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- El IMAGINERO (Adaptación del cuento homónimo de M. Mujica Lainez de su libro “Misteriosa Buenos Aires”)

El Imaginero (BUENOS AIRES 1679)

DEL LIBRO

MISTERIOSA BUENOS AIRES de MANUEL MUJICA LAINEZ

adaptación: OMAR FRAGAPANE

Personajes

  • Manuel da Couto

  • Mestiza

  • Rosario

  • Juez I

  • Juez II

  • Monje I

  • Monje II

(Fragmento)

III

Claroscuros. En el piso, la sombra de un gran crucifijo. Manuel está parado, con las manos atadas por detrás. Aparecen dos Jueces Eclesiásticos de entre las sombras. El comisario II sostiene entre sus manos una Biblia.

Juez I: Manuel...Couto.

Juez II: Portugués.

Manuel: Sí

Los Jueces se miran.

Juez I: Te has sentado sobre la imagen de Nuestra Señora de la Concepción

Manuel: Estaba travalhando.

Juez II: ¡Háblanos en un idioma en el que Dios te pueda comprender, si quieres la salvación!

Juez I: Te has sentado sobre la imagen de Nuestra Señora de la Concepción.

Manuel: ...estaba... tra...(Con dificultad, en pésimos castellanos y portugués, que mantendrá en toda la escena)... vaj... lando.

Juez II: ¿Encima de ella?

Manuel: Eu (Se detiene al escucharse)...la estaba...terminando...

Pausa.

Juez I: La has golpeado diciendo que no era más que un pedazo de palo.

Manuel: Era só una imagen.

Juez II: El sagrado madero del Señor, también era de palo.

Juez I: La has golpeado.

Manuel: Si.

Pausa.

Juez I: ¿Eres judío?.

Manuel: Não, eu sou cristiano.

Juez II: (Acusador) Judío.

Manuel: Não.

Juez I: Pero reniegas de las imágenes. ¿No crees que en ellas está, entre sus fibras, el alma, como un cuerpo que ha cobrado vida? ¿Porqué la tratas como si fuera un simple pedazo de palo? ¿Acaso tus manos no son guiadas por Dios para darle la forma justa a la imagen que debemos venerar?

Juez II: La forma justa.

Juez I: ¿Tienes al tocarla, el respeto y devoción que merecen?.

Manuel: ¡Sí!.

Juez II: ¡No!.

Juez I: Nos han dicho que tus intenciones van más allá.

Manuel: Não.

Juez II: Habla como un cristiano.

Juez I: Eres uno de esos que se hacen llamar cristianos de oriente.

Manuel: Não.

Juez II: ¿Y por qué odias las imágenes?

Manuel: Não as odio.

El Juez II chasquea los dedos. De entre las sombras aparece la mestiza.

Juez II: ¡Acércate!

La mestiza da unos paso hacia ellos. Tiene miedo. El Juez II la mira fijamente, Manuel también.

JuezII: ¡Habla!.

La mestiza se sobresalta.

Mestiza: ...cuando...cuando...estaba terminando... la talla de Nuestra Señora...

Se silencia.

Juez II: ¡Habla!.

Mestiza: ...Se sentó sobre ella...

Juez II: ¿Qué más?

Mestiza: ...Sobre su pecho...

Juez II: (A Manuel) Más allá.

Juez I: ¿Y tu que hiciste?.

Mestiza: ...Le dije que eso que hacía era un pecado...

Juez I: ¿Y él qué hizo?

Mestiza: ...Me dijo que no me preocupara...

Ambos jueces la miran inquisidores.

Mestiza: ...me dijo...que...Nuestra Señora...era...una perdida...

Juez II: ¡¿Qué más!?

Mestiza: ...y le clavó su herramienta.

Pausa. Los jueces perfilan miradas hacia Manuel, quien permanece abatido.

Juez II: (A la mestiza, queriendo ser falsamente confidente)¿Lo oíste blasfemar alguna vez?

Mestiza: ...Si, una vez, estando enfermo, blasfemó contra la Virgen porque no aplacaba sus dolores.

Manuel farfulla una maldición hacia la mestiza.

Juez II: ¿Maldices imaginero?.

Juez I: (A la mestiza) Dinos... ¿qué más les dice a las imágenes?

