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SANCHO:
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Qué
llevas, Isaac,
Qué
dejas, Isaac.
Hoy
estás aquí,
Mañana
allá,
Isaac,
oh Isaac
No
nos vas a olvidar...
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Isaac,
que recién ha llegado y mira todo desde lejos, se decide y se adelanta a
la mesa.
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RODRIGO:
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¡Isaac,
nuestro homenajeado!
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SANCHO:
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Jesús,
María y José... ¡No paré de tomar desde que llegamos!
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RODRIGO:
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La
sangre de Cristo...
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JUAN:
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¡Tardaste
mucho!
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DEVOTO:
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¡Aquí
tenías que estar! ¡Es tu despedida!
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Súbito
silencio. Juan se para y lo abraza.
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JUAN:
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Nuestro...
amigo entrañable...
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Isaac
calla. Trata de mostrarse entero.
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SANCHO:
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¡No
te vas a olvidar de nosotros!
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ISAAC:
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¿Acaso
los amigos se pueden olvidar?
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RODRIGO:
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¿Cómo?
¿No hay más? ¡El padre Juan se tomó todo el vino!
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JUAN:
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No,
tengo la nariz colorada por el resfrío... (Silencio. Lo mira). ¿Tu
familia?
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RODRIGO:
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Lista
para emprender el viaje... que no tiene retorno. ¿No es cierto?
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Isaac:
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Sí;
y cuesta decidir lo que se lleva y lo que se deja... (Todo le da
vueltas. Se sienta). ¿Puedo tomar vino?
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DEVOTO:
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¡Si
hay algo que sobra en esta mesa es vino! (Le da un jarro).
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JUAN:
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Vino
y afecto...
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SANCHO:
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¡Cómo
vas a extrañar el vino de España, carajo!
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Se
muerde los labios. Silencio.
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JUAN:
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¡Las
cosas que vivimos de chicos! ¿Quién te quita los recuerdos de infancia?
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SANCHO:
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¿Y
los de la corte? ¡Porque este médico de pueblo, señores, llegó hasta
la corte!
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Todos
aplauden. Risas. Rodrigo bebe más. Isaac escucha algo, sorprendido.
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ISAAC:
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¿Oigo...
campanas?
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RODRIGO:
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Anuncian
la partida de los judíos... Para el pueblo es un acontecimiento... (Alerta).
¿Por qué, te molestan?
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ISAAC:
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Me
suenan a triunfo...
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Le
cuesta oírlas. En su memoria, el tiempo enloquece; de pronto oye una
canción judía, y ve a Sara cantando. El espacio de su casa se ilumina.
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SARA:
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Hacer
y deshacer bolsos... como siempre... (Se sienta entre almohadones, con
los pies cruzados, a la usanza árabe. Desata un bolso suspirando). ¿Qué
hago, llevo más ropa de abrigo? ¿A dónde vamos, va a hacer más frío o
calor? Voy a tener que hacer un hogar de nuevo... ¡Sólo Dios sabe lo que
va a pasar con nosotros...! (Sueña). Me gustaría conocer la
nieve...
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Isaac
queda pasmado escuchándola. Sancho le palmea un hombro.
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SANCHO:
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Isaac,
el edicto establece que a las 12 de la noche del día 31... termina el
plazo. Todo judío que se encuentre después...
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DEVOTO:
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Deberías
prestar atención a lo que
dice.
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SANCHO:
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(Mirándolo).
Lo mismo que otro que yo conozco.
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DEVOTO:
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¿Por
qué? Yo me convertí. No soy más judío, soy como ustedes.
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Sancho
ríe socarronamente.
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JUAN:
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¡A
ver ese discurso de despedida, Isaac!
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RODRIGO:
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¡Eso!
¡Queremos oírte!
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Silencio.
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ISAAC:
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No
puedo decirles nada.
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SANCHO:
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(Se
pone detrás y le mueve las manos, mientras remeda su voz). Agradezco esta bonita fiesta que me han organizado las personas más
importantes del pueblo... El alcalde, o sea yo; el padre Juan... (Isaac
lo empuja lejos. Sancho cae encima de Rodrigo. Lo señala). Ah, también
festejamos el ascenso de Rodrigo a alguacil mayor...
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Lo
palmea ruidosamente. Aplausos.
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JUAN:
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(A
Isaac, llevándolo aparte).
Si tu padre se siente mal, por la partida de ustedes, que venga a verme.
