Fragmento de la obra
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El Partener

Personajes

Nico

Pacheco  

Nydia

ESCENA  I

Una pieza pequeña y sucia, en los fondos de un restorán. Cama alta de hierro, colcha de mondongo gris. Olor a la cueva del oso. Dan ganas de abrir la única ventanita del cuarto: una bande­rola alta, sobre la pared lateral. Es mediodía, y el oso duerme con ronquidos como vómitos. Un roperito rengo y descascarado. De una de sus puertas cuelga, en una percha, un imponente poncho rojo.

Parado en medio de la habitación, Nico, trata de acostum­brarse a la penumbra. Viste raro; pantalón torero, negro y lustroso. Escotado chaleco de fantasía. Camisa blanca con yabó sobre la que ha injertado una corbata fuera de moda. Una campera bataraza marrón. Embarrados zapatos de taquito, y un bolsito de lona abandonado sobre el piso. Tiene dieciséis años, y una oscura esperanza de bigote. Tose tratando de despertar al otro. Aguarda. Mira alrededor. Va hacia una pared y enciende la luz del cuarto: una bombita pelada que cuelga de un cable grasoso y pelusiento. Pachequito, sobre la cama, como un barco encallado. Un brazo enorme colgando hacia el suelo. Los pies asomando bajo la frazada. Porra y bigotes. La boca abierta y desdentada. Abre los ojos con dificultad. Ve a Nico. Se sobresalta. Gira de cara a la pared y finge seguir durmiendo.

NICO.- Le dije al patrón quién era y me dejó pasar. Dijo que le diga que se despierte, que es mediodía. (Pausa) Dice que lo tiene cansado ya.

PACHECO.- (Se incorpora violento. Queda sentado con histriónico gesto de ira) ¡Si tiene un problema conmigo que me lo diga en la cara! (Se lleva una mano a la boca como disimulando algo) ¡No soy hombre yo de aguantar patrón! ¡Limpiamos las cuentas y... (Nico lo acompaña al unísono) ...aire a las pilchas! (Pachequito lo mira molesto. Pausa)

NICO.- Se tapa la boca.

PACHECO.- ¡Maneo verdades chúcaras que quieren escapar de este corral!

NICO.- Le faltan dos dientes.

PACHECO.- (Trans. Tocado) ¿Quién te dijo?

NICO.- Dormía con la boca abierta.  

PACHECO.- (Quita la mano lentamente) Así que nos volvemos a encon­trar. La vida es una trenza gaucha con tientos que no paran de cruzarse.

NICO.- Hace tres meses que lo busco. Me dijeron en Variedades que estaba acá en Campana.

PACHECO.- (Halagado) ¿Y en Variedades sabían?

NICO.- Llegó una denuncia del buffetero de una peña. Por ponerse en pedo y...

PACHECO.- (Interrumpe molesto) ¡Hable propiamente! ¿O no lo he educado yo a usted? ¡Ebriedad se llama la infracción! Así pone la ley.

NICO.- Sí. Por ebriedad, y por querer culearle a la mujer.

PACHECO.- ¡Loco celoso! Qué me iba a gustar esa vaca.  

NICO.- (Se señala la boca) ¿Los dientes fue de él? (Pachequito responde con gesto airado. Se levanta y va hasta el roperito. Viste solo calzoncillos y zoquetes. Con una llavecita que cuelga de su cuello abre el candado. Nico se le acerca. Pacheco comienza a sacar ropa) Cámbiese también la ropa interior. Le voy a dar una jabonada.

PACHECO.- (Con forzada dignidad) Las mudas me las friegan solamen­te mis mujeres.

NICO.- (Lo mira de arriba a abajo) Y ahora anda con mal de amores.

PACHECO.- (Violento) ¡Cosas mías! ¿Desde cuándo te preocupan los calzones de los hombres?

