Con V de Vian
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Con V de Vian

Escribe:  Elvio E. Gandolfo

Sección: Lecturas

“Los desplazamientos del ánimo”

(libros de Aguirre, Apolo y Rabanal)

De pronto el desplazamiento virtual, veloz, electrónico, no basta. Pero es difícil escapar de él. Si uno se queda quieto, ve televisión, videos, escucha compacts. Si se mueve, el entorno se mueve con uno. La búsqueda de la partícula real requiere cierto entrenamiento. Aunque uno se desplace, por ejemplo, en un viaje, habrá videos en el ómnibus, los carteles informáticos de la llegada serán muy parecidos a los de la partida, habrá mecánicas de entrega de pasajes, teléfonos, tarjetas, banqueros automáticos iguales. Si uno pretende desplazarse por la memoria, a su vez, será difícil librarse de las formas de ver del cine, de televisión, de no acompañar el recuerdo con una banda sonora, imaginada o vía walkman. O si el desplazamiento se produce dentro de la propia ciudad, al descubrir una realidad que subyace a la visible a primera vista, costará librarse de que esa misma ciudad produzca su propia manera de verse, eterna. Será difícil quebrar la percepción automática.

En otras palabras, se necesita la mirada demorada o veloz de quien primero ve y después escribe, se necesita el gozoso esfuerzo de filtrar al lenguaje lo visto y –rara vez, hoy– lo sentido, se necesita la mirada que después piense en palabras en vez de imágenes.

 […]

Mujer que no está

El primer extenso capítulo de MEMORIA FALSA es el monólogo rico, humorístico, con swing, hasta costumbrista de la nueva ciudad que va desgranando un joven. En el centro está la aparición y desaparición de una muchacha, Soledad, construida con la mezcla del mejor romanticismo, colgado a mitad de camino entre los alemanes del siglo XIX y Cortázar. Soledad es escurridiza como el agua, bella, golpeada por el pasado, le gusta hacer el amor a oscuras y parece estar escapándose siempre: niña y Diosa (no mujer) al mismo tiempo, en el perfil arquetípico del imaginario masculino.

Lo que potencia su presencia numinosa es su desaparición. De pronto no está. Los desplazamientos de todos lo personajes la tendrán como centro borrado, inexistente.

Por suerte ese tema difícil tratar está incrustado en el lenguaje del que habla, que mezcla con riqueza datos como la expulsión de Maradona del Mundial ’94, los próceres históricos tomados como muñecos de un sainete sobre la droga, el superagente Maxwell Smart y en especial su robot, los Rolling, Grondona. Todo está filtrado por una inteligente descreencia, que uno sigue más allá de lo argumental (Soledad desaparece), enganchado por el ritmo sincopado de la parla, que transforma en conocimiento palabras como “la mina”, “de en serio” y otras, a despecho de su aparente opacidad sencillista.

La figura de Soledad sigue presente en los capítulos siguientes. Otro hombre, un profesor, recibe la atracción y el corte del abismo, cuando ella desaparece. La red verbal afloja un poco, pero el registro de idiosincrasias como la de los “artistas” de Palermo sigue en pie, en especial en una larga sesión con una astróloga.

Hacia el tercer tercia la trama se vuelve pesada en personajes y hechos: hay una mujer “de los 60”, un incesto, una forzada unión de los personajes, como si se tratara más de una obra de teatro que de una novela intensa, como prometía el largo capítulo inicial. A Ignacio Apolo le sobra talento para mantener el interés, aun cuando la desaparición de Soledad se hace demasiado total, cambia de signo y se vuelve inexplicable a nivel literario, en vez de generadora, como ocurría durante más de cien páginas. Desprovista de centro, la novela revela como cursi mucho de lo que antes se sostenía al borde, como registro fiel de un tono generacional para la emoción y el afecto.


E-mail: cursosapolo@fibertel.com.ar                                                                                                                                       Espacio cedido por ARGENTORES