequeña bombacha que apenas marca su femenina redondez.

sebastián avanza hasta ella para hacerlo él mismo.

desliza un dedo por la cadera derecha hasta engancharlo en la tirita de la bombacha de leticia.

antes de bajarla, se apagan las luces al tiempo que

estalla una música a todo volumen. (tal vez pink floyd "El lado oscuro....")

algo que de la sensación de un torbellino de orgasmos.

6.

luego de algunos compases de éxtasis y relax, se prenden las luces.

leticia con una bata de toalla y pantuflas, en su sillón con rueditas habla por teléfono. lentes y papeles en la mano.

leticia:

Quiero que llegues temprano, Nazareth. ¡Eso no es temprano! Eso ya es otro día. Por favor, no empecemos otra vez. Ya lo discutimos ochenta veces. Quiero que vengas antes de las dos a lo sumo a las tres. ¿Quién te va a traer? ¡No, el hermano de Lucía, no ¡Que las reparta la madre, Nazareth o le pido a tu padre que te busque! Preguntale, y llamame en cinco minutos que tu padre ya está por llegar.

entra sebastián en traje y maletín.

sebastián:

Leí un artículo que me impresionó.

leticia:

¿Podrías buscar a Nazareth esta noche?

sebastián:

Dice que si uno no se abraza con alguien por lo menos seis veces por día se puede enfermar...

leticia:

Tiene un cumpleaños y no quiero que las traiga el hermano de Florencia. Son chicas y ese pibe me da miedo. ¿Podrías ir a las dos o a las tres?

sebastián:

Y me puse a pensar cuánto hace que no abrazo a nadie. Antes uno se abrazaba creo... ¿no? En el club, me abrazaba, estoy seguro. Por lo menos después de un partido. Creo que la última vez que abracé a alguien fue a mis hermanos el día que se murió mi viejo.

suena el teléfono. atiende.

leticia:

¿Y? ¿Qué dijo? (A Sebastián) Es Nazareth.

sebastián:

Saludos. ¿Viene a comer? ¿Qué hay de comer?

leticia:

No, Nazareth. ¿Cómo te lo tengo que decir? Ese chico no me gusta. Toma mucho y no es responsable. (A Sebastián) ¿Vos qué decís?

sebastián:

Mirá, si no viene a comer que no venga. ¿Qué querés que te diga? Ya no sé qué hacer con esta piba. ¡Ella sí que no me da un abrazo ni que la maten! Creo que la última vez habrá sido para el día del padre hace como tres o cuatro años porque los últimos años o ella se fue a Bariloche o yo me fui a la puta que lo parió.

leticia:

No te quedás, Nazareth. Entonces no te quedás. Venite ahora mismo.

sebastián:

¡Dejala que se quede así estamos un rato solos! ¡Dale, a ver si nos damos unos abrazos y recuperamos un poco las defensas!

leticia:

(A Sebastián) ¿Entonces vas vos?

sebastián:

Después hablamos. Dejá el teléfono ahora.

sebastian se sienta en la silla con rueditas y pone a su mujer a caballito de él.

leticia:

Llamame en cinco minutos.

sebastián:

Hola.

leticia

Hola.

sebastián:

Abrazame.

leticia:

¿Qué te pasa?

sebastián:

¿Qué te parece?

leticia:

Pero...

sebastián:

Dejá el teléfono.

leticia:

Es que Nazareth....

sebastián:

Nazareth es grande.

leticia:

Tiene 16.

sebastián:

Ella dice que es grande.

leticia:

Para algunas cosas sí, para otras no.

sebastián:

En este momento es grande.

leticia:

Quiere quedarse hasta las 5 de la mañana en una fiesta y que la traiga el hermano de Florencia que cada vez que lo veo no sé si está borracho o es tonto.

sebastián:

¿Escuchaste lo que te dije del abrazo?

leticia:

¿Así te gusta?

sebastián:

Dejame que yo te abrace.

leticia:

Ahora no, más tarde. Quiero arreglar esto de Nazareth.