Mestiza: ...Les dice...que son...hermosas...que...

Juez II: ¿Qué!

Mestiza: ...que son...diosas...que...a sus cuerpos habría que adorarlos.

Juez II: (Inclinándose hacia ella, lascivo) ¿Y las adora? ¿las toca?.

Mestiza: Las acaricia... como...

Juez II: ¿Cómo?.

Mestiza: ...como si fuesen...

Pausa, en la que todos miran atentamente a la mestiza.

Mestiza: ...mujeres...

Manuel: (A los comisarios) Não son mulheres, não têm alma, não tem corpo.

Los jueces lo miran sostenidamente. Pausa.

Juez I: Por supuesto que no tienen cuerpo, no deben tenerlo.

Mestiza: Pero dice que si lo tuvieran...las poseería.

Manuel: ¡Não!

Juez II: ¡Basta!

Pausa.

Juez I: (A la mestiza) Muy bien hija, muy bien. Has obrado como una buena cristiana. Dios sabrá recompensarte.

Éste le hace un gesto con la mano a la mestiza para que se retire. Esta hace una reverencia con la cabeza y se aleja entre las sombras, perdiéndose.

Juez II: ¿Qué otra cosa has dicho que no tienen las imágenes?

Manuel mira al piso.

Juez II: ¿Qué otra cosa has dicho imaginero?

Manuel: ... que nao tem...

El Juez II se le acerca. Aproxima su oído a él.

Juez II: Dímelo.

Manuel: ...alma...

Juez II: Alma. Has dicho que las imágenes que tu haces no tienen alma. Entonces ¿qué es lo que haces?

Manuel: Solo travalho na madeira.

Juez I: De modo que la palabra del Señor, aquella que hizo vida de la nada, no tiene valor para ti.

Manuel: Eu solo quero crear.

Juez II: Tú no puedes crear, esa es sólo facultad de Dios ¿Acaso tú eres Dios?

Juez I: Quien pretenda emular al Hacedor, condenará su alma. Tu deber no es crear, sólo debes imitar su imagen.

Manuel: Mais, eu posso imaginar.

Juez II: ¡Tú no imaginas, sólo copias!

Pausa.

Juez I: (A Manuel) ¿Tienes algo que decir por ti, hereje?

Manuel: Eu não sou um hereje, sou creyente, soy cristiano... pregunte ao gobernador Martinez de Zalazar, ele me encargou de fazer o Cristo que donou a la Catedral de Buenos Aires.

Juez II: El gobernador no maneja los asuntos de la Fe.

Manuel: ... mais...

Juez I: El no interviene.

Manuel baja la cabeza. Pausa.

Juez I: ¡Imaginero!

Manuel lo mira.

Juez I: Tu alma imaginero, parece no reconocer su origen Divino, no conoce los principios de la Fe, y es más, no crees en la existencia de tu propia alma. Pero no debes temer hijo, el Señor, en el Fin, siempre puede perdonar. Irás al Santo Oficio de Lima, allí serás instruido sobre la Fe cristiana, y con la bendición de Dios, tu alma, podrá ser salvada, para que el día de tu Juicio Final, con toda su bondad, pueda ser acogida entre sus brazos. Toma esto como una bendición para ti.

Los dos jueces le dan la bendición. El Juez II besa la Biblia. Se alejan y se pierden entre las sombras. Manuel cae al piso llorando. Una parte de la sombra de la cruz, cruza su cuerpo.

IV

Celda de Manuel Couto en el Santo Oficio de Lima. Oscura, húmeda, calurosa. Una pequeña abertura enrejada y bastante alta. Es de noche y Manuel duerme en el piso, apenas visible en la penumbra, acurrucado. Ruido de cerrojos y cadenas. Entran dos monjes de hábito negro y lazo blanco; uno de ellos traen una banqueta, papeles, tinta y pluma. Acomoda las cosas. El monje II se sienta y se dispone a escribir. El monje I se acerca a Manuel.

Monje I: ¿Dónde está tu alma?

Manuel despierta.

Monje I: ¿Tienes alma?.

Manuel: (Entre sueños)...sí...

Monje I: ¿Dónde esta?

Manuel: (Tomándose el pecho)...aquí...

