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| La Decisión (Fragmento)
Sesenta
y tres chorizos pudimos guardar. El frezzer que tenemos no es muy grande; ¿ya
te dije, no?. Fue un regalo de la hermana de Jorge…de ella y el marido, claro.
Vinieron con la caja de una manera… Una manera que yo pensé que era quien
sabe qué cosa.
La
abrimos.
Yo
igual le agradecí, porque después de todo ellos van a ser de la familia y…
Si
se ofendieron porque me lo confundí con un microondas, lo siento, ¡yo qué sabía!
Son de estos Freezer chinos, chiquitos, que están de oferta en el supermercado.
Para peor lo tuvimos que estrenar antes de la fiesta. Que se le va a hacer.
Necesitar lo necesitábamos. Y así y todo, no nos alcanzó casi para nada. Nos
quedaron cuatrocientos treinta y siete chorizos sin guardar.
Decí
que la gente fue re-gaucha. En eso hay que reconocerlo. Nosotros íbamos con la
tarjeta y por las dudas, en el baúl del auto llevábamos las heladeritas de telgopor,
llenas, con los chorizos, obvio. Y claro… Comentando los preparativos, que
elogiaban la fineza de la tarjeta, que una cosa lleva a la otra y el tema salía
solo. Y después de todo ¿qué tiene?. Al final de cuentas se guardaban en
“su” heladera lo que ellos se iban a comer.
Una
tarjeta, siete chorizos. Otra tarjeta, doce chorizos. Y así, en dos fines de
semana repartimos todo.
El
tema fue mantenerlos con hielo durante la semana, porque se te ponen verdes
enseguida.
En
eso le estoy reconocida a los de la YPF: se portaron. La tengo acá nomás, a
doce cuadras. Me hacían ir a las tres de la tarde porque era el horario que el
dueño dormía la siesta y me daban un poco más de hielo. Me completaban las
dos bolsas con el hielo de las que se les rompían. Ya me las tenían
preparadas. En cuanto me veían llegar, me
las acercaban y me ayudaban a levantarlas. Después yo ya andaba sola. Cada una
pesaba ocho kilos, más o menos. Yo trataba de caminar rápido, porque si no a
esa hora, en pleno verano, se te derrite enseguida.
Hubo
un día que hizo como cincuenta y tres grados de sensación térmica. Tuve que
hacer dos viajes, que va a hacer. Para mí que eso fue lo que me torció la
columna. Pero no había más remedio. Me
tenía que encargar yo, porque era la que estaba de vacaciones en el jardín.
Bueno, Jorge también, pero él hace la diferencia con la colonia de vacaciones
y con eso pagábamos el viaje. Vamos a Jamaica.
Es
caro, porque queda lejos. Es por el lado de Hawai, en la Polinesia. Pero un
gusto es un gusto y con lo que Jorge saca en la colonia, el anticipo lo pagamos.
Después son cuotas.
Ciento
veinte.
Es
un plan a diez años. Lo importante es que lo del anticipo va a estar.
Los
profes de educación física tienen eso: que los veranos se la rebuscan. Pero
una que es maestra jardinera ¿qué va a hacer? Por eso ahora decidí que aunque
me guste trabajar con los chicos chiquitos, esto se acabó.
Ahora
quiero plata. Efectivo. Cash. Taca taca.
Por
eso, este año me recibo de maestra de primaria y el verano que viene doy clases
particulares…y listo.
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