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Fragmento |
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Empecemos, se hace tarde. Distinguidos Comensales: Ustedes me hacen el honor de venir a inspeccionarme. Se presentan con ignorancia pero empeñados. Está bien. Voy a adelantarles un poco de lo que se trata. Antes que nada tengo algo que decirles: No voy a poder plasmar ese deseo de ustedes... Lo siento. Por más que insistan, no sé... No es mi intención desacreditar a nadie aquí. Hace añares que la sala 13b está desaparecida. Aproximadamente ciento veinte años nos separan de aquel recuerdo. Un tiempo quizá corto para la historia, pero largo para este catálogo que estoy haciendo. INFINITAMENTE LARGO SI SOY YO EL QUE DEBE IR Y VENIRLO A LAS APURADAS PARA DAR LUZ A LA CONCURRENCIA, ¿verdad? Realmente solo. Me retraigo. Hablo en sentido retórico, se entiende. Tuve que juntar fuerzas para cumplir con esto. Hubiera preferido quedarme... No sé. Distraído en la amnesia de la sala 13b. Pero no. Yo no deserto. No me retiro. Soy un archivista. Esta es mi colección. Los recuerdos se cierran y uno no puede volver. Igual, yo no quería volver. Ah: por aquella puerta alcanzan la salida de emergencia. ¿Estamos bien acá? Vista a la distancia aquella sala parece más chica. La sala 13b. Si uno quisiera repatriarse y entrar, ya no, no pasaría. Eso en caso que a uno le quedara resistencia todavía. Porque los nervios, la verdad... Francamente, por mucho que me guste mostrarles imágenes para explicarles estas cosas, francamente: EL TENIENTE DE USTEDES, SEÑORES MÍOS, NO PUEDE ESTAR MÁS LEJOS DE ESTA NOSTALGIA QUE DE MÍ. Todos colgamos en alguna pared, sin duda. Fin del fragmento de La desilusión. Para conocer el resto del texto solicitarlo al autor vía e-mail. |
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