NICO.- ¿No hincha siempre con eso usted? Que el día que uno caiga en el hospital, le pueden encontrar cualquier cosa menos los calzoncillos cursientos.

PACHECO.- No pienso caer en el hospital en lo que queda del día. (Comienza a vestirse. Nico se saca la campera. Pausa tensa) Anda en ropa de trabajo.

NICO.- Me puse para el viaje. Usted dice siempre que hay que andar...

PACHECO.- (Interrumpe) ¡Usted dice! ¡Usted dice...! ¿Qué vengo a ser yo al final...? ¿El oráculo vengo a ser?

NICO.- (En seco) No. Mi papá. (Pausa) Venía repleto el tren. Lleno de estudiantes. Un picnic. (Saca del bolsillo dos mandarinas. Le alarga una) Me convidaron.

PACHECO.- (Rechaza) Me sobra la comida por todos lados. (Se agacha y saca de debajo de la cama un plato con empanadas)

NICO.- Se reían de la ropa. Nunca vieron.  

PACHECO.- Nenes de mamá. (Suelta con asco el plato sobre la cama y tomando una zapatilla persigue una cucaracha que ha salido de en­tre las empanadas) ¡Animal del diablo...! ¡Ni dios sabe por qué te ha salvado del diluvio! (Reventándola de un zapatillazo) ¡Ga­nas de arruinarme el desayuno! (Apartando el plato con desdén) Comida es lo que me sobra. Una paraguayita en la cocina que me tiene así. Una admiradora. (De un pisotón alcanza a otra cuca­ra­cha)

NICO.- La yunta. Nunca andan solas. Bah... usted me dijo una vez.

PACHECO.- El lugar no es gran cosa pero el trabajo es aliviado. El número es un exitazo. Hago un par de entradas por noche.

NICO.- Me dijo el patrón que está de mozo cantor.

PACHECO.- (Ruborizándose) ¡Cantor mozo que no es lo mismo! ¡Un artista que si se cuadra da una mano en el salón! ¡Yo no le ando haciendo ascos al trabajo! (Fastidiado) Mozo cantor... (Toma una empanada y comienza a masticarla concentradamente) Hiciste bien en venir. También yo tenía ganas de verte. De charlar un rato. Con el asunto del apuro, al final la última vez...

NICO.- Se escapó.

PACHECO.- (Cabeceando) Así que eso piensa de su padre.

NICO.- (Conmovido) Se escapó y me dejó en el Argerich.

PACHECO.- (Negador) Así que para usted una gira vendría a ser... como es... una huida, vendría a ser.

NICO.- Ni una nota fue capaz...

PACHECO.- ¡Lindo criterio el de esta muchachada de aura...!

NICO.- No fue capaz de poner la cara.

PACHECO.- ¿No le dejé plata, yo? ¿O no significó nada ese puñado de billetes?

NICO.- Me dejó tirado en el hospital.

PACHECO.- (Disimula su turbación) ¡Véalo al novelero igual que su madre! ¡Tirado en el hospital! ¡Ni que fuera uno vaya a saber qué! ¡¿Qué quería que hiciese con usted en ese estado?! ¿Dónde vio un zapateador criollo enyesado hasta acá?

NICO.- ¡Me tenía que llevar igual! ¿Somos un dúo, no?

PACHECO.- ¡Claro, porque sobra la plata!

NICO.- Yo me arreglaba con nada.

PACHECO.- Arrastrando esa pierna por los caminos de Dios... Para que quede rengo al final y resentido con su padre.

NICO.- Me dejó por la Carmen. Por eso me dejó. Hizo dúo con ella.

PACHECO.- (Culposo) Me tenía que ganar la vida  ¿no? Alguien tenía que reemplazarlo. Se daba bastante idea con lo norteño. Me enseñó algunas cositas... Y bueno... Me hizo la partener.

NICO.- ¿Sabe cómo me lo vi venir? Si siempre hace lo mismo. Cuando le pide a alguna que le enseñe cosas de su tierra, es porque ya le anda queriendo hacer los bajos.

