Fragmento
Principal Arriba Fragmento Fotos

horizontal rule

FRAGMENTO:

"...La escenografía nos muestra un salón grande, seria una sala de estar, hay poco mobiliario, pero sobran objetos y cuadros que recuerdan una época militar. Extrañamente y rompiendo el orden pulcro que tiene la casa vemos a la derecha una cama de una plaza aun desordenada. Allí vive el general Marcos Aguirre, hombre bajo, de unos 60 años, de aire bonachón y de sonrisa fácil. Tiene por momentos rasgos y gestos en su personalidad que lo asemejan a un niño. Es de conducta cambiante y si lo enfurecen puede cambiar toda su fisonomía y transformarse en el mas tirano de los militares. Lo acompaña constantemente un cabo, Gastón Sandoval, un joven de unos 25 años de imagen imponente que habla siempre en tono exageradamente militar. Lo admira y lo cuida como si fuera su Dios.

Comparte la casa una criada, llamada Sara, que lo acompaña desde hace años y que por momentos se convierte en la madre de ambos.

La acción comienza encontrándose el general debajo de la cama dejando ver sus botas por el lado de los pies. Se lo oye reír bajito y con tonos agudos. Se esfuerza para que no se lo oiga pero no se puede contener. El cabo esta terminando de contar abrazado a un reloj de pié a péndulo. Juegan a las escondidas.

GASTON.- 45, 46, 47, 48, 49 Y 50. Punto y coma, el que no se escondió se embroma. (Comienza a buscar al general. Emplea un cántico cuando lo llama) ¡Generaaal! ¡Generaaal! ¿Dónde está? (A propósito pasa cerca de él y disimula no verlo. El general no puede detener su risa, aguda y bajita) ¿Dónde está? ¡Mire que lo voy a encontrar! (Camina esquivando alevosamente sus pies) Siento ruidos por acá, a ver, a ver. (Se agacha debajo de la cama. El general larga su carcajada) ¡Piedra libre para el general! (El general intenta salir rápidamente de abajo de la cama pero sus movimientos son torpes y lentos. Igual el cabo inventa un tropezón y cae dejando que el general pueda salir y correr hacia reloj)

GENERAL (tocando el reloj).- ¡Piedra libre para todos mis ‘‘compa’’! ¡Te gané, te gané!

GASTON.- Usted hizo trampa porque tiro algo en el piso que me hizo resbalar.

GENERAL.- ¿Qué yo hice trampa?

GASTON.- Con todo respeto, mi general.

GENERAL.- El general nunca hace trampa. ¿Me entendió?

GASTON.- Por supuesto, mi general.

GENERAL.- Reconozca que soy más ágil que usted.

GASTON.- Lo reconozco, mi general.

GENERAL.- ¿Lo reconoce?

GASTON.- ¡Sí, mi general!

GENERAL.- ¿Sí?

GASTON.- ¡Sí, mi general!

GENERAL.- ¿Y entonces por qué no lo dice!

GASTON (tímidamente).- ¿Decir qué, mi general?

GENERAL (enojado).- ¡Que soy más ágil, inteligente, buen mozo y fuerte que usted! ¿Por qué no lo dice?

GASTON.- ¡Ah, si, si! Usted es mas inteligente y mas ... fuerte, también mas hábil ...

GENERAL.- ¡Agil!

GASTON.- ¡Agil, ágil, por supuesto y mas ágil ¿Y ... buen mozo, dijo, general?

GENERAL.- ¡Sí! Buen mozo.

GASTON.- Sí. Muy buen mozo, mi general. ¿Quiere jugar otra vez a las escondidas?

GENERAL.- No. Ya me cansé

GASTON.- ¿Quiere jugar una mancha venenosa?

GENERAL.- No. Dije que estoy cansado.

GASTON.- Es cierto, perdóneme general.

GENERAL.- Perdonado, cabo. . (Mirando hacia un lado) ¿Y eso que fue?

GASTON.- ¿Qué cosa, mi general?

GENERAL.- ¡La sombra que pasó por la ventana!

GASTON.- No vi ninguna sombra, mi general.

GENERAL.- ¿Cómo que no vio ninguna sombra? Quiere decirme que la imaginé.

GASTON.- Para nada, mi general, pero puede ser que haya pasado y al estar descuidado no vi ninguna sombra.

GENERAL (temeroso).- ¿No serán ellos, no?

GASTON.- De ninguna manera. Yo los eche a todos.

GENERAL.- Porque me persiguen, me hostigan, no me dejan tranquilo. Donde me descuido hay un flash que me retrata.

GASTON.- Le garantizo que no quedo ninguno, mi general. Uno que se quiso hacer el vivo le rompí la cámara en la cabeza.

GENERAL.- ¡Bien hecho, cabo! Así se trata a esos cachivaches. Por eso nunca me gusto la libertad de prensa. Porque se abusan. En mis épocas cada uno tenia su vida y nadie lo fotografiaba. Debíamos rendirle cuentas a Dios. Y como Dios estaba de nuestro lado, éramos libres.

GASTON.- ¿No quiere jugar a nada mas, general?

GENERAL.- ¿Cómo no voy a querer jugar a nada mas? ¡El juego es maravilloso! ¡Nunca me canso de jugar! ¡La vida es un juego!

