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5. Otro
doctor La
madre del doctor Posadas era una mujer alta. Y entiéndaseme bien: cuando digo
alta no estoy diciendo cualquier cosa, estoy diciendo: alta. Y con esto no
quiero hablar de estatura física no más, sino también de la estatura moral de
esta mujercilla de Saladillo que alumbró al portento de la cirugía; esta pequeña
mujer de provincias que bregó y luchó, contra viento y marea, para sacar
adelante a su familia, para ofrecerle una educación digna a su progenie, para
que ellos, los vástagos, tuviesen la posibilidad de ser todo aquello que ella,
por género y educación, no pudo ser. Y en Alejandro, en el doctor Posadas,
concentró ella su amor y dedicación más extrema, veía en su pequeña rama
todo el poderío, toda la fuerza, todas las puertas abiertas. Por eso lo cuidó
como nadie supo cuidarlo, por ello ella armó cada noche el rito matriarcal de
la despedida. Ella era quien lo despedía del día y era ella quien lo recibía
cuando el alba despuntaba y los gallos saladillenses se ahogaban en gritos. Posadas Es
de noche ya
en
la casa y
yo estoy con
las sábanas hasta
acá en
el cuarto en
la cama en
la cama de mi cuarto pataleo
así y
desarmo la cama sólo
las sábanas la
frazada no la
frazada está tensa así y
estoy contento porque
es de noche y
la puerta de
mi cuarto se
abre todas las noches para
que entre ella mi
mamá apoyando
la mano sobre el picaporte la
mano de mamá abriendo
la puerta cerrando
la puerta la
mano de mamá flotando
en el aire alejándose
del picaporte para
descansar junto
al costado de su cuerpo la
mano de mamá bamboleándose como
la hamaca así la
mano de mamá sobre
mi cabeza los
dedos hundiéndose en mi pelo la
suave mano de mamá sobre
mi cara sobre
mi cachete y
sobre mi otro cachete la
mano de mamá acariciando
mi cara... Las
voces de Posadas y del Otro doctor trazan algo así como un canon, se siguen, se
superponen, se ayudan en la evocación del recuerdo. Otro
Doctor Ella. Posadas ...
que es como
la suya... Otro
Doctor La
pequeña gran mujer. Posadas ...
suave como
la suya... Otro
Doctor La
digna esposa. Posadas ...
redonda como
la suya... Otro
Doctor La
mejor madre. Posadas ...
mi mamá... Otro
Doctor La
abnegada provinciana. Posadas ...
besándome el cachete me
dice despacito buenas
noches Otro
Doctor Ella,
que entregó cada segundo de su vida para forjar un destino de grandeza en aquel
retoño, para poder entregarle a nuestro país, que amaba con dilecto y exacto
patriotismo, un hombre íntegro, un profesional probo, un hombre hecho y derecho,
un saladillense apto para el desafío más grande que la medicina argentina haya
conocido jamás. Ella dio a luz al niño y alumbró al hombre, ella, como doña
Paula Albarracín bajo la higuera, tejió lo fasto y destejió lo nefasto en el
telar de la vida de Alejandro Posadas. Posadas Hace
muchos años de esto En
mí hay también muchas
cosas destruidas que
yo creía iban
a durar siempre Desde
hace un tiempo comencé
a percibir si
presto atención el
llanto que
me desbordaba cada
vez que mi madre faltaba
a la cita de
las buenas noches Aquel
llanto nunca
paró es
sólo porque la vida va
callándose cada
vez más a
mi alrededor que
escucho aquel llanto de
nuevo como
esas campanas de
convento que
cubre tan bien el
ruido de la ciudad durante
el día que
las creemos detenidas pero
que atacan nuevamente en
el silencio de la noche. 8.