PACHECO.- Acusá nomás... Que tengo la conciencia como agua de manantial.

NICO.- No le da vergüenza... Tan grandote, enconcharse así.

PACHECO.- No me destrates, Nico, te lo pido.

NICO.- ¡Qué! ¿Me va a negar que esa mujer lo traía loco?  

PACHECO.- (Pausa larga) Sos muy potrillo, Nico. No podrías enten­der. Tu padre es un hombre fogoso. Y un fogoso, Nico, en el fondo es un débil. (Una confesión muy íntima) Nico... Me pasa con las pelirrojas. Misterios del corazón que es bueno que vaya sabiendo. Les veo esa piel... esos cabellos rojizos... como el espíritu de una tierra allende al mar, que se me hace irresistible... que me...

NICO.- (Interrumpe fastidiado) Deje de joder con eso, papá. La Carmen era bolita.

PACHECO.- (Furioso) ¿Era colorada o no era colorada?

NICO.- Se teñía. ¡Pero era bien chola!

PACHECO.- (Le da la espalda) ¡Lo único que me faltaba...! ¡Racista! (Larga pausa. Nico comienza a sacar las cobijas con intención de tender la cama) ¿Qué hacés?

NICO.- Tiendo. (Por el piso) Después le doy una baldeada con acaroina. Se lo van a comer las cucarachas.

PACHECO.- Primera que veo. Las trae el calor. (Pausa molesta) Al final se fue...

NICO.- ¿Quién?

PACHECO.- La Carmen. En Urdinarrain. ¡Aire a las pilchas!

NICO.- Ya sabía. Me dijo el patrón.

PACHECO.- ¡Viejo trompeta! ¿No tengo vida privada yo...?

NICO.- Yo le pregunté. Si estaba ella no entraba. No me llevaba yo con ella.

PACHECO.- (Se encoje de hombros) Carácter de mierda la boliviana.  

NICO.- (Toma un balde y un trapo. Se remanga los pantalones) Dígame de dónde saco agua.

PACHECO.- Está la canilla del tualé de damas. Sale más fuerte. (Nico va a salir. Pacheco lo detiene) Nico... Usted es un muchacho de buen corazón. La verdá... ¡No está bien que usted y yo tengamos rencores! Todos hacemos macanas de vez en cuando... Yo también le he perdonado algunas a usted... ¿Por qué no hacemos las paces de una buena vez...?

NICO.- (Enternecido) Yo las tengo hechas, Pachequito.

PACHECO.- Llámeme tata...

NICO.- Usted sabe cómo lo quiero, tata...

PACHECO.- No sabés la emoción que me das, cuñado... (Le pone una mano en el hombro y lo contempla emocionado) También a mí me llama la sangre con un grito tan fuerte, que me deja sin voz... ¡Y mirame así... Que pavote! No poder decirte, amigo, lo que te quiero... (Los ojos de Nico se nublan. Pacheco lo abraza) Que al menos las horas que estemos juntos sean un recuerdo que sólo este escapulario pueda guardar... (Se golpea el corazón) ¡El zurdo! (Pausa emotiva) Vaya nomás que aquí lo espero. Tenemos mucho por charlar en este fogón... ¿A qué hora tiene tren de vuelta?

NICO.- (Feliz e ingenuo) No papá... Quédese tranquilo. Esta vez no nos vamos a separar. Vine para quedarme con usted.

PACHECO.- (Sonríe incómodo) Así que así es la cosa... Esteeee...

NICO.- (Patea el piso) Zapatear todavía no puedo, pero el hueso soldó por demás. Dice el médico: "Se podrá romper en otro lado, pero ahí..." ¿Cómo es que dice usted...? "Un garrote de ñandubay". Por el trabajo no se haga problema. Estoy ensayando un número nuevo. Algo que me sale de adentro. Una cosa muy moderna... va a gustar mucho.  

