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Fragmento de ¡Viva
la anarquía! de Ricardo Halac 1ª Escena - La
acción sucede en Buenos Aires, en las primeras décadas del siglo, en un barrio
de conventillos. En escena, una calle con un tranvía vacío. La
madre y la hija colocan crespones negros en un costado del tranvía y encienden
velas. Se
oyen a bajo volumen los primeros acordes de una marcha fúnebre y aparecen
cuatro obreros, con sus sacos humildes, sus gorras y sus expresiones severas de
lucha, llevando sobre sus hombros una tabla a manera de ataúd, donde va
acostado Simón. Caminan a paso lento y acompasado, tocando la marcha con sus
armónicas. Aparece
Nicolás, el hijo, con un gran pañuelo en la mano, sonándose la nariz. Es
joven, va bien vestido, tiene el pelo engominado y un bigotito a la moda. Camina
con pasos pequeños y nerviosos. NICOLAS:
(Les va indicando el camino mientras estornuda). ¡Por
acá! A ver, por acá. ¡Abran paso! ¿Mamá, la casa quedó sola? ¿Y si
alguien viene a dar el pésame o manda un telegrama? ¿Sonia, vos no sabés
nada? ¡Dejá esas velas y respondéme! SIMON:
Nicolás... NICOLAS:
Vos, calláte. SIMON:
¡Tendrías que llevar una manija! NICOLAS:
¡Dejá de hablar, papá! (A los obreros). Cuidado con el escalón
al subirlo. SIMON:
(Burlón). ¿Qué pasa..., no aguantás mi peso? NICOLAS:
¡No! ¡Sí! ¿Ustedes, por qué se paran? Miren para adelante.
Cuidado con la vía del tranvía... SIMON:
(Inmóvil, ahí arriba). ¡Debilucho! NICOLAS:
(Golpea un costado del tranvía, impotente). ¡Y me sigue
provocando! María,
la madre, se acerca, arrebujada en su mantón negro. Es la imagen del
sufrimiento. Le acaricia una mejilla. MADRE:
Qué te pasa, Nicolás... NICOLAS:
(Le aprieta la mano). Mirá cómo estoy. (Tose). SONIA:
(Menospreciándolo). ¡Resfriado! SIMON:
(Ríe). Parece un pollo mojado... Los
obreros festejan su broma. Simón se sienta en la tabla y lo mira. NICOLAS:
¿Qué hacés ahí? ¡Andá para adentro, papá! SIMON:
¡Cagón! NICOLAS:
¡No me faltes el respeto! Y menos delante de los demás. (La
madre trata de calmarlo).
Toda la vida fue lo mismo. Nunca pensó que soy una persona con sentimientos
propios. Aparece
Ramón. Es joven, simpático, tiene bombachas, alpargatas, una boina ladeada, y
una flor en la oreja. RAMON:
¿Qué pasa acá, che? ¿Es un acto político? Uy, no... Es un velorio.
Me equivoqué fulero... Aparece
Cora, una vecina de la edad de María. CORA:
El conventillo está de luto. (Pone flores por todos lados).
Acá vivía una familia, ahora vive la mitad. Porque cuando se muere el hombre,
es como si se llevara el aire de la casa. ¡Si lo sabré yo! A mi marido se le
cayó un bulto encima descargando un barco. Pero no se fue. (Se persigna y
sonríe). Siempre me habla cuando lo necesito. De noche, sube del agua en burbujas,
entra por la ventana y me hace caricias en el cuello. Espera a que me duerma,
besa a los chicos y se va. (Termina de ubicar las flores. Los mira). Acá
cada uno profesa su fe política, pero todos lavamos la vereda. Y nos turnamos
para colgar la ropa en el patio. Por eso entiendo
el dolor de mis vecinos. (A los anarquistas). ¡Buenos días! ANARQUISTAS:
Buenos días... CORA:
Veo que algunos vienen de muy lejos. (Le arregla la bufanda
a uno). ¿Gustarían
de una galleta marinera? RAMON:
¿Doña, no puede ser con una taza de mate cocido caliente...? CORA:
Voy a ver qué puedo hacer. Los que necesiten ir al baño, pueden entrar
al conventillo. MARIA:
Gracias, Cora... La
vecina sale. El joven se acerca a los anarquistas. RAMON:
Simpática la doña.(Se acaricia la barriga). Me quedé sin
trabajo ayer.(Señala a Simón). ¿Murió de muerte natural, o tajeado en
un entrevero? (Lo miran con mala cara). Bueno, no se pongan así... Nicolás
estornuda de nuevo. NICOLAS:
Estoy enfermo. No me tenía que haber levantado de la cama. SONIA:
(Escandalizada). ¿Nicolás... hubieras faltado por un resfrío al
entierro de papá? SIMON:
Ay, qué mal me siento... Estornuda
burlonamente. Los obreros ríen. NICOLAS:
¡Basta, papá...! SIMON:
El anarquismo... es salud. En armonía con la naturaleza. (Alza
el puño). ¡Viva
el anarquismo! ¡Ja, ja! LOS
OBREROS: ¡Viva...! RAMON:
¡Viva! (A Sonia). ¿Qué es el anarquismo? SONIA:
(Lo mira de arriba abajo). Una ideología política. RAMON:
Explíqueme. Por usted, me dejo adoctrinar. MARIA:
(A Nicolás). Estás a la miseria... NICOLAS:
No importa, mamá. (Se limpia la nariz, gime). ¡Vamos! ¡Apuren
el paso! El
cortejo avanza. La marcha fúnebre vuelve a oírse. Dios...