GASTON.- ¿Qué tal un juego de mesa entonces, mi general?

GENERAL.- ¿Cuál?

GASTON.- No sé ... ¿Qué tal la batalla naval ...

GENERAL.- ¡Imposible! Ese juego es a las 17 hs.

GASTON.- ¿Y a los soldaditos?

GENERAL.- ¿Pero qué pasa con usted, cabo? A los soldaditos jugamos los viernes.

GASTON.- Sí, ya se, mi general. Pero como no sabíamos a qué jugar pensé que podíamos olvidar las reglas por un momento y no esperar al viernes.

GENERAL.- ¿Olvidar las reglas?

GASTON (estereotipadamente militar).- ¡No hay que olvidar las reglas, mi general!

GENERAL.- ¡Cuando se pierden las reglas viene el desorden!

GASTON.- Cuando se pierden las reglas viene el desorden, mi general!

GENERAL.- ¡No me repita, cabo!

GASTON.- ¡No lo repito, mi general! (Entra Sara con una bandeja con el desayuno)

SARA.- ¿Ya están peleando? Dejen de pelear y venga general a tomar su pastilla.

GENERAL.- ¿Sabe lo que dijo este insolente? ¡Olvidar las reglas!

SARA.- El es joven, general, puede romper algunas reglas.

GENERAL.- ¿Pero que está diciendo? ¿Cómo puede dar semejante consejo? La juventud debe tener reglas bien claras. (Se toma la pastilla) Así comienzan las cosas, total, claro, ellos destruyen el país y luego nosotros tenemos que venir a arreglarlo.

SARA.- No se haga mala sangre, general, usted ya hizo suficiente. ¡Ah! Llamo su hija! (No le contesta) Le dije que llamo su hija o esta sordo.

GENERAL.- Ya la escuche, Sara. Y no me falte el respeto. Recuerde que usted es una sirvienta ...

GASTON.- ¡Y está hablando con un general!

GENERAL.- ¡No me interrumpa, cabo! ¡50 saltos de rana! ¡Vamos! ¡Un, dos, un, dos! ¿Ve, Sara lo que hace con sus consejitos? ¡Uno, dos, uno, dos! ¡Me lo subleva y luego es difícil de encausar!

SARA.- No me cambie de tema. Hoy hablo su hija.

GENERAL.- Escúcheme, cabo, vaya a buscar el juego de Ludo.

GASTON.- ¡Cómo no, mi general! Ya vengo. Tome el tiempo. (Sale corriendo)

SARA.- ¿Y, general? ¿Qué le digo a su hija si vuelve a llamar?

GENERAL.- Quiero jugar al ludo. ¿Necesita algo mas, Sara?

SARA.- Nada mas, general. (Se marcha. Se cruza con el cabo) Ese no es el juego de ludo, cabo. (Se marcha. El joven mira desconcertado al general)

GASTON.- ¿Este no es, mi general?

GENERAL.- No, cabo. Ese es el juego de la oca. (Saca un mazo de cartas del bolsillo) ¿No conoce el ludo, cabo?

GASTON.- No puedo recordarlo exactamente, mi general.

GENERAL.- Luego del ludo tradicional, que era una maravilla, salió esa autentica basura que era el ludo matic. ¿Tampoco lo conoció?

GASTON.- No puedo recordarlo exactamente, mi general.

GENERAL.- ¿Cómo puede ser que no conozca el ludo? Venga, juguemos un truco.

GASTON.- No sé si puedo, mi general.

GENERAL.- ¿Cómo no va a poder? Juegue, hombre, juegue. Sientesé.

GASTON.- Lo que ... sucede, mi general es que ... ¡No se jugar al truco!

GENERAL.- ¿Cómo que no sabe jugar al truco? ¿Pero que clase de soldado es usted? Un juego con tradiciones bien criollas y usted como soldado que defiende la patria no sabe jugarlo. ¿Pero dónde vamos a ir a parar?

GASTON.- Varias veces intenté aprender pero me olvido el valor de las cartas, me olvido, no sé qué me pasa.

GENERAL.- Conmigo va a aprender. Digame cuál es esta carta.

GASTON.- El uno.

GENERAL.- ¿El uno, de qué?

GASTON.- ¡El uno de mi general!

GENERAL.- ¡No, imbécil! ¿El uno de qué? ¿Qué valor tiene esta carta?

GASTON.- ¡El uno de espada, mi general!

GENERAL.- Muy bien. Esta es la carta que mas tiene valor. Mata a todas. ¿Se da cuenta del valor del acero, cabo?

GASTON.- Perfectamente, mi general. (entra Sara)

GENERAL.- Ninguna carta le gana. Bien esta es el as de bastos ...

SARA.- Su hija esta en el teléfono. ¿La va a atender?

GENERAL.- Es la segunda que domina en el juego. Solo el as de espadas puede vencerla.

SARA.- ¿Me escucho, general? Su hija me pidió hablar con usted. ¿Qué le digo?

GENERAL.- ¡Ya sabe, Sara, que cuando estoy jugando no quiero interrupciones! Y ahora no sólo estoy jugando si no que también estoy enseñando.

