La revista Siete Días tuvo una de las redacciones
más profesionales y talentosas del periodismo de los años 60 y 70. Se
destacaba en información y estilo comunicacional, tomando la delantera frente a
otras revistas más frívolas y mal escritas. Periodistas de la talla de José
María Jaunarena, Germán Rozenmacher o Mario Boholavsky crearon una verdadera
escuela que –tanto a mí como a otros compañeros- nos señaló un camino de
rigor informativo, buen uso del idioma y sobre todo, un profundo humanismo. En
esa redacción escribí durante los primeros 8 años de vida de la revista.
En esos años, además, fui colaborador de Democracia,
La Calle, La Tarde y del mitológico matutino riojano El
Independiente primer diario cooperativo de América Latina.
Colaboré, además, con las revistas Confirmado, Satiricón,
Chaupinela, y publicaciones como Oggi y L·Europeo de
Italia y Sterm de Alemania
Fueron tiempos difíciles. Cubrí todos los golpes militares
de la época. Y también el Cordobazo y las protestas populares de Rosario,
Mendoza y otras ciudades argentinas. Fui pasajero de un avión de Aerolíneas
Argentinas desviado a Cuba y estuve bajo las balas, en el palco de Ezeiza
durante el retorno definitivo de Perón a la Argentina.
Tuve el privilegio de viajar por América y Europa y conocer
de cerca catástrofes sociales, terremotos, accidentes, hambrunas y atentados.
En mi exilio en Uruguay fundé la revista Noticias y
cuando regresé a Buenos Aires dirigí los fascículos de Historias de la
Argentina Secreta y, más tarde, la revista Historias de la Argentina,
hasta diciembre de 1999.