Texto
Principal Arriba Síntesis Texto Fotos El ombligo de la luna Comentarios Berlín 2004

horizontal rule

JARDÍN DE OTOÑO  de Diana Raznovich

Acto I

PRIMERA ESCENA

(Sobresaltada por sus propios sueños Rosalía pega un grito. Se levanta intempestivamente y apaga el televisor. Se reubica. Ve a Griselda dormida.)

ROSALÍA:  ¿No habíamos quedado en algo para esta noche vos y yo? (Griselda duerme profundamente. Trata de serenarse. Se sienta. Pausa. Se levanta y abre la ventana). Mirá qué luna. Toda para nosotras. Pero ¿vos qué sabés de la luna? Vos no tenés la fuerza necesaria para quedarte despierta conmigo. Yo ya lo sabia. Y además estoy tan acostumbrada... Si yo pudiera dormir así... con el cuerpo relajado y las manos tan caídas.  (Le acaricia la cabeza) como una criatura cansada de jugar que cae rendida después de comer el flan con dulce de leche. Ni buenas noches me decís... ni buenas noches... Yo tampoco te diría buenas noches... (Se acerca a la ventana y mira la luna en silencio) La luna está muerta de risa hoy. Se ríe de vos que ibas a pasar la noche despierta. ¿Vos no te quedabas despierta toda la noche en Carnaval?

GRISELDA: ¿Hoy es Carnaval?

ROSALÍA: No ves cuántas cosas te perdés...

GRISELDA: ¿Qué hora es?

ROSALÍA: Si te digo la una, si te digo las dos, si te digo las tres, si te digo las cuatro...

GRISELDA: ¡Son las cuatro! (Va a sentarse alarmada por la hora).

ROSALÍA: Son todas las horas que vos no conocés.

GRISELDA: Por que yo no tengo insomnio.

ROSALÍA: Insomnio. Qué palabra. Como moño. Moño. Insomnio. Somnio. Yo no tengo insomnio. Vos tenés insomnio.

GRISELDA: Exactamente. Yo tengo somnio. ¿No podemos apagar un poquito la radio? Son la cuatro de la mañana, hijita.

ROSALÍA: No son las cuatro. Son las doce y media de la noche.

GRISELDA: ¿Y es carnaval?

ROSALÍA: El jueves 22 de septiembre. Y yo hace un mes había invitado a una amiga, a la señorita que vive conmigo, a mi inquilina, digamos, a pasar toda la noche despierta conmigo.

GRISELDA: Tenés razón. Perdóname. Me quedé dormida. Decíme qué tengo que hacer. ¿Qué tomás vos en tus noches de insomnio?

ROSALÍA: Leche

GRISELDA: ¿Leche?

ROSALÍA: Whisky

GRISELDA: ¿Importado?

ROSALÍA: Conformáte con uno nacional

GRISELDA: ¡Importado! (Rosalía sale. Griselda vuelve a dormirse).

ROSALÍA: (Volviendo la ve dormida. Le sirve y la despierta). Tengo hora en lo de Félix.

GRISELDA: Siempre tenés hora en lo de Félix.

ROSALÍA: Una hora distinta.

GRISELDA: ¿Qué hora?

ROSALÍA: Las tres y media de la tarde

GRISELDA: Te vas a perder el teleteatro.

ROSALÍA: Voy a llegar. Ya vas a ver. Tengo que verlo a Félix. Júpiter estaba mal sobre mi luna pero esta semana me libera. He decidido ser otra.

GRISELDA: Yo también. Dame más whisky. (Rosalía le sirve. Griselda se queda dormida instantáneamente).

ROSALÍA: Contáme algo. Algo personal.

GRISELDA: (Despertándose medio atontada). Sí. Sí. ¿Nunca te hablé de Daniel?

ROSALÍA: ¿Quién es Daniel?

GRISELDA: Un novio que yo tuve. Era estudiante de Literatura y a mamá no le gustaba nada. Me decía, “Adónde vas a llegar con la Literatura?”. “A la poesía, mamá”. A la poesía. Gira todo. Y todo gira. Los planetas giran. La luna.

ROSALÍA: Sí. Tenés que venir conmigo a lo de Félix.

GRISELDA: ¡No. Rosalía, no! Yo tengo unos principios. Y unas creencias. Y he vivido en tu casa 20 años tolerando pero no asistiendo. ¿Querés que te cocine algo?

ROSALÍA: ¡No!

GRISELDA: Te canto

ROSALÍA: Sí. Algo español. (Griselda se pone a cantar algo flamenco). ¿Y qué paso con Daniel?

