Críticas
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La memoria traicionada

Estrenado a fines de la pasada temporada, se repuso este inquietante espectáculo que, sobre el texto de Ariel Barchilón (nominado al premio María Guerrero 2002, llevó a escena Mónica Viñao.

Sobre el escenario, la puesta consigue articular esos fragmentos verdaderos o ilusorios del pasado, con recursos visuales y actorales que Viñao maneja como un mecanismo de relojería. La vieja fotografía familiar que el Hombre evoca cobra vida a medias: vestidas, peinadas y hablando como en los primeros años 70, las criaturas de la foto son y no son las que encuentra el visitante. Hasta las identidades han mutado con el tiempo. Hay referencias ‹a pequeñas o grandes traiciones, a un confuso clima represivo, a torturas y desapariciones‹ que los personajes se resisten a reconocer como vivencias propias.

A diferencia del remanido uso de color para el presente y sepia para el pasado, Viñao procede al revés. Con predominancia de un naranja furioso en el vestuario y una iluminación de rojos y azules intensos, los paisajes evocados llegan a la conciencia del protagonista (de pantalón gris y camisa

blanca) envueltos en un colorido artificioso e improbable. El efecto visual refuerza la extrañeza de las interpretaciones, distantes del realismo, sobre todo en los personajes evocados. Silvia Dietrich y Luis Solanas, que ya fueron dirigidos por Viñao, dominan ese lenguaje caracterizado por una distancia emotiva que potencia significados laterales. Pero también César Repetto (en el rol protagónico) así como Verónica Schneck y Alejo Mango encontraron para sus roles un discurso escénico que sintoniza con la intención de la obra. Donde con medios austeros y en apenas una hora de espectáculo queda planteada la necesidad de recuperar la memoria y la inevitable imperfección de lo recuperado. Como si sólo se pudieran rescatar detalles, que reducen lo recordado a degradada caricatura.

Olga Cosentino. 22/1/2003, Clarin

Viaje hacia lo desconocido

Nuestra opinión: muy bueno.

Con una oscilación constante entre realidad e irrealidad, ambas supuestas; con un lenguaje que capta un habla coloquial pomposamente falsa y con adecuada dosificación de humor y horror, la pieza posee una singular eficacia dramática, al servicio de la cual pone Mónica Viñao su reconocida destreza para crear atmósferas ambiguas, misteriosas, crueles y también intensamente poéticas.

La escenografía despojada y el colorido del vestuario, firmados por la joven y ascendente Luciana Gutman, contrastan adecuadamente, por su fingida ingenuidad pasatista, con la amenaza latente en las acciones y las palabras.

En el elenco se afirma una tendencia que, por lo visto, va afirmándose cada vez más y que debe ser bienvenida: la homogeneidad de estilo, la unánime calidad.

Ernesto Schoo LA NACION 21 /9/ 2002

Hubo un tiempo que fue hermoso

La directora pone de manifiesto su habilidad para conseguir el impacto visual. Distribuye a estos personajes uno junto a otro, compartiendo un mismo banco, y esto le permite concretar un bajorrelieve que se humaniza cada vez que alguno de los personajes abandona su lugar para irrumpir en la conciencia del hombre y tomar parte en el asunto. Compuestos desde un tono paródico los personajes juegan a presionar al recién llegado para que asuma su identidad, cambiando razones y argumentos. Una confabulación que busca probar que el olvido tiene sus razones y que ³quienes no se atreven a mirar atrás están perdidos². Sabado 26 de octubre 2002,

CECILIA HOPKINS, PAGINA 12

Barchilón y Viñao y la ambigúedad de la memoria. La obsesión sin fin

La propuesta de Ariel Barchilón maneja la ambigüedad, una materia que le permite a Monica Viñao ensayar una estética diferente. Se advierte el entrenamiento de Viñao para templar cada una de las voces de sus actores con sus correspondientes cuerpos, economía de coherencia y coordinación lógica. El resultado es un espectáculo seductor como una obsesión sin fin. Posición insoslayable desde donde revisar la existencia, romper el círculo vicioso de los yerros no admitidos y avanzar un casillero en el tablero de la vida. Viernes 25 de octubre 2002, REVISTA 23,

LUIS MAZAS

Blurred traces of memory

As directed by Monica Viñao, this is a story that may well be defined as a thriller, featuring as it does some intrigue, a modicum of suspense and a subtle eroticism. Viñao´s deft direction, focuses on the theme of identity with richly textured visuals. She goes for a stark stage, which she almost always favours in her productions, to build a crescendo with the right amount of grotesque elements and carefully choreographed movements. The performers-Cesar Repetto, Verónica Schneck, Silvia Dietrich, Jorge Rod, Luis Solanas and Alejo Mango-are, on the whole, worthy of praise.

BUENOS AIRES HERALD, 7/11/2002, JUAN CARLOS FONTANA

La memoria buena viajera

Un doble juego parece librarse en el interior del protagonista. Pero quizás lo más interesante de la obra sea esa pequeña pero turbulenta sociedad con la que él se enfrenta y que seguramente remitirá al espectador a nuestro pasado más reciente. La directora Monica Viñao optó por una puesta despojada y sostenida exclusivamente por el trabajo de los actores. El deslumbrante vestuario DE LUciana Gutman remite a los años 50 y subraya por contraste el vestuario gris del protagonista.

Patricia Espinosa, enero, 2003, AMBITO FINANCIERO

La memoria como motor de la vida

POr su asuteridad conceoptual, la puesta de Monica Viñao descarga todo el peso de la obra en las interpretaciones y en el propio texto. Cda línea de diálogo cobraa especial trascendencia en la medida en que ayuda a construír la narración. Atentos a esta circunstancia, los actores asumen su tarea con sobriedad y con estricta comunión con la ascética propuesta de la directora, sin resignar ppor ello puntos a favor en el tratamiento visual.

Daniel Bouza, Revista Teatro Off, febero del 2003

Ilusiones fuera de moda

La nueva puesta de la directora Monica Viñao "Ya no está de moda tener ilusiones" confirma su singularidad y maestría. El espectáculo fascina además por las actuaciones y por el logro de una firme teatralidad, sin fisuras, entre el horror y el humor, lo cotiano y lo siniestro, inventando un lugar entre el olvido y el recuerdo. Monica Viñao es sin duda una de las directoras más singulares e inquietantes de la escena actual. S ea cual fuere el texto dramático sobre el cual desrrolle su trabajo-y la elección nunca es casual sino que denota una búsqueda muy personal e intransigente-. Monica Viñao escribe un nuevo texto, un texto espectacular que le es innegablemente propio. La directora se mueve por los pliegues del texto y en los espacios en blanco dsiparando unapluralidad de sentidos. Muy buenas las actuaciones de Verónica Schneck, Cesar Repetto, Luis Solanas, Alejo Mango, Jurge Rod y Silvia Dietrich.

Leo Dyzen, FEbreo 2003, Revista FIRST

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