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"Che faró senza Euridice?" ORFEO Y EURIDICE Ch. W. Gluck
Así comienza... sobre lo que el mito calla. ELLA No podré. No voy a poder. Jamás. Ya no. Ya no más. Nunca más. Las manos están aquí, ahora, frente a los ojos. Las veo. Mis manos. Y después no. Ya no. Mis manos desaparecen. Ya no. Y quiero acercarme y tocar su cuerpo. Pero no. Dio la espalda. Y giró la cabeza. Y entonces. Fue demasiado tarde. El camino de vuelta es siempre más placentero, dicen. No es verdad. Volver no fue fácil. Y aquí estoy. Arrancada de entre los muertos. Otra vez aquí. Y nadie puede verme. Nadie puede oírme. Ni yo misma. Por eso grito. El camino se abre desde el centro de la tierra, desde el dolor y la sombra, desde el llanto y el fuego. El camino se abre como una boca sucia, como el tiempo en la boca de Dios. La boca sucia de Dios: el tiempo. Y la sombra es eterna y todo lo cubre. Y en ella, sobre ella, a través de ella, entre los ruidos y las voces de los otros, por entre las hendijas de las oscuras persianas que ocultan los cuerpos torturados de los que no descansan, de los que penan, de los que aúllan, de los que gimen, de los que rasgan su piel cubierta de llagas, de los que derraman cera sobre las heridas: los penitentes, los castigados, los humillados, por sobre ellos, por sobre todo: el peso de la eternidad. El espantoso peso de lo que será. Y yo fui liberada. Fui rescatada de la sombra y arrojada a la luz. Por el amor. El amor me devolvió a la vida. Y el amor me condena, ahora, a esta existencia de espectro. |
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