GRISELDA: Me mintió. El conocía poetas difíciles. Que yo no conocía. Y un día me trajo un poema de un poeta difícil, y me dijo que era de él. Y yo me lo creí. Y me enamoré más de él pensando que era de él

“En nuestras aguas oscuras

brilla fijo un resplandor:

el anillo de una novia

o el ojo alerta de Dios”.

ROSALÍA: Ese se quería casar con vos, es evidente.

GRISELDA: Pero el poema era de otro. Gabriel Celaya. (Se duerme)

ROSALÍA: Yo tampoco te diría buenas noches si pudiera dormir. Me dormiría así, como vos. De repente. De un instante para otro. En mitad de un gesto. (Prueba).

El anillo de una novia... o el ojo abierto de Dios. (Hace como que se duerme, abre un ojo) El ojo alerta de Dios. Ese es un insomnio. El ojo alerta de Dios. ¿Qué me importa que el poema no haya sido de él? ¡El ojo alerta de Dios, Griselda!... Yo le hubiera perdonado ¿Sabés?

GRISELDA: El anillo de una novia... o el ojo alerta de Dios. (De pronto llora) Yo también hoy lo perdonaría.

 

SEGUNDA ESCENA

(En la oscuridad total se oye el diálogo del televisor encendido: es un diálogo entre los protagonistas del teleteatro. Marcelo y Valeria. Marcelo es mecánico de autos y tiene lenguaje de un muchacho de barrio. Valeria es una jovencita de clase media alta. La luz del televisor ilumina el rostro de Griselda, que tiene un vestido azul con flores y una enorme lata de galletitas sobre la falda que devora vorazmente mientras mira televisión).

MARCELO: ¿Le quedó bien el auto a su novio?

VALERIA: Si, usted se lo arregló muy bien... Gracias.

MARCELO: Dígale a su novio que cuando quiera pase, que siempre es bueno darle una revisadita... y también dígale que (Se interrumpe) Casi meto la gamba.

VALERIA: ¿Por qué?

MARCELO: Porque le iba a mandar a su novio un mensaje que le hubiera caído como un bulón en medio del puchero.

(Valeria se ríe)

GRISELDA: (Derretida) Sos divino. Te comería todo. ¡Ay, Rosalía lo que te estás perdiendo! ¿Justo hoy se te ocurrió pedir hora en lo de Félix? ¡Qué lástima!

VALERIA: ¿Y qué mensaje le iba a mandar a mi novio?

MARCELO: ¡Uy no! Eso no se lo puedo decir...

GRISELDA: ¡Para mí que se lo dice! Ay, por ese maldito Félix mirá lo que te perdés Rosalía. El mejor capítulo del año...

VALERIA: ¿Algo sobre la mecánica del auto?

MARCELO: Algo sobre usted. (Música de suspenso)

VALERIA: (Nerviosa) Bueno, me tengo que ir.

MARCELO: Le queda muy bien

VALERIA: ¿Qué cosa?

MARCELO: Cuando se pone nerviosa y se le suben los colores a la cara...

GRISELDA: ¡Qué dulce! Yo me muero.

VALERIA: Usted es un pirata.

MARCELO: Le hubiera mandado el siguiente mensaje: flaco tenés una novia que tiene una boquita chiquitita como una frutillita.

GRISELDA: ¡Se armó! ¡Para mí que se armó!

VALERIA: Marcelo...

MARCELO: Y sabés una cosa flaco?, yo me pegué un metejón de novela con tu novia.

GRISELDA: (Pega un salto en la silla). Besála, besála. ¡Ahora o nunca! ¡Besála con todo pichón!

VALERIA: Marcelo... Yo... Yo... (Casi llorando) Yo también me pegué un mete, un metejón... (Caen uno en brazos del otro. Música de fondo) un hermoso metejón como dice... como decía... vos... (Se besan)

GRISELDA: ¡Rosalía te perdiste el mejor capítulo del año! ¡Qué bien besas mi amor, qué bien besas mi vida...!

MARCELO: Yo sé que usted piensa que soy una rata, que ando siempre con la mano llena de grasa con este mameluco que camina solo... en serio... camina solo... el otro día fui al zoológico con la nena de Juan y me empilché de verdad... y cuando llegamos a la jaula del hipopótamo nos dimos cuenta de que el mameluco nos venía siguiendo desde hacía más de media hora... No se ría... yo creo que nací con el mameluco puesto... y el día que me case con usted me voy a casar con el mameluco puesto y que me voy a morir con el mameluco puesto... y el día que me case con usted me voy a casar con el mameluco para que usted no se olvide de que se está casando con un laburante de esos que los pitucos de su familia desprecian porque es mersa o porque come manzanas y las hace crujir... (Saca una manzana del bolsillo) El día que usted pruebe esta manzana pierde para siempre... (Se la come) Por eso no la quiere morder... Porque usted sabe que esta manzana es más peligrosa para usted que todos esos caviares y esos langostinos que le sirve de desayuno todos los días ese mayordomo con cara de paraguas que le inaugura el día. ¿Sabe cómo le voy a inaugurar yo los días a usted?