Monje I: ¿Solamente allí?

Manuel: ...no...

Monje I: ¿Dónde mas?

Manuel: ...no...todo...o... meu corpo...

Monje I: No comprendo. ¿Está toda en todo el cuerpo o se divide en cada una de sus partes?

Manuel: ...no todo...o...meu... (Con dificultad) coerpo...

El monje I va hacia el otro monje. Murmuran. El monje II escribe. El monje I vuelve con Manuel.

Monje I: ¿De que está compuesta el alma?

Monje II: (Sentado) ¿Tiene la forma del cuerpo?.

Manuel: ... o... corpo...

Monje II: Seguimos sin comprender. Hablas en lengua de herejes. Estamos aquí para ayudar a tu alma a salvarse.

Manuel se arrastra.

Monje I: ¿El alma tiene la forma del cuerpo?

Manuel: ...alma... corpo...

Monje I: ¡Cuerpo!

Manuel: ... coerpo...

Monje I: ¡Cuerpo! ¡Alma, cuerpo!

Monje II: ¿El alma recibe la existencia en el cuerpo o antes?

Monje I: ¿ Es infundida el alma por un soplo divino?.

Manuel: ...si...alma... no alma...

Monje I: ¿El alma se une inmediatamente al cuerpo?

Manuel trata de escaparse de ellos pero el monje I lo sigue.

Manuel: ...si...no alma...

Monje I: ¿Para ser mas perfecta?.

Manuel solo balbucea: "... alma...corpo..."

Monje II: ¿Puede salir del cuerpo?

Monje I: ¿El alma separada del cuerpo, tiene voluntad?

Manuel se acurruca en un rincón. Las preguntas de los monjes se precipitan.

Monje II: ¿El alma puede mover los cuerpos?

Monje I: ¿Con que se mide el tiempo del alma?

Monje II: Cuando te mudes en un despojo miserable, ¡que hará tu alma?.

Manuel: (Quebrado)...se irá...

Monje II: ¿A dónde?

Manuel: ...se irá...

Monje I: (Con fuerza) ¡¿A dónde!?

Manuel: ...a...Deus...

Monje I: ¡¿A dónde has dicho, maldito hereje?!

Manuel: ... a Deus...

Monje I: ¡¿Cómo?!

Manuel: ... a Dieus, a Dieus...

Monje I: ¡Cómo!

Manuel: ...Diiiioos... Dios... Dios...

Pausa. Manuel está agotado.

Monje II: ¿Acaso el alma vuelve al seno divino?

Silencio.

Monje II: ¿Acaso el alma vuelve a su seno divino?

Manuel: ...si...

Monje II: ¿Queda flotando invisible?

Manuel: ...si...

Monje II: ¿O viaja a las moradas absolutas a recibir castigo o premio?

Manuel: ...si...

Monje I: (Irascible) ¿El alma, queda flotando invisible o viaja a las moradas absolutas a recibir castigo o premio?

Manuel: ...sí...sí...sí...

Monje I: El aliento de tu vida viajará a los avernos del inferno.

Manuel está agitado. Los monjes también. El monje II termina de escribir y se retiran. Ruido de cerrojos y cadenas. Manuel se acurruca en el piso y junta las palmas en oración. Tiembla. Murmura un rezo. Se escuchan, como un eco lejano, las voces de los monjes repitiendo las preguntas. Las cubre el sonido de un aleteo. De la oscuridad, salen corriendo las tallas, cruzando el espacio varias veces en todas direcciones. Manuel agita los brazos, como queriendo espantarlas. Lloriquea.

Coro de tallas: ...alma...alma... alma...alma...

Las tallas y el sonido desaparecen. Manuel se vuelve a acurrucar. Junta las palmas y esconde su cara en ellas. En la pequeña ventana enrejada comienza a clarear el amanecer. Manuel levanta la mirada hacia ella. Sus ojos están desmesuradamente abiertos y su rostro paralizado de pánico.

Manuel: ... alma... alma... alma... alma... alma...

VI

1679. Taller de Manuel. Éste está trabajando. Las ventanas apenas están cerradas y apenas penetra la luz del sol por las rendijas. Su estado es como el de la primera escena. Farfulla mientras da unos golpes a la talla. El coro de tallas lo repite como un eco lejano. Rosario, sentada, borda.

