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BERNARDO CAREY, nació en 1934, en Parque Patricios, barrio de poetas
tangueros y anarquistas, de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Hasta los 20 años,
que escribe sus primeros cuentos, juega al fútbol en Barracas Central como
“half izquierdo”, estudia química en la escuela industrial “Otto
Krause” y pintura en las escuelas de Bellas Artes “Manuel Belgrano” y
“Prilidiano Pueyrredón”, donde su maestro Lorenzo Gigli lo conecta con
David Viñas y Adelaida Gigli, quienes a su vez lo hacen con Carlos Correas,
Oscar Masotta y Juan José Sebreli, todos ellos integrantes de la revista
“Contorno” en boga en los círculos intelectuales del ´50, conservando con
el primero y el último una amistad que se extiende hasta hoy.
Como los fondos de la escuela
“Pueyrredón”, en Callao y Las Heras, daban a los fondos del
ex Conservatorio de Música y Arte Escénico que dirigía Antonio Cunill
Cabanellas, traba contacto nocturno con alumnos de este último. El caserón donde vive, en la calle Caseros 2034, se convierte, entonces,
en casa de ensayos teatrales con los juveniles Enrique Argenti, Alberto
Busaid, Alfonso de Grazia, Miguel Carlos García, Héctor Gióvine, María
Cristina Laurenz, Susana Rinaldi, Edgardo Rovezzi, etc.; en ateneo político con
el teórico Ismael Viñas a la cabeza; en reuniones de discusión
literario-filosófica e, incluso, en lugar de romances y fiestas de casamientos
efímeros como el de Oscar Masotta con Nené, su primera mujer. Por fin en 1958,
Carey opta momentáneamente por la literatura y comienza a publicar ficción
literaria, luego de un fugaz paso por la TV en la pionera “Historias de jóvenes”
que dirigía David Stivel. Para vivir y poder casarse con su novia de barrio, Lucila Behocaray,
trabaja en la Banda Municipal y se hace cargo del turno nocturno de la mítica
Librería Santa Fe de los años 60/70 , donde Rubén Aisenberg, su dueño, lo
hace acompañar, sucesivamente,
por los entonces jóvenes Carlos “Chacho” Álvarez, “Albi” Diéguez
Videla, “Charlie” Espartaco, Oscar Frías,
Jorge Lewinger, Jorge López y Víctor Redondo, entre otros y algunos
muertos y desaparecidos. Ahí se originan “tertulias”
con los nombrados Correas, Sebreli y David Viñas a la que se agregan
el poeta “clochard” Juan Bautista “Cabito” Bioy, el poeta Miguel
Ángel Bustos, el novelista Bernardo Kordon, los historiadores Rodolfo Orteña
Peña y Ricardo Rodríguez Molas, el sicólogo y pintor Juan Carlos Pizarro y
algunos más. En esas circunstancias , alrededor de 1968,
en estado de levitación, escribe su primer obra de teatro “El sillico
de alivio”. Participa de la “Unión de escritores” y adhiere al
gobierno popular de Chile A la época había editado su primera novela y
preparaba la edición de la segunda en la editorial “Sudestada” dirigida por
Ortega Peña y su socio Eduardo Luis Duhalde, quienes quiebran, pierden las
“galeras” y el primero, al poco tiempo, es fusilado en plena calle por la
“Triple A”. Presenta el manuscrito
a Ediciones de la Flor,
pero su dueño Daniel Divinsky, perseguido por un absurdo juicio por
obscenidad, no se atreve a publicarlo
y lo deriva a Julia Constenla de la revista y editorial “Crisis”,
quien cierra la empresa al poco tiempo por persecución política. Llegaba el
“proceso”. Eran tiempos aciagos y
Carey no vuelve más a escribir ficción. “El sillico de alivio”,
mientras tanto, había recibido numerosos premios pero no atraía a sus antiguos
amigos actores pero si al director
Julio Ordano quien lo invita a trabajar en su taller ya producido el
golpe de estado del 76, en que se aleja de la Librería Santa Fe. En el taller
de Ordano –un sótano como correspondía a la época- se gesta “Cosméticos”
su primer obra estrenada en 1979. Este breve relato, cuasi novelístico, es su
formación, su “universidad” veinteañera. Carey sigue viviendo en Parque Patricios, se casó nomás con Lucila
Behocaray, tiene dos hijas, Berenice y Sabina, un hijo postizo Fabián y tres
nietos Iván, Micaela y Sofía. Su familia no le deja tener novia. |
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E-mail : Bcarey@argentores.org.ar Espacio cedido por ARGENTORES |