Claudia Mónica Lefel

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Nacida para bailar. Así puede definirse la personalidad de Claudia Lefel. Pareciera que asomó a la vida con una música interior que nunca ha dejado de acompañarla.

Las ingenuas notas de arroró de cuna deben haber sido para ella, por lo visto, música celestial que la invitaba a bailar aún sin poder hacerlo. Pero apenas hechó a andar, siempre musicalmente inspirada, espontáneamente ensayo pasos de baile como, sin siquiera saberlo o haberlo aprendido, ya supiese danzar. Tal fue el asombro de sus padres ante tan temprana y promisoria revelación. Prohijaron, por consiguiente, su vocación revelada como una predestinación y, sin desatender su educación en otras disciplinas, estimularon su precoz predisposición para la danza, para la cual estaba privilegiadamente elegida.

Del ritmo y de la candencia hizo sus juegos predilectos. Creció bailando sin por ello descuidar sus estudios primarios y secundarios. Y en el discurrir de la infancia a la adolescencia fue alumna disciplinada en los severos y rígidos institutos de enseñanza: Escuela Normal Nº 7 "José María Torres" y en la Escuela Normal Nº 1 "Roque Saénz Peña". Completo su formación con 5 años de estudio de piano como alumna de la profesora Alicia Perris, actualmente en Madrid como directora de un importante instituto musical y que no obstante el tiempo transcurrido continúa recordando a una de sus discípulas más distinguidas.

 

Y no sólo artísticamente completó su formación sino que también con felicidad y rápidos progresos cursó durante 6 años estudios de inglés en la Cultural Inglesa, estudios que dejó en suspenso en la inminencia de recibirse de traductora del idioma de Shakespeare y de Lord Byron. Y fue en el Instituto "Musicum" donde tuvo oportunidad de comprobar y de ampliar sus excepcionales aptitudes para el arte en el aprendizaje de varios instrumentos musicales como el piano, la guitarra, la melódica y la flauta dulce, pluralidad instrumental que consagró definitivamente las cualidades superlativas de Claudia Lefel como excelente ejecutante.

Voluntariamente obstinada, fiel a su inconjurable vocación, protagonista de sus propios sueños en la ansiosa espera de decidir una orientación definitiva en su vida durante los años 1977-80 en la escuela de baile de Lía Labarone, llegó a ser alumna aventajada de merecimientos en constante superación. Continúo su aprendizaje en los cursos de Vivian Luz y de Lía Labarone, en 1981. En el mismo año actúo en el espectáculo de "Danza Abierta" bajo la dirección de Viviana Luz, en el teatro Bambalinas. Y antes de finalizar el año actúo en el espectáculo de danza bajo la dirección de Adriana Coll, en el tetaro "Olimpia", interpretando "Carmina Burana" de Karl Orff. En esta ocasión Claudia Lefel desempeñó el papel de Afrodita con calidad, idoneidad y sensibilidad. Compuso el complejo personaje sostenido por el amor consumado de las parejas y preconizadora de la igualdad de las especies. y con la atractiva sugestión marcó las transiciones de Afrodita que llevan de una actitud generosa a la incontenida ira. Finalmente retrocediendo en el tiempo, la acción se concreta en el objetivo primordial, la pareja de jóvenes. Y es a través de su intervención que introduce a los jóvenes en el reino del deseo. Y es a través de un proceso decisivo que crece el sentimiento que justifica por medio de la unión de los jóvenes, el triunfo de Afrodita. Fue la de "Carmina Burana" una experiencia auspiciosa. Claudia Lefel perfiló las características sobresalientes de su personalidad de bailarina. Y un futuro promisor surgió de sus actuaciones.

No obstante la intensa laboriosidad desplegada hurtó tiempo a su descanso para cursar estudios complementarios de danza con la profesora Angela Canosa.

El estreno de "El ciclo de los ciclos", coreografía y dirección de Adriana Coll, en el teatro Odeón, contó a Claudia Lefel, en 1982, en un papel descollante del numeroso reparto. En el mismo año bajo la dirección de Adriana Coll, volvieron a repetirse las representaciones de "Carmina Burana" en el teatro de las Provincias, con la invariable intervención de Claudia Lefel en el papel de Afrodita.

