Críticas
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“El novelista Ignacio Apolo debuta como director teatral con una obra sugerente, pero algo recargada de “literatura” que la creíble labor de los actores ayuda a suavizar. Aunque por momentos la trama es demasiado literaria atraen los climas de “La lengua materna”

Los personajes de “La lengua materna” parecen emerger de una trama literaria antes que dramática. Sus palabras tienen gracia y sugestión, pero trasladadas a la acción dramática son piezas de un rompecabezas, que se arma y se desarma sin llegar a definir su sentido final. La narrativa suele soportar mejor ese fluir de ideas desarticuladas, pero en el escenario dicho material exige una mayor coherencia, ya que debe atravesar la presencia de los actores y su transcurrir en el tiempo.

La anécdota de la obra puede ser resumida en pocos trazos. Iván regresa al país para ver a su padre enfermo quien es asistido por Luisa, su nueva esposa. Ella es quien realiza las transfusiones de sangre entre el muchacho y su padre. Sin embargo, la mujer se las ingenia para impedir que ambos hombres se encuentren. Mientras tanto juega con Iván el doble rol de madre y amante. El panorama familiar se complica aun más con la aparición de un negro caribeño, amigo de Iván, cuya identidad cambia a lo largo de obra generando atracciones y rechazos. En la interacción de estos tres personajes surgen interesantes alusiones al poder femenino y a las fantasías y hostilidades que despierta alguien diferente en cultura y raza. La superposición de dos triángulos amorosos (el que Luisa comparte con su hijastro y su esposo y, a la vez, el que mantiene con su hijastro y el negro) tiende a enrarecer aún más la trama. De todas formas, la obra ofrece situaciones muy sugerentes, siempre dominadas por esa mujer maternal, seductora, y si se quiere, vampírica, a la que Gaby Ferrero equilibra con una buena dosis de simpatía y calidez.

La puesta exhibe también un cuidadoso diseño visual que favorece la diversidad de climas. A esto contribuyen la escenografía de Jorge Macchi y la iluminación de Alejandro Le Roux.

“La lengua materna” es la tercera obra teatral del novelista y dramaturgo Ignacio Apolo (“La historia de llorar por él”, “Bety Phones Hugo”) pero la primera en la asume la dirección. Los resultados de su labor son especialmente destacables en lo que refiere a dirección de actores, ya que el elenco logra deslizarse por esta fragmentada trama con apreciable frescura y credibilidad”

 Patricia Espinosa- Diario Ambito Financiero-

La fascinación por lo distinto

“La lengua materna” propone varias lecturas.

Un hijo vuelve al lugar que habita su padre para salvarle la vida mediante una transfusión de sangre, operación que realiza su joven madrastra en varias etapas, con el consecuente debilitamiento de su salud. Un hombre de color lo acompaña, presencia que puede interpretarse como otro aspecto del mismo sujeto, o no. Ignacio Apolo, dramaturgo perteneciente a la joven camada de autores que integró el ya disuelto grupo Caraja-ji, presenta en La lengua materna a tres personajes y dos territorios, presentes en el constante “acá y allá” que ellos mismos nombran. Al tema del sacrificio de los hijos por los padres se suma otra historia: la condición de ser extranjero y marginal, la fascinación que ejerce lo exótico y más aún, lo irracional.

La tensión entre los personajes se instala desde el inicio, y en esto pesa el hecho de que la mujer cambie de rol (o desee hacerlo) a cada momento. De este modo, esta trama de relaciones y referencias abiertas se ofrece al espectador como un ejercicio intelectual, especial para aquellos que disfrutan cuando deben ajustar las piezas de un relato que no ofrece demasiadas concesiones y sí múltiples lecturas. La compleja legibilidad de la pieza puede sorprender a algunos: no faltan en la sala los espectadores que se esfuerzan en comprender el discurso de escena consultando las palabras escritas en el programa de mano por el propio autor y director”

Cecilia Hopkins- Diario Página 12 -


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