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Basada en el mito de Frankestein la pieza, sin adaptar ni tomar texto alguno de la célebre novela, se interna en la metáfora de la creación científica y su inescrupulosidad. Aquí el monstruo no se nutre de muertos sino de vivos. Y sus partes se logran a cualquier precio: la manipulación de los seres vivos, la corrupción y el poder. Una
experiencia gestada a través del permanente contacto con los actores y el
director que aprovecha las inimitables ventajas de la grupalidad para generar un
espectáculo de rara concepción y fineza.
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