Fragmento
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Fragmento de Frida Kahlo, la pasión, de Ricardo Halac 1ª Escena -

En la penumbra aparece una mujer vestida con una falda larga.

MUJER: Miro sus caras... y en un sentido, son iguales a todas las que vi en mi vida. ¿Acaso no tenemos los mismos sueños? ¿No nos enojamos por las mismas cosas? ¿Entonces, qué nos separa? ¿El tener más o menos dinero? ¿El poder? (Silencio. Sonríe). Debajo de la piel nos late el mismo corazón. Somos partes de un mismo cuerpo. ¿Si la naturaleza es una sola, igual en todas partes, por qué inventamos las fronteras? ¡Tirémoslas abajo! El día que compartamos todo, seremos ricos. ¡Ricos de verdad!

Da unos pasos, tratando de que su renguera no llame la atención. Atrás, lentamente, se ilumina el cuarto de Frida Kahlo, en su casa azul de la ciudad de México.

Ustedes se preguntarán por qué camino así. Mi vida está marcada por grandes penurias. Sin embargo, lo que más recuerdo de mi juventud es el descubrimiento del amor. El encuentro con el hombre que dio sentido a mi vida. Y después, el profundo odio que sentí cuando vi cómo trabajan los campesinos en México. Comprendí que mientras haya hombres que reciban un trato así, es imposible que la humanidad sea feliz.

En las sombras podemos adivinar algunos objetos: un mural en elaboración, una mesa, un caballete con una tela con una cara en blanco. La mujer da unos pasos.

Quizás en otra época hubiera sido sólo una artista. Dicen que condiciones nunca me faltaron. Pero siento que mi talento tiene que estar al servicio de todos. Como dice el hombre que amo: de la creación de un nuevo mundo.

La mujer suspira. De pronto evidencia un gran cansancio.

En mi vida tuve éxitos, tuve fracasos. Fui joven, envejecí. Pero nada consiguió debilitar mi fe en un luminoso porvenir. ¿Les dije mi nombre? Me llamo Frida Kahlo. (Imprevistamente, parece que va a perder el equilibrio). Sí, me llamo Frida Kahlo... Y ahora sufro dolores que me enloquecen... (Se agarra la cabeza). Tengo que serenarme. Tengo que...

Se oye una risa provocadora. Muy despacio, casi con miedo, se vuelve hacia su cama, extraordinariamente parecida a la de su cuadro "el sueño", que tiene encima un cobertor de hojas. Arriba de la cama se extiende un fantasma de la muerte de papel, como el de la fiesta mejicana del día de los difuntos.

FRIDA: ¿María...? Tiene que ser María. Dijo que iba a venir a visitarme. Acabo de soñar con ella. Cada vez que me dice que va a venir, la sueño.

Pasa María, con su vestido largo, riéndose, asustándola. La poca luz acentúa la irrealidad de algunas escenas.

MARIA: Montón de huesos rotos...

De pronto, por primera vez se oye una voz masculina. Es la del ser tan querido. Pero diciendo otro nombre.

DIEGO: María.

MARIA: Te voy a quitar a Diego...

FRIDA: ¡No!

Aparece Diego. Tiene camisa y pantalón y lleva el saco al hombro con un gesto displicente. Es robusto, de cabellos revueltos. Tiene más de 50 años pero se lo ve juvenil. Le habla mientras va hacia María.

DIEGO: Tu hermana te manda cartas, te habla de sus hijos... Pero nunca le respondes, palomita.

FRIDA: ¡Que se vaya a la mierda! Sí, ya sé que tiene hijos...

FRIDA: Diego.

DIEGO: María...

María extiende las manos hacia Diego, que la mira con deseo. Frida busca las voces, sin poder encontrarlas.

MARIA: Diego.

DIEGO: María...

MARIA: Diego.

DIEGO: María...

MARIA: Acá estoy...

Canta una suave canción mexicana que habla de amor.

FRIDA: ¿Sigo soñando?

DIEGO: María...

Frida contiene un sollozo y golpea sobre la cara ovalada, blanca, vacía, del cuadro.

FRIDA: ¡María! Mi hermana, María, todas las mujeres... siempre aparecen alrededor de un hombre. ¿Me oíste, Diego? ¡El mismo hombre, en la misma escena! Mi hombre...

Ahora se oye una música alta, una marcha. Es una orquesta de mariachis y los clarinetes suenan fuertes y acompasados. María sale, mirando a Diego en forma insinuante. Diego la sigue.

FRIDA: ¡No, Diego! ¡No!

Desaparecen. Sola, Frida se acuesta en la cama. Se acaricia la panza, sonriente, esperanzada. Gime. se la ve joven. Aparece Diego por detrás y la asiste.

FRIDA: ¡Doctor! ¡Me duele todo! Me hicieron tantas operaciones. ¿Cree que voy a ser madre? No confío más en Dios, ahora usted es mi dios y me va a ayudar a tener mi hijo. Me lo va a sacar de entre las piernas y lo va a levantar como un trofeo. Y yo desde la cama lo voy a adorar. ¡Voy a adorar a los dos!