sebastián:

Pero yo quiero otra cosa. Tocá así lo comprobás.

leticia:

Pero yo quiero otra, tocá vos así lo comprobás.

sebastián:

¡Hummm!

leticia:

¡Hum, hum! No es tan fácil. Lleva su tiempo, ya sabés. Venís apurado, ya lo veo.

sebastián:

No estoy apurado.

leticia:

Después me quedo mal.

sebastián:

Puede haber segundas partes.

leticia:

Ya sabés que yo quiero ser atendida en el calentamiento, no en la segunda parte.

sebastián:

No hay tiempo. ¡Dale!

leticia:

Si no hay tiempo, lo dejamos para otro momento.

sebastián:

Cortito.

leticia:

¡No! No puede ser así en un minuto. Me quedo mal, ya lo sabés.

sebastián:

Dale, dale.

sebastián maniobra debajo de la bata de leticia y la penetra. sebastián jadea, cierra los ojos pero no emite sonido.

leticia:

¿Te gusta?

sebastián:

Si sabés que me gusta.

leticia:

No, no lo sé por eso te lo pregunto.

sebastián cierra los ojos y trata de llega al orgasmo.

leticia:

Decime que te gusta.

sebastián:

Me gusta. ¿Y a vos te gusta?

leticia:

Sí. Me gusta.

los cuerpos se mueven. sebastián jadea sin ruido. sebastián acaba.

suena el teléfono que está en la mano de leticia. leticia lo apoya en el piso.

leticia:

¡Dale! ¡No! ¡No atiendas! ¡Seguí, dale!

sebastián:

Puede ser Nazareth.

leticia:

Puede esperar.

sebastián:

Vamos al baño, después seguimos.

leticia:

¡No! ¡Ahora!

sebastián:

¡Atendé!

leticia:

¡Seguí, dale!

sebastián:

Voy al baño. Con este teléfono sonando no se puede estar. Soy un ser humano, no una máquina.

sebastián se levanta y se va al baño.

leticia se desliza con la silla con rueditas hasta el proscenio. el teléfono en la mano. suena.

leticia:

Cuando él se iba al baño, yo, cuando tenía ánimo y ganas, silenciosamente trataba de terminar lo que había que terminar.

suena el teléfono. leticia cierra los ojos. se masturba con el teléfono lentamente.

sebastián: (en off)

Atendé, debe ser la nena.

leticia se sigue masturbando con el teléfono que suena por la hija que llama.

sebastián: (en off)

¡Dale, vení a la cama que seguimos!!!

leticia jadea, grita un poquito ahogadamente.

sebastián: (en off)

¡Dale! Segunda parte.

leticia:

Ya le había dicho mil veces que lo que él llamaba segunda parte era mi precalentamiento. Lo quería antes. No después. Calentamiento, precalentamiento. Antes. Antes. Pero él no. Sordo como el fondo del mar.

leticia jadea. va creciendo. suena el teléfono.

sebastián: (en off)

¡Dale!

leticia:

(Al público) Pensaba en cómo hacíamos el amor antes, todo un tiempo. Largo. Sin apuro. Esos que hacíamos el amor hasta destrozarnos, hasta cansarnos, hasta vaciarnos y llenarnos... Esos ya eran como sombras que no podía reconocer. ¿Cuántas veces hacen el amor mis vecinos de arriba? ¿Dos, tres veces por semana? No me gusta pensar que otros hacen el amor tres veces por semana y nosotros sólo una. Antes por lo menos una era buena. Pero ahora...¿qué estábamos haciendo?, me preguntaba. "Con dieciocho años de casada...¿qué querés? ¡Conformate, nena!" - me decía mi amiga Lucy que debe haber hecho el amor con la luz prendida 30 años atrás y habrá acabado en algún cumpleaños que el marido quiso festejar, el cumpleaños de él, para ver qué se sentía. No, no me conformo. Quiero ser feliz. Me merezco ser feliz. ¿Cuándo dejé de estar enamorada? Yo quiero estar enamorada. Necesito estar enamorada. Si yo estaba enamorada. Quiero estar contenta con mi vida. A veces nos disfrazábamos. Yo me ponía una peluca rubia o pelirroja. A veces él me hacía de mayordomo y yo le ordenaba que él me sacara la ropa una por una. Él se rebelaba pero íbamos negociando hasta que me obedecía para no quedarse sin trabajo. Después lo hacíamos al revés y él me hacía ordenar toda su ropa. Yo estaba desnuda pero con un delantal de cocinera que me tapaba la parte de adelante. Yo todo el tiempo me mantenía de frente para que me cubriera el delantal pero entonces él me gritaba "¡Media vuelta, retírese, insolente!" Después de un momento, yo giraba, él me descubría totalmente desnuda, yo caminaba paseando las caderas exageradamente y los dos estallábamos en risas hasta revolcarnos en la cama. Y esos éramos nosotros. ¿O estos éramos nosotros? ¡Somos tantos! Somos de tantas maneras que vivimos fragmentados tratando de comprender cómo somos. ¿Pero así? No puede ser la única manera. Si estábamos tan bien. ¿Cuándo dejamos de estar bien?

sigue sonando el teléfono que sigue metido en la bata de leticia. el teléfono deja de sonar.

sebastián entra en pijamas y pantuflas.

leticia mueve imperceptiblemente el teléfono esforzándose en que sebastián no perciba el movimiento.

sebastián:

¿Vamos?

leticia:

No, está bien.

sebastián:

¿Estás bien?

leticia:

Sí, estoy bien.

sebastián:

¿Segunda parte?

leticia:

No, estoy bien. Otro día.

sebastián:

¿Seguro que estás bien?

leticia:

Sí. Sí, estoy bien.

sebastián:

¿Te gustó?

leticia:

Sí, me gustó.

sebastián:

¿Habló la nena?

leticia:

Sí. Habló.

sebastián:

¿Y?

leticia:

¿Qué?

sebastián:

¿Qué hacemos?

leticia:

¿Qué hacemos con qué?

sebastián:

¿Qué te pasa?

leticia:

¿Con qué?

sebastián:

¿Pasó algo?

leticia:

¿Qué puede pasar?

sebastián:

No sé.

leticia:

Eh...

sebastián:

¿Qué?

leticia:

Eh...

sebastián:

A la nena. ¿Le pasó algo?

leticia:

¡Ah! ¡La nena!

sebastián:

¿Qué te pasa?

leticia:

Dejá, dejá. Yo me encargo.

LETICIA acaba.

sebastián:

¿Hay que ir a buscarla?

leticia:

¡Ah! Me habías escuchado.

sebastián:

Sí. Te escuché. Te escuché. ¿Cómo no te voy a escuchar? Siempre escucho lo que me decís.

leticia:

Bueno.

sebastián:

¿Qué?

leticia:

Está bien.

sebastián:

¿Estás bien?

leticia:

Sí. Estoy bien. (Al público) No estoy bien. Necesito estar bien y no estoy bien. No me escucha. Yo le hablo y él no me escucha. Yo le hablo y no le digo lo que me pasa así que da lo mismo que me escuche o que no me escuche. Aunque tal vez al escucharme escuche algo que ni yo misma...

sebastián:

¿Estás bien?

leticia sigue con el tubo adentro de la bata pero el movimiento es imperceptible.

leticia:

¿Por qué no nos vamos un tiempo de vacaciones?

sebastián:

No podemos.

leticia:

¿Sabés? Últimamente cuando veo una pareja que se da besos en la calle, me calienta.

sebastián:

¿Qué tiene que ver eso ahora?

leticia:

Es lo que pienso. ¡Vamos de vacaciones!

sebastián:

No podemos. Ya lo sabés.

leticia:

No sé.

sebastián:

Sí, lo sabés. Vamos a dormir.

leticia:

¿Y la nena?

sebastián:

Ponemos el reloj. Después voy yo.

leticia:

No.

sebastián:

¿No qué?

leticia:

No sé.