SARA.- Pero es su hija.

GENERAL.- No tengo hija. Me la mató el enemigo el día que abrió la boca.

SARA.- No le voy a decir eso, general. Le voy a decir que esta indispuesto y que no la puede atender ahora. (Se retira)

GASTON.- ¿Quiere que la traiga a la rastra para que le pida disculpas?

GENERAL (furioso).- ¡Usted le toca un pelo a esa mujer y lo mato! ¿Me entendió?

GASTON.- ¡Si, mi general!

GENERAL.- Desde que falto la generala ella se hizo cargo de todo, incluso de mí. Por lo tanto ni se le ocurra maltratarla cabo.

GASTON.- Entendí perfectamente, mi general, ella será como una mujer mas de mi propia familia.

SARA (entra desesperada con un teléfono inalámbrico).- ¡Por favor, general, me dice que la atienda que sufrió un accidente!

GENERAL.- No puede sufrir mas accidentes que el que ya cometió.

SARA.- ¿No la va a atender?

GENERAL.- Los accidentes no suceden. Vienen porque uno los llama. Ella esta desesperada porque sabe que para mi esta muerta. ¿A ella le importó cuando le dijo a Bernardita lo que le dijo?

SARA.- No puede culparla por eso, general.

GENERAL.- ¿Y a quién voy a culpar? ¿Al cabo?

GASTON.- Yo no he hablado con nadie, mi general

GENERAL.- ¡Cállese, cabo!

GASTON.- ¡Sí, mi general!

GENERAL.- No quiero hablar con ella. Dígale lo que quiera. Y usted no me venga con el juego del accidente que ya se lo conozco.

SARA (al ser descubierta cambia el tono de voz).- No haga nada que luego tenga que arrepentirse, general. (Se marcha)

GENERAL.- Es así, cabo, la vida de un hombre. Cuando se ha defendido a la patria los problemas caseros carecen de valor. ¿Qué es mas importante para un soldado? ¿Tener la conciencia tranquila con su país o estar dando explicaciones a los hombres estrechos de cabeza? ¿Qué es mas importante, eh?

GASTON.- ¿Puede repetirme la pregunta, mi general?

GENERAL.- Olvídelo, cabo, sigamos con el juego. ¡Un momento! ¿Vio eso que paso por la ventana?

GASTON.- ¿Qué cosa, mi general?

GENERAL.- ¡Una sombra! Otra vez. ¿Pero usted no los echo a todos, me dijo? (El general se pone muy temeroso)

GASTON (intenta calmarlo).- No se preocupe, mi general. Me fijo y ya está. (Da unos pasos para salir)

GENERAL.- ¡No! No se vaya. Quédese acá conmigo.

GASTON.- Pero me fijo y vuelvo así se queda tranquilo, mi general.

GENERAL.- ¡Respete mis órdenes, cabo, ¿O se está sublevando?

GASTON.- ¡En absoluto, mi ...

GENERAL.- ¡Ahí paso otra vez, otra vez! ¿Ahora la vio, la vio?

GASTON.- Déjeme fijar, general, y le saco todas las dudas y si alguien esta molestando ... (Suena el timbre. El general a los gritos va a esconderse debajo de la cama) ¿Qué hago? ¿Atiendo?

GENERAL.- ¡Jamás! Estamos en situación de riesgo. Ellos controlan todas las afueras. Debemos sacar ventaja de habernos atrincherados en el interior.

GASTON.- Pero le repito que los saqué a todos, mi general. ¿No le dije que a uno le rompí la cámara en la cabeza? A menos que estén escondidos en el jardín ... (Entra Bernarda, nieta del general, acompañada por Sara. El cabo queda impresionado ante la belleza de la muchacha que tiene unos 24 años)

SARA.- ¡Que mira, cabo!

GASTON (ruborizado).- A la muchacha, señora Sara.

SARA.- Pero habráse visto desfachatez. Lo reconoce sin tener vergüenza.

GASTON.- Pero no en un sentido ... ¿Cómo podría decirle? No como una mujer ...

SARA (la mujer se aprovecha del enredo en el se ha metido el cabo) .- ¿Usted quiere decir que ella no es una mujer?

GENERAL (sin salir de abajo de la cama).- ¿Está todo bien, cabo?

GASTON.- ¡Por supuesto que es una mujer, señora! Quiero decir que toda persona que entra a la casa debe ser vigilada. ¿Tiene documentos para saber quien es usted?

GENERAL (saliendo de abajo de la cama).- ¡Bernardita, mi chiquita!

BERNARDA.- ¡Abuelo! (Se abrazan con gran euforia)

GASTON (a Sara).- ¿Es la nieta?

SARA.- Exactamente.

GASTON.- El general me va a matar.

SARA.- Exactamente. Lo va a matar.

GENERAL (se desprende de la joven y mira al cabo).- ¿A quien le pedía documentos usted, cabo?

GASTON.- Compréndame, mi general, nunca la había visto antes ...

GENERAL.- Pero no ve que es mi vivo retrato, es igual a mí. ¿Cómo puede pensar que no es mi nieta?

GASTON.- Sí, ahora que me detengo a ver la veo muy parecida a usted, perdóneme señorita y perdone usted, mi general.