Manuel: ... cárcel... premio... de Deus... esencia...

Manuel aprecia la talla. Sus manos caen pesadamente, sosteniendo la herramienta. Silencio. La herramienta se le resbala y cae. Rosario lo ve, deja el bordado, ceba un mate y se lo lleva.

Rosario: Mate.

Manuel, lentamente, lo toma y chupa. Rosario recoge la herramienta, espera a su lado hasta que termine y se la da. Toma el mate y lo coloca sobre la mesa. Suena la campana de la puerta de calle. Rosario sale. Pausa. Manuel, sigilosamente, mira hacia donde estaba el tronco que había escondido.

Coro de tallas: Corpo... alma...la forma del cuerpo...la cárcel... la forma...

Manuel mira a las tallas con recelo y va hacia el tronco. Lo descubre y lo admira. Éste ahora esboza una silueta, que apenas se ve con lo que lo ha descubierto Manuel. Regresa Rosario. Se esconde para observarlo. Manuel cubre la talla. Se incorpora.

Rosario: Han venido del Fuerte a pagarle por la estatua del San Miguel.

Manuel sale.

Coro de tallas: La forma... el cuerpo... la forma... el cuerpo... el alama...

Rosario vuelve a su trabajo. Observa las tallas y el lugar donde está escondida la otra. Se asegura que nadie la mira y va hasta aquella. La descubre y la admira. Manuel regresa. Rosario lo advierte y vuelve a su lugar sin que aquel se de cuenta. Manuel mira hacia donde está la talla oculta y vuelve al trabajo. A medida que lo hace va incrementando los golpes, dándole con más fuerza. Farfulla cada vez con más volumen. Las tallas repiten su farfulla. Llega a deformar la talla.

Manuel: ... a forma... a forma... la forma... el corpo... la esencia... lalma... lalma... el alma... a forma... del corpo contenida en sí misma... materia infinita... el alma es el cuerpo en su estado puro... la forma es infinitamente triste. El cuerpo es infinitamente alma.

Cuando su lenguaje termina de cobrar violentamente coherencia, y en español, da un último golpe, con mucha fuerza, el murmullo de las tallas cesa. Mira fijamente a Rosario, quien, asustada, fue retrocediendo y escondiéndose entre las tallas del taller.

Manuel: (A Rosario) ¡Agora desnúdate!

Rosario está paralizada. Manuel clava la herramienta en la talla de un golpe.

Manuel: ¡Desnúdate mujer!

Rosario comienza a desnudarse ante la mirada atenta de las tallas. Ella las mira con temor. Manuel quita la talla que estaba haciendo y coloca en su lugar la figura que antes había escondido. Rosario posa, desnuda, con los brazos a los costados del cuerpo. Su piel resplandece. Las tallas murmuran. Algunas se acarician los genitales, otras extienden los brazos hacia Rosario, otras se ocultan el rostro. Manuel mira fijamente a Rosario, y se pone a trabajar con energía. Las tallas se asustan y vuelven a su estatismo, mirando atentamente.

VII

1674. Celda de tormentos. Manuel está acostado en el piso, puesto en la cincha. Tiene las muñecas y los tobillos amoratados. Está oscuro y hace calor. Farfulla, lento, por lo bajo. Se escuchan lamentos y quejidos de otros torturados. Piden: "por el amor de Dios", lloriquean. Ruidos de cerrojos y cadenas. Los torturados gritan y aumentan los llantos. Entra algo de luz por una abertura, que le pega a Manuel. Sonríe. Una sombra se recorta en la luz, es el monje I. Va a las ataduras de Manuel, verifica la tensión de las lonjas de cuero, y le acaricia suavemente las muñecas y los tobillos. Acerca su oreja a la boca de Manuel. Se yergue y comienza a murmurar en latín. Todos hacen silencio. Entra el monje II. Acomoda sus elementos y se dispone para la escritura.

Monje I: ¿Nos ha sido infundida el alma por un soplo de Dios?

Manuel: (Sonriente) ...sí...

Monje I: ¿Es infinita?

Se escucha un lamento. El monje I levanta la cabeza. El lamento cesa.

