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"... VÍCTOR (al publico).- Era el año 1978 cuando iba caminando por el desierto... OSCAR.-:¿Desierto? ¡Que bueno! Eso me gusta. ¡Dale que yo era un jeque árabe (Simula montar un camello) e iba con mi camello... VÍCTOR.-¡Iba caminando por el desierto de Atacama, ¡donde no hay camellos! OSCAR.- ¿Cómo que no hay camellos? ¿Si vos dijiste que era un desierto? En los desiertos hay camellos. VÍCTOR.- Pero en el desierto de Atacama no hay camellos... OSCAR.- Entonces no es desierto. VÍCTOR.- Sí que es desierto. OSCAR.- No es desierto. VÍCTOR.- Sí es desierto OSCAR.- No VÍCTOR.- Sí (Repiten incesantemente esta discusión hasta que el padre, fuera de sí, lo toma del cuello) OSCAR.- ¡Asesino! ¡Quisiste matarme!¿A mí? ¡Carne de tu carne! ..."
Fin del fragmento de La alegría del hogar. Para conocer el resto del texto solicitarlo al autor por mail.
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