¿Cuándo voy a terminar de enterrarte...? SONIA:
Nunca... (Va hacia él, reprendiéndolo. casi reverencial:).¡Nunca vas a
terminar de enterrarlo! ¡Es papá...! NICOLAS:
"¡Es papá...!" ¡Como si uno pudiera olvidarlo! "¡Es
papá..., no hables alto, porque duerme!". "¡Es papá..., si
preguntan por él decí que no está..., lo busca la policía!". SIMON:
¡Mueran los traidores! (Lo apunta con el dedo y tira). ¡Pum! ANARQUISTAS:
(Lo apuntan todos). ¡Pum! NICOLAS:
(Se asusta). ¡Ay! (Simón se ríe). Muy gracioso lo tuyo... ¿Terminála
con esos chistes, querés? SIMON:
¿Qué me pariste, María Fedorovna? Tanto soñarrr... cuando ibas
embarazada de aquí para allá... con un muchacho fuerte, que tomaba la antorcha
del anarquismo y la llevaba adelante... y al final salió esto. (Madre e hija
caminan
atareadas, pensativas, sin decir nada).
¡Yo quería un hijo como yo! NICOLAS:
(Rechinando los dientes). No tenés derecho. Te pago un entierro a tu
gusto, pensando que hago tu última voluntad, y no sos capaz de apreciarlo! SIMON:
Se confirmaron los temores sobre mi hijo Nicolás... ¡ahora,
es un chancho burgués! Al
pasar junto a él le hace cosquillas en la cara, le desarregla la corbata, ríe.
Los obreros festejan ruidosamente. NICOLAS:
¡Mirá papá que cuento todo y se arma la gorda! MARIA:
¡No, Nicolás! NICOLAS:
(Se arregla la ropa). ¡No eras ningún santo, vos! SONIA:
¿Qué tenés que decir de papá...? Era íntegro. No se puede decir lo
mismo de los que lo engañaron y traicionaron. El
cortejo sube al tranvía. La madre besa las mejillas de Nicolás y lo mira a los
ojos. Es su hijo preferido. MARIA:
Pobre Nicolás... No durmió en toda la noche... SONIA:
Terminála con él. ¡Yo tampoco dormí, mamá! Los
obreros llevan de nuevo las armónicas a sus bocas. La marcha fúnebre crece en
volumen. Simón los acalla con un gesto. Es un hombre flaco, adusto, de pelo y
barbas blancas. Tiene un acento ruso que aparece en el manejo de las erres. SIMON
: Escuchen, ustedes, que vinieron a mi última
presentación en público. Lo que para unos es tristeza, para otros es
alegría. El hombre de levita o de sotana, festeja cuando uno de los
nuestros muere, se vende, o va a la cárcel. (Alza los puños al cielo en
protesta). A ese, yo le digo que no se alegre tanto. ¡Porque por un
viejo que se va, diez jóvenes se ofrecen para distribuir nuestros panfletos! TOMAS:
(Tira la gorra al aire). ¡Viva la anarquía, carajo! ANARQUISTAS:
(Aplauden). ¡Viva! ISABEL:
(Repartiendo panfletos). Aprendan, hermanos... anarquía no es
crimen, como dicen... ¡Al contrario, es amor! RAMON:
(A Sonia, leyendo). ¿Eso es la anarquía? SIMON:
¡Abajo el capital! ANARQUISTAS:
¡Abajo! NICOLAS:
¡Aplauden cualquier barbaridad que sale de tu boca! RAMON:
(Juega con su flor en la oreja). Me gusta la anarquía. Morocha. NICOLAS:
¿A ver, por qué abajo el capital? (Silencio). ¡Quiero saber! MARIA:
Calmáte. NICOLAS:
¡Salí, mamá! ¿No ves que el capital levantó este país? RAMON:
(Ríe). Se calientan ustedes por la política... NICOLAS:
Siempre lo escuché como en un sueño. ¡Pero ahora me cansé y
se lo quiero decir! PAULA:
¡Viva Bakunin! ANARQUISTAS:
¡¡¡Viva!!! NICOLAS:
¡Viva el capital inglés! (Silencio). Se callan. Porque no saben. (Tomás
silba). ¡Se burlan! El capital inglés construyó ferrocarriles, frigoríficos,
puertos. Habría que ponerle el nombre de Canning a una calle de la ciudad. ¡Como
dicen algunos, si flameara la bandera inglesa en los edificios públicos no
