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Sobre la obra
Un
discurso poderoso, engendrado a lo largo de innumerables generaciones, nos
induce a pensar que la realización femenina reside en su función materna. La
historia que cuenta la mujer de esta obra puede inscribirse en eso, puesto que
ella concibe para sí una sola alternativa: la de ubicarse en el lugar de madre
(y permanecer imposiblemente allí), o quedar afuera y sin lugar. La fuerza del
deseo, capturada en semejante orden, está destinada a liberar una intensa carga
de horror.
No
tengo mucho más que decir al margen de la obra, excepto algo sobre el punto de
vista, encarnado en el relato por esa narradora, que parece desplazar la
incomprensión y el desprecio, en cadena, hacia el otro… Eco de relatos y
pesadillas históricas sobre lo femenino, lo negro y lo extraño: la magia y la
sangre, el vampirismo, la víctima indefensa y el horror por lo diferente.
Sobre el texto
Pero
toda la producción es artificial, como son artificiales incluso las anécdotas
biográficas. Un tío mío ecuatoriano me “mintió” una historia en un viaje
por la sierra. Me dijo que en su pueblo habían sido tan atrasados que cuando él
era joven ni siquiera tenían cementerio. De modo que cada vez que moría un
compadre lo sentaban en un burro y lo llevaban hasta Zaruma, la ciudad que aún
vacila sobre un cerro agujereado por minas de oro.
Para
mi genealogía personal, cruzada en la llanura extensa y en la gran ciudad con
sagas vascas y catalanas un poco más realistas, aquello forma parte de la línea
imaginaria entre la pesadilla y las raíces. Escribí dos versiones de aquella
historia para este texto, pero como sin creerle: el tema latinoamericano suele
parecernos una frontera exótica. De todos modos le dedico a él, a la
distancia, una obra que habla de otra cosa; lo hago por su cuento y por la
sangre que lleva.
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