VALERIA: ¿Cómo me los va a inaugurar?

MARCELO: Así se los voy a inaugurar. (La besa apasionadamente). Así se los voy a inaugurar.

GRISELDA: ¡Otro beso más. Ay, cómo me gustaría que me besaras así! (Besa la pantalla)

(Cortina final con “leiv-motiv” del teleteatro).

GRISELDA: Terminó. Terminó y te lo perdiste todo. Terminó. (Apaga el televisor) En el fondo me gusta que hoy haya sido todo mío. Creo que era mi destino. Creo que ciertas cosas suceden cuando no las esperás. Como este beso repentino. (Besa la planta) ¡Qué beso amor, qué beso! (Besa las hojas) (Agarra su planta predilecta) No tiene cabeza esta mujer. ¿No te parece, Begonia? No tiene cabeza (La arregla, la riega) Vení que te voy a poner un poquito de agua, que en esta casa si yo no me ocupo de ustedes no se ocupa nadie. (Le pone agua. Habla con ternura) ¿Te gusta, Begonia? el aguita fresca, eh... (Prueba un poquito) Está muy rica... Mirá el capitulo que se viene a perder... ¿Qué le va a decir ese vidente que ella no sepa? (Agarra otra planta) ¿Qué le va a decir mi querida Violetita de los Alpes, qué le puede decir de nuevo? Vos también tenés sed. Son estas estufas a gas. Vos me entendés, ¿no Violetita? Cuando yo trabajaba en Madame Rifau, tenía mi propia oficina de diseño, y en esa oficina la ventana estaba siempre abierta, invierno, verano, siempre porque el aire no tiene estación. Si al aire le cierran el paso, el aire te abandona, te deja de lado. Se ocupa de otros. Las plantas que tenía en esa ventana crecían como matas tropicales. Y yo no tenía asma. (Pausa) Bueno... por lo menos no tenía este asma producto de la estufa. ¡Qué feliz hubieras sido en esa ventana mi querida Violetita de los Alpes...! ¡Qué feliz! Feliz como Valeria en los brazos de Marcelo. Feliz...

(Después de regar a la violetita de los Alpes agarra un helecho)

Y usted mi señor Don helecho. ¡Mire que caiducho que se me ha puesto! ¡Venga para acá, no se haga el mimoso! (Le hecha agua) Con esa melena toda verde... toda desparramada como un galán de televisión. (Arregla el helecho. Lo abraza como si fuera Marcelo) ¿Qué te pasa? Vamos a ver. Cuénteme. ¿Estás asfixiado? Algún día yo me voy a ir de esta casa, y me voy a llevar todas mis plantas. Estoy esperando que se resuelva el problema de los abogados de la herencia de mi tío y me los llevo a todos bien lejos, a un lugar sin estufas. ¡Finalmente estoy dejando mi vida por pagarle esta habitación a ella! Me los llevo a todos a una casa en el mar. Me encantaría vivir en el mar como Alfonsina Storni.

(caminando místicamente con el helecho en la mano).

“Quisiera una tarde divina de octubre

pasear por la orilla lejana del mar”

Siempre quise ser Alfonsina Storni. Tengo todas las condiciones para serlo.

“que la arena de oro y las aguas de verano

y los cielos puros me vieran pasar”

Pero yo no fui Alfonsina Storni, estoy acá encerrada cosiendo para la gorda de al lado.

“Ser alta, perfecta, soberbia quisiera

como una romana para concordar”

Yo he trabajado para Madame Rifau, yo que he diseñado sus mejores modelos, mi querido Don helecho.

“con las grandes olas y las rocas muertas

y las anchas playas que ciñen el mar”

(Sobre esta situación llega Rosalía agitada de la calle, ha corrido para llegar a tiempo para no perderse el capítulo de hoy).

ROSALÍA: ¿Ya terminó?

(Griselda no le contesta todavía con el helecho en la mano)

ROSALÍA: ¿Se vieron?

GRISELDA: (Por los paquetes) ¿Qué trajiste?

ROSALÍA: ¿No se vieron?

(Griselda abre un paquete)

GRISELDA: ¡Qué hermoso! Compraste una lámpara igual a la del teleteatro. ¿Dónde la conseguiste?