tendríamos más problemas! SONIA:
¿Qué decís, Nicolás...? NICOLAS:
No veo por qué se sorprenden. ¿Acaso ustedes no quieren izar una
bandera roja? TOMAS:
¡Sí! ¡Y cantar nuestra propia versión del himno! PAULA:
¡Cantemos hermanos! ISABEL:
¡Sí, mostrémosle! ANARQUISTAS:
"Oid mortales el grito sagrado de Anarquía y Solidaridad. Oid
el ruido de bombas que estallan en defensa de la Libertad"... RAMON:
¿Con lo que costó aprender el otro, ustedes me lo cambian? La
madre esconde la cara en un pañuelo y solloza. SIMON:
Paren... no quiero causar más dolor... NICOLAS:
Esto es lisa y llanamente increíble. Siempre fue un provocador, nunca
estudió nada... MADRE:
¡Nicolás, basta! (Va a él, le cuchichea). Vos sabés que pienso
como vos. Pero este no es el momento. NICOLAS:
No voy a polemizar con vos porque ella me lo pide. ¡Y porque no tenés
nivel! (Se lleva la mano de la madre a la frente).
Fijáte, tengo fiebre. Ya sé lo que busca... ¡Que me agarre una pulmonía y me
muera yo también! SONIA:
Cómo podés decir eso... Es tu padre... NICOLAS:
Para él, no soy su hijo. Soy su enemigo político. SONIA:
¡Nicolás, te están mirando! NICOLAS:
(Preocupado, mirando a todos lados). ¿Quién...? ¿Quién me mira? SONIA:
¡Los obreros! Los compañeros de toda una vida de papá, los que nos
sentaron en sus rodillas, cuando éramos chicos, y nos enseñaron a pensar... y
que ahora te ven llorar así... NICOLAS:
¡Esos que nombrás están todos muertos! O se retiraron, cansados de papá.
Que por supuesto antes los "expulsó", acusándolos de traidores. ¡Sólo
veo cuatro jóvenes aquí, Sonia! RAMON:
Conmigo, cinco! (Se toca la gorra). Mucho gusto. O mejor dicho,
los acompaño en el sentimiento. (A los otros). Qué papelón... SONIA:
¡Estos! ¡Los que sean! Hicieron un alto, en memoria a papá... y se dan
cuenta que todo el tiempo querés llamar la atención... querés que se ocupen
de vos... NICOLAS:
¡No! SONIA:
¡Yo te lo pido, Nicolás! Por una vez olvidáte de tu salud, de tu ropa,
de tu precioso tiempo... NICOLAS:
¡Por una vez! ¡Je! ¿Acaso hicimos otra cosa que ocuparnos de él toda
la vida...? ¿Y querés saber por qué estoy enfermo? ¡Porque ahora me acuerdo
de todo lo que pasamos juntos! MARIA:
Querido, te pedí que te calmes. NICOLAS:
¡No me calmo nada! ¿Y si alguien me ve acá? ¿Rodeado de obreros que
gritan Viva Bakunin? ANARQUISTAS:
¡¡¡Viva!!! NICOLAS:
¿No ves? ¡En dos minutos pierdo el puesto que conseguí con
tanto trabajo! (Se vuelve a los obreros).Sepan que hay leyes contra los
extranjeros que atentan contra nuestras instituciones... SONIA:
A papá ya no pueden deportarlo... ¡Llegó adonde puede decir y hacer lo
que quiera! NICOLAS:
¡No sé! Se
limpia la nariz, asustado, mientras Simón, al ser depositado
en el tranvía, se desliza por la tabla y cae de pie, muy tieso, con las manos
pegadas al cuerpo. De pronto cobra vida, movimiento, y habla al público como en
el palco de un acto político. SIMON:
¡Camarradas! Ustedes, que son hijos de vascos lecherros, de gallegos
changadorres, de italianos almacenerros... NICOLAS:
Me conozco tus discursos de memoria, papá... ¡Ahora vas a pasar el mensaje del
crisol de razas! SIMON:
¡Sepan que junto con los valientes crriollos nacidos aquí, vamos a
hacer la gran Argentina! PAULA:
¡Sí...! TOMAS:
¡Viva la Argentina...! TODOS:
¡¡¡Viva...!!! APLAUDEN
CON FERVOR. Fin del fragmento
de Viva la anarquía
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