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Fragmento
de Un Trabajo Fabuloso de Ricardo Halac Primera
escena Un viejo mostrador de un bar de barrio, sobre el que Vicente está
haciendo un enorme paquete. Tiene unos 50 años. Entra Francisco vestido de
mujer, con peluca y cartera. VICENTE: (de espaldas) ¿Quién es? FRANCISCO: ¡Francisco! (Se
acoda en el mostrador, preocupado. Se rasca el pié, con el taco alto del otro
zapato. Sus movimientos y su voz son los de un hombre, a menos que se indique lo
contrario) VICENTE: ¡No sabés la odisea que
estoy viviendo! FRANCISCO: ¿Qué
te pasó ahora? VICENTE: Anoche jugó San Lorenzo, ¿no?
Hice cien sandwiches para vender a la salida de la cancha. ¡Y no vendí ni
tres! (Pausa. Empieza a atar el paquete) ¡Cómo
cambiaron los tiempos...! ¡Antes terminaba el partido y el café se llenaba así! FRANCISCO: ¿Y estás empaquetando? VICENTE: ¡Los sandwiches de ayer! ¡Son
cien especiales de jamón y queso! No
los voy a tirar, ¿no? Se los voy a ofrecer a un pibe que cumpla años, o a un tipo que haga su
despedida de soltero. (Pausa. Mira el
paquete) Bah, hago precio por el lote. (se
da vuelta. Queda petrificado) ¡Francisco! ¿De qué te disfrazaste?
FRANCISCO: ¡De nada! Vicente
rie. Francisco aguanta tranquilo el chubasco. VICENTE: A ver ¿qué trabajo te
conseguiste ahora? ¿Vas a hacer de reina de la primavera en una galería de Flores ? FRANCISCO: ¡No! VICENTE: Contáme...¿Le hacés
la promoción a esas clínicas que cambian de sexo? FRANCISCO: No, esta vez me voy a
cambiar yo. VICENTE: ¿Vas a cambiar vos?
(Burlón) ¿Te
vas a hacer mujer? FRANCISCO: ¡No, mirá si me voy a
hacer marciano! (Da unos pasos. Vicente
calla, inmóvil.) A ver, servíme algo. VICENTE: ¿Qué querés tomar? FRANCISCO: (Sonríe, repentinamente amanerado) Hoy me levanté con un
antojo...Quiero un Peppermint frappé. ¡Me dijeron que está de última moda! VICENTE: ¿Peppermint
frappé? FRANCISCO: Si, con una guinda en el
borde de la copa VICENTE: ¡Muy bien, señora!
¿O señorita...?
(Preocupado) A
mí no me engañás, a vos te pasa algo. Ahora que me acuerdo, hace cinco días
que no aparecés ni por aquí ni por tu casa. (Grita)
Francisco, ¿qué te hiciste? FRANCISCO: ¡Compórtese! (Le
da un carterazo en la cabeza que lo hace trastabillar) ¡Que bar más
atorrante, hasta los mozos la manosean a una! (Se
arregla el vestido) ¿Acá hay un baño...? VICENTE:
¿Qué baño? FRANCISCO: ¡De damas! Seguro que lo
tienen lleno de botellas, como en todos estos lugares de porquería. (De
pronto lo atrae de la camisa) Mozo, ¿y el pedido que le hice? ¿Se va a quedar ahí toda la mañana, mirándome ?
(Lo empuja al otro lado del mostrador. Su tono amanerado contrasta con su
fuerza física. Vicente lo espía mientras prepara la bandeja. Adelante,
Francisco se arregla los pliegues del vestido, el peinado, y prueba en qué mano
la cartera le queda mejor) ¡Ah...! Ahora tengo un futuro por delante. Se terminó esto de correr de
un lado a otro, sin tiempo para ver a la familia ni plata para nada. (Sonríe con malicia) ¡A mí no me joden más! Ahora hay gente
pensando cómo aprovecharme mejor. Y después...¡me van a llover ofertas! ¿Qué
me deparará el destino...? ¡No puedo más de los
nervios! Y todavía no aprendí cómo se lleva la cartera. (Da unos pasos inquieto. Varonil:)¡La puta que lo parió, estos zapatos
me sacan ampollas! (Sorprendido) Todavía me sale voz de hombre. Paciencia,
Francisco, las hormonas están haciendo su trabajo...(Suspira de nuevo) Tengo que aprender modales. Cómo conducirme. (Juega)
"Chicas, ¿qué tal?"
(Tira besos) "¡Ya voy; espérenme,
no me dejen sola"! (Ríe como una
mujer casquivana, Vicente se acerca en ese momento y Francisco, sin querer, le
tira la bandeja. Sólo se salva la botella) ¿Qué ibas a servir? VICENTE: No sé... FRANCISCO: (Le saca la botella de la mano) ¡A ver, soltá! (Es
una botella de ginebra. Agarra un vaso del suelo y se lo sirve. Lo vacía de un
trago. se siente mejor.) VICENTE: (Lo
toca con precaución) Esa ropa...¿de dónde la sacaste?