BERNARDA.- No es nada, cabo. Ya esta abuelo. No es para tanto, mejor que te cuiden.

GENERAL.- Pero cómo te va a pedir documentos.

BERNARDA.- Ya está, abuelo, no vas a hacer un escándalo. Mejor. Prefiero que te vigilen por demás porque afuera esta lleno de periodistas ...

GASTON.- ¿Cómo? ¿Si los eche a todos?

BERNARDA.- Afuera hay muchos periodistas. Tal vez se escondieron pero ahora apenas se puede entrar.

GENERAL.- Yo le dije al cabo que veía sombras por la ventana y no me hacia caso.

GASTON.- ¡Los voy a sacar ya mismo, mi general! (Hace unos pasos y vuelve a hablarle al general) Tomeme el tiempo, mi general. (Sale corriendo)

SARA.- Este chico no esta bien, ¿No?

BERNARDA (se ríe).- Me parece que es la persona justa para cuidar a mi abuelo.

GENERAL.- ¿Justa? ¿Te parece que este imbécil puede cuidar de mí? Una persona como yo que dio su vida por el país cuando se retira se merece tener oficiales que le hagan la custodia, no estos muchachitos que recién comienzan y que no saben lo que es combatir contra el enemigo.

SARA.- ¿Te preparo la cama, Bernardita?

BERNARDA.- Sí, Sara.

SARA.- ¡AH, Bernardita! Tu abuelo no quiso atender por teléfono a tu madre.

GENERAL.- ¿Yo? ¿Pero qué dice, se volvió loca?

SARA.- Y dijo además que para él ya esta muerta y todas esas pavadas.

GENERAL.- ¿Pero por qué no deja de calumniar? Yo dije que no me había gustado lo que mi hija había dicho sobre Bernardita.

BERNARDA.- ¿Sobre mí, abuelo? ¿Y por qué no podía decirlo?

SARA.- Tu abuelo ...

GENERAL.- ¡Se puede retirar, Sara!

GASTON (entrando).- Hay muchisimos periodistas en la puerta. Pongase contento, mi general, usted es más importante que el presidente. Todos quieren hablar con usted, general. ¿Los va a atender?

GENERAL.- ¿Usted esta loco, cabo? ¡Quiero quedarme con mi nieta a solas! Váyase Sara. Y usted cabo se queda en la puerta y no habla con nadie.

GASTON.- ¡Ya hablé, mi general!

BERNARDA.- ¿Cómo que ya habló?

GENERAL.- ¿Y quién le dio autorización para hablar? ¿Qué dijo, cabo?

GASTON.- Nadie me dio autorización, mi general. Pero no pude contenerme. ¿Cómo van a decir que usted es un ... asesino, eh?

BERNARDA.- Cabo ¿No escucho al general? Retírese por favor.

GENERAL.- ¿Están diciendo que soy un asesino? ¡Desagradecidos. Tome cabo (Le entrega unas llaves pequeñas) Estas llaves abren el cajón de roble que esta en el sótano. Saque mi rifle y échelos a tiros.

GASTON.- ¡Enseguida mi general! (Hace unos pasos pero se vuelve para hablarle al general) Tómeme el tiempo, mi general. (Sale)

BERNARDA.- ¿Estás loco, abuelo? ¿Cómo les van a disparar?

GENERAL.- No te asustés, mi amor. Es una escopeta de aire comprimido. Es inofensiva. Juguemos un rato con los periodistas que les va a encantar.

BERNARDA.- No me parece correcto, abuelo. Mañana va a salir en todos los diarios que los quisiste matar.

GENERAL.- Si igual lo dicen. No se de que me culpan. ¿De defender la patria de esos subversivos? ¿Qué pretendían que nos quedáramos de brazos cruzados mientras destrozaban el país? ¿Ahora soy asesino? ¡Desatendí mis cosas, mi familia, mis propiedades y para que ahora esos periodistas digan que soy un criminal! (La nieta lo abraza)

BERNARDA.- ¡Yo te quiero abuelo!

GENERAL.- ¡Y yo también, mi hija, sos lo único que tengo!

BERNARDA.- Mamá también te quiere y te necesita.

GENERAL.- Tu madre, tu madre ... tu madre tiene la boca muy grande, pero se que es por culpa de tu padre.

GASTON (entrando).- ¡Ya la cargue, mi general! Hermosa escopeta de 5 ½.

GENERAL.- Guárdela, cabo.

GASTON.- ¿Por qué, mi general? Unos tiros nada mas para impresionar. ¡Tiro al pato, mi general!

BERNARDA.- Guárdela cabo. Si no mañana mi abuelo va estar en todos los diarios.

GASTON.- ¡Yo me hago responsable! Alego que fue una idea mía, señorita.

GENERAL.- ¿Y que la junta lo expulse de la institución? ¡Esta loco! ¿Con que sentido va a perder la carrera militar?

GASTON.- Es por usted, mi general. Usted manda y yo ordeno. Usted me dice: ¡dispare! Y yo disparo.

BERNARDA.- Gracias cabo por lo que hace por mi abuelo pero guarde la escopeta en su lugar y cuide afuera.

GASTON.- ¿General?

