Diario "La Nación"
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La Nación

Sección Bibliografía

Escribe: Diego Bagnera

Señal de alerta

El peligro de un ayer que acecha

MEMORIA FALSA

Todo ocurre a partir del 30 de junio de 1994: Soledad desaparece. Primero uno, después dos, finalmente cuatro personajes salen en su búsqueda. Poco importa aquí si la encuentran o no. Importa, en cambio, que esta chica de veinte años ha desaparecido en el país de los desaparecidos y que esto puede encerrar, como efectivamente encierra, muchas cosas. Con excepción de Laura, que supera los cuarenta años, el resto de los personajes (Lorena, el profesor y el novio de soledad) son lo suficientemente jóvenes como para que la memoria que pueda tener sobre la última dictadura –si la tienen– sea una memoria elegida o impuesta –intelectual en ambos casos– y, por lo tanto, falsa. Laura, en cambio, sí ha vivido aquel período, y de un modo muy intenso. Será ella la que, en una red de encuentros y desencuentros, una noche reconocerá a su propio hijo, desaparecido veinte años atrás, cuando apenas era un chico, y que ahora, casual o fatalmente, llega hasta ella buscando a su novia, a Soledad, que ha desaparecido a espaldas de un país que llora, surge y se preocupa sólo por los pormenores del dóping de Diego Armando Maradona y de su exclusión del Mundial 94, contexto y acontecimiento de inmediata asociación con el Mundial 78. En este sentido, la novela de Ignacio Apolo es, si se quiere, una señal de alerta y una suerte de alegoría sobre el modo en que aquel pasado contrasta fuertemente con este presente, sobre el modo en que el ayer y el hoy se disocian y no logran mantener puntos de convergencia a través de los cuales los argentinos puedan representar la suma de una experiencia: una alegoría, en síntesis, sobre el modo en que, si es posible aprender de la historia, la Argentina, tal vez, no lo esté haciendo de la mejor manera. Pero hay algo llamativo al respecto y, pro eso, también notable: todo esto lo pone el lector. Explícitamente, la dictadura no es mencionada en ningún momento. Sin embargo, los jóvenes personajes de la novela, posibles jóvenes de las próximas generaciones, no ponen nada de esto. Por el contrario, necesitan de una nueva desaparición para despertarse ante un pasado que, a pesar de ser tan cercano, ni siquiera sospechaban.

Memoria Falsa –novela a la que un jurado integrado por Isidoro Blaisten, Angélica Gorodischer, Silvia Plager, Ernesto Schóo y Roberto Yanhi otorgó el Premio Proyección 1995– está atravesada por cuatro voces que cuentan sus propias historias, las cuales, al igual que en el admirable relato En el bosque, de Ryunosuke Akutagawa, van develando al lector la historia central que las involucra. Esta estructura encierra el punto esencial de algo que Apolo maneja a la perfección: el uso coloquial de la lengua, rasgo que le permite delinear verdaderos personajes con sólo hacerlos hablar. Con excepción de Soledad, que únicamente es descripta por su novio, Apolo, casi en forma mágica, hace visibles a los personajes no desde la descripción del narrador omnisciente –recurso que utiliza muy poco– sino desde el modo de hablar de los mismo personajes. Quizá tenga que ver con esto el hecho de que el también autor de las piezas Ángeles y Bety Phones Hugo proviene, además, de la dramaturgia, género en el que trabaja actualmente, junto con otros autores teatrales, en el grupo Caraja-ji. Lo cierto es que, a los 27 años, Ignacio Apolo demuestra buenas condiciones para forjar una novela intensa, ágil y muy representativa. (191 páginas)


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