ROSALÍA: Me volvió loca ese hombre. Tuve que comprarme algo. Cuando salí de su casa estaba con un ataque. No me paraba nadie. Me fue bárbaro. No sabés las cosas que me dijo. (Pausa. Retoma lo del vidente). Este año viene con todo. Hay un hombre en mi camino. ¿Podés creerlo? Me senté,  me miró a los ojos. Qué ojos que tiene, son casi amarillos. Nunca ví un color tan horrible de ojos. Pero te penetran, te traspasan la cabeza. Sentía los ojos de él en el centro de mi cuerpo. “Hay un hombre” me dijo. Inevitable. Te lo juro que me dijo eso. Un hombre joven. Después recién tiró las cartas. Salían triunfos por todas partes. Y amor, amor. “Félix, usted me está macaneando”, le dije. No me contestó, pero tiene una seriedad que mata. No le gustó nada. (Pausa) Me debo haber perdido un capítulo bárbaro. Yo quería llegar, pero ví la lámpara y me perdí. ¿Viste? Es igualita a la del escritorio del padre de Valeria. (Retoma) No le gustó nada, y entonces me dijo: “Hágame preguntas usted”. “No se enoje, Félix”, le dije, “lo que pasa es que viene todo tan bien, que no lo puedo creer”. “Hágame preguntas”, me contestó. Con eso me mató. “¿Qué hombre?”, le pregunto. “El hombre que usted quiera”, me contestó. Con eso me mató. El hombre que yo más quiera. “Pero yo estoy enamorada de un galán de televisión”, le dije. No me contestó nada, pero tiró dos cartas y salió triunfo. Creer o reventar. Dos cartas seguidas, “Hágame otra pregunta”, me dijo. Entonces le pregunte por vos. Tiró dos cartas y lo mismo.

(Griselda, que mientras tanto ha encontrado un lugar para la lámpara, le ha colocado una bombita y la ha encendido)

GRISELDA: ¿Cómo lo mismo?

ROSALÍA: ¿Se vieron o no se vieron? Hice lo imposible por llegar, te lo juro.

GRISELDA: ¿Cómo lo mismo?

ROSALÍA: ¡Un hombre!

GRISELDA: ¿Qué hombre?

ROSALÍA: Triunfo. Tres triunfos seguido tuviste.

GRISELDA: ¿Yo?

ROSALÍA: El hombre que vos quieras. “Ella también está enamorada de un galán de televisión”, le dije

GRISELDA: ¿Y?

ROSALÍA: Ojos amarillos: nada. “El mismo que yo”, le dije

GRISELDA: ¿Y?

ROSALÍA: Ojos amarillos: nada. “Esto no es perjudicial para nuestra íntima amistad?”, le dije.

GRISELDA: ¿Y?

ROSALÍA: Tiró cartas de nuevo.

GRISELDA: ¿Y?

ROSALÍA: Triunfos. Triunfos por todas partes. Le pagué y me fui. Cuando salí a la calle no sabía qué hacer conmigo. Es la primera vez que me dice algo bueno. Algo tan rotundo. A veces me ha dado aliento. Me ha dado optimismo, no sé ... pero hoy... ¿Se vieron o no se vieron Valeria y Marcelo?

GRISELDA: Sí

ROSALÍA: ¿Qué paso?

GRISELDA: ¿Sirvo el té?

ROSALÍA: ¿Él le dijo algo?

GRISELDA: Le dijo todo.

ROSALÍA: ¿Todo? ¿Qué todo?

GRISELDA: Estuvo genial, para comérselo. Con esa cancha que tiene para hablar... tan zafado... (Se ríe mientras Rosalía la mira seria).

ROSALÍA: ¿Qué le dijo?

GRISELDA: Le dijo todo, y después la besó.

ROSALÍA: No me digas que la besó. (Se angustia) Hace tres meses que venimos esperando que la bese. ¿Cómo la beso?

GRISELDA : En la boca

ROSALÍA: (Malhumorada) ¿Qué le dijo? Contáme cómo fue.

GRISELDA: Te estoy contando, Rosalía.

ROSALÍA: Eso no es contar. Eso es todo, en general, una porquería que no entiendo nada. No te puedo creer que la besó.

GRISELDA: No me acuerdo todo, palabra por palabra. Te cuento lo que me acuerdo.

ROSALÍA: La besó?. Júramelo. Me lo decís a propósito para hacerme sufrir. Lo que pasa es que a vos no te gusta que yo vaya a verlo a Félix. No la besó nada. Me estás cargando. (Griselda se va para la cocina) ¿A dónde te vas?