GENERAL.- Hagale caso a mi nieta, cabo. Y se agradece.

GASTON.- A sus órdenes, mi general. (Se retira)

BERNARDA.- Qué lealtad abuelo. ¿Te sigue pareciendo un imbécil?

GENERAL.- Mas que nunca. Un hombre que es capaz de perder su carrera por tirar unos tiros con una escopeta de aire comprimido me parece un verdadero imbécil.

BERNARDA.- ¡Qué malo que sos con él! Daría tu vida por vos ...

GENERAL.- ¡Yo no soy importante! ¡La patria es importante! Un hombre debe dar su vida por la patria, por Dios pero no por otro hombre. ¿Por qué no jugamos mejor?

BERNARDA.- Mirá lo que encontré. Cerrá los ojos. (Saca una caja de madera de un bolso)

GENERAL.- ¡Qué es, qué es! Sabés que me gustan las sorpresas. ¿Puedo adivinar? ¿Puedo?

BERNARDA.- A ver, a ver. ¿Qué será? ¡Sorpresa! Abrí los ojos.

GENERAL.- ¡El domino de madera que te regalé cuando eras chica! Todavía lo tenés.

BERNARDA.- Junto a las cosas que mas quiero.

GENERAL.- ¿Jugamos? Mirá conserva la imagen de la basílica de San Pedro todavía.

BERNARDA.- Qué trabajo dibujarla en cada ficha ¿No? Es una obra de arte.

GENERAL.- Verdaderamente. ¿Jugamos? Yo doy vuelta las fichas. (Las mezcla y las reparte)

BERNARDA.- ¿Siete me das nada más?

GENERAL.- ¡Y si son siete! ¡Mira vos que suerte tengo los dos seis! (Se ríe) ¡Empiezo!

BERNARDA.- Vamos a ver como te arreglas ahora. Seis y tres.

GENERAL.- Muy fácil. Tengo doble tres. ¿No me vas a decir que no tenés?

BERNARDA.- Pero por favor, me sobran tres. Ahí tenes, tres y uno.

GENERAL.- Los unos siempre me sobraron, mi amor. A ver, uno y ¡Seis otra vez! ¿Te quedan más seis?

BERNARDA.- ¡Por supuesto! (Coloca la ficha) ¡Ah! Siempre te estoy por preguntar, ¿qué quieren decir estas iniciales que están en el fondo de la caja?

GENERAL.- ¿Iniciales? A ver. ¿‘‘R’’? ¿Es una ‘‘R’’? BERNARDA.- Sí, ‘‘R.W’’. ¡Dale , seguí jugando!

GENERAL.- ¿‘‘R.W’’? No se, no me acuerdo. ‘‘R.W’’ debe ser algún nombre. Pongo esta, doble Cuatro.

BERNARDA.- ¿Seria el dueño, abuelo?

GENERAL.- ¿Cómo el dueño? Si yo lo compré.

BERNARDA.- ¡Ah, claro! Estas terrible hoy, me pusiste un doble cuatro. ¡Toma el cuatro y el uno!

GENERAL.- Pero decíme por qué pensás que son iniciales de otra persona.

BERNARDA.- No se, olvidáte, fue una pregunta estúpida nada más. ¿Qué te pasa?

GENERAL.- Me cansé. No quiero jugar mas.

BERNARDA.- ¿Pero por qué? Olvidáte de lo que hablamos.

GENERAL.- No es por eso. El domino me aburre. ¿Por qué no jugamos al ahorcado?

BERNARDA.- Me encantaría.

GENERAL.- A ver donde tengo papel y lapicera. (Busca fuera de escena) Sara me guarda las cosas y después no encuentro nada. ¡Sara! ¿Dónde están las hojas y las lapiceras? ¡Ah, acá ya la encontré! ¡Ya las encontré, Sara! (Sara se asoma)

SARA.- ¿Qué buscaba, general?

GENERAL.- Ya esta, Sara. Buscaba hojas y lapicera porque vamos a jugar al ahorcado con mi nieta.

SARA.- Lindo juego para jugar con una niña. (Se retira)

GENERAL (apoya las hojas sobre la mesa).- Empiezo yo. Una palabra que empieza con ... ‘C’ y termina con ‘S’, tiene nueve letras.

BERNARDA.- ¡Cuarteles!

GENERAL.- ¿Cómo adivinaste?

BERNARDA.- Siempre elegís las mismas abuelo. Ahora yo.

GENERAL.- Eso es trampa.

BERNARDA.- Una palabra que empieza con ‘‘V’’ y termina con ‘‘D’’ Tiene seis letras.

GENERAL.- ¿Seis letras? A ver: La R.

BERNARDA.- Sí. Es la tercera.

GENERAL.- ¡Ya está! La tengo: VIRTUD.

BERNARDA.- ¿Por qué te apuras? No es virtud.

GENERAL.- ¿Cómo no? ¡No puede ser! ¿Cuál es?

BERNARDA.- La palabra era verdad.

GENERAL.- ¿Verda’?

BERNARDA.- Sí. Verdad.

GENERAL.- ¡Ja, perdiste! Verda’ tiene cinco letras.

BERNARDA.- ¿Cómo cinco, abuelo? Tiene seis.

