Fragmento
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Fragmento de la Escena III de Tentempié I de Ricardo Halac

Sector del Escenario que representa el departamento de Mona. Noche.

MONA:  (Ya viene hablando). Me pasa seguido que voy por la calle y estoy en otra parte. Vuelo  ¿entendés? A la mañana por ejemplo, cuando te vas. Yo te despido pero no me levanto. Me quedo en la cama... sueño... Fumo y sueño. No duermo... Es el momento más lindo del día. (Silencio). ¡Me gustó la película de hoy! (Como si hiciera un descubrimiento). Si yo hubiera sido actriz, sólo hubiera interpretado papeles de Tennessee Williams. Blanche Du Bois, o... la loca de "El Descenso de Orfeo". ¿Conocés "El Descenso de Orfeo"? Hay una loca que vive sola y siempre quiere hacer el amor. (Pausa. Triste). Quiere hacer desesperadamente el amor.

RAUL: Viviana... ehm... Son las dos de la mañana.

MONA: No me escuchás.

RAUL: Te escucho, querida. Pero también te digo que ya son las dos de la mañana.

MONA: Siempre ponés cara de entender todo pero nunca me escuchás. Te acabo de decir que quería ser actriz. No te sacudió la novedad. Sin embargo nunca hablamos de eso.

RAUL:      (Se sienta. Está molido). Sí que hablamos...

MONA:      No, no hablamos.

RAUL:      Está bien. Tenés razón.

MONA:      Hablamos de que quiero volar. Pero no me entendés... Te tendría que sacudir oírme decir que quería ser actriz. Porque yo nunca encontré mi vocación. Y sin embargo, siempre quise ser actriz. (El la mira sin reaccionar. Mona se aleja).Claro, para vos no tiene importancia. Vos fuiste... primero a la escuela primaria... después a la escuela secundaria... y después a la facultad. Vos sos un hombre ordenado. Vos siempre supiste lo que querías hacer.

RAUL:   No es verdad. No supe siempre lo que quería hacer. Pero lo busqué Mona. No esperé... volar. ¿Te das cuenta?

MONA:    (No lo oye).En cambio yo me arrastré durante años por los cafés sin saber qué hacer.

RAUL:      No te hagas la mártir ahora...

MONA:      ¡Si es la verdad! Desde los dieciocho hasta los veinticinco me arrastré por los cafés. Escuchando hablar.  Conociendo gente rara. Que se dedicaba al teatro, que quería hacer la revolución. Cambiando de novio... cada seis meses. (Silencio). Eso no es verdad. Algunos me duraron un año. Y hubo uno que me duró un año y medio.

RAUL:      Te felicito.

MONA:    (Se sonríe). Y al final te conocí a vos... y me casé. Qué divertido, ¿no?

RAUL:    Confundís todo a propósito, Mona. Creés que el mundo está contra vos. Y sin embargo las cosas no son fáciles para nadie. (Pausa). Miráme a mí.  Vos sabés que ahora estoy relegado en un laboratorio donde sólo aprovechan el cinco por ciento de lo que puedo dar. Y que nunca pude dedicarme a la investigación, que es lo que siempre quise. (Silencio. Ella lo escucha).  Cuando me echaron de la Universidad, no sabía qué hacer. Algunos de mis compañeros se fueron al exterior, otros empezaron a trabajar en política. Yo me quedé sin poder decidirme a nada, con unas depresiones que me tiraban por el suelo. Pero no me dejé aplastar por eso, Mona. Sé que valgo y que algún día se me va a dar. (Pausa. Sincero).Es por eso que no puedo ver que no hacés nada por vos. Desperdiciás tu tiempo. Tu talento... tu vida.

MONA:      Así que sos un creador... como Juancho...

RAUL:      Los poetas no son los únicos que crean cosas.

MONA:      ¡Raúl, el poeta de la ciencia...!

RAUL:      ¡Dejate de joder!

MONA:      Entonces tenemos algo en común. ¡Vos también sos un frustrado!

RAUL:      (Sombrío). Lo que pasa es que vos tampoco me escuchás. Sólo te escuchás a vos misma. Sos como un disco que se repite... y se repite...

MONA:    ¿Ah, sí? ¡Muy bien!(Hace un gesto amplio con la mano y se sienta espectacularmente). A ver... hablemos. Hablemos un poco de lo que escucho y de lo que no escucho. De lo que vos escuchás... y no escuchás. (Lo mira con una sonrisa triunfal). Hablemos.

RAUL:      Viviana... son las dos y cuarto. Mañana trabajo.