GRISELDA: Tengo el té preparado. (Rosalía se sienta sola después de sacarse el saco).

ROSALÍA: No pasó nada. La conozco muy bien. Me lo hace totalmente a propósito.

GRISELDA: (Entrando con la bandeja del té). No te lo hago a propósito.

ROSALÍA: Entonces me perdí el mejor capítulo.

GRISELDA: El mejor.

ROSALÍA: ¿Y cómo la besaba?

GRISELDA: La agarró con las dos manos de la cara, y le dio un beso largo, largo, largo.

ROSALÍA: ¿Cuánto de largo?

GRISELDA: Bien largo.

ROSALÍA: ¿Cuántos minutos?

GRISELDA: No sé... no le tomé el tiempo... pero bastante...

ROSALÍA: ¿Y después?

GRISELDA: Después le dijo que la quería.

ROSALÍA: ¿Y el novio?

GRISELDA: No pasa nada con el novio querida. Le dijo que la quería y le encajó otro beso.

ROSALÍA: ¿Largo?

GRISELDA: Más largo que el anterior. (Pausa) Qué bien besa, si vieras. ¡Con ese overol! Todo  manchado de grasa y esas manos enormes todas mugrientas. Le agarró la cara y ella temblaba. Viste como ese ella, tan frágil, parece que se fuera a deshacer.

ROSALÍA: ¡Qué le va a deshacer esa! Tiene cuerda para rato.

GRISELDA: Y él le hablaba en su idioma.

ROSALÍA: ¿Qué idioma?

GRISELDA: Ese idioma medio bruto que a mí me encanta, le hablaba y la miraba, y ella se iba aflojando, hasta que la tuvo bien cerca y le decía “Estoy chiflado por vos. Este es un metejón de novela”. Y algo de los bulones de un puchero.

ROSALÍA: ¿De qué puchero?

GRISELDA: No me acuerdo. Parece que tenía hambre sabés. Algo de los bulones de un puchero. Y de que había metido la gamba.

ROSALÍA: ¿Dónde había metido la gamba?

GRISELDA: No me acuerdo. Y después la besó.

ROSALÍA: No ves que me contás todo mal.

GRISELDA: Es que yo estaba mirando todo el tiempo cómo la besaba, y lo miraba a él, y ese mechón que se le cae sobre la frente, y es tan hermoso, tan bruto, y no me podía concentrar en otra cosa, es tan lindo con esa nariz tan fuerte, no sé, me viene como una alegría de verlo, y me pierdo en la voz, qué voz que tiene, ¿de dónde la saca?, es tan dulce además, y al mismo tiempo tan hombre, me tiene loca.

ROSALÍA: ¿Cómo habrá hecho la madre para tener un hijo tan lindo?

GRISELDA: Y... a lo mejor ella era muy linda.

ROSALÍA: O el padre.

GRISELDA: O los dos. ¿Te imaginás? El padre, la madre, y los tres hermanos todos lindos.

ROSALÍA: No pueden ser nunca tan lindos como él, si no serían todos famosos.

GRISELDA: ¡Qué mechón! Cuando se le cae sobre la frente, y se lo levanta así, con esa mano mugrienta...

ROSALÍA: Grasienta, no mugrienta.

GRISELDA: Mugrienta de grasa.

ROSALÍA: La grasa no es mugre. Es trabajo.

GRISELDA: Y ese mechón...

ROSALÍA: Ya  dijiste lo del mechón.

GRISELDA: Me gusta decirlo. No es un mechón igual a los de los otros hombres.

ROSALÍA: ¿Qué otros hombres?

GRISELDA: Otros

ROSALÍA: Tu novio el veterinario era pelado.

GRISELDA: Qué vas a comparar. El otro era flaco, con anteojos, tartamudo y medio chueco. ¿Ese es un hombre?  En cambio éste es alto, de mirada despejada, ojos que te atraviesan, no sé, y esa cosa de muchachón tan tierno, me vuelvo loca. ¡Ay! Me vinieron ganas de decir el poema que le escribí. Unas ganas así, de repente, no sé... (Emocionada). Me siento inspirada.

ROSALÍA: Te escucho. ¿Qué otro remedio me queda que escucharte?

GRISELDA:

“Si supieras amor,

si tú supieras,

desde dónde me nace esta pasión,

viene del fondo mismo de mi pecho,

desde mi corazón hasta tu corazón.

(Camina totalmente poseída por el recitado)

“Cuánto más cerca estoy,

más inasible,

más lejano de toda mi ilusión

te quisiera conmigo, y sin embargo,

vives dentro de un televisor”.