GENERAL.- ¿Adónde seis? V-E-R-D-A. ¡Cinco!

BERNARDA.- ¿Y la D?

GENERAL.- ¿Qué D?

BERNARDA.- Verdaddddd. ¿La D no se pronuncia?

GENERAL.- Por supuesto que no se pronuncia. Verda’ se dice. Además la letra D es una letra ingrata.

BERNARDA.- ¡No empeces con tus chistes!

GENERAL (con picardía).- No hago chistes. La D es una letra que nunca me gusto pronunciar. (Hace un relato irónico exagerando las palabras que comienzan con D) Los hombres en pos de su Destino y sus Derechos, Desestabilizaron el país. Desacataron la voz celestial y Deambularon por las calles Doctrinando a los hombres en el beneficio de la Democracia. ¡Democracia que Demostró Docilidad, Debilidad y Ductilidad!

BERNARDA.- ¿Qué tiene que ver ductilidad?

GENERAL (larga una carcajada).- Bien no se. Pero siempre que llego ahí me falta una palabra que me combine. ¿Por cual la podría reemplazar? (Entra el cabo)

GASTON.- ¡General!

GENERAL.- Digame, cabo palabras que empiecen con D y que Desmoralicen la palabra Democracia.

GASTON.- ¿Me podría repetir la pregunta, mi general?

GENERAL.- Vamos, cabo. Piense. Piense palabras con D.

GASTON.- ¿Estamos jugando una ensalada rusa?

GENERAL.- ¡Eso, eso! ¡Perfecto! Pero no decimos marcas, ni colores, ni frutas o flores, ni nada de eso. Solo palabras que Depriman la palabra Democracia.

BERNARDA.- ¡A.D.N!

GASTON.- ¿Cómo?

GENERAL.- No empieza con la D.

BERNARDA.- Pero está en el medio.

GENERAL (de mal humor).- Así no es el juego. Tiene que empezar con D. No con A.

GASTON.- El general fue bien claro, señorita. Letras que empiecen con D. A.D.N comienza con A.

GENERAL.- Si empezamos a decir cualquier letra no se puede jugar.

BERNARDA.- Pero pronunciemos la A despacito y la D lo hacemos bien fuerte. Por ejemplo: a. ¡D! n. ¿Quién lo va a notar?

GASTON.- Bueno, así puede ser. No se me había ocurrido. Es como si la D fuera el principio de la palabra. ¿No le parece, mi general?

GENERAL.- ¡Se puede callar, cabo! La A es el principio de la palabra. Eso esta Demostrado, Documentado ... Pero ... ¡Basta! ¡Basta! ¿Ven lo que hicieron? ¡No puede Dejar de Decir Palabras con D! Durante Días me Dominara la D ...

GASTON.- ¡Déjela, mi ...! ¡Uy, perdón, se me escapó!

BERNARDA.- Decí Daniela, abuelo.

GENERAL (sufre un de brote psicótico).- ¡Doctrina, Disciplina ... (Repite estas dos palabras hasta el desenlace de la escena) ¡Doctrina, Disciplina!

BERNARDA.- ¡Decí Daniela, abuelo!

GASTON.- ¡Luche, mi general! ¡Luche contra la D! Usted puede.

BERNARDA.- ¡Deci Daniela, abuelo por favor!

GENERAL.- ¡Doctrina, Disciplina! ¡Doctrina, Disciplina! ¡Doctrina, Disciplina! ¡Doctrina, Disciplina!

BERNARDA.- ¡Decí Daniela, abuelo!

GENERAL.- ¡Daniela! (Corta abruptamente. Intenta reconocer a las personas y el espacio donde está pero no logra identificarlos. Con el griterío entro Sara.)

BERNARDA.- ¿Quién es Daniela, general?

GENERAL.- ¿Daniela? Danielita es mi hija. Mi hija, mi hija ...

SARA.- ¿Quiere hablar con ella, General?

GENERAL.- ¡No! Diganle que estoy ocupado jugando a gobernar (Se le escapa una risa aguda y bajita) Tiemblan cuando les hablo. Con el teniente Rodríguez jugamos a ser Dios. Es bárbaro. ¿Nunca jugaron?

BERNARDA.- No.

GENERAL.- Lo que se perdieron. Yo les enseño. (A Bernarda) ¿Vos como te llamabas?

BERNARDA.- Daniela.

GENERAL.- ¿Daniela? Que casualidad igual a mi hija.

GASTON.- Esta mintiendo, señorita.

SARA.- Cállese, cabo.

GENERAL.- ¿Quién esta mintiendo? No, si mienten no se puede jugar ¿eh?

BERNARDA.- Nadie esta mintiendo. Yo quiero jugar. ¿Cómo es el juego?

GENERAL.- Bueno, vos ¿Danielita me dijiste? Daniela se pone acá y hace que está encerrada. Llora, llora, todo el tiempo llora y molesta a sus compañeritos de juegos. A ver llorá. (Bernarda sobreactúa un llanto) Eso, algo así. (Lo toma al cabo) Vos ¿Cómo dijiste que te llamabas?

GASTON.- Cabo ...

BERNARDA.- ¡No! Tu nombre, no tu apellido.