FRANCISCO: ¡La compré en una
boutique! ¿Por qué, no me queda bien? (Se
exhibe delante de el) VICENTE: ¿Qué va a decir Lidia, tu
mujer, cuando te vea así ? FRANCISCO: (Serio) No sé, me tendría que poner en el lugar de ella. VICENTE: ¿Y tus hijos ? FRANCISCO: Hace cinco días que no
los veo. (Sombrío se sirve otra copita) Por
eso también volví. VICENTE: (Ensaya
otro camino) Francisco, nos conocemos desde que éramos así... FRANCISCO: ¡Cuidado con esa manita! VICENTE: A los veinte, te levantabas
las mejores minas. No había nadie que gambeteara como vos... FRANCISCO: ¡Ni va a
haber! VICENTE: ¡Eras tan famoso que los
muchachos te imitábamos hasta la forma de caminar! FRANCISCO: ¡Ahora mejor que ni lo
intenten! (Camina como una mujer) VICENTE: ¿Qué nueva desgracia te
pasó, Francisco? (Apoya
la cabeza sobre su hombro) ¡Qué cruz de tu familia! FRANCISCO: Es un sentimental este
muchacho. Ve una mujer y se le pone a llorar en el pecho. VICENTE: ¡Dejáme de joder, sos todo
un hombre vos! FRANCISCO: Ya está, me hizo saltar
una lágrima. Una también es sensible, ¿no?
¡Un espejo! (Saca un pañuelo y se limpia
los ojos) Y sí, todo tiempo
pasado fue mejor! Por ejemplo, cuando nació Virginia. Lidia estaba tan hermosa
con la bebita en brazos. ¿Y cuando nació Diego? ¡Teníamos la parejita...! Pero ¿qué estoy diciendo?
¡Si ahora soy feliz! ¡Un futuro maravilloso se abre delante de mi! VICENTE: Vas a cambiar de sexo...¿de
verdad?.
FRANCISCO: Estoy sufriendo una
transformación espiritual...y física...que hará de mí una dama de
promisorias condiciones. VICENTE: ¡Pero si recién te salió
voz de hombre! FRANCISCO: ¡Boludo! ¿Te creés que
un cambio así se hace en dos días? VICENTE: ¿Y por qué te vestiste de
mujer? FRANCISCO: ¡Para ir ganando tiempo!
¡Me pasé la vida llegando tarde a todas partes! ¡Basta!
¡Ahora el piola soy yo! (Silencio.
De pronto le clava la mirada) Vicente... VICENTE: (Siente
un frío que le recorre el cuerpo) ¿Sí...? FRANCISCO: ¿Sabés qué sensación
se siente cuando se entra en este bar? VICENTE: ¿De mierda, no? FRANCISCO: (Avanza hacia él) Decíme...¿hasta cuándo pensás empaquetar
sandwiches de ayer?
(Lo acaricia, lo saca a bailar) Sos
joven todavía... VICENTE: ¡Recién cumplí cuarenta y
ocho años! FRANCISCO: ¿...ya no querés triunfar? VICENTE: ¿Quién, yo?
¡Con alma y vida...! FRANCISCO: ¿Y qué estás dispuesto
a hacer para conseguirlo? Miráte: el delantal sucio...sin afeitar... VICENTE: ¿Qué querés que haga?
¿Qué venda el bar...? FRANCISCO: Ahora una piba de veinte años
hace la calle, porque está parada las mismas horas que hace cola buscando un
empleo, y así al menos consigue un mango. ¿Qué esperás, que te den un premio
por televisión por ser honesto? (Lo
palmea con fuerza. De pronto se oyen voces, cada vez más fuertes. Vicente corre
a mirar) VICENTE: ¡Se acerca un montón de
gente! LIDIA: (Desde
afuera) ¡Francisco! VICENTE: ¡Tu mujer viene a la
cabeza! FRANCISCO: (Se retoca el peinado) ¡Y yo con estas mechas! VIRGINIA: (Se
oye su voz) ¡Papá! VICENTE: ¡Tenés toda la familia
afuera! FRANCISCO: Llegó el momento difícil.
¿Cómo le explico a mi mujer que ahora soy mujer?
(Saca un espejito de la cartera y se arregla. Vicente lo mira
trastornado. Los gritos crecen) LIDIA: (Desde
afuera) ¡Francisco, se que estás ahí! VICENTE: ¡Ya va, ya va! ¡Tengan
paciencia! ¡Enseguida sale! FRANCISCO: Es la ventaja del polvo
facial...¡una se mete un poco y parece otra! VICENTE: (Tose.
El ambiente se llena de polvo) ¿Qué hacés?
¡Salí por atrás ! FRANCISCO: ¿Por qué?
¿Vos creés que tengo vergüenza?
(Se pone en pose) ¡Hacélos
pasar! VICENTE: Acá no los recibís, ¿me oíste...? FRANCISCO: ¡Nunca supiste tratar a
una dama! VICENTE: ¡Si entran me destrozan el
bar! FRANCISCO: ¡Guarango, grosero! (Sonríe
y le agita la mano) Adiós simpático. ¡Hasta prontito! (Sale
arreglándose el pelo. Llega el grito terrible de Lidia y Vicente lo sigue agarrándose
la cabeza) Fin de la primera escena de Un trabajo fabuloso
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