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| FRAGMENTO DE : Crónica del Petrosaurio. NEUQUEN, Enero de 1997. Saliendo del Aeropuerto de Buenos Aires después de 1 hora y 20 de vuelo, se llega al Aeropuerto de Neuquén; desde allí en transporte terrestre por camino de ripio se interna en el desierto patagónico, donde todas las formas humanas quedan empequeñecidas por la grandeza del lugar. El sol abrasador colorea el paisaje, las bardas se distinguen en el horizonte, el camino rocoso y de tierras rojas nos va sumergiendo en un ambiente intrigante y asombroso, como si nos dijese: “sino conoces ésto, nunca sabrás que es el espacio”. Las señales indican “Planta Lomas Las yeguas” y prontamente aparecen los primeros indicios de la mano del hombre: baterias, los fosforitos de gas, las torres de perforación, pozos en producción; camionetas blancas recorren los distintos puestos de trabajo, y así se entra en un universo habitualmente desconocido por el común de la gente: el de la industria petrolera. Siguiendo el camino a 80 km más, el cartel indica “Planta Aguada Pichana” y a lo lejos se divisan, sobre una colina, tremendas estructuras que se alzan del suelo como las ruinas de una ciudad construída por gigantes. La curiosidad no permite continuar la marcha, en el lugar más llano y desolado, resultado de un millon de años de viento e intemperie, casi un osario de olvido a la espera de huevos blancos, sobresaliendo de la tierra se recorta una escultura monumental. Una duda agita el pensamiento ¿se está mirando un lienzo en el espacio profundo, donde se confunde el cielo con tonalidades salpicada por los bordes amarillos de las nubes?.¿O se está frente a una escena teatral, una escenografía rodeada del silencioso poderío de aquellos gigantes espacios?. Las dudas se acrecientan al recordar que se está en Neuquén, tierra de fósiles, donde se ha encontrado el dinosaurio más grande del mundo. La atracción de semejante acontecimiento lleva a detenerse: Un DINOSAURIO, de 7 metros de altura y 12 metros de largo, divisa con sus ojos azules el mundo del trabajador petrolero. Su cuerpo naranja y su cabeza rosa magenta imprimen al paisaje árido una pincelada de encanto y fascinación. Recostado sobre la aridez de la tierra yace otro DINOSAURIO mostrando abiertamente el esqueleto de proporciones casi escandalosas, 45 metros de largo por 12 de alto, su cabeza como un centinela- robot se eleva anunciando que ésto es más que una exposición de arte, es un maravilloso universo de 80 toneladas. El arte del volumen, que obliga al contemplador a no detenerse en la materia sino a dejarse llevar por el movimiento que se desprende de ella. El sur, tierra de grandes hazañas realizadas por hombres que confían en la fuerza del trabajo para crecer ellos mismo y su patria. Orgullosos de su tierra y amantes del trabajo. Atravesado por vientos que levantan los espíritus aventureros, el artista destinado a convertir su imagen en realidad, encuentra en estos horizontes la mayor fuente de inspiración. La obra es una comunión entre el hombre trabajador y el artista. Con elementos que podrían considerarse ya inutilizados o que han cumplido su vida útil en el trabajo, encuentran en manos del artista un nuevo destino: la obra de arte. La posibilidad de transformación es quizá uno de los más bellos dones que tiene el hombre, la búsqueda de la belleza que intenta encontrar todo artista. Qué es después de todo el arte sino una mirada diferente a la mirada cotidiana, un reino de creación de formas autónomas que construyen de modo sensible y emotivo la concepción del mundo y de una época. |
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