Fragmento
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Fragmento I

YO SOY AUGUST STRINDBERG. Es la primera vez que veo la Cabeza de Muerto, o Acherontia Atropos, mariposa que luce un cráneo humano sobre su coraza.

Me dispongo a estudiar al animal.

Los bretones dicen que presagian muerte.

Prorrumpe en un dolorido lamento cuando se la inquieta; su larva se nutre de lilas y su crisálida nace en las profundidades de la tierra.

Hay en ella una estrecha relación con la muerte.

No soy de naturaleza supersticiosa, pero habiéndome enterado que la Cabeza de Muerto aparece en épocas de grandes epidemias, no es extraño que medite sobre las costumbres de esta mariposa y la relación con su macabra librea.

Para comenzar, la larva se nutre de solanina y de daturina, dos alcaloides vegetales emparentados con la morfina y muy cercanos también a los venenos cadavéricos. Esos venenos exhalan el olor del jazmín, de la rosa y del almizcle.

Existen plantas llamadas ‘De cadáver’ que poseen olor cadavérico atrayendo, así, a los insectos que se nutren de carroña.

¿No es lógico, entonces, que la Cabeza de Muerto visite los lugares azotados por la epidemia y sembrados de cuerpos en descomposición?

La solanina es un veneno narcótico. ¿Será por esto que la mariposa duerme noche y día y sólo se propaga en el crepúsculo?

Y la daturina encierra dos alcaloides: atropina e hiosciamina. La atropina dilata las pupilas y hace insoportable la luz del día. ¿Será causa de los hábitos crepusculares de la Cabeza de Muerto el que esta mariposa tema al sol y, sin embargo, esté forzada a dormir durante la noche debido al efecto soporífero de la hiosciamina? Así parece. Ahora bien, la hiosciamina, el veneno del beleño, comporta el inconveniente secundario de que la víctima ve los objetos agrandados (megalopsia).

Imaginemos una Cabeza de Muerto atraída por su engañado olfato por los cementerios, los vertederos, los cadalsos y los patíbulos, donde ve cráneos humanos muy agrandados y preguntémonos si esto puede actuar sobre los nervios de una mariposa impresionable hasta el punto de que emite quejidos cuando se la molesta, una mariposa poseída por el doble delirio del celo y de la embriagadora ponzoña del beleño, doble embriaguez equiparable al delirio histérico.

Fragmento II

YO SOY AUGUST STRINDBERG. El mirlo al regreso de su excursión, me llama con su agudo grito. Se ha posado sobre una verja de hierro, llevando en el pico un objeto del que no puedo distinguir ni la forma ni el color. Cuando me acerco, el pájaro emprende el vuelo abandonando su botín. Es una crisálida de mariposa, un monstruo, un capuchón de duende que no es ni un animal, ni una planta, ni una piedra. Un sudario, una tumba, una momia no evolucionada, ya que no tiene ningún antepasado en este mundo.

Esta momia, bien lo sé, no contiene más que un mucílago animal informe que huele a cadáver fresco.

Y esta maravilla está dotada de vida, de instinto de conservación, ya que cruje sobre el hierro frío y podrá sujetarse por medio de hilos si se siente perturbada.

¡Un cadáver vivo que seguramente resucitará!

Y los otros, allá abajo, que se transforman en sus crisálidas y sufren la misma necrobiosis, no se despertarán más, según la ciencia de las academias. Yo me daré el gusto de arrojar una piedra de escándalo: "La resurrección es algo completamente natural: no es más extraño nacer dos veces que una sola".

En el drama que acabamos de ofrecerles no traté de hacer nada nuevo. Y, con ese objetivo, seleccioné un tema que está al margen de las luchas partidistas del día, ya que el problema de subir o bajar en la escala social, de los de arriba o los de abajo, de los peores o los mejores, del hombre o la mujer es de interés permanente. Cuando tomé este tema pensé que se adaptaba bien a la tragedia, porque todavía produce una impresión dolorosa el ver caer a una persona afortunada. Pero quizá llegue una época en la que estaremos tan desarrollados que podremos contemplar con indiferencia el espectáculo con sólo cerrar esas máquinas del pensamiento, inferiores e infieles, que se llaman sentimientos.

Gracias por su atención.


Fin del fragmento de Julia, una tragedia naturalista. Para conocer el resto del texto solicitarlo al autor por correo electrónico.


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