PACHECO.- (Muy turbado) Sí, sí... no, si no es eso... pero... (Trans.) ¡La cosa está fiera, Nico!

NICO.- (Tratando de entender) Las hemos pasado, papá.

PACHECO.- Entendeme compadre, no es que yo no quiera...

NICO.- Cuántas veces... Y al final nunca faltó... Como dice usted: "Dios aprieta pero no ahorca".

PACHECO.- Eso era antes. Ahora ahorca también. Mirá Nico, la plaza está a la miseria. Vengo de hacer Santa Fe y Entre Ríos. A gatas pude pucheriar... ¡Unos piojos que parecen caracoles!

NICO.- Tenemos amigos papá. Vamos para el lado del sur... No nos falló nunca: Parrilla Gasparini, la peña El Mangruyo, Dolores, Vivoratá...

PACHECO.- ¡Qué me hablás de gira como está la cosa! Ni carteles me han quedado ya. De imprenta nomás, una inversión. Viaje, comi­da... ¿De dónde voy a sacar semejante capital?

NICO.- Se pide, papá... Ya lo hemos hecho.

PACHECO.- No va, Nico... No va. ¡¿Te creés que me gusta este sucu­cho?! ¿Te parece que este trabajo es digno de un artista? ¡La miseria me ha obligado!

NICO.- Yo lo administro papá... Lo cuido con la bebida.

PACHECO.- El dúo no va...

NICO.- ¡¿Cómo no va...?! ¡Soy su partener! ¿Qué hace un partener solo en la vida?

PACHECO.- ¿Y yo que querés que invente? Es al pedo mear contra el viento... ¡Harto golpeado estoy ya!  

NICO.- ¡Un tiempo que trabajemos los dos acá y se recupera...!

PACHECO.- ¡¿Qué vas a hacer acá...?!

NICO.- Trabajo en la cocina.

PACHECO.- ¡Les sobra personal!

NICO.- Lavo platos.

PACHECO.- Tienen.

NICO.- Por la comida.

PACHECO.- (Acorralado) ¡¿Qué comodidad tengo para ofrecerte?!

NICO.- Tiro una cobija en el suelo.

PACHECO.- ¡Como un perro!

NICO.- (Apretando los dientes) ¡Como a un perro me está echando usted!

PACHECO.- No me digas una cosa así, hermano, que me partís el corazón.

NICO.- Me echa, ¿sí o no...?

PACHECO.- ¡Por tu bien, Nico...! ¡Caigo, y en mi caída busco dejar­te a un lau...!

NICO.- Eso es de tango. No nos gusta el tango a nosotros. Somos del folclore nosotros.

PACHECO.- ¡Somos, no! No somos nada. Yo soy, y usted es. Yo soy recitador criollo y usted zapateador infantil.  

NICO.- (Se planta) ¡¿Qué tengo yo...?! ¡¿La lepra tengo?! ¡¿Todo el tiempo se la va a pasar escapándome?! ¿Sabe cuántas veces me largó duro, ya? Dos veces con los Maristas... Con la tía en Cañada... Con mamá en Villa la Ñata, y después en Colonia Turca... Ahora en el hospital... ¡¿Me tengo que pasar la vida buscándolo?! ¡Basta! ¡Esta vez se va a tener que quedar conmigo!

PACHECO.- (Golpeado) Nico, por favor, no la hagas más difícil... (Va hacia él) Todos somos buenos gauchos, pero el poncho no aparece... Acá no te podés quedar. (Nico niega tozudamente. Pacheco lo toma de un brazo. Nico se suelta violentamente)

NICO.- ¡Me llega a tocar de nuevo; lo cago mordiendo!

PACHECO.- No me des ese disgusto...

NICO.- ¡A mí no me toque!

PACHECO.- No me basuriés, hermano.

NICO.- ¡No soy su hermano! ¡Soy su hijo!

