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Fragmento
de Estela de Madrugada de Ricardo Halac Vereda de un café. Estamos cerca de la Avenida Maipú y la
General Paz. Se ve la fachada, un cartel con el nombre, una pared con afiches
pegados. Hay mesas de hierro redondas, pintadas de blanco, distribuidas por la
vereda de tierra, con el típico florero de material plástico vacío y la lista
de precios, prendido del artefacto de propaganda de vermouth. Jorge
está delante de una tacita de café. Es
un muchacho apuesto, de rasgos finos y modales correctos. Viste deportivamente,
pero con elegancia. Ahora está algo impaciente; hojea una vez más el diario
que tiene en la mano y mira distraídamente la hora en su reloj pulsera. Entonces entra Estela. Lo
hace lentamente, con un paso que denota cierta vacilación. Se ha vestido con
esmero y está realmente bonita. El se pone de pie, mientras ella recorre las
mesas vacías con la mirada. Es una tarde seca, terrosa, de una
primavera prematuramente cálida. Una inmensa quietud los rodea. Estela: Usted es Jorge ¿no? Jorge: (Sonriente) ¡ Sí! Cómo le va Estela, se sienta antes que Jorge
llegue a ayudarla Estela: ¡Hace calor! Jorge: (La observa) Sí, está
pesado. (Tímido) Al final, se decidió
a venir... Estela: (Se saca los guantes) ¿Hace
mucho que espera? Jorge: (Vacila. Finalmente se anima a
sentarse. Está ansioso e inseguro) Calcule...Quedamos en vernos a las cinco
y media y son casi las siete. Estela: Ya no tendría que estar aquí. (Pausa)
Lo cierto es que...sólo quería pedirle que no me moleste más por teléfono. Jorge: (Desconcertado) Bueno, si
usted me lo pide...(Sonríe y se cruza de
brazos) Dígame entonces de qué otra forma puedo verla. Estela: Por favor. (Pausa)
Además...me gustaría saber quién le dio mi número. Jorge (Se arrenalla en su asiento) Un
pajarito. No, no...Lo encontré de casualidad, hojeando la guía, una tarde que
estaba melancólico. (La mira, luego
intenta sonreír) ¿Sigo?
Podría decir muchas cosas. Estela: Lo que hace está mal. Jorge: ¡Es relativo! (Sincero) Yo
fui a renovar la póliza del automóvil. Siempre va mamá, que es la dueña;
pero esta vez me obligó a ir a mí, con el cuento que lo uso más que ella. (Pausa)
¿Cómo podía imaginarme que me iba a atender usted?
Después...Lógicamente, quise volverla a ver. Estela: (Pensativa)
Era el último día que atendía en esa oficina. Jorge: ¿Ve?
El azar preparó todo. Estela: No se burle o me voy a tener que ir. Me resultaría muy
desagradable...Usted no se imagina qué lejos estoy yo de todo esto. (Silencio) Jorge: (Impresionado) ¡Está bien!
Entonces...discúlpeme. (Pausa molesta.
Saca cigarrillos) ¿Fuma?
(Estela
asiente) Estela: Me fui de esa oficina porque me ascendieron. Jorge: ¡No me diga ! La felicito. Estela: Sí... así es. Ahora tengo un puesto más alto...más cerca a lo que
yo aspiro. Jorge: (Enciende los cigarrillos,
contento de que la conversación se encarrila) ¿Se puede llegar a ser algo
en esa compañía de seguros ? Estela: (Lo mira. De pronto comprende
con quién habla) Claro...las perspectivas no son muchas.
Pero...ahora gano más...estoy mejor considerada...(Pausa.
Suspira) Escuche, Jorge...En donde trabajo, muchos hombres trataron de salir
conmigo. Pero ninguno lo consiguió. No me extrañaría que alguien, para
vengarse, le haya dado mis datos. Jorge: Soborné al ascensorista. (Se ríe
sin maldad. Después inquieto) Francamente no entiendo por qué le da tanta
importancia al hecho. Quería verla. Pensaba insistir hasta conseguirlo. Estela: (Sonríe. Después) Dígame
quién le facilitó mi teléfono. Jorge: ¡Uff! ¡Está bien! (Se
alza de hombros) Borsatto, el contador. Fuimos compañeros en el Colegio
Nacional. Estela: (Piensa) Cierto... Si después
vi cómo hablaban juntos. Qué tonta no darme cuenta en seguida. (Lo
mira) Borsatto...es casado. No es un secreto para nadie. Sin embargo, mil
veces intentó salir conmigo. ¡Hasta conoce a mi novio! (Silencio
molesto) Jorge: (Carraspea) Para poner las
cosas en su lugar, debo decir que él no tiene la culpa. Yo, insistí...hasta
que le saqué sus datos (Pausa natural) Así
que...tiene novio. Estela: Sí. (Se
miran. Pausa) Jorge: ¡Bueno! Está visto que no tengo suerte. (Deja vagar la mirada alrededor suyo) Por una vez que me gustaba en
serio una chica... Estela: (Sonríe) ¿ Por qué, no
le pasa a menudo ?