La misma obra sirvió de lúcida presentación del teatrodanza de Adriana Coll en la novena Exposición Feria Internacional de Buenos Aires, el libro del Autor al Lector. Como siempre, Claudia Lefel tuvo sobresaliente actuación. El mismo espectáculo se repitió en el teatro Bambalinas y en el teatro Espacios. Plena madurez, en pleno dominio de sus atributos plásticos perfeccionada hasta un grado de maduración que la hicieron aptas para asumir responsabilidades mayores, Claudia Lefel alcanzó el rango de protagonista en la reposición de "Carmina Burana" realizada con la consecuente dirección de Adriana Coll, en la función de gala del 9 de julio de 1983, en el teatro Municipal de San Nicolás, "Rafael de Aguilar". Afirmada así por méritos intransferiblemente personales, en su trayectoria ascencional de primera bailarina, volvió a asumir el papel protagonista en el ballet "La Novia", 1984, en la Sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín. La novia, canto a la libertad a través de un lenguaje entre patético y satírico, coreografía y dirección de Adriana Coll, encontró en Claudia Lefel la intérprete ideal que promovió el sorpresivo interés de los críticos y entendidos en la materia que presenciaron el estreno del ballet.

En tal ocasión, amplió el caudal de sus experiencias en las actuaciones en plazas, calles, cárceles y subtes bajo el patrocinio de la Municipalidad de Buenos Aires.

En la suma de éxitos debió agregarse una de singulares proyecciones. Con motivo de realizarse la décima Exposición Feria Internacional de Buenos aires, el libro del Autor al Lector, bajo la advocación de la poesía, Adriana Coll creó el ballet titulado "Alfonsina", inspirado en la gran poetisa argentina Alfonsina Storni, cuyas vivencias fundamentales de su azarosa, alucinante y tortuosa existencia fueron captadas y comprendidas en una armonización de ritmo y movimiento de emotiva belleza y de trascendida significación poética. Claudia Lefel, identificada plenamente con el complejo personaje protagónico, lució con esplendidez y autoridad las excelencias de sus facultades interpretativas. La versión de "Alfonsina" por ella primordialmente animada constituyó un acontecimiento de ponderables relieves en las repetidas representaciones del ballet. Claudia Lefel con "Alfonsina" jalonó con un acierto impar, el historial que ha venido enriqueciendo como una reafirmación de sus méritos excepcionales y culminación, en plena juventud, de una vocación precozmente anunciada.

De ahí su sorprendente transfiguración, al exteriorización de un arte personal a través de sus movimientos plásticos y de la admirable fuerza expresiva llega con cautivante sugestión al espectador y caracteriza sus recreaciones en la danza.

Finalmente, como corolario de estos breves apuntes biográficos, debe ser consignado como un acontecer de valiosa significación, el hecho del ingreso en la Compañía del Centro Cultural San Martín dirigido por Juan Falzone, que le valió, durante la prueba de selección de aspirantes, ser quién marcara la suerte de baile que correspondió a 280 aspirantes y que mereció del profesor Falzone ponderativa opinión porque Claudia Lefel había actuado como él hubiese querido bailar.

 En la primavera de su vida, Claudia Lefel afronta el devenir con lúcido sentimiento de autocrítica. Halagos recibidos no trastornan su ingénita modestia. Entre los muchos honores de los que ha sido destinataria, merece destacarse el de haber sido elegida por el ya célebre artista fotógrafo de prestigio internacional, Pedro Luis Raota, como modelo de tapa de la revista "Fotobjetivo" de marzo de 1984 y que este haya enviado un mural de la foto de Claudia Lefel a Amsterdam para concursar por un premio internacional.

Con paso seguro, Claudia Lefel prosigue su marcha. Tiene clara conciencia de que aún le resta mucho por andar. Sabe muy bien que el camino elegido exige una dedicación constante, una entrega total, a las cuales está dispuesta a tributar todo sacrificio.

Lo lograda hasta ahora es, para ella un mero anticipo de lo mucho que tiene que conquistar. En tan inquietante espera se tonifica a sí misma con al legítima ilusión y la encendida esperanza de que no serán vanos sus ideales de superación y de perfección. Y su equilibrada sensatez le dice que debe continuar cultivándose y de que si bien tiene ya algo conquistado en su haber debe continuar su constante lucha en el cumplimiento del imperativo de una vocación existencial, como si recién comenzara. Su destino en la danza estuvo signado en el momento de nacer.

Roberto Tálice


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