Los
Testimoniantes: lenta toma del espacio. Revisión
médica por parte del Otro Doctor. Escena
muda o lejanamente perceptible. Luego,
Posadas. Posadas Vuelvo
a la casa de la infancia. Y
me pierdo. Tengo
gusto a miel en la lengua. Y
hay olor a jazmines. En
el patio había jazmines. Pausa. La
vieja los regaba con agua tibia porque decía que eran flores del trópico. Ríe. Trópico. Pausa. Me
está doliendo el costado izquierdo. 10. Otro doctor acostado sobre la camilla. Su estado no es precisamente
el de la sobriedad. Posadas allí, cerca. Parecen verse por vez primera. Se miden largo tiempo en silencio.
Como si el silencio de uno dependiese de la palabra del otro. Otro doctor ¿Así? Posadas Así,
¿qué? Otro
doctor Nada.
Sólo le pregunto si para usted ésta es una buena posición. Posadas No
sé. Otro
doctor Usted
sabe todo. Ríe. Usted
es un sabio... Posadas No
es verdad. Otro
doctor Vamos,
vamos, vamos... no se me achique, doctor... Justo ahora. Posadas Perdóneme,
¿no?... pero... ¿usted quién es? Otro
doctor ¿Cómo
dijo? Posadas Usted...
¿quién es? Otro
doctor Da
vuelta la copa vacía. Ni
una gota de alcohol ya. Nada. Y
usted me pregunta quién soy... Otro
doctor se incorpora. Se sienta sobre la camilla. Le hace un lugar a Posadas. Señala
el lugar con la mano, invitándolo a sentarse. Acá
va a estar mejor. Posadas
se acerca. Se sienta. Eso
es. Pausa. Soy
su incansable defensor... soy parte de todo esto y soy el que puede dar
testimonio de su gloria. Pausa. Yo
estoy acá para reivindicar su figura. Posadas Yo
no necesito nada de eso. Otro
doctor ¿Ah,
no? ¿Y se puede saber quién le metió esas ideas en la cabeza? Usted
es quien es y eso alguien lo tiene que decir, carajo. Posadas ¿Usted
cree eso? Otro
doctor asiente. ¿De
veras? Otro
doctor vuelve a asentir. Puede
ser... Pero
la suerte es perra, ¿sabe...? Pausa. Perdón....
pero ¿cómo me dijo que se llamaba? Otro
doctor No
le dije. Posadas Ah. Pausa. ¿Quién
puede comprarse todos los billetes de la lotería? Otro
doctor Hmmm...
hay gente que puede. Posadas No
es mi caso. Y
lo que hagan con lo mío... me importa un pito. Si
alguien se quiere poner mis tamangos, todo bien. Al
final todos nos vamos a encontrar, ¿no? Pausa.
Qué
tanto problema con qué es de quién y la mar en coche... Si
todo lo que dejamos no lo agarra nadie. Otro
doctor Gran
verdad, Alejandro. Posadas ¿Cómo
me llamó? Otro
doctor Alejandro.
Posadas Hacía
años que nadie me llamaba así. Pausa. Yo
prefiero dejar todo acá. Ríe.
Para
la posteridad. Pausa. Otro
doctor Claro,
para la posteridad, claro... qué bonito... Posadas Estoy
enfermo, ¿sabe? No
puedo más con este cuellito. Me
late el cuellito. Me
hace tac tac el cuellito. Hasta
que reviente. Así
que no tengo mucho tiempo. Otro
doctor Qué
macana... Posadas Hoy
no tengo mucho tiempo. Otro
doctor Cuánta
verdad, doctor, cuánta verdad: el tiempo es corto y el arte larguísimo. Abandónese
a su arte, doctor. ¿Por
qué no se acuesta un poco, entonces? Se lo ve cansado, Alejandro. Posadas
sonríe frente al decir de su nombre. Recostándose. No
se preocupe. Va a estar todo bien. Posadas Murmullo. La
muerte viene asomando. Y
yo no compré jazmines para el entierro. Con
lo que me gustan los jazmines. Otro
doctor le entrega un jazmín. Posadas
lo huele. Ríe. A
veces me dan ganas de bajarme de acá. Otro
doctor ¿Bajarse?