GASTON.- Pero ese no es mi ...

SARA.- ¿Puede decir su nombre, joven?

GASTON.- Esto no me esta gustando nada.

GENERAL.- ¡No quiere jugar, jovencito!

BERNARDA.- No creo que sea conveniente que desobedezca.

GASTON.- ¿Desobedeciendo? ¿Quién está desobedeciendo?

GENERAL.- ¿Y entonces cómo se llama?

GASTON.- ¡Gastón, mi general! ¡Soldado de la patria ...

GENERAL.- ¡Perfecto! Soldado de la patria usted es la imaginaria y se me para ahí, en la puerta de la celda ...

GASTON.- Pero si soy imaginaria tendría que pararme ...

GENERAL.- ¡Usted se para donde yo le digo y se acabó, Gastón!

GASTON.- ¡Sí, mi general!

GENERAL (a las mujeres).- Si este joven va a estar interrumpiendo el juego cada rato yo me voy a dormir. Parando cada rato a mí se me van las ganas de jugar.

SARA.- Tiene razón el general, usted esta muy caprichoso. Si no quiere jugar no juegue pero no moleste más.

GASTON.- No seré mas molestia. Juguemos.

BERNARDA.- Así me gusta. Por favor, general ¿Seguimos jugando?

GENERAL.- No sé si ahora tengo ganas.

BERNARDA Y SARA.- ¡Dele, general, juguemos! (Improvisan una canción tipo marcha) ¡Juguemos general! ¡Juguemos general! (La repiten numerosas veces hasta que el general pide silencio. Las mujeres callan y lo observan ansiosas)

GENERAL.- Si este joven (Señala a Gastón) Hace de bebe, yo juego.

GASTON.- ¿Cómo de bebe? ¿No era imaginaria?

SARA.- Bueno pero ahora va a ser de bebé.

GASTON.- Yo no voy a ser de bebé.

BERNARDA.- ¡Si usted quiere jugar! ¿Cual es la diferencia de ser un imaginaria o un bebe?

GASTON.- Perdóneme, señorita, señora, general. Pero no es lo mismo ser ...

GENERAL.- ¡Entonces no juego! (Se marcha hacia la cama y extiende las frazadas, se acuesta)

BERNARDA.- ¡No se vaya a dormir, general! ¡Juguemos por favor! (A Gastón) Ve lo que hace. Tenemos que jugar o el general no va a volver a su estado nunca más ¿Usted lo quiere ver así toda la vida?

GASTON.- ¡Por supuesto que no! ¡Pero hacer de bebe no me parece digno!

SARA.- ¿No es digno recuperar al general que teníamos?

GASTON.- Pero hacer de bebe, señora, no me parece ...

BERNARDA.- ¿Usted cree que un soldado no tiene que hacer cosas ridículas en defensa del estado nacional? ¿Que no realiza accionas irrealizables cuando lo pide un superior? ¿Qué clase de soldado es usted?

SARA.- Tal vez esta no sea su vocación, cabo.

GASTON.- ¡Por supuesto que esta es mi vocación, mi vida, mi destino! (Lo mira al general) ¡Levántese, mi general! ¡Juguemos ese juego y yo soy el bebe, mi general! (El general eufórico salta de la cama)

GENERAL.- ¡Perfecto! ¡Perfecto! ¡Y yo soy DIOS! ‘Dejad que los niños vengan a mí’ ‘Que vengan a mí’ (Larga su carcajada característica) Vos Danielita ponete algo en la pancita. Porque vos estas jugando a que estas esperando un bebe. ¿Sí? Bueno y ahora te vas a la piecita que yo te elegí. Porque yo mismo te la elegí especialmente. No queremos que el bebito este mal ¿No es cierto? ¿Te acordás, no? ‘Dejad que los niños vengan a mi’ (Vuelve a reírse) Y vos me agradeces todo lo que hago por el nenito, llorando. ¿Estamos? ¡Dale, llora! (La joven comienza a llorar de verdad pero intentando contenerse) ¡Muy bien, muy bien, Danielita, te sale bárbaro! (La mira a Sara) Y usted va a ser el general Rodríguez.

SARA.- ¡Yo! ¿Por qué?

GENERAL.- ¿Por qué? Porque si no quién hace de Rodríguez.

GASTON.- ¡Yo! ¡Yo hago de Rodríguez, mi general!

GENERAL (furioso).- ¡No! ¡Usted va a ser el bebe y no se habla mas!

GASTON.- ¡Sí, mi general!

GENERAL.- ¡Así no se puede jugar! Si cada uno va a hacer el papel que quiere el juego se interrumpe cada rato. ¿Por qué no hacen como Daniela que ya esta en el calabozo y llora desde el principio y no se queja?

SARA.- Tiene razón, general. No se habla mas, yo soy el general Rodríguez.

GASTON.- Y yo, el bebe. ¿Dónde me pongo?

GENERAL.- Usted espere acá afuera porque todavía no le toca. (Se ríe bajito) Todavía no nació ¿Entiende?

GASTON.- ¿Todavía no entro, mi general? ¿Pero voy a jugar, no?

GENERAL.- ¡Por supuesto que va a jugar, Gastón!

