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Síntesis |
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DKWCinco
Melodramas Idiotas Turismo – Educación – Comunicación – Esparcimiento – Transporte Un
viaje incierto hacia las “partes” de las cosas. Asumiendo la fragmentación
como eje de búsqueda y conocimiento, DKW se propone extrañar la realidad para
observar en ella el comportamiento caótico de toda relación entre partes. El
fabuloso químico del caos y de la ciencia de la totalidad Ilya Prigogine ha
dicho: “Al menos hasta ahora, la investigación ha descubierto que por cada
simplificación hay por lo menos dos nuevas complejidades. La idea de la
simplicidad se está desmoronando. Adondequiera que uno vaya, hay
complejidad”. Las
fábulas en el teatro –en consonancia con un mundo racional que busca siempre
la forma más simple- han funcionado casi monopólicamente de un modo análogo a
la mecánica reduccionista, es decir suponiendo que el análisis de las partes
permitirá comprender el todo. Así se han organizado siempre las piezas
teatrales: en torno a un argumento, que es la máxima simplificación del fenómeno
causa-efecto, paradigma del conocimiento científico. Pero la Teoría del Caos,
con su origen en la matemática (quizás la más quieta y amenazante de las
disciplinas del pensamiento) y con sus formidables descubrimientos sobre iteración
y no-linealidad, ha venido a dar por tierra con muchas cosas que creíamos
suficientes para dar cuenta de la realidad. Esta
obra es simple, al menos en ese sentido: cada vez que llegamos a una posible
reducción de lo real (casi siempre por apelación ritual a la estupidez, al
melodrama bobo y a la moral simplona) resulta que la sencillez está sostenida
en una bifurcación que nos muestra que nada tiene un significado claro, que lo
simple no existe en lo real y que las partes del motor del pensamiento son más
que meros repuestos que se cambian con el desgaste. La relación entre las
partes sigue siendo un misterio para nosotros, que logramos explicar con alguna
inexactitud lo que es un cigüeñal, pero que básicamente no sabemos del todo cómo
ocurre la explosión dentro del pistón y hasta cuándo las cosas seguirán su
orden dado. Por no hablar de la biela, los trincantes, y las partes químicas de
la batería, que se realimenta a sí misma como un guiso eterno. El
procedimiento ancestral binario de figura contra fondo ha sido desquiciado en
esta obra una y otra vez, para motorizar el borde donde la forma negocia con la
no-forma. Hemos trabajado intuitivamente y a partir de elementos simples:
autobiografías de los actores manipuladas con descaro, recortes azarosos de
raros periódicos, algunos objetos pueriles, un par de frases musicales impunes,
argumentos leves sobre la propiedad privada en Cuba, dos pasos de tango,
razonamientos dudosos, un delfincito, unas entradas que nos regaló la Alfano,
un aterrizaje corajudo, un ovillito de lana, un viaje por la red. Quisimos
armar el auto con estas partes. Y
el viejo auto anda, pero no podemos dar muchas más garantías. |
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