sebastián:

Bueno, andá vos.

leticia:

No sé.

sebastián:

¿Qué te pasa?

leticia:

No sé.

sebastián

¿Estás bien?

leticia:

No sé por qué no podemos ir de vacaciones.

sebastián:

Bueno.

leticia:

¿Vamos?

sebastián:

¿Qué?

leticia:

¿Juntos?

sebastián:

¿Qué?

leticia:

¿Vamos juntos?

sebastián:

¿Adónde?

leticia:

¡Dale!

sebastián:

¿A buscar a la nena?

leticia:

Dejá. Está bien.

sebastián:

¿Estás bien?

leticia:

Sí, sí. Andá. Yo ya voy.

sebastián:

Vení.

sebastián se va.

leticia:

¡Aaah! ¡Aaaaaaaaaaaaaaaah!

sebastián: (en off)

¿Venís?

leticia:

Sí. Ahora sí.

apagón.

7.

en la oscuridad, una sirena de ambulancia ensordecedora.

se prenden las luces en otro ámbito.

leticia y sebastián hablan con alguien que no se ve. pero en realidad leticia habla sola sin escuchar nada.

leticia:

¿Podemos verla? ¿Va a estar bien? Quiero verla, por favor. ¿Cómo está?

sebastián:

Calmate, por favor, calmate.

leticia:

¿Cómo llegó? ¿Quién la trajo? ¿Con quién iba? ¿Florencia está con ella? ¿Los padres de Florencia ya llegaron? ¿Quién la trajo? Soy la madre, tengo derecho a saber, por favor. ¿Quién manejaba? ¿El hermano de Florencia está bien?

sebastián:

Calmate, por favor, calmate. Gracias, Doctor. Mi señora está nerviosa. Manténganos informados. Vení, sentate. Traigo un café, ¿querés?

leticia cae en su silla con rueditas. sebastián sale.

pasan largos segundos de silencio.

enfermera: (en off)

¡Doctor Quiroga presentarse en Radiología. Doctor Quiroga presentarse en Radiología!

vuelve sebastián con dos vasitos con café.

permanecen sin hablarse. sebastián toma café.

leticia:

Me quiero separar.

nuevamente largos segundos de silencio.

leticia:

Me quiero separar.

sebastián:

Ahora me echarás la culpa a mí.

leticia:

No te echo la culpa de nada. Me quiero separar.

sebastián:

Justo hoy te querés separar.

leticia:

Hace un año que me quiero separar.

sebastián:

No me enteré.

leticia:

Ése es el problema.

sebastián:

Te parece. Ya se te va a pasar.

leticia:

(Al público) La vida me pasaba como en una película muda en un idioma que yo no conocía. De pronto me acordaba del día del parto de Nazareth. Sebastián me agarraba la mano con fuerza y cerraba los ojos para no ver y no demostrarme el miedo que tenía. Yo también cerraba los ojos pero de vez en cuando los abría y veía a Sebastián haciendo fuerza conmigo y me reía porque me daba una ternura que me llenaba el alma. Ahora, en el mismo Hospital cerrábamos los ojos haciendo fuerza para que Nazareth viviera. ¿Adónde la quería revivir si nos estábamos muriendo? Y ella lo sabía. Por ahí lo había hecho para que reaccionáramos.

sebastián:

Todo se va a arreglar.

leticia:

Sebastián me tomaba la mano pero ya sin la fuerza que lo había hecho aquella vez, dieciséis años atrás, una mañana helada de junio que daba miedo salir a la calle por el frío brotando del pavimento y penetrando sin piedad. Se hubiese tenido que hacer una fogata en cada esquina para apaciguar el frío y acompañar con luces nuestra inmensa dicha. Yo estaba tan feliz, Sebastián estaba tan feliz. O por lo menos me parecía. Su sonrisa me alegraba el alma y cada vez que lo miraba sentía que podía entenderme, que sin decir nada se daba cuenta de lo que estaba pensando, de lo que necesitaba. Yo siempre, durante muchos años, había tenido la sensación de que tenía un lugar donde llegar. Y ese lugar era Sebastián. Y ahora esa mano. Esa mano ya no era una continuación de mi energía. Ya no me devolvía la energía que yo necesitaba para sentir que todo estaba bien. Porque todo no estaba bien. Es más, en ese momento yo sentía profundamente que todo estaba mal. Todo estaba realmente mal.