PACHECO.- No te hagas odiar al cuete. (Sentencioso) ¡Soy blando pero de abajo. Arriba no aguanto montura!

NICO.- ¡No se haga el Cafrune, viejo forro!

PACHECO.- ¡Se me disparan las manos como malones! (Se muerde un puño)

NICO.- ¡Gordo puto! ¡Falso de mierda! (Se cubre esperando el golpe que finalmente llega. Un cachetazo como un camión. Nico cae) ¿No se da cuenta viejo pelotudo que uno no puede vivir así? (Pausa. Toma su bolso) ¿Qué espera...? ¿Se cree que me va a hacer moquiar? ¡Cuando las gallinas meen, voy a llorar yo! (Va hasta la puerta) Zapateador infantil hace rato que no soy más. Ayer cumplí los dieciséis.  

PACHECO.- (Los dientes apretados. Le alarga la mano sin mirarlo) Que sea con felicidad, amigaso. (Nico va a tomarle la mano. Se abre la puerta interrumpiendo el gesto que queda como congelado. Entra Nydia. Ha pasado largos los treinta. Pizpireta. Afectada. Un vestido blanco demasiado juvenil para su figura regordeta)

NYDIA.- Pachi, soy yo... ¡Ay disculpen...! (A Pacheco) No sabía...

PACHECO.- (Notablemente turbado) No, no... Si ya...

NYDIA.- Estoy aquí en el... Cualquier cosa doy una vuelta y regreso luego.

PACHECO.- (Asintiendo rápidamente) Sí, sí.

NICO.- No, está bien... Yo ya me iba. (Nydia queda sin saber qué hacer. Nico provocador) Hay ropa para lavar.

NYDIA.- (Sonríe nerviosa) Te confundiste querido... Yo no soy... Yo soy...

PACHECO.- Está bien, está bien... Nico ya se estaba yendo.

NYDIA.- ¿Nico...? ¿El es...?

PACHECO.- Sí, me vino de visita, pero ya... Ella es Nydia.

NYDIA.- (Ladeando la cabeza con un gesto afectado que ella cree encantador) Nydia... Primero "i" griega, después "i" latina. Pachi me contó que...  

PACHECO.- Sí, sí.  

NYDIA.- (Incómoda) Bueno... lamento no tengamos oportunidad de... ¿no? Me hubiera encantado que... Somos colegas. Tengo conserva­to­rio en casa (Pacheco resopla nervioso) Una cosa sin pretensiones pero seria. ¿No Pachi...? Mis pichones han hecho un culto de lo nativo.

PACHECO.- En fin... Buen...

NYDIA.- Una pandilla de pollitos con ganas de saber... ¡Y yo la mamita gallina! ¿No Pachi...? Tu padre, justamente, que es un artista tan inquieto, apenas nos conoció me pidió que le enseñe los aires de esta tierra... (Pacheco tose con violencia) ¿Dije algo? (Nerviosa) Pachi siempre me dice que soy una charlatana. Que voy a hacer... ¡Medio polvorita soy ¿no?! (Sigue hablando por inercia) Cuando estoy con gente, no sé... Debe ser como estoy todo el día sin hablar. Vivo sola con mi papá, que es un hombre muy... muy... (A Pacheco) ¿Estoy hablando mucho, no?

PACHECO.- No, por favor...

NYDIA.- Me pongo peor con el estreno... (A Nico) No sé si te contó que hicimos un dúo. (Un silencio) Dentro de unos días debutamos en Vivoratá. (Otro silencio peor) Bueno... en fin... No va a faltar oportunidad para charlar un poco... Más adelante digo. (Silencio largo e incómodo) En fin... (Por decir algo) ¿Ya te ibas?

NICO.- (Va hasta el ropero y sacando la ropa del bolso comienza a tirarla con violencia en los estantes) No. Ya me quedaba. (Bajan las luces)

Fin del fragmento de El Partener

 

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