Fragmento
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QUIEN SUSURRA

Decía que nosotros eliminamos la torpeza en el arte de amar. Desde la noche oscura de los tiempos estamos observando el comportamiento de tu raza y ahora, después de haber sacado inconfesables conclusiones, sabemos cómo proceder.

Podemos eludir hábilmente cualquier trampa, cualquier artificio: conocemos la forma de la estaca.

Nos llaman seres de oscuridad. Somos, aunque cueste creerlo, seres de luz.

Ahora, entonces, echá tu cabeza hacia atrás. Eso. Apartá el pelo de tu cuello. Así. Oigo a tu piel angustiada pidiendo el filo de este beso.

¿Alguna vez te besaron así?

Tu cuerpo se está sacudiendo. Es placer. No tiembles.

Así.

Eso es.

Mis labios se posan sobre esta superficie muda.

Ahora veo con claridad lo que asoma en la superficie de tu cuello. La piel se abre ante mi vista y quedo yo atrapado en ella. Tu perfume se desprende cuando hago así con esta mano.

Mi mano sobre tu piel. Mis labios sobre tu piel. Mi aliento espesándose en la herida que mi beso crea en tu piel. Así.

Relajá los brazos. A los costados del cuerpo.

Ahora puedo abrazarte. Puedo tomarte entre mis brazos. La cabeza más atrás. Eso.

La sangre fluye por los dos tenues orificios abiertos en la tensa superficie de tu cuello. Bebo la sangre. Me crucifico en tu líquido. Mana la sangre como manó por el costado de Cristo. Mi boca es el cáliz que la recoge. No intentes escapar. El dolor va cediendo. Y tuyo es el orgasmo. Así.


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