Crucero de placer

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Ficha técnica

En el año 1979 Carlos F. Borcosque (h), estrenaba con éxito la remake de un título importante en la filmografía de su padre: “Y mañana serán hombres”.  Mientras tanto empezó a preparar su próxima película, decidiendo incursionar en la comedia. Así fue como se empezó a gestar “Crucero de placer”.  Fue mi primer contrato, mi primer trabajo rentable como autor.

La idea del argumento originalmente era bastante provocadora: una esposa decide forzar un reencuentro entre su marido y una antigua amante de éste para salvar su matrimonio en crisis.

La historia era más o menos así:

Un joven empresario de pompas fúnebres (Claudio García Satur) es explotado por su tío, y socio (Pedro Cuartucci),  al punto tal que la sobrecarga de trabajo lo estaba destruyendo a él y a su vida familiar. Se quedaba dormido en cualquier parte, casi no veía a su pequeño hijo y sus horarios de ir a la cama nunca coincidían con los de su mujer (Sandra Sandrini). 

En este estado de cosas el tío lo manda a un crucero con unos ejecutivos extranjeros (Juan Carlos De Seta y Juan Carlos Puppo) con la finalidad de cerrar un negocio de importación de maderas para fabricar ataúdes.

Ya a bordo del crucero, el joven ejecutivo, acompañado de su mejor amigo (Juan Carlos Altavista) que aprovecha la volada para colarse e ir de juerga, se encuentra con la ex novia de su primera juventud (Ana María Cores).

Este reencuentro cambia la historia del protagonista que parece despertar a la vida nuevamente. Así, revolucionado por el deseo juvenil, recupera las ganas de vivir.  Esto deriva en la decisión de mandar al cuerno a su tío y a las pompas fúnebres.

Al fin del crucero desembarca un hombre nuevo. Se separa de su ex amante y corre a recuperar el tiempo perdido con su esposa y sus hijos.

Sobre el final vemos que la esposa era la que había mandado a la ex novia a seducirlo para provocar el cambio, aún a riesgo de perder a su esposo en brazos de otra. Tanto lo amaba.

La historia plasmada en la película se contó de una manera un poco diferente ya que corrían los tiempos de la feroz y absurda censura del gobierno militar. Supimos que el argumento no iba a ser tomado como la historia de una esposa que amaba profundamente a su marido sino que iba a ser interpretada como “apología del adulterio” Así que la modificamos ¡Qué se le va a hacer! 


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