El dicho habla, que nunca nos bañamos en el mismo rio,
y adhiriendo a esta máxima de vida, diríamos que nunca repetimos la misma
escena, él dialogo, la puesta, el lugar puede parecer el mismo, pero cada
escena es única, irrepetible, como cada momento de la vida
¿Cómo un actor puede cansarse de hacer una obra?¿,¿
Cómo un ser puede aburrirse de la vida?.
Pensar en repetición seria negar, al compañero, seria
ignorar al publico, al día, al aire que respiras, al fluir constante de la
materia en el tiempo y el espacio.
Cada momento es tan único, como efímero, el interactuar de los personajes en escena deben tener la frescura de lo nuevo, la sorpresa cómplice, el sentimiento espontaneo, una línea, no es el recitado de un texto, es el momento vivo del ser que transita este espacio temporal y que fluye por transmitir y absorber la energía del espectador, cada publico es distinto, genera una energía distinta y esta debe ser captada no en el nivel conciente, sino en el fluir, en el vibrar, si logramos que la escena vibre y los espectadores vibren con ella habremos logrado que ese momento sea único e invalorable, habremos compartido ese instante, habremos llenado ese espacio de vida y habremos echo algo por nosotros y por ellos, por que el conjunto hace el echo teatral.