¿Qué dice? No me venga con ésas ahora... El
tono de lo que sigue traza un arco: de
la cálida charla confesional al exaltado discurso oficial. Posadas
asiste a la transformación del Otro doctor con resignación y felicidad. La
cara del Otro doctor está sudada y lagrimosa sobre el final del discurso. Usted
pudo desarmar las trampas de la patria y encontrar la salida de la oscuridad,
encontrar la luz que cura, y frente a la certeza del descubrimiento, operar con
inteligencia de avanzada y filmar, sí, filmar:
blanco sobre negro, aquellas operaciones extraordinarias, madres de toda
la cirugía moderna, no sólo supo que era quién era, no sólo yo sé quién es,
sino que usted y yo podemos ahora darnos cuenta de la cabal importancia que sus
descubrimientos y los míos... mis descubrimientos que iluminaron los suyos, sí,
sus descubrimientos. Descubrimientos que esta patria filicida olvidó... Sí,
porque esto debe ser dicho, ¡qué caray!, no todo es rosa: esta patria es
filicida y posterga a los hijos pródigos, y allí van, emigrando por las
geografías centrales del orbe, tratando de hallar aquello que aquí no les es
dado, sí, se van, se toman aviones y buques, zarpan, emigran, vuelan, crisálidas
desplegando sus alas de mariposa en otras latitudes porque aquí el calor las
quema, el dolor las asfixia, si, oh bellas crisálidas de esta Argentina
dolorosa, que vais a probar suerte en geografías y paisajes que vuestros
abuelos abandonaron para encontrar éste... y tú, oh, Dios de la Argentina, que
permites que tus hijos dilectos: tus sabios, tus artistas, tus soñadores, tus
creadores, tu mejor herencia se pierda en los mares y vuele, sí, vuele para
devenir mariposas... Señala
el cielo. Con lo rica que es esta tierra... Señala la tierra.
...este suelo fértil, y este espacio que pide a gritos ser poblado, la enorme
Argentina: poseedora de todos los climas y todos los cultivos, Argentina:
granero del mundo, sueño de sueños, ay, cuánto dolor, cuánta ignominia, cuánta
injusticia, qué horror este país y qué bello, que paradoja este país y qué
metáfora... Y
ya es hora, doctor, ya es hora: algo hay que hacer, carajo. Yo seré quien
despierte la conciencia adormilada y usted será bastión, emblema, estandarte
para el grito, la acción y la certeza: En
el cenit de su exaltación besa la frente de Posadas. ¡Viva
la Argentina, che! Va
iniciando la salida. Posadas ¿Terminó
el homenaje... entonces? ¿Y
la cinta...? La
que cortan con la tijerita... Para
inaugurar... Otro
doctor No
lo oye a Posadas, preso de su propia euforia. ¡Sí,
viva la Argentina, carajo! Va
perdiéndose en las sombras mientras grita. ¡Viva! Y
a morir a París. Sí.
¡A
morir en París! ¡Y
se van todos a la reputa madre que los remil parió! Desaparece. Posadas Espera. Claro...
no cortan la cinta todavía. Están
esperando a las autoridades. Ríe. ¿No
llegaron las autoridades? Largo
silencio. Sólo
quiero que me recuerden. Pónganme
un nombre. No
me busquen en los espejos. Y
no les voy a pedir... no les voy a pedir que no me olviden. Ríe. La
verdad es que todo esto me está pudriendo un poco. 11. Suena el Pericón Nacional. Posadas descansa en la camilla. Sostiene un cigarrillo apagado en su mano derecha. Más Pericón Nacional. El cigarrillo cae. Tac. El cuellito estalla. Tac. Silencio y oscuridad. |
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