Amores en transito



Un hombre. Dos mujeres. El típico triángulo amoroso: el casado, la esposa y la amante divorciada. Amores volcánicos que se funden y se enhebran en una trama de desencuentros, resistencias a la pasión y necesidades contrapuestas. Sexo y erotismo puro y duro. También anorgasmia y mecánica sin alma.

Un viaje para poner distancia a un amor voluptuoso y a un matrimonio campo de batalla; un intento de ver más claro para tomar la decisión... pero ¿sirve para algo alejarse cuando el infierno viaja con uno?

Un psicoanalista al cual que hay que interesar, aunque sea con el relato monocorde de la insatisfacción conyugal, ...pero ¿tiene sentido cumplir con el ritual de una terapia cuando no hay verdaderos deseos de saber?

Una amiga confidente, casi un espejo en el que se revela el alma femenina, para compartir la ilusión y el desengaño, para poner la realidad sobre la mesa...pero ¿se le puede aplicar racionalidad a las cuestiones del corazón?

Esther Feldman, guionista profesional, celebrada por ser autora Okupas, serie que marcó un hito en la televisión argentina, hilvana en estas páginas tres voces para conformar una trama perturbadora. Con Amores en tránsito, su primera novela, dando muestras de tener un inusual talento para crear ficciones y criaturas de carne y hueso no sólo para la pantalla sino también para el papel, Feldman incursiona con paso firme por la literatura nacional.

Faja: De la guionista de Okupas, serie ganadora del Martín Fierro.


  • Fragmento leído por la actriz Claribel Medina en la presentación del libro. Lunes 22 de abril. Sala Bioy Casares, en la 28º Feria del Libro.

Ring... Ring... Ring... "Gracias por comunicarse con el Estudio Hem de Arquitectura, en este momento no lo podemos atender..."

-Hola.

Carla se quedó paralizada. Estaba ahí. Cortó. "¿Por qué carajo no la había llamado? ¿Estará con la mujer? ¿Con alguno de sus hijos? ¿Se habrá dado cuenta de que era yo? ¿Me llamará?" La cabeza le estaba por estallar. No podía hacerse más preguntas. Se sentía una adolescente estúpida. Ella no era así. Decidida, volvió a marcar.

Ring... Ring... Ring... "Gracias por comunicarse con el Estudio Hem de...

-Hola.

-Hola. ¿Ricardo? Soy yo, Carla.

-Hola.

¿No se la podía hacer fácil? ¿No podía decirle algo como "acabo de llegar y estaba pensando en llamarte, veníte para acá"?

-¿Estás trabajando?

-Sí, tengo que terminar los planos, sin falta. La entrega es el lunes.

-Sí, ya lo sé. Trabajo con vos, ¿te olvidaste?- Carla lamentó el tono y el contenido de su frase. No se le tenía que notar el enojo.

-¿Dónde estás?

-En el club.

-Ah.

Silencio. Carla se odió por haber llamado. Ahora tenía que remarla hasta las últimas consecuencias.

-¿Querés que vaya para allá?

-No tenés ninguna obligación. Es tu día de descanso. Dejá, yo me arreglo.

Una madre judía no lo hubiera dicho mejor. Carla estaba a punto de insultarlo pero quería verlo, más que a nadie en el mundo.

-No me vengas con formalidades. Además los chicos están con el padre así que no tengo problema.

-Ah, bueno, vení cuando quieras.

-En un rato estoy allá.

-Chau.

-Chau.

Carla se quedó mirando el teléfono. Ahora tenía ganas de insultarse a sí misma. En lugar de eso, dejó un billete de dos pesos sobre la mesa y salió casi corriendo.

En el camino se encontró con un par de conocidos que intentaron empezar una conversación que a ella se le hacía imposible. Se tomó un taxi en la puerta del club. En el camino se fumó dos cigarrillos seguidos.

La ansiedad por verlo la consumía, pero tenía que estar bien preparada para la ocasión. Se metió de nuevo en la ducha. Se afeitó las piernas, las axilas, la entrepierna. Dejó que el agua caliente corriera un rato sobre su cuerpo. Este instante fue el paréntesis dentro de la locura.

Otra vez los interrogantes: "¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy loca? Me dice que vamos a tener que trabajar el fin de semana, no me llama, y cuando lo llamo prácticamente me corta el rostro. Cuando le digo de ir me sale con la idiotez de mi día libre y yo, lo único que atino a hacer, es correr como una loca, meterme en la ducha y prepararme para coger con él. No, pará, no. No, de ninguna manera. Si empiezo así voy muerta. Yo lo que tengo que hacer es ir, sí, ir voy a ir porque me muero por verlo, pero nada. Como si nada. Hay que terminar los planos. perfecto, vamos a terminar los planos. Ojalá me llamé alguien en el medio así se da cuenta de que yo tengo mi vida. ¿Y si le pido a Sofía que me llame? Otra vez el ataque de adolescencia. No, nada de eso. Voy, trabajo y listo".

Salió de la ducha y se enfrentó con el ropero. ¿Qué me pongo?

Ricardo se miró en el espejo del baño. Las dicroicas le pegaban en la frente y las arrugas parecían más nítidas. "Le tendría que haber dicho que estaba de paso, que me iba a llevar los planos al country y que los iba a terminar ahí. No voy a poder seguir." Levantó la cabeza y miró las dicroicas con odio " Esta luz blanca de mierda habría que desterrarla de los catálogos, es impúdica." Salió del baño. El estudio estaba ordenado. Fue a la cocina. En la heladera no había nada. Agarró las llaves y salió.

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E-mail: enfeldman@yahoo.com.ar                                                                  Espacio cedido por ARGENTORES