Ficha técnica
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"Faros de Color" se estrenó el 3 de setiembre de 1999 en el teatro El Galpón del Abasto, e inició su segunda temporada en enero de 2000 en El Callejón de los Deseos, con el siguiente elenco:

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Carlos Belloso

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Gabriela Izcovich

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María Onetto

Asistente de dirección: Soledad García Valiño

Dirección: Javier Daulte & Gabriela Izcovich

El espectáculo ha sido invitado, durante el año 2000, a realizar temporada en la Sala Beckett de Barcelona (España), y a presentarse en Casa de América de Madrid.

El artificio de prescindir de todo artificio

Faros de Color es, antes que una textualidad escenificada, el resultado de un proceso que nació de la necesidad de realizar una experiencia donde lo actoral ocupase un lugar de privilegio, no con afán virtuosista ni exhibicionista, sino en la búsqueda de una teatralidad.

Como directores del proyecto decidimos en primer término reducir la cantidad de personajes al punto de llegar a la ecuación: mínima cantidad de actores para un máximo de aprovechamiento teatral. Esto condujo a la primer decisión del procedimiento escénico. Tres actores para cuatro personajes. La contradicción numérica se resolvió suponiendo que dos de los personajes (en este caso los masculinos) son físicamente idénticos.

En cuanto al tratamiento escénico, Faros de Color se propone despojada. Pero no al modo de una economía escénica en cuanto a recursos escenográficos, de utilería, técnicos y lumínicos, sino que se ha radicalizado el despojamiento al punto de dejar totalmente al descubierto el espacio escénico. Literalmente no hay nada en el escenario más que sus propias paredes. No hay muebles, no hay copas, no hay comida, (aunque los personajes se ofrecen asiento, beben hasta el hartazgo, comen opíparamente.) No hay tampoco, en su remplazo, mímica alguna.

Los tres actores, de pie, transitan una historia donde nada es seguro, despojados de todo artificio posible, instando al espectador a construir un universo (incompleto) en su imaginación. La puesta en escena no termina siendo otra cosa que el ejercicio mental de alguien sentado frente a tres actores.

El texto se fue modificando incansablemente a lo largo de los ensayos, no por sugerencia de improvisación alguna, sino por las propias necesidades del establecimiento de este código escénico. Es así como en Faros se unen en un punto difícilmente identificable dramaturgia actuación y dirección, más aun, se confunden en la medida en que empiezan a ser una misma cosa.

El resultado es, sospechamos, un artificio teatral que se percibe a través de la ausencia de artificios, lo cual, unido a los lineamientos argumentales y narrativos, producen un sentido.

Sentido que necesariamente nunca fue apriorístico.

Javier Daulte / Gabriela Izcovich

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E-mail: Jdaulte@argentores.org.ar                                                                                  Espacio cedido por ARGENTORES