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RODRIGO:
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¡Devoto...!
¿Pensaste que si no te hubieras convertido, ahora también tendrías que
irte como él?
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SANCHO:
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(Hace
como si tuviera castañuelas y canta:)
Devoto
está aquí,
Devoto
no se irá,
Ay
qué cruz amigos
Lo
debemos aguantar...
Abraham..
Abraham...
Quítate
el disfraz...
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RODRIGO:
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¡Abraham!
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JUAN:
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Así
te llamabas antes de convertirte.
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RODRIGO:
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¿Te
trate recuerdos el nombre Abraham?
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DEVOTO:
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No.
(Rodrigo lo mira inquisitivamente). Digo sí.
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SANCHO:
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¡Si
son la misma persona!
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DEVOTO.
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Cuando
yo era chico me llamaba Abraham. ¡Mi papá me llamaba Abraham!
"Abraham, no te escondas... Abraham, no llores por cualquier
cosa..." El edicto me
trae el recuerdo. Pero es sólo porque Isaac se va. (Un súbito
estremecimiento lo recorre). Por favor, no me denuncien.
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RODRIGO.
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¿Raquel,
tu querida hija... se va con ustedes....?
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De
pronto aparece Raquel, hija de Isaac, en el espacio de la casa, donde
ahora hay un candelario encendido.
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RAQUEL:
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¡Mamá!
¡Mamá...!
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SARA:
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¡Acá
estoy, Raquel! (Raquel cae de rodillas junto a Sara, desparramando por
el suelo libros que trae en la mano). Mi tesoro... no puedo llevar más
nada... No puedo...
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RAQUEL:
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Pero
son los libros de papá! Acá, en la Biblia, dice que Josué ganó una
batalla sosteniendo los brazos en alto... Cuando se cansaba lo ayudaban...
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SARA:
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Mejor
dejamos esas historias ahora...
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RAQUEL.
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Papá
me las contaba para dormirme cuando era chiquita...
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Raquel
hunde la cara en la falda de su madre que le acaricia los cabellos.
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SARA:
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Sí
querida, cuando estemos lejos tendremos que recordar-las para ser más
fuertes...
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Mientras
la mece, le canta una canción en ladino. Un grito de Sancho vuelve a
Isaac a la realidad.
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SANCHO:
|
¡Alguacil!
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RODRIGO:
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Alguacil
mayor...
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SANCHO:
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Si
te hubieras hecho judío, ahora te podrías ir con Raquel...
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Ríe
con sorna, mientras el espacio de la casa se desvanece. Por un momento
Rodrigo es centro de atención. Se para, saca rápido una espada corta y
se detiene a mirar su filo.
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RODRIGO:
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En
el Nuevo Orden que ahora rige en España no hay lugar para esas bromas.
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SANCHO:
|
Bueno,
no es para tanto...
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RODRIGO:
|
Si
no fueras mi amigo, tendrías que responder por esta ofensa.
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Rápidamente
Juan se pone en el medio.
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JUAN:
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¡Estamos
acá para festejar! Se nos va un amigo, un gran médico...
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DEVOTO:
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Yo
también soy un gran médico.
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JUAN:
|
¡Sí,
por suerte nos queda Devoto!
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SANCHO.
|
¡Por
favor, no echen también a los doctores conversos! ¿Si no quién atiende
a mi mujer, que siempre le duele algo?
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DEVOTO.
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¡Que
hable Isaac!
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|
TODOS:
|
¡Que
hable Isaac!
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Silencio.
De pronto Isaac alza la cara y los mira.
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ISAASC:
|
Amigos
de la infancia... (Un brillo de rebeldía asoma en sus ojos). No me
voy a ir.
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Todos
se miran desconcertados.
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RODRIGO.
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Esto
sí que no me lo esperaba.
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JUAN:
|
Qué
estás diciendo, Isaac...
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ISAAC:
|
Nací
en esta tierra, igual que ustedes. Es mi lugar también. ¿No fuimos
juntos a las fiestas de las cosechas? ¿No descubrimos juntos las mujeres,
el vino, las canciones...? (Silencio. Cada uno se hunde en sus
pensamientos). Después Juan se hizo cura y caminábamos de noche
hablando de Dios, yo desde la ciencia él desde la religión.
(Su voz se quiebra. Los invade la angustia). ¡Sancho,
estuve en tu casamiento!
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SANCHO.
|
Sí,
pero yo no en el tuyo.