Grita y se revuelca en medio de un aborto. Cambia la escena. Se ilumina la mesa, el caballete, y se oye un piano romántico. Chopin, o Lizst.

Es otro día. En un costado, Diego está pintando su mural. Frida se levanta, con los cabellos sueltos, contenta. Tararea. Toma flores, y con la otra mano un jarro con agua. Va oliendo y poniendo flores en los distintos jarrones, y va poniendo agua también. De pronto se asusta. Diego la mira.

DIEGO: ¿Qué pasa?

FRIDA: Encontré la ropita que me regalaron para el hijo que no tuve. ¿No te pedí que tiraras todo? (Diego intenta sacársela para llevarla afuera).¡No! ¿Y si quedo embarazada de nuevo? (Lo mira). Estás contento...

DIEGO: Estoy oliendo tus flores.

FRIDA: ¡No! ¡Estás oliendo de otra manera!

DIEGO: Es una mañana llena de sol.

Levanta la vista a su trabajo. Despacio, cojeando, Frida va a mirar lo que está haciendo.

FRIDA: ¿Qué hace mi hermana en este cuadro?

DIEGO: (Coteja con otra tela). Primero la pinté entre obreros... leyendo a Marx.

FRIDA: Nunca supe cómo se ganó ese privilegio.

DIEGO: Llamé a las dos. Ella llegó antes.

FRIDA: ¡No puedo caminar rápido!

DIEGO: Pero en éste, palomita, te voy a poner en el centro. Sin esa blusa roja que tenías en Balada de una Revolución. ¡No! Esta vez te voy a pintar al lado de tu hermana con una mirada inteligente. Vas a ser... el ángel de los pobres. Vas a llevar en el pecho la Estrella Roja.

FRIDA: Al lado de Cristina.

DIEGO: Al lado, pero... un escalón más alto. Porque te quiero más. Atrás, los fusiles del pueblo van a apuntar a los explotadores. Los mismos fusiles que un día van a hacer...¡fuego!

Afuera una mujer rompe a cantar.

FRIDA: ¡No quiero que me pintes más! ¿Oíste?

Se asoma a ver qué pasa mientras Diego retoma su trabajo. Vuelve y lo abraza.

¿Sapito, qué quieres comer hoy?

DIEGO: Cristina ya cocinó.

FRIDA: (Sorprendida). Pero si querías que yo cocinara...

DIEGO: Me preparó un platico especial. Hay que ponerse de acuerdo.

FRIDA: ¿Por qué lo preparó ella?

DIEGO: ¡Ay, Frida, siempre te duele todo! ¡Y cuando alguien te ayuda, desconfías! (Sigue mezclando los pomos). ¿Por qué no te metes en la cama? Enseguida va a venir a hacerte un masaje.

Sigue pintando. Silba a la par de la voz que llega de afuera.

FRIDA: Estás contento cómo un hombre que ha cogido bien...

DIEGO: ¡Frida...!

FRIDA: ¡Escuchen a mi hermana! Canta como una mujer satisfecha.

DIEGO: Canta como una mujer... desafinada.

Se abrazan. Ríen. De pronto Frida lo rechaza.

FRIDA: ¡Sólo una hembra bien servida canta así!

DIEGO: Con qué derecho...

FRIDA: ¡Desgraciado! Yo sé lo que pasa aquí...

DIEGO: Me levantaste la mano. No puedo creerlo.

Frida lo besa con pasión. Después se aleja.

FRIDA: ¿Y mi hermana dónde pone su mano, Diego? ¿Acá? ¿Donde más te gusta? (Le pone la mano sobre su pantalón).

DIEGO: (Dando un salto hacia atrás). Estás loca.

FRIDA: ¿Dónde se esconden los dos? ¿En la alcoba de arriba? Anoche escuché el ruido de la cama... sin parar...

DIEGO: Esa cama la sacamos de ahí hace un año.

FRIDA: ¿Entonces... es mi imaginación? Los veo juntos por todas partes. Cada ruido me trae nuevas imágenes. Si oigo patines, están en el suelo rodando. Si oigo cacerolas, están en la cocina, besándose entre los ajos, las verduras y los tomates. Si oigo agua, están en la fuente mojándose. (Lo mira. Sonríe). Seguramente tienen menos imaginación que yo y lo hacen siempre igual, como una rutina. Uno abajo, otro arriba...

DIEGO: Basta, Frida...

FRIDA: ¿Cómo te llama en los momentos de pasión? Sapo. Sapito querido. ¿Alguna vez te equivocas y la llamas Frida? ¿A veces paso entre los dos... rengueando, por supuesto... y mi presencia los excita?

DIEGO: Cristina te cuida. Te da los remedios...

En el silencio, se oye cantar a Cristina.

FRIDA: ¡A mí no me engañas! ¿Oíste?

Agarra una enorme tijera de podar que hay cerca.

DIEGO: ¿Qué vas a hacer?

FRIDA: ¡La voy a matar!

DIEGO: ¡Quédate aquí!

