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| Crónicas de sangreEspaña. Posguerra civil. En un cadalso mientras engrasa un garrote vil. Es de madrugada y aún no amaneció. A lo lejos, aúlla al lucero, un perro vagabundo. Pascual: Yo no sé por qué, señor, las mañanas llegan cada día más tarde. Y nada tiene que ver la época del año, pues ya estamos en mayo y se nos viene encima el verano. El verano. Bella época para ser niños y chapotear despreocupados en el agua... ¡Vaya si habremos disfrutado del arroyo con el Ramón...! ¡Cuida bien de él, Pascuál!, me decía mi madre. Es que parecía tan frágil... ¡Y vaya si lo cuidaba! Pero no. No es la época...Nada tiene que ver la época con que las mañanas lleguen cada día más tarde... no señor. Es otra cosa. De un tiempo a esta parte, el frío se mete más rápido en los huesos... Qué raro. Ya debería haber cantado el gallo. Con gusto le quebraría el gañote a ese alcahuete emplumado... Claro... Si eso sirviera para algo... Pero todo es inútil. Aunque le rompiese el garguero al mismísimo sol, las cosas seguirían siendo del mismo modo... Como han sido desde hace años... Tal vez si le convenciese... Si le explicara. ¿Pero explicar qué? No se le puede explicar a un ciego por qué la mar conmueve. Quizás no tenga nada que explicarle. Tal vez le tenga, de una vez por todas, que plantar cara. (Lo dice como si su interlocutor estuviese presente) Que ya basta y que de ningún modo. ¡Ya es demasiado! Que esto ya es de mal gusto. Que es, su excelencia, un cabrón... Bueno, no, eso de cabrón bien puedo guardarlo... en secreto, digo. Aunque en realidad, lo sabe todo el mundo. Eso mismo: ¿Es que se cree que es el dueño del mundo? ¡Contésteme y no se haga el borrico! Bueno... Borrico es un decir, pues bien puede ser éste otro secreto. No hubo en mis palabras ánimo ofensivo, que quede bien en claro. Que bien útil es el borrico en la finca, cuando no quiere dárselas de labriego. Está bien, ni una palabra más. Lo mantendremos en secreto. |
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