Fragmento
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René junto a la ventana.

Abierta.

El sol dibuja sombras en su cara.

Escucha atentamente las voces del exterior.

René parece satisfecha ante las voces.

Se escucha el contratenor.

Las puertas de la habitación están cerradas.

René las abre.

Perfume a narcisos.

Crece la voz del contratenor.

RENÉ: ¿Lo escucha, madre? La aclaman. La buscan. Piden su cabeza, querida Montreuil. Sade la busca. Sade la aclama.

Una lluvia de piedras se precipita desde la ventana.

Manchadas de sangre.

De tierra.

René recoge alguna.

La huele.

Es el perfume de Sade.

Lo logramos.

Este hombre crecido dentro de mi vientre ya sabe gritar.

Sade nació y creó su descendencia. Esas voces, su descendencia.

Asómese a la ventana, Madame de Montreuil, el pueblo pide su cabeza.

Preso, amado Sade, preso en la Bastilla.

Doliente Marqués, soportando el peso de las cadenas te transformaste en bandera. Amado Marqués, sos escudo.

El águila de dos cabezas hunde su pico en mi pozo mientras saluda a la sangre por venir. Tu águila.

El vicio vence a la virtud.

Dulce, amado, querido Sade.

Tus dos cabezas, Sade, las nuestras.

Pueblo de Francia: soy yo, René Montreuil de Sade. Esposa y dueño del Marqués.

Una piedra hiere la frente de René.

Cae.

Sangra.

Se incorpora.

Las voces siguen a lo lejos.

Sangro. Esta cabeza sangra.

Voz y perfume.

El sol de Francia se derrama sobre las paredes de tu celda.

La luz se abre paso entre las tinieblas del dolor.

A él nos acostumbramos, Divino Marqués.

Enfrenta el espejo de cuerpo entero.

Aquí está René, Sade.

Victoriosa.

Amante.

Podés oírme.

No hay distancia entre nosotros.

El pueblo bebió tu sangre.

Y ahora exige la cabeza de los Montreuil.

Tu sangre se derrama sobre mi apellido.

Como debe ser.

Duele aquí.

Se toma el vientre.

Aquí te di albergue, Sade.

Y ya querés devorarme.

Comerás el cuerpo de tu madre.

Lleva su mano a la frente sangrante.

Mancha sus ropas.

Somos un pájaro de alas desplegadas.

Un monstruo que sólo pide muerte.

Pide el sacrificio de una de sus partes.

Dos cuerpos.

Dos cabezas.

Sade y Montreuil.

Ahora sos propiedad del pueblo.

Una mujer sangra sobre tu cuerpo naciente que brilla sobre el oscuro pasado de este horrendo país.

Tu sangre sobre este suelo.

Se lanza sobre la puerta abierta.

Madame de Montreuil, el pueblo llama.

Venga.

Sade decidió su ejecución.

Se dirige a la ventana.

Ustedes son testigos del nacimiento de un hombre nuevo.

Sade es la historia.

Y yo.

Soy un pájaro que albergó el cuerpo de la revolución.

Al contratenor.

Canta.

Por siempre.

Canta.

Hasta que se detenga el tiempo,

esa boca abierta de Dios.

Oscuridad.

Violenta.

Sobre la oscuridad la voz no cesa.


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