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El
drama y la historia
En
junio de 1806, una flota británica al mando del Comandante Beresford invade
Buenos Aires, aldea capital del Virreinato del Río de la Plata, puerto de
comerciantes y contrabandistas, aduana colonial de su Majestad Española.
El
Virrey Sobremonte, autoridad civil y militar a cargo, huye de inmediato
llevándose el tesoro del rey más nueve mil onzas de oro acumuladas gracias a
los sobornos que facilitaban el contrabando.
Sobre
la violenta secuencia de hechos que se inicia en esta huida, marcada por el
despojo secular, la invasión y el robo, "los nativos y otros tantos
fundaron una patria" –parafraseando a un personaje de la obra–"tras
una larga historia donde, a fuerza de repetir, lo sabemos todo".
Como
autor del texto teatral he buscado que, partiendo de la capacidad de recrear el
pasado y reflexionar sobre nuestra identidad de la novela histórica, sus
cualidades más dramáticas lleguen a escena.
Más
allá de los logros de esta creación, siento que la idea se justifica:
confrontar estas imágenes del país, enfrentados hoy en las butacas del teatro
de nuestro viejo puerto de contrabandistas, puede ser una posibilidad de
discutir nuestra historia. Y pensarnos así, con un pasado en común, puede
servir para pensarnos en el presente.
Y
para plantearnos, tal vez, como futuro.
Ignacio
Apolo
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