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Macetas ruidosas

Thetaerformen I: "Ojos de ciervo rumano" de Beatriz Catani

Uno puede ver cien documentales y permanecer indiferente. Pero uno no puede ver "Ojos de ciervo rumano", de Beatriz Catani, sin entender a los argentinos, sin sufrir con la Argentina. Con esta obra inmensamente triste, bella y conmovedora, llegó la autora y directora latinoamericana al Festival Theaterformen.

Una pequeña plantación con macetas, un sillón de estar desvencijado, y un combinado de hace 50 años, son suficientes para Catani como decorado de su parábola mitológica y realista sobre un país en descomposición. En la obra está simbolizado por medio de una plantación de naranjas amargas, que están infectadas por un ficcional virus de la tristeza. El agricultor (Ricardo González) –una especie de demiurgo en un Jardín del Edén diabólicamente invertido- trata de contener a la epidemia con inútiles procesos de coagulación.

Él trata a Dacia (Paula Ituriza), su hija casi adulta, como a las plantas, él le cuenta insistentemente que ella nació de su muslo. La planta en una gran maceta de terracota y la trasplanta de manera continua. La falta de distancia y la preocupación perversa de su manipulación, trae a la vista imágenes angustiantes y difícilmente soportables, imágenes surgidas de la relación simbiótica que mantienen ambos. Primero, el padre intenta arrancarla cuando ella se enamora del nómade Benya (Blas Arrese Igor). Pero el joven es su hermano y el círculo incestuoso e infecundo se amplía.

Hay alusiones expresivas a errores políticos –y por cierto es claro: Catani ajusta cuentas con una sociedad autoritaria, que destruye los fundamentos de un país y sus hijos.

Del angustiado aplauso del público, pudo deducirse que ha superado el virus de la tristeza.

JOHANNA DI BLASI


E-mail: Bcatani@argentores.org.ar                                                                                 Espacio cedido por ARGENTORES