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Tomo 1 |
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Tomo 2
Alberto Borla, autor de una treintena
de obras, con 18 estrenadas hasta la fecha, repetidamente distinguido en
nuestro país con numerosos premios, nos presenta este volumen cinco
nuevas piezas de su última producción creativa. El barrio porteño, sus
hogares de clase media, con sus lugares de estar, sus cocinas, sus
patios, sus bares, sus códigos peculiares de vivir y comunicar, sirven
de marco y referencia a estas comedias ácidas.
Son historias de seres sencillos, sorprendidos en su cotidianeidad, pero
donde siempre aparecen entremezclados en su mundo marginal que altera
sus existencias, descubriendo aspectos silenciados de sus
personalidades. Se muestran regidos por una moral pacata, convencional e
hipócrita, signada or pequeñas miserias y más dispuesta a poner la
atención en el prójimo que en sí misma.
Este es el mundo que sirve de centro y entorno o a estas comedias,
caracterizadas por un diálogo que destaca su chisporroteo verbal,
apegados a situaciones sumamente teatrales que privilegian la abierta
convención, bordeando en ocasiones el grotesco y el sainete, dando en
definitiva prueba de un estilo sumamente personal.
Agustín
Alezzo |
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Tomo 3
Parpentina
Desde la primera lectura nos atrapó.
El autor tuvo el talento de poner a tres personajes en una situación
límite. Tres personajes que son en realidad tres protagonistas. Cada uno
con su mundo a cuestas, con sus problemas, sus desencantos y sus deseos.
La relación que se desencadena entre estos tres seres, tan ajenos el uno
con el otro, pasa de la agresión a la ternura, del humor al drama, del
encuentro al desencuentro. Tres seres reconocibles en nuestra realidad,
en nuestro entorno. Que hablan nuestro propio lenguaje. Con las
palabras, la música y la sensibilidad de nuestro hablar cotidiano. Y
esta es una de las razones, creo, que hizo que los actores se
“zambulleran” tan cálidamente en esos personajes y en esas situaciones.
Y también de la comunicación que el espectáculo logra con el público.
Otra razón es el humor. Ese humor rioplatense que nos hace reír
cariñosamente de nosotros mismos. Y sobretodo, la esperanza. Todos
queremos ser felices... incluso modestamente felices... y es posible.
Creo que estos son los principales ingredientes de la obra: el
desencanto, la desocupación, la soledad... y también la esperanza, el
humor y el amor. Y esto es universal.
Esta es la explicación de que el Teatro El Galpón de Montevideo tuviera
este espectáculo en cartel durante dos temporadas (1999 y 2000) y haya
quedado como obra de repertorio.
Nuestra presencia con Parpentina en el VII Festival de las Artes “San
José 2000” (Costa Rica) nos comprometía en un doble desafío: 1) Costa
Rica ha visto algunos de los mejores títulos de El Galpón de los últimos
veinte años y, 2) el espacio que nos ofrecían (el Teatro Nacional, de
excelente acústica y gran nivel técnico) era bastante más grande que el
que utilizamos en El Galpón de Montevideo. Fue muy satisfactorio para
nosotros ver que no se perdía nada de la intimidad de la obra y que los
actores no extrañaran esa comunicación cálida y cómplice a que los tiene
acostumbrados el público uruguayo en esta obra y que se dio con la misma
riqueza en Costa Rica.
En lo personal fue más que satisfactorio poder dirigir una obra que dice
y muestra cosas que a uno y a la gente le importan, tomar contacto con
la obra de un dramaturgo del nivel y la sensibilidad de Alberto Borla, y
por sobretodo (y después del estreno) haberme acercado a un ser humano
con tanto rigor en su oficio como calidez en su trato fraterno.
Dardo
Delgado
Montevideo, junio de 2000 |
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Tomo 4
Alberto Borla, autor muchas veces
premiado y apreciado por la comunidad teatral argentina, es un ejemplo
vivo del amor por la cultura y la necesidad de expresarnos
artísticamente que tenemos los argentinos. Su prolífico trabajo denota
la observación profunda de los seres que habitan nuestra vida cotidiana.
Sus personajes se comunican a partir
de diálogos creíbles, sencillos, con imágenes accesibles siempre con
parlamentos cortos que dan ritmo casi “vodevilesco” a la historia. Para
el que bucea más hondo se descubre una visión crítica de una sociedad
poblada de criaturas hipócritas donde el autor con su mirada implacable
y ácida desnuda vidas que usan su ingenio o tal vez su inteligencia para
poder sobrevivir.
Alejandra
Boero |

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