Fragmento
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Voces.

Las aguas del río.

Gustave posa su mirada en los papeles.

GUSTAVE: Yo, que guardo cada cosa en su sitio, llevo una vida ordenada por casilleros, y tengo mis cajones y estoy tan lleno de compartimentos como un baúl de viaje, muy bien atado y cerrado con tres correas. Yo soy como los tigres, que tienen en la punta del glande unos pelos aglutinados con los que desgarran a la hembra.

Yo hice con vos lo mismo que hice en otras épocas con aquellos a quienes más amabas: les mostraba el fondo de la bolsa, y el acre polvo que salía de allí los asfixiaba.

Yo, de muy joven, tuve un presentimiento completo de la vida. Era como el nauseabundo hedor que se escapa de una cocina por un tragaluz: no hace falta haber probado la comida para saber que te daría ganas de vomitar.

En cuanto nacemos, empezamos a pudrirnos.


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