(Levanta el televisor en brazos)

“¡Oh! Terrible aparato que interpone abismos

elevándole un puñal a mi dolor,

y sin embargo al mismo tiempo amigo

de mi desconsolado corazón.

¡Al suelo te echaría en mil pedazos!”

ROSALÍA: (Grita) ¡No!

GRISELDA:

“Pero una voz desde adentro grita “no”

Porque entonces, amor, qué quedaría

de tantas largas tardes de ilusión”.

(Desde la última estrofa las luces han ido desminuyendo hasta apagón)

 

TERCERA ESCENA

(Al encender las luces Griselda está rodeada de sus plantas, vestida con una bata blanca de corte oriental haciendo una gimnasia respiratoria muy lenta, concentrada y armónica. Mientras, Rosalía barre frenéticamente)

GRISELDA: Elevamos los brazos hacia el cielo. Mantenemos la columna erguida y el centro de la energía cae ahora en la espalda, la espalda es el sostén del cuerpo. Y en esta posición rotamos hacia el Este para saludar al sol. Y en esta posición rotamos hacia el Oeste para saludar a la luna. (Se interrumpe) ¿No podés hacer otra cosa?

Planchar por ejemplo. O cocinar. (Rosalía sigue barriendo. Griselda trata de volver a  concentrarse). Aspiramos con los pulmones abiertos al aire que nos envuelve. (Aspira y tose)

ROSALÍA: Hay plazas. Hay jardines públicos. Hay centro de rehabilitación del asmático. Hay grandes espacios abiertos.

GRISELDA: Y hay personas malas. Hay de todo.

ROSALÍA: Y hay personas inoportunas. Hay de todo.

(Rosalía sigue barriendo, Griselda retoma sus ejercicios)

GRISELDA: Estiramos los brazos hacia lo alto tratando de tocar el sol.

(Rosalia se ríe a carcajadas)

(A Griselda se le llenan los ojos de lágrimas de la ira. Rosalía reprime la risa y sigue barriendo).

GRISELDA: Tratando de tocar el sol, y mantenemos la posición en puntas de pie para que nuestro cuerpo  se estire completamente al máximo de sus posibilidades (Se pone en esa posición. Rosalía barre muy cerca. Griselda se interrumpe muy violentada). Esta es la última perrada que me hacés. A fin de mes me voy.

ROSALIA : Yo te alquilo una habitación, no un gimnasio.

GRISELDA: Y yo soy una persona. ¿Entendiste? Una persona.

ROSALÍA: Una persona enferma. Estoy harta de enfermedades. Quiero un poco de salud.

GRISELDA: Por eso hago gimnasia. Para curarme.

ROSALÍA: (Se ríe) ¡Gimnasia! ¿No te das cuenta que Samatra no es hindú? ¿No te das cuenta que esa no es ninguna gimnasia? ¿No te das cuenta que te saca el dinero como a una pobre idiota? ¿No te das cuenta de nada en esta vida?

(Sigue barriendo. Griselda agarra otra escoba y barre en dirección contraria. Arman una especie de batalla de escobas barriendo enérgicamente.)

GRISELDA: ¿Querés limpieza? Aquí tenés limpieza.

ROSALÍA: Me arruinas lo que ya barrí.

GRISELDA: Y vos me arruinas la vida.

ROSALÍA: ¡Ay, si te viera tu querido Mariano Rivas!... ¡Si te viera ahora...!

GRISELDA: Creo que sería mucho más grave que te viera a vos. No podría resistirlo.

ROSALÍA: (Le arranca la escoba) Vas a dejar de barrer.

GRISELDA: Esa escoba es mía y me la vas a dar.

(Pelean por la escoba)

ROSALÍA: La escoba es tuya pero el piso es mío.

(Griselda se sube a un sillón con la escoba en mano)

GRISELDA: Entonces barro este sillón que es mío. Mío. Mi sillón. Mi escoba. Mi Mariano Rivas. Mío. Mío. Lo mío es mío. Mi gimnasia. Mi asma. (Barre frenéticamente el sillón)

ROSALÍA: ¿Tengo que esperar a fin de mes para que te vayas? ¿No podemos adelantar un poco la fecha?

GRISELDA: Sí que podemos. Me voy ahora mismo. ¡Estoy harta de tus maldades! Estoy harta de verte esa cara.

ROSALÍA: (La retiene) ¿Mi cara? ¿Qué tenes contra mi cara?

GRISELDA: Tu cara. Tu pelo. Tus manos. Tu manera de caminar. Tus modales y tu envidia.

