Críticas
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CLARIN por Camilo Sánchez

El General en su oscuro laberinto

La dramaturgia de Ariel Barchilón encuentra en Mónica Viñao la dirección precisa. Daniel Fanego resulta un General Cáceres convincente.
La puesta de Mónica Viñao, a la hora de enfrentarse a la potencia y belleza de la dramaturgia de Ariel Barchilón, elige la sobriedad formal y acierta en su escenografía donde sucede el cuarto final de Cáceres, rodeado de una llanura de pólvora: un tablado sobre el que reverberan dibujos, escenas de caballos y jinetes en pie de guerra. 

Viñao avanzó sobre las tensiones que surgen de cada enfrentamiento de Cáceres: con los hijos guachos, con la esposa, con el artista que no puede hacer otra cosa que pintar su derrota, con el sobrino que llega para pedir un acuerdo que el General, jugado, ni siquiera toma en cuenta.
Están muy bien logrados los escarceos incestuosos entre Cáceres (Daniel Fanego) y Ursula (Analía Couceyro) y bien resuelta la flojera del Capitán Cáceres (Rodrigo Pedreira) ante su Tatita. Pero, sobre todo, hay una intensidad de hielo en los momentos en que Misia Concepción (un gran trabajo de Silvia Dietrich), la que había sido su esposa y ahora exhibe su sórdido, infinito desprecio.

En un tono de voz sin deslices, Fanego pisa firme a pesar de la renguera, el pecho haciendo alardes, y mira a lo lejos para convocar el desprecio, o al fondo de los ojos de sus adversarios para alentarles el miedo.

Si la escenografía despeja el camino del texto, el vestuario acompaña en el mismo sentido y referencia, sin imitar, los trajes de aquellos años de despropósito.

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LA NACIÓN - Alejandro Cruz


Un friso sobre la oscuridad de la razón

Daniel Fanego y Analía Couceyro, figuras centrales de esta obra de Ariel Barchilón con puesta de Mónica Viñao

En manos de Viñao, la perversidad de los vínculos que establece el general adquiere una densidad tal que se convierte en el gran hilo 
conductor de las emociones de la obra. Para que esto suceda, los trabajos de Daniel Fanego, Analía Couceyro, Silvia Dietrich y 
Rodrigo Pedreira -en ese orden- son los verdaderos pilares de este entramado. En ese cuarteto atravesado por odios, incestos y
 pasiones encontradas radica el nudo más fuerte de la obra.....

El diseño espacial y escenográfico es interesante. En el piso en donde transcurre mayormente la acción se reproduce la pintura de Blanes 
generando un efecto muy sugestivo.  

Paisajes... es una contundente pintura sobre la impunidad del poder que, en el cuerpo de los cuatro actores centrales, logra escenas de 
una fuerte carga emotiva.

 

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CRITICA TEATRAL


El lado oscuro de la argentinidad Gabriel Peralta 

En Paisaje después de la batalla, Ariel Barchilón construye un texto con lo más profundo, oscuro e instintivo de nuestro país. Muestra una patria irracional, primitiva, con líderes con un sentido de posesión, que no solo pasaba por lo territorial, sino también por lo corporal y espiritual. Donde tanto la resolución de los asuntos amorosos o de las batallas tenían que ver más con los designios del destino, que con otra cosa. Lo interesante es que lo expone, sin juzgarlo, ni abrir juicios.

La directora Monica Viñao propone un continuo contrapunto de fuerzas. Al elegir el costado más primario de cada uno de los personajes permite que se instale lo primitivo dejando, con acierto, todo posible atisbo de racionalidad. Lo que sucede sobre el espacio-lienzo tiene más que ver con lo irracional, con las “tripas” y por lo tanto se les quita a los personajes toda posibilidad de enmascararse. El muy buen trabajo de Viñao hace que los odios y amores se conviertan en la fuerza que develen al hombre en su estado más primario e instintivo.

La labor de Daniel Fanego es extraordinaria. Su personaje se encuentra continuamente en carne viva, se vislumbra su lucha interna ante la imposibilidad que el destino le obedezca; Fanego logra que se observe que por detrás de los rasgos dictatoriales, despóticos, autoritarios, existe un hombre quebradizo que se consume poco a poco en su propio fuego.

Analia Couceyro y Silvia Dietrich, no le van a la saga: frágil y luminosa una, dura y oscura la otra, son los dos polos que atraen a la tragedia. Néstor Sánchez convierte en actuación al patetismo. Rodrigo Pedreira logra darle cauce a un personaje lleno de dudas y contradicciones.

El diseño escenográfico de Gabriel Caputo, de un concepto estupendo, permite que el objeto disparador de la tragedia se constituya en el territorio en donde se moverán los personajes.

Lo mismo ocurre con el interesante vestuario de Luciana Gutman, en cada vestido o traje se observa un destino a medio pintar. Miguel Solowej, a través de su diseño de luces, pinta sus claroscuros con fina delicadeza.

Paisaje después de la batalla, es una obra que a modo de tempestad de pasiones ilumina costados oscuros de nuestra argentinidad.

 

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DIARIO CRÍTICA - Leni González

Intenso retrato del jeque de las llanuras

El dramaturgo sanjuanino Ariel Barchilón partió de la historia del legendario Justo José de Urquiza para una obra sin solemnidad ni articificios, donde Daniel Fanego no descansa jamás y cautiva con su gran presencia opresiva.

La dirección de Monica Viñao ubica en primer lugar la interpretación de los personajes y mantiene un clima de crispación que no puede descomprimirse en catársis. El General Cáceres de Fanego no descansa jamás y provoca asfixia: el vozarrón, los pasos con las botas, las palabras hirientes , la turbación que se entabla con la hija, toda su presencia es opresiva. Enfrente, un elenco solvente en el que Couceyro y Dietricha componen dos formas de resistencia femenina, la seducción y la memoria, en un ámbito hostil y con demasiado olor a sanfre para generar vida.

Una obra con intensidad poco usual en la que la historia, sin solemnidad ni artificios, corta con espadas el aliento. 
 

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DIARIO PERFIL

Ana Seoane

DESTINO TRÁGICO DE UN HÉROE

Barchilón presenta un perfecto juego entre realidades y ficciones.

Paisaje después de la batalla parece ser una heredera de Una pasión sudamericana de Rcardo Montti. Predomina un clima semejante al de una tragedia griega, donde sus héroes jamas pueden escapar de su destino

Este desafío estético y poético encontró en la directora Monica Viñao un cincel perfecto. La espacialidad incorpora la acción dramática en un inmenso cuadro (escenografía de Gabriel Caputo) donde cada gesto interpretativo parece salirse de los trazos y colores. Otra de las claves es el vestuario, con rasgos de temporalidad pasada, pero jugando con la metáfora de diseños originales, que llevan la firma de Luciana Gutman. 

Las interpretaciones también son notables. Fanego sabe interpretar textos de envergadura y aquí lo vuelve a demostrar. Desde la seducción hasta el asco ningún sentimiento parece imposible. Se destaca Analía Couceyro. Tanto Silvia Dietrich como Nestor Sánchez son dos intérpretes que comprenden no solo la estética de Viñao sino la energía que despliega. El trabajo de Rodrigo Predreira adquiere el peso de revelación aunque haya estado en otros espectáculos. 

Paisaje después de la batalla resulta una invitación a un teatro nacional de envergadura estética, donde los apellidos de Barchilón y Viñao entablan un caminoque debería continuarse en esta misma línea de trabajo.
 

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