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|
ISAAC:
|
¡Ayudé
a nacer a tu hijo con estas manos! ¿Rodrigo, no estuve al lado de tu
cama...?
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|
RODRIGO:
|
¿Cuándo?
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ISAAC:
|
¡Cuando
luchabas entre la vida y la muerte, por una herida que te hicieron en una
pelea!
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RODRIGO:
|
Te
fuiste antes que me curara.
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ISAAC:
|
¡Es
cierto! Pero también dejé a mi familia. Me llamaron de la corte y me
fui. Siempre fui muy ambicioso... (Silencio. se vuelve a ellos).
Pero nunca me olvidé de mi pueblo... (Se oye un shofar. La cara de
Isaac se ilumina extrañamente). ¡Tengo mis raíces aquí! Y como no
es justo que nos tengamos que ir... ¡va a ocurrir un milagro! El tiempo
va a volver atrás al momento en que se decidió expulsarnos... A la Reina
le van a poner el edicto delante... ¡Y ella en vez e firmarlo lo va a
romper! Son las sorpresas de Dios. El Gran Malabarista.
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|
Silencio.
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RODRIGO:
|
(Se
ajusta el cinto). El
edicto es bien claro, Isaac... Después que venza el plazo, el que esconda
a un judío...
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|
ISAAC:
|
Rodrigo,
el tiempo va a volver atrás...
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DEVOTO:
|
¿Te
haríamos una despedida si no te fueras?
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ISAAC:
|
La
Cábala me abrió el entendimiento. Gracias a tu ayuda, Devoto.
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DEVOTO:
|
(Mirando
alrededor preocupado).
¿Mi ayuda...?
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ISAAC:
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¿No
me mandaste al maestro que me enseñó todo?
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|
DEVOTO:
|
¡Entendiste
todo mal! ¡La Cábala sirve para huir de los dolores de la vida! ¡No es
un manual para pedirle soluciones a Dios! (Lo toma de la mano y lo
lleva adonde no puedan oírlo). ¿Me diste las gracias delante de
todos para arruinarme? Si no te vas, vas a morir...
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ISAAC:
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(Sonríe
extrañamente).
No; me queda un ritual por hacer...
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DEVOTO:
|
¿Un
ritual? ¿Qué ritual? (Se mesa los cabellos). Me vas a volver
loco...
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ISAAC:
|
Un
ritual que aprendí del maestro...
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DEVOTO:
|
(Se
vuelve a los demas).
¡Escuchen! ¡Ahora Isaac cree en la magia negra!
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SANCHO:
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(Borracho).
¡Qué envidia, Isaac! Vas a viajar... vas a conocer nuevos países...
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JUAN:
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Ahí
donde instales tu hogar... sigue siendo esa gran persona que siempre
fuiste...
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Isaac
escucha más campanas, lo desespera no saber de dónde vienen.
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ISAAC:
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¡Paren
esas campanas...! (Se toca el cuerpo, se pellizca).
¿Estoy soñando...? ¡Maestro...! ¡Necesito darles una prueba!
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Lo
miran atónitos mientras se hace luz en otro lugar. Es el ámbito sagrado.
Allí se levanta el maestro cabalístico. Una capa lo envuelve.
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DEVOTO:
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¡Mírenlo
bien! Médico de la corte, profesor renombrado, erudito en varias
materias... ¡hoy, quiere hacer que el tiempo vuelva atrás!
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De
pronto Sancho arranca con la canción. Los más borrachos se paran y
zapatean como bailaores.
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SANCHO:
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Isaac,
oh Isaac...
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LOS
DEMAS:
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No
nos vas a olvidar...
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SANCHO:
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Nos
olvidarás, sí nos olvidarás...
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LOS
DEMAS:
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Qué
llevas, Isaac
Qué
dejas, Isaac,
Hoy
estás aquí,
Mañana
allá,
Isaac,
oh Isaac
No
nos vas a olvidar...
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ISAAC:
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¿Esto
qué quiere decir? ¿Me están echando?
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SANCHO:
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¡Sí...!
Y ahora los amigos te llevamos hasta las puertas de España...
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Lo
alzan entre todos. Le hacen el juego de la sillita de oro.
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ISAAC:
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¡Déjenme!
No quiero irme...
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RODRIGO:
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¡Y
te tiramos afuera!
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TODOS:
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¡Te
tiramos afuera...!
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Se
quedan riéndose, mientras Isaac cae. cae y cae...
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