sebastian:

Todo va a estar bien.

leticia:

Creo que no.

sebastián:

¿Por qué decís eso? ¿Qué necesidad hay?

leticia:

En algún momento te tengo que decir lo que me pasa.

sebastián:

¿Puede ser que siempre pienses en vos y nada más que vos?

leticia:

¿Te parece que tengas que hablarme así?

sebastián:

¿Y a vos te parece que me tengas que venir con esta pelotudez justo en el momento en que nuestra hija se está muriendo?

leticia:

No pude decírtelo antes y lamento que tenga que haber pasado una desgracia para darme cuenta de lo que pasa.

sebastián:

Siempre tan oportuna.

leticia:

Siempre tan hiriente.

sebastián:

Siempre resulta que yo soy el que hace las cosas mal. ¿No te parece un poco raro?

leticia:

No sos vos. Soy yo.

sebastián:

¡Ay, Dios mío!

leticia:

Soy yo que me fui olvidando de mí y ya no me pude encontrar más.

sebastián:

¿Vos olvidarte de vos? ¿Si todo gira entorno a vos misma?

leticia:

Como todo el mundo.

sebastián:

Yo no pienso sólo en mí. Esa es la diferencia. Esa es la gran diferencia entre vos y yo.

leticia:

Te equivocás.

sebastián:

Está muy bien. Estoy equivocado. Tenés razón. Estoy equivocado en pensar que tengo que hacer cosas por vos y por Nazareth...

leticia:

Yo no te lo pedí.

sebastián:

....que tengo que trabajar horas que no quiero trabajar para mantener una casa que vos tanto querés.

leticia:

Yo estaba bien antes de mudarnos. Era muy feliz en el departamento de Once.

sebastián:

... Que tengo que hacer trabajos que no quiero hacer, que tengo que hablar con gente que no quiero hablar...

leticia:

Yo no te lo pedí.

sebastián:

...Que tengo que aceptar tratos que no me interesan, convenios que aborrezco y créditos que me destruyen pero que si no lo hago, a fin de mes no se pueden pagar las líneas telefónicas, los porteros eléctricos con visores, las tarjetas de crédito magnetizadas, los contestadores digitales, los hotmail, topmail, pornomail y la puta madre que lo parió mail.

leticia se pone a leer un libro en voz alta.

leticia:

Nos quedamos dormidos en el balcón, sin palabras y mucha conexión.

Sirenas multicolores susurraron canciones de cuna, perfectas desde sus escondites halados.

sebastián:

Mientras vos trabajás seis horas por día en una Escuela de mierda pero que no te echan porque la gente toda la vida va a llevar a los hijos a una escuela de mierda.

Leticia:

Cayó una estrella y un niño pidió tres deseos desde la Isla Blanca. Quería leche. Pidió tres veces lo mismo.

Sebastián:

Tenés un autito que gasta medio litro de gasoil cada dos meses,

LETICIA:

La noche transitó como todas las noches en Cartagena, complicada, variada, perversa, para todos los gustos de la noche.

sebastián:

Tenés tiempo de hacer seis horas de gimnasia por semana, nadar dos horas por semana, pensar en tu felicidad veinticinco horas por semana,

leticia:

Morenas amaron a sus pescadores con sabor a mar.

Blancas se lamentaron por no ser más morenas.

Morenas se lamentaron por no ser blancas.

sebastián:

...corregir deberes de chicos estúpidos cinco noches por semana, hablar con los padres estúpidos de los chicos estúpidos tres horas por semana

leticia:

Alguien no pudo dormir.

Alguien rezó por el hambre del Planeta.

sebastián:

...para que se queden tranquilos de que sus hijos no