ROSALÍA: (Se ríe) ¡Yo te envidio! Pero, ¿cómo creés que tenés algo digno de ser envidiado? ¿Qué puedo envidiar de una esmirriada que saluda con los brazos hacia el este? ¿Qué envidia puede despertar una asmática sin pasado ni futuro que no tiene dónde caerse muerta? ¿O vos te creés que Mariano Rivas podría siquiera fijarse en vos? ¿Vos creés que te miraría aunque sea un segundo?.

GRISELDA: No metas a Mariano Rivas en todo esto. El no tiene nada que ver. No lo metas ¿entendiste?

ROSALÍA: Yo meto a Mariano Rivas en lo que se me antoja, porque Mariano Rivas es mío. (Pausa) O por lo menos yo tengo derecho a sentir que es mío. (La suelta)

(Griselda la mira en silencio)

GRISELDA: (Levanta los brazos) Saludamos a Rosalía por el Norte y nos vamos después de veinte años de tontería a buscar el sol en otra parte. (Hace lo que acaba de decir) Saludamos a la casa por el Sur y la dejamos con su dueña para que ella disfrute de todos sus alegres beneficios...(Lo hace. Se va para adentro. Rosalía se queda barriendo. Griselda sale con una valija dispuesta a irse). Voy a mandar a mi primo con el camioncito para que me recoja las plantas y lo demás te lo dejo. (Le paga el alquiler) Te pago el mes entero, total falta poco y a vos el dinero te viene bien. (Rosalia rompe el dinero. Después le arranca la valija la abre y tira todo su contenido. Caen algunas ropas y muchos poemas. Hay un silencio espeso. Después Rosalía misma comienza a recoger las cosas de Griselda)

ROSALÍA: Quedáte

GRISELDA: No puedo. Me tengo que ir.

ROSALÍA: ¿Adónde vas a ir?

GRISELDA: No sé. Ya voy a encontrar un lugar con patio. Yo soy una persona asmática, necesito un patio.

ROSALÍA: Y yo soy persona sola. Te necesito a vos.

GRISELDA: No. A mí no. Lo necesitas a Mariano Rivas. A mí no. Yo te molesto.

ROSALÍA: Quedáte. Te puedo dar otra habitación más. La del fondo para que te instales un gimnasio allí.

GRISELDA: No te la puedo pagar.

ROSALÍA: Te la regalo... No puedo imaginarme esta casa sin vos... Te estaría buscando todo el tiempo...

GRISELDA: ¿No te das cuenta de que no puedo quedarme?

ROSALÍA: ¿No te das cuenta que no podés irte? (Pausa. Finalmente se abrazan) Perdonáme, perdonáme, te pido que me perdones Griselda. Sos la mejor persona que conozco. Sos la única persona que me quiere de verdad. Sos mi amiga.

GRISELDA: Vos también perdonáme. Perdonáme mi asma. Perdonáme.

ROSALÍA: (Se ríe) Ténes un asma maravilloso.  (Se ríen) A Mariano Rivas le deben gustar las mujeres asmáticas. Dan ganas de protegerlas. Uno se siente necesario.

GRISELDA: A Mariano Rivas le deben encantar las mujeres enérgicas como vos. Decididas a todo...

ROSALIA : Yo creo que nos necesita a las dos.

GRISELDA: Ay, si lo supiera. Si él supiera cómo nos necesita a las dos...

ROSALÍA: Algún día va a saberlo...

GRISELDA: Algún día, algún día, algún día, algún día...

ROSALÍA: Sí, Griselda, algún día seremos felices, algún día seremos jóvenes, algún día Mariano Rivas se enamorará de nosotras, vestido de Marcelo el mecánico, lleno de esa grasa que le queda tan bien, nos besará en la boca y nos dirá, chiquitas mías, algún día, algún día... algún día...

(Apagón)

 

CUARTA ESCENA

(Al encenderse las luces se ve a Griselda y a Rosalía recostadas cada una en un sillón. Rosalía tiene la cara recubierta de rodajas de naranjas y Griselda de rodajas de tomate. Están abocadas a un tratamiento de rejuvenecimiento facial).

(Rosalía se ríe a carcajadas. Griselda quieta, casi estática, muda).

ROSALÍA: ¡Qué gracioso! (Se ríe) ¡Qué gracioso! (Se ríe)

GRISELDA: (Finalmente le pregunta) ¿De qué te reís?

ROSALÍA: (seria) Estaba pensando en la muerte.

(Pausa muy seria de las dos. Después Griselda empieza a reírse sola. Rosalía se contagia, y finalmente se ríen las dos. Hay mucha ansiedad y miedo en esta risa que, sin embargo, no deja de ser alegre).

ROSALÍA: ¿Vos cómo te la imaginás?  