Vuelven a mirarse. Estela
no puede evitar la risa, luego se ríen los dos. Jorge: Perdido por perdido, la invito a tomar algo. Así... amistosamente.
Para demostrarle que también puedo ser un caballero. ¿No le agradaría una
copita de jerez?
Es lo que se recomienda en estos casos. Estela: (Divertida) Acepto. Sale el mozo. Jorge se sienta.
Adquiere un aire melancólico. Estela está cómoda y lamenta haberlo
defraudado. Estela: (Señala el diario) ¿Pensaba
invitarme al cine? Jorge: No; pero si quiere podemos ir. (Pausa)
Pensé que ya no venía... Iba a meterme en un cine hasta que se me pasara
el malhumor. Sabe, estas citas frustradas dan mucho fastidio. Momentáneamente,
por supuesto... Pero esta tarde, ya la tenía que dar por perdida. (Estela
sonríe) Ir a estudiar, hubiera sido inútil. Me conozco. No hubiera leído
una sola página. Estela: Estudia Jorge: Sí; arquitectura Estela: (Guiña un ojo) ¿No es un
poco grande para ser estudiante todavía? Jorge: ¡En dónde está escrito que a mi edad ya no lo puedo ser?
(Pausa) Macanas... ya soy grande. Nada mejor
que decirse a uno mismo la verdad. (Se
mueve en su asiento, inquieto) Lo que pasa es que me dejé estar... Llevé
una vida inútil durante años. Hasta que un día me levanté
... me miré frente al espejo la lengua, las caries, las arrugas, y como
quien se perdona la vida me dije "Jorgito... vos, lo mejor que podés
hacer, es terminar tu carrera" ¡ Después Dios dirá ! Estela: Y lo pudo hacer. Jorge: Le puedo asegurar que... hace falta mucha voluntad. Estela: Ahora lo felicito yo. (Jorge la
mira de arriba abajo. Ella prosigue emocionada) Yo siempre quise estudiar...
Papá siempre me alentó. Pero por una cosa u otra... ¡Ojalá me contagiara su
entusiasmo! En este momento, yo tendría que empezar algo diferente. (Se
muerde los labios. Silencio) Jorge: (Cauto) ¿Usted... vive por acá? Estela: (Contenta) ¿Cómo, no le
dieron mi domicilio con los demás informes?
(Se
ríen los dos)¿ Le costó encontrar
el café?. Jorge: ¡No...! Paso seguido por la avenida Maipú. Mamá tiene un chalet en
Vicente López, donde pasa casi todo el año. Justamente, ahora vengo de
almorzar ahí. (Pausa) ¿Quiere que le
sea franco?
Este lugar siempre me resultó un poco raro. Nunca imaginé que hubiera gente
que viviera por aquí. Estela: Sí: nadie se imagina un barrio junto a la Avenida General Paz. La
zona más linda empieza hacia el Norte; por donde usted dijo. Vicente López,
Olivos...(Pausa. Sonríe ) El primer día
Dios hizo este descampado. Al segundo día, una, dos, tres fábricas. Al tercer
día vinieron los obreros y ocuparon esas casitas. Al cuarto día trajo a los técnicos,
y entonces vino mi papá. Al quinto día me hizo a mí, y después descansó
hasta la semana siguiente. (Se ríe
francamente.) Eso lo decía a los quince años, cuando los muchachos me
esperaban a la salida del colegio. (Pausa.
Seria) Papá es técnico de una fábrica de aceite comestible. Ocupa un
cargo de mucha responsabilidad; por eso está obligado por contrato a vivir al
lado. Pero tenemos un chalet muy lindo, con un jardincito adelante... (Se
queda callada). Jorge: ¿Dónde es ? Estela: Allá... Pasando el puente, unas ocho cuadras. Jorge: ¿Y vino a pie?
Estela: Pasa un colectivo, pero
viene cada muerte de obispo. No tengo paciencia para esperarlo...¡Siempre me lo
cruzo, a mitad de camino! Se ríen. Luego se produce un
silencio embarazoso, mientras el mozo deja las copitas de jerez y sale. Estela
bebe un sorbo. Pensativa Jorge: Así es... (Repiquetea con los
dedos sobre la mesa. Amable) El lugar me cae más simpático ahora. Estela: A mí me gusta
este café... Acá tomo el trolebús todos las mañanas cuando voy al centro a
trabajar... Una hora de viaje a la ida y una a la vuelta... Si llego temprano y
no tengo ganas de ir a casa, me siento en una de estas mesas. Hojeo una revista,
pienso en los compromisos del día siguiente... y así hasta que anochece. (Pausa.
Sonríe) Antes era un bar común, con su barra de muchachos y sus
billares... Después empezaron a venir parejas, de esas que van en verano al río;
y lo tuvieron que reformar. (Señala)
Fíjese... Si rasca un poco con la uña, descubre los ladrillos. Antes tenía un
color rosado... Jorge: Lo decoraron con tan poco gusto, que ahora no es bar ni confitería.
Quizá hablo con la pedantería del profesional... pero no puedo ver un sitio así.
¡Me rebelo contra el mal gusto! Estela: Aquí tomé mis grandes decisiones. Cuando me escapé de casa por
tres días, a los dieciseis años. El día que dejé a mi primer novio... (Pensativa)
Todavía no trabajaba. Era libre de día y de noche. ¡Libre! Parece mentira.
Tengo que recuperar algo de lo que era entonces. Silencio. Se oye el ruido de un
tren que pasa lentamente Jorge: Es el tren que va a Tigre. Estela: No; el ramal que va a Don Torcuato. Es un tren de carga...Por esa
zona todo es más fabril... más gris... Jorge: (Se despereza. Sonríe)
Pasa... un lindo aire por aquí. Estela: Es el viento que viene del río.
Acá siempre refresca al atardecer. Fíjese el horizonte: todo rojo. ¿No es un
espectáculo hermoso?
Y de pronto la noche cae encima como un balde de agua. Jorge: ¡Es increíble el campo! Uno siempre está descubriendo viejos árboles...
flores nuevas... (Súbitamente) No sé,
estoy bien en su compañía. (Estela lo
mira sorprendida. Jorge se ríe) Algo me decía que vale la pena insistir
con usted. Estela: ¿Por qué?
No tiene amigos... amigas... Jorge: (Sonríe vagamente) Tengo sí...
Muchos. Quizá. Demasiados. Pero
ahora los estoy perdiendo de vista, a uno por uno. ¿Sabe...?
Ya no me divierten. Es decir... no me apasionan. Además, es como si los
viera... La mayoría va a terminar pronto su rebeldía y va a irse derecho a
trabajar con el padre... Se van a
casar... con una mujer igual a
ellos... Y van a vivir así, siempre lamentándose... ¿Quiere que le sea
franco, Estela?
Yo soy de esos tipos que se pasaron el tiempo esperando algo que realmente los
apasionara. Pero ya no puedo esperar más... Estela: ¿Cuántos años tiene?
Jorge: ¡Treinta y uno! La arquitectura me gusta mucho, pero... no me
enloquece. (Silencio .Se mira las manos) Así
que... cuando volví a estudiar, rompí con muchas cosas. (Suspira) Y siempre... cuando uno da un viraje importante en la
vida... tiene un período en que está solo. Estela: (Constata) Es cierto. Por
eso, a veces...no se tiene coraje. Jorge: Tiene razón... ¿Y sabe por
qué pasa eso?
Porque tenemos miedo a fracasar. A descubrir un día que así como estábamos
antes, no estábamos tan mal. Estela ¡Pero hay que animarse! Sino, ¿qué sentido tiene todo?
(Silencio
tenso. El la mira. Estela sacude su cabello y sonríe) Ahora estoy contenta. Silencio largo Jorge: (Espontáneamente) Mire ¿por
qué no vamos a pasear juntos?
Seguimos esta charla en auto. Estela: (Vacila, después baja la
vista) No, no puedo. Tengo que volver a casa. Papá me espera... Tenía que
salir con él, y prácticamente desaparecí sin decirle nada. Además tengo que
llamarlo a Alfredo. (Sacude nuevamente su
cabello. Sus ojos brillan) Jorge: ¡Vamos, decídase...! Estela: (Se ríe tímidamente)
Usted sabe que quiero ir... pero que no puedo. (
Se para. Jorge la mira) Jorge: ¿Por qué? Estela: (Se ríe) ¡
Por que...! (Pausa) ¿ Por qué? APAGON Fin del fragmento de Estela de
madrugada
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