MONA:      No entiendo. ¿No te das cuenta de lo que está pasando entre los dos? ¿Cómo podés pensar en este momento en el despertador?

RAUL:    Escucháme... Tengo un trabajo que muchos quisieran tener. Vivimos de él, Viviana. Sería bueno que lo recordaras de vez en cuando.  

MONA:      (Pausa. Fría). Está  bien. Andá a acostarte.

RAUL:      (Sacude la cabeza) No... Vamos a acostarnos.

MONA:      ¡Pero si yo no quiero acostarme! ¡Yo quiero hablar!

RAUL:      Viviana... ¿Hoy decidiste no dejarme dormir?

MONA:     Pobrecito... ¿No te das cuenta que yo no voy a pegar los ojos de ninguna manera? (Pausa. Da unos pasos. Siente un escalofrío) Hoy... toda la gente de la noche que conocí se levantó para enjuiciarme. Quiere dejarnos, me dicen, para irse a vivir con el marido a un chalet lejos de la ciudad. ¿Inocente o culpable? ¡Culpable! ¿De qué? ¿Nadie me responde...? (Se lleva a una mano a la oreja). De abandonarnos por él.

RAUL:      Acá sola todo el día te volvés loca... Ahora te sentís enjuiciada...

MONA:     (Callándolo). ¿Cuál es el castigo? Lo están pensando. Nadie se va de la noche sin pagar un precio...

RAUL:      Hablás de tipos que no ves más, que sé se fueron, no existen. Que vuelven como fantasmas a señalarte con el dedo...

Ella da unos pasos. Raúl se desabrocha la corbata y cierra los ojos, cansado.

MONA:      ¿Dónde está el whisky?

RAUL:      Es tarde, Mona...

MONA:      Un traguito nada más.

RAUL:      (Para sí). Vos no tenés salvación...

MONA:    ¿Eh? (Alto). ¿No vamos a conversar acaso? Yo entendí eso.

RAUL:      Conversar... ¿cuánto? (La mira con una mueca).

MONA:   (Levanta una manta del placard y saca una botella de

whisky). ¿Siempre escondés la botella en el mismo lugar?

(Se sirve). ¿Eh? ¿Qué decís? ¿Conversar cuánto? Un ratito...

RAUL:    Conozco los ratitos tuyos... (Mal). ¿De qué sirve hablar con vos? No me vas a escuchar nada, y encima vas a decir que te entiendo todo al revés...

MONA:   Y si pruebo hablarte al revés, ¿eh? (Bebe). A lo mejor... así me entendés al derecho. (Se rie. Pausa). En serio. Raúl, ¿me querés decir qué hacemos los dos juntos? Vos vas todo el tiempo muy serio y no hay nada que te haga cambiar de cara. En cambio yo... Yo siempre gocé dejándome llevar por la marea. ¡A mí me gusta volar! Ya te lo dije.

RAUL:    Acá yo no puedo pensar, Mona. Este viaje de dos horas todos los días no tiene sentido...

MONA:  (Bebe. Pensativa). Me aburrís. ¡Cómo me aburrís, Raúl! ¿No  ves que esto no anda?¿Por qué no nos separamos? ¿Hacés tu valija y te vas?(Silencio. Mona cierra los ojos. El por un momento parece que ronca). Hoy quería ir a bailar... Por eso estoy así. ¡Yo me conozco! 

(Suspira. Da unos pasos canturreando). Bailar... Se necesita un hombre al lado para eso. Un hombre, no un tubo de ensayo. Andáte, Raúl.

Por favor... (Atenta a su inmovilidad). ¿En qué pensás?

RAUL:     (Despertando). ¿Eh?

MONA:      Sí. ¿En qué estás pensando ahora?

RAUL:      En nada.

MONA:     (Se sirve más de beber). ¿Ves cómo nunca me decís lo que pensás?

RAUL:      Terminá, Viviana.

MONA:      No, no me lo decís. No me lo decís, no me lo decís...

Silencio. Hay algo en la actitud de el que finalmente la frena.

RAUL:      Hay que tener mucha paciencia para quedarse quieto, mientras vos largás una cosa detrás de otra.

MONA:    (Tocada). ¿Ves cómo vos tampoco me decís lo que pensás? (Se ríe). Es divino. No sé a qué jugamos, pero es divino.

RAUL:    ¡Si sólo supiera por qué te empeñás en arruinar todo!

MONA:      Conseguí sacarte de tus casillas, ¿eh Premio Nobel?

RAUL:      ¿Qué te pasa, Viviana? ¿Qué te hago que me tratás así?

MONA:      ¡Oh! ¿Ahora te vas a poner enternecedor?