GRISELDA: ¡Ay! ¿ Quién puede imaginarse la muerte?

ROSALÍA: (En medio de otro ataque de risa). Yo puedo.

GRISELDA: (Se rie). Yo también. Me la imagino siempre.

(Se ríen juntas)

ROSALÍA: Para mí la muerte tiene zapatos brillantes. No es ni blanca ni negra, de un color que no existe. (Se ríe). Me mira y me dice (Se ríe)  “vamos piba”.

GRISELDA: (Se ríe). ¿Habla así la muerte?

ROSALÍA: “Vamos piba, se te cortó la piola”.

(Silencio)

ROSALÍA: ¿No te viene el asma?

GRISELDA: ¡No!, al contrario, me divierto mucho.

GRISELDA: ¡Pero la muerte es un tango!

ROSALIA : La muerte habla como Marcelo en el teleteatro. Es gordísima y tiene el pelo fosforescente y una lengua de trapo.

GRISELDA: (Se ríe) Sí, sí.

ROSALÍA: Una lengua de trapo para envolverme.

(Griselda se saca ceremoniosamente los tomates. Los coloca ordenadamente sobre una mesa)

GRISELDA: Ya pasó el tiempo, ahora viene la máscara facial vegetativa.

(Rosalía se saca las naranjas, Griselda agarra un plato donde hay preparadas tiras de distintos vegetales verdes y los coloca ordenadamente sobre la cara de Rosalía)

ROSALÍA: ¿Y a vos qué te toca?

GRISELDA: Circulación de la sangre. Llegó la hora de las cachetadas. (Griselda se da cachetadas sola). Para mí la muerte es un hombre muy alto que me hace preguntas. (A cada pregunta se da una cachetada más fuerte) ¿Cuál fue tu comida preferida? ¿Qué número de zapatos calzás? ¿Cuántas veces te acostaste con un hombre? ¿Cuál es el río más ancho del mundo? ¿Qué países del mundo conociste? ¿Le tenías miedo a las tormentas con relámpagos? ¿Cuánto dejaste de creer en la cigüeña? ¿Te jugaste por algo alguna vez? ¿Vos también creíste que la Argentina ganaba la Guerra de las Malvinas? ¿Fuiste feliz durante más de media hora? ¿Te hubiera gustado tener tres hijos? ¿Te hubiera gustado publicar un libro de poesía?

(Se ha pegado muy fuerte y le saltan las lágrimas. Se acerca a Rosalía  y le saca las verduras, se miran intensamente en silencio, sin decirse nada, después Griselda, tratando de repararse. Rosalía enciende el televisor)

(TELETEATRO)

VALERIA: (Feliz) Papá papito papitín (Lo llena de besos. Se sienta en las rodillas del padre).

PADRE: Te tengo miedo... (Se ríe) Estás por pedirme algo...

VALERIA: (Se ríe) Nada que ver. (Lo besa) Estoy feliz... eso es todo...

PADRE: (La abraza) Entonces yo estoy felíz también...

VALERIA: (Más seria) Te necesito.

PADRE: Me tenés.

VALERIA: Estoy enamorada. Yo nunca había estado enamorada. ¿Vos estuviste alguna vez perdidamente enamorada?

PADRE: Algunas veces... (Se ríe) Algunas veces sí. (Pausa. La besa) Javier Ugarte es un muchacho muy serio. Es difícil para mí no sentir celos, pero tengo confianza en Javier. Me gusta su entereza, me gusta su manera de ser joven. Un joven con los pies sobre la tierra, que pisa fuerte. Lleno de vida, lleno de posibilidades. (La besa). Que seas muy feliz hijita, muy feliz... (Emocionado). Tan feliz como yo te lo deseo...

VALERIA: No estoy enamorada de Javier Ugarte. (El padre la mira absolutamente sorprendido)

PADRE: ¿Qué?

VALERIA: Yo sé que vos me vas a entender. El amor es así. Uno no se propone nada. Le pasa. (Pausa) ¿Me vas a ayudar, papá?

PADRE: (Muy desconfiado) ¿Ayudarte a qué? ¿Ayudarte a qué?

VALERIA: Papito... yo estoy enamorada de otra persona. Una persona maravillosa, una persona con un corazón enorme y con las manos fuertes de trabajar....

PADRE: Pero si ya está todo en marcha para tu casamiento con Javier Ugarte... ¿Cómo podés ahora no ser fiel a tu palabra? ¿Cómo puede mi hija hacer una cosa así...? (Pausa) Y ¿de quién estas enamorada? ¿Quién es el loco que te sedujo?

VALERIA: No hables así papá...

PADRE: Yo hablo como quiero. ¿De quