La Nación
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Historias solidarias
Artistas que donan una hora por mes por amor a los otros
http://www.lanacion.com.ar/03/10/20/dg_537204.asp

Ofrecen su vocación a los olvidados

El grupo fue creado por un dramaturgo A la primera convocatoria respondieron centenares de voluntarios Visitan un penal, a discapacitados, a abuelos y a niños

Cada vez que llegaban a leer, ella se dormía. Y les llamaba la atención, porque era una paciente de una de las salas más participativas. Pero los escuchaba y se dormía. Una tarde le preguntaron por qué. "Nos contestó que esperaba que nosotros llegáramos porque quería dormirse con alguien que le leyera. Y nosotros que creíamos que se aburría... ¡Nos esperaba especialmente!", cuenta el director del grupo.

Casi todos son artistas. Su nombre lo explica todo: Arte por Amor. O AxA. Leen cuentos y ofrecen su vocación en lugares olvidados. A cambio, reciben afecto. "Cuando te vas, salís lleno. Es imposible de explicar lo que se siente", asegura Alfredo Megna. Abogado y dramaturgo. AxA es su pieza más lograda.

La historia comenzó por casualidad. "Un amigo me invitó a llevar una de mis obras al Instituto de Rehabilitación. Por eso fui, a ver qué pieza podía llevarles. Esa visita me cambió la vida", confiesa.

Entró en el instituto y se encontró con un centenar de pacientes: algunos no se movían de las camas y otros podían trasladarse a un salón. "Había que hacer dos cosas: un espectáculo para los que podían moverse y leer cuentos a los que estaban postrados", recuerda. Ya pasó un año de aquella tarde.

La primera convocatoria lo sorprendió. "Me superó. La gente tiene mucha necesidad de dar. Y lo agradece. Agradece que se la convoque a hacerlo", confiesa. Envió un e-mail a unas 300 personas: no sólo respondieron ellas, sino que contestó otra gente. "Después de dos semanas, armamos un grupo de 12 personas, que se dividieron en cuatro equipos de tres", cuenta Alfredo.

Hoy su tarea llega a varios lugares: además del Instituto de Rehabilitación, visitan un geriátrico, un hogar de niños y un pabellón de una cárcel de menores.

Una hora por mes

El lema es "Una hora de tu tiempo por un mes por amor". De eso se trata: cada voluntario dona una hora mensual de sus ganas.

"Vivimos de crisis en crisis. Nos ofrecen un lugar, convocamos gente, nos sorprende la cantidad de personas que se ofrecen, agregamos otro lugar y nos falta gente... No es sensato seguir porque nos falta tiempo, pero ya no es posible parar el crecimiento", reconoce.

Inicialmente, en el penal de Marcos Paz iban a dictar un taller de dramaturgia, pero el espacio se convirtió en un taller de escritura de cartas entre los detenidos y los miembros de AxA. Todos escriben con seudónimos. Susana Lew es la encargada de este espacio.

En el Instituto de Rehabilitación, donde los sábados y los domingos se leen cuentos, la encargada es Lili Blanca. Ella también es la coordinadora de materiales, es decir, es quien selecciona los textos que se leerán en cada lugar.

Cris Evans está al frente del grupo que cada fin de semana visita a los abuelos del geriátrico Nuevo Lucero. "Allí la actividad es lúdica y festiva. Compartimos historias, bailamos tango", explica.

Andrea Hanna coordina los talleres de iniciación teatral y de plástica con los chicos de la Asociación de Asistencia a la Niñez Desamparada (Adand).

Corina Megna es la encargada de las relaciones con el interior, ya que tres ciudades -Tandil, Río Tercero y Pergamino- quieren poner en marcha el proyecto.

Y Juan José Decuzzi se ocupa de la casilla electrónica.

Todos los coordinadores tienen una condición sine qua non : tienen que ser voluntarios en alguno de los lugares. "Si no, se pierde el contacto con la realidad y te transformás en un burócrata de la solidaridad", opina.

Necesitan gente dispuesta a leer, voluntarios que conozcan un lugar donde ir, pero que estén listos para responsabilizarse de las actividades en ese espacio, gente que quiera ofrecer espectáculos. Para sumarse al grupo hay que escribir a arteporamor@yahoo.com.ar .

No necesitan dinero ni donaciones de ninguna clase. Sólo artistas dispuestos a regalar un ratito de su vocación.

Por Cynthia Palacios
De la Redacción de LA NACION


 

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