RAUL:      No entiendo. Si hace apenas dos meses que estamos casados.

MONA:   Pero tres que vivíamos juntos. Tres que nos conocemos. Dos que estamos casados. Tres, dos, tres.

RAUL:      Sí. ¿Y qué hay de malo en eso?

MONA:      Nada.

RAUL:    (Silencio). ¡Estúpida!(Ella lo mira sorprendida).Ahora es mi seriedad lo que te preocupa. (Silencio. Se acerca a ella). ¿Qué pasaría si hiciera lo mismo que vos? Abandonarme. Jugar al desorden. (Sarcástico). Mientras afuera... hay orden. Nos ponen en orden. (Pausa. La mira).¿Te lo preguntaste alguna vez? Qué pasaría, ¿eh?

MONA:    ¿Me amenazás? ¿Un poeta de la ciencia amenaza a su mujer?

RAUL:      Hay momentos en que te mataría.

MONA:   Ponéte el uniforme. ¡Dale...!(El se contiene como puede). Por momentos sos parecido a los militares que te echaron.

RAUL:      No me extrañaría.

MONA:      ¿Ah, no?

RAUL:      Pero contestáme. ¿Pensaste alguna vez en lo que te dije? ¿No? Es una pena. Porque entonces te darías cuenta de que el problema no está en mí, sino en vos. (Ella lo sigue atónita). ¡Un hombre para bailar! Me gustaría saber con quién vas a armar pareja ahora.¿Con alguien como vos, que te consienta todo? Ya probaste y no marchó.

MONA:      (Repite como un disco). Ya probé y no marchó.

RAUL:     ¿Un hombre como yo que quiere llegar a algún lado? No te sirve porque te aburre. ¿Entonces? (Silencio). ¿En qué vas a terminar, Mona?

MONA:    (Seria). Yo tengo que vivir sola.

RAUL:    ¡Es justamente lo que no podés hacer! Enseguida vas a caer en lo de antes. En lo que estabas cuando te conocí. (Sacude la cabeza). Independientemente del hombre con quien vivas, vas a tener que ocuparte de vos, Mona. Organizarte. Vivís en un desorden que mata y no lo querés ver.

MONA:      ¡Insistís en planificar mi vida! Como tu fábrica, ¿eh, Premio Nobel? Pero mi vida no se puede planificar.

RAUL:   Hacé un esfuerzo, Mona. Se hace muy cuesta arriba seguirte cuando te ponés así.

MONA:    Seguirme, ¿para qué?(Se encoge de hombros). Además, todas mis relaciones fueron siempre iguales. Primero hicieron así... (Eleva la mano con la punta de los dedos hacia arriba), después así... (La coloca plana), y después... (Baja la punta de los dedos). En picada.(Silencio. Sincera). Yo no sirvo para nada, Raúl. Es lo único que hay que ver aquí.

RAUL:      No es verdad. Recién dijiste que querías ser actriz.

MONA:      (Risita). ¡Esas son cosas que digo porque estoy loca!

RAUL:      ¡Mentira! Sos inteligente, linda...

MONA:      Nunca nadie quiso ver lo que tengo adentro.

RAUL:      Excepto yo.

MONA:      (Pausa. Lo mira). Vos me querés encerrar en un lugar.

RAUL:    (La sacude). Decíme, ¿vos te regodeás con lo que te pasa? ¡Terminá de hacerte la interesante!

MONA:    ¿Interesante?(Busca la salida usual, la risita, la mueca, pero no puede. explota). ¡Ojalá estuviera muerta!

RAUL:      ¡No digas eso! (La abraza).

MONA:      (Pausa. Ronca). ¡Vos sí que sos algo increíble! Yo te jorobo, te hago la vida imposible...  y en vez de tirarme por la ventana... tratás de salvar la relación. (Llora). ¡Eso es lo que me hace sentir peor de todo!

RAUL:      (Agotado). Yo... sólo quiero ayudarte. Eso es todo.

MONA:      (Le pasa una mano en el hombro, sonríe apenas). Premio Nobel, hombre fuerte, querer a Mona, mujer débil...

RAUL:      (Sonríe él también). No te hagas la tonta...

MONA:    No me hago la tonta. Me hago la india. Me falta una pluma.

Se ríen los dos. El la besa y ella se abandona un poco en sus brazos.

RAUL:      Me gusta tu olor...

MONA:      (Amodorrada). Qué olor... si yo no tengo ningún olor...

RAUL:      Sale de vos... cuando te acaricio...

Una calma, esa calma tan deseada, los invade por un segundo. después se oye un silbido penetrante, que suena nítido para los dos.

Fin del fragmento de Tetempie I

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