FRIDA: ¡Si no me dice la verdad, la pelo y la tajeo toda!

DIEGO: Frida, por favor...

FRIDA: ¡Quiero saber la verdad! (Silencio. Se oye la respiración de los dos). La verdad.

DIEGO: Estás muy alterada.

FRIDA: Yo veo, Diego... Veo todo... Soy la Gran Ocultadora....

Llora. Las flores caen al suelo.

DIEGO: Me voy.

FRIDA: Ahora pisotea tus flores, así quedan más bellas. Podría pintarlas después. Mi hermana y mi Diego. ¿Qué pasa, ya no soy buena amante? ¿Te gusta porque canta con ese aire de pajarito solitario? ¿Un día la espiaste mientras se bañaba y decidiste abrir la puerta? Tiene la piel sin cicatrices y los huesos todos en su lugar...

DIEGO: ¡No te soporto más! (Silencio). Esta noche vuelvo tarde. Tengo un cocktail.

Se ordena la ropa. Se prepara para irse.

FRIDA: ¿Con los compañeros revolucionarios?

DIEGO: Perra...

FRIDA: No sabía que los compañeros revolucionarios iban a los cócteles con las actrices de cine.

DIEGO: Si no cierras la boca, te tiro con lo primero que...

FRIDA: ¡No me soportas porque veo! Tengo el ojo entrenado. Veo todo lo que hay de falso en cada uno y se lo digo. ¡Las mujeres con las que me engañas no me interesan!

DIEGO: Bruja maldita... el resentimiento te sale por las orejas...

FRIDA: ¿Por qué me odias tanto? ¿Porque pinto bien?

Diego se siente ofendido. Es el gran pintor y lo han herido.

DIEGO: ¿Así trata Frida a su maestro?

FRIDA: (Se asusta, tiembla). No Diego, perdóname. Mi amor, no quise decir eso.

DIEGO: Pero lo dijiste.

FRIDA: Te quiero. ¡Estoy loca de los celos! Te necesito, esa es la verdad. (Repite, como en una letanía). Diego mi niño, Diego constructor, Diego mi novio, Diego pintor.

DIEGO: Conozco el juego de las máscaras y el de tus palabras, Frida. ¡Ahora yo soy falso! Vamos... ¿Quién es más falso de los dos?

FRIDA: Al menos deja que me desahogue... Soporto mis sufrimientos en la medida que estás conmigo. Diego: mi soplo vital, mi savia. ¡Te quiero! ¿Qué puedo hacer para demostrártelo? (Agarra las flores del suelo y se las ofrece). Para Diego Rivera, el mejor pintor. El macho, el revolucionario, el bailarín...

De pronto las tira con rabia. El las escupe.

DIEGO: ¡Al diablo! Pinta esas porquerías que sacas de tus entrañas... ¡Vomítalas a todas y déjame en paz!

Consigue soltarse y sale rápido. Frida toma las tijeras y también sale. La oímos gritar afuera.

FRIDA: ¿Escuchaste todo, no?¡Te vas! No quiero verte más. ¿Oíste? ¡Si vuelves, te espera lo peor!

Aparece tambaleando. Se encoge en la cama buscando refugio del mundo. Alguien saca una foto encegueciéndola.

¡Basta, papá! ¡No quiero que me saques más fotos! ¿Por qué tengo que sonreír? Si soy horrible...

Ahora tiene una aparición. En la penumbra, asoma una mujer bonita, alta, morena, de vestido largo, guantes y cartera. Toda una diva de los años 30 de Hollywood. Camina con sigilo.

MARIA: Hola.

FRIDA: (Sin poder moverse). ¿Quién es?

MARIA: María.

FRIDA: María Félix.

MARIA: La única. Ni Diana del Mar, ni Marcia Maris, como quisieron llamarme. María Félix.

FRIDA: ¡Por fin! Te estaba esperando. (Quiere hacer un gesto de cortesía, no le sale ninguno. María ríe). Te voy a mostrar lo que estoy haciendo. (Imagina que le muestra partes de sus cuadros). Mi corazón. Mis vísceras. El hijo que no tuve. El fantasma que revolotea sobre mi cama y aparece en mis sueños. Mis pies. Inútiles.

MARIA: Me hablas como si fuera una clienta.

FRIDA: Mis raíces. Mis... frutos. Mis... hojas. Verdes. Marchitas. Mis flores exóticas...

MARIA: ¡Conmigo no necesitas fingir! Sabes muy bien por qué vine a verte, Frida... Por eso no paras de hablar.

FRIDA: ¿Te mostré mi esqueleto? Se estremece cuando sufro. Y cuando río.

MARIA: Tu pintura no me gusta.

FRIDA: ¿Y este collar de ramas con espinas? Mira, tiene un pájaro muerto de adorno. Déjame ver cómo te queda...

MARIA: ¡Basta!

Lo tira al suelo. Frida queda inmóvil.

FRIDA: Viniste a llevarte algo que es mío.

Se miran. Silencio.

Fin del fragmento de Frida Kahlo, la pasión.

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