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Domingo 16 de julio de 2000
 OPINION

El niño
de las Misiones
AGUSTIN
PEREZ PARDELLA

Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú
constituye para la corona española una de las regiones más conflictuadas
de las misiones jesuíticas; en esa zona debe darse cabal cumplimiento a lo
ordenado por el ignorante y estúpido transigente rey español Carlos III,
al responder a los intereses portugueses que desde el Vaticano
representaban el poderoso marqués de Bombal y el cardenal Saldaña:
concluir con la expulsión de los jesuitas y defender la región -esto lo
agregó el gobernador de Buenos Aires Juan José Vértiz- de los bandeirantes
paulistas cazadores de esclavos guaraníes y de algunos funcionarios
españoles destacados en Asunción. Los asesores de Vértiz decidieron que
para lograr el cumplimiento de tan difícil misión el candidato debía
reunir ciertas condiciones que no figuraban en las exigencias del
Reglamento Militar: probadas condiciones de fortaleza física y espiritual,
solidez cultural y social de una fami lia formada para ofrecer un ejemplo
a la nueva comunidad que dependería de su autoridad. Una vez analizadas
las historias de los candidatos, la responsabilidad fue adjudicada a don
Juan de San Martín y Gómez. Reunía todas las condiciones: salud, honor
militar, familia ejemplar y una virtud adicional: doña Gregoria Matorras
estaba embarazada.
A doña Gregoria no le sentaba el clima del
lugar, pero su avanzado embarazo y la atención de las indias que corrían
todo el día detrás de las comadronas españolas, la colmaron de
tranquilidad y cariño hasta que nació Justo Rufino, el tercer varón. Antes
de cumplirse el cuarto año en Yapeyú, las nativas que ayudaban al cuidado
de los hijos del gobernador, y muy especialmente la india Juana
Crisataldo, advirtieron que "la panza de la señora anuncia felicidad".
Durante el embarazo, mamá Gregoria se vio obligada a defenderse de las
caricias y de las bendiciones orales y materiales que los agradecidos
vecinos le prodigaban a cada paseo que realizaba muy oronda con su panza y
de la mano de su prole, de la casa a la iglesia y de la iglesia a su casa.
El 25 de febrero de 1778 mamá Gregoria dio a luz a su quinto hijo. El
dominico Francisco de la Pera fue responsable de la inscripción de rigor.
El día del bautismo de José Francisco, los 8.000 habitantes de Yapeyú:
indios, mestizos y españoles, testigos del embarazo y el parto, festejaron
el acontecimiento como si se tratara de una fiesta religiosa. En 1803,
mamá Gregoria Matorras nombró en su testamento: "Mis únicos y universales
herederos", a "mis cinco hijos legítimos".
Miembro del Instituto
Nacional Sanmartiniano. Autor de San Martín, el Libertador cabalga.
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