Manuel: (Con la mirada perdida y sonriente)...si...in...mor...tal...

El monje I se le acerca. Manuel voltea a mirarlo con los ojos bien abiertos. Ríe. El monje I recorre con los dedos el cuerpo sudado de Manuel. La risa de éste se paraliza.

Monje I: (Mientras recorre el cuerpo de Manuel) El alma, separada, tiene inclinación natural a la unión con su cuerpo. Separadas de él, es atormentada en el fuego eterno por la tristeza.

Pausa.

Monje I: ¿Cuándo mueras..?

Manuel: ...castigo...premio...castigo...premio...Dios.

El monje I se pone de pie. Mira al monje II y asiente con la cabeza. Dibuja en el aire una cruz hacia Manuel, diciendo unas palabras en latín. El monje II termina de escribir y cierra el libro. Recomienzan los lamentos. Los monjes se van. Ruidos de cerrojos y cadenas. Los lamentos aumentan por un momento, incluidos los de Manuel, y luego ceden. Manuel cierra la boca, como conteniendo un vomito. Hace fuerza con los brazos y las piernas para zafarse. Se desespera. Su boca se llena más. Cuando ya no aguanta, da un grito desgarrador que se va muriendo lentamente en un llanto. Sonríe. Vuelve a farfullar por lo bajo.

VIII

1679. Taller de Manuel. Es de noche. Manuel duerme en el piso, sosteniendo la herramienta en la mano. Rosario, desnuda, duerme envuelta en viruta. Las tallas repiten, como un eco, las palabras en latín del monje I. Manuel se despierta de golpe, agitado. Las voces cesan. Se levanta y enciende unos cirios sobre la mesa. Despierta a Rosario.

Manuel: ¡Vamos, vamos!

Rosario se levanta y se coloca en su lugar. Manuel prosigue el trabajo. La talla está casi terminada. La acaricia.

Manuel: (A la talla) Tú vai a ser la mais fermosa. Não podrán dejar de adorarte, porque tú, vai a ter alma.

Con mucho cuidado acuesta la talla en el piso. Va a la mesa y toma unos tarritos con pigmentos. Vuelve a la talla y se para sobre ella, con una pierna a cada lado. Se sienta en el pecho de la talla. Rosario se asusta. Él comienza a pintar el rostro de la talla.

Coro de tallas: (En canon) Pedazo de palo...perdida como tú...

Rosario: ¿No debe sentarse así sobre el pecho de Eva?

Manuel se paraliza.

Coro de tallas: ...Eva...no debe... pedazo de palo...Eva... (Ríen)

Manuel se levanta con energía.

Manuel: ¿Eva? (Va hacia la mesa, toma la herramienta y se dirige hacia Rosario) ¡¿O quem têm falado para tú que esta é Eva?!

Rosario retrocede hasta toparse con dos grandes apóstoles en un rincón del taller. El murmullo aumenta.

Coro de Tallas: ...las adora...las posee... como si fuesen mujeres... não son mulheres... não tem corpo...corpo... cuerpo.

Manuel: ¡Ésta es otra perdida como tú!

Manuel se le abalanza y le clava la herramienta en el pecho. Rosario grita. Las tallas silencian. La sangre mana. Rosario mira con terror la herramienta clavada en su pecho. Cae al piso dejando de gritar. Manuel continúa de pie, saltándole los ojos de las órbitas. Arrastra la talla que acaba de hacer junto a Rosario y la coloca encima de ella. Las bocas entreabiertas se rozan. Rosario esboza un "rictus" y se estremece toda. Manuel se seca el sudor. Ríe. El murmullo recomienza.

Coro de Tallas: ... el alma... el alma... voluntad... el alma separada... voluntad...

Manuel se detiene. Mira a las tallas que lo miran amenazante. Los dos apóstoles oscilan yendo hacia él. Manuel empuja la mesa y la coloca como parapeto entre el y las tallas. Al hacerlo derriba los candelabros. La talla de Rosario cae. Las tallas se le acercan. El taller se incendias. Manuel vocifera, queda atrapado en un rincón del taller, se golpea contra las paredes. Las tallas lo sujetan. La talla de Rosario se mueve en el piso. Manuel la mira aterrado. El taller arde.


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