GASTON (le habla al oído).- No se enoje, mi general. ¿Pero a que estamos jugando?

GENERAL.- ¿A qué estamos jugando? ¡Al juego de los roles, Gastón! ¿No se dio cuenta todavía? La señora, ¿Cómo me dijo que se llamaba?

SARA.- Sara.

GENERAL.- ¿Sara? Pero qué casualidad. Se llama igual a la señora que trabaja en casa. Bueno, cosas de la vida. Sara es el teniente Rodríguez, la que se llama como mi hija es la embarazadita que esta presa por portarse mal y usted es el bebe que va a venir después, es decir el hijo de ella, de la embarazadita. ¿Entendió? ¡Y yo soy Dios! ¡El juego de los roles! ¿Nunca jugó a este juego?

GASTON.- Si, si, por supuesto. Quería estar seguro de que era un juego ... quiero decir ... Qué juego era ...

GENERAL.- Basta de interrupciones porque si no Daniela se va a quedar sin lagrimas para el juego. (Mira a la joven) podés dejar de llorar cuando paramos o explico el juego, Daniela, si no te vas a cansar. (Los mira a Sara y a Gastón) ¿Pareciera que llora de verdad, no? ¡Sos buena para jugar al juego de los roles! Pero no llores tanto porque me da un poquito de impresión. ¿Sabés?

BERNARDA.- Bueno. Es que me gusta tanto el rol que me toco que no puedo evitarlo.

GENERAL.- Y es cierto. Ustedes no se pongan celosos pero el rol de ella es importante si no el juego no se puede hacer. Y sin mi tampoco por que yo soy Dios y si digo: ¡Vos no vivís mas! No vivís mas. Punto.

GASTON.- Perdóneme, general, pero el mío también es importante porque si yo no vengo el juego se termina.

GENERAL.- ¿Cómo se termina? Como usted hay un montón.

SARA.- ¿Cómo un montón, general?

GENERAL.- ¡Un montón! Cuando digo un montón, es un montón.

GASTON.- Pero, perdóneme mi general, hay uno o máximo dos por cada embarazadita.

GENERAL.- ¡Dije un montón de chicos! ¡No dije que todos son bebes! Con el general Rodríguez los coleccionamos y tenemos un montón de chicos con padres malos que los dejaron solos. Y ellos nos quieren muchísimo.

BERNARDA.- Jugamos, por favor.

GENERAL.- Si, si, porque si no esto se hace muy largo y ella se nos va a cansar. Usted general Rodríguez venga al lado mío. Caminemos. Hablemos.

SARA.- ¿De qué?

GENERAL.- ¡De cualquier cosa! ¡Que se yo! ¡Del tiempo, eso hablemos del tiempo!

SARA.- ¡Que frío que hace hoy!

GENERAL (riéndose).- No, no. Hoy hace calor.

SARA.- Por supuesto. ¡Que calor hace hoy!

GENERAL.- Si, si, mucho, mucho. Caminemos.

SARA.- ¿Por dónde, general?

GENERAL.- ¡Pero usted no sabe jugar! ¡Le tengo que decir todo! ¡Caminemos por las celdas!

SARA.- Por supuesto, por supuesto. No me había dado cuenta. ¡Mire esa chica! (Señala a Bernarda) ¡Qué linda que es!

GENERAL (furioso).- ¡No! ¡así no es el juego! ¡Usted no la ve! ¡No la ve! ¡No entiende nada! El general Rodríguez nunca pudo apreciar la belleza de esta embarazadita Piensa que se nos va a morir pero como yo soy mas Dios que él no la voy a dejar morir así como así. Por eso la cuido, la cuido y yo solito la saque a flote. Le cuido la pancita, la protejo de la eléctrica, de la ducha, de las violaciones ¡pero ustedes no saben jugar! (Se va para la cama) Mejor me voy a dormir, son unos aburridos. No quiero jugar mas y no me molesten porque quiero dormir. La cuide y la cuide y nadie la vio porque decían que se moría y yo la saque a flote, que mierda, a Dios nadie le lleva la contra carajo y no me molesten más. (Se acuesta y se tapa hasta la cabeza)

BERNARDA (se acerca a la cama y hace grandes esfuerzos por contener un llanto que por momentos se le escapa).- ¿Y yo me morí, general? Digo en el juego. ¿Me morí?

GENERAL (sin sacarse las frazadas de la cabeza la voz se le va durmiendo).- ¡Por supuesto ... que te deje ... morir! Pero ... me regalaste una ... hermosa beba ...

BERNARDA.- ¿Y a quien se la dio, general? ¿A quién, a quién?

SARA.- Se durmió, Bernardita, se durmió.

BERNARDA.- ¡No puede dormirse, no puede! (Lo zamarrea) ¡Despertate, abuelo, despertate!

GASTON.- ¡Dejelo, señorita, dejelo descansar!

BERNARDA.- ¿Y yo? ¿Cómo voy a descansar, eh, cómo? ¡Diganme, diganme! ..."

horizontal rule

Fin del fragmento de Jugando con el general. Para conocer el resto del texto solicitarlo al autor vía e-mail

horizontal rule

E-mail: Cgenovesi@argentores.org.ar                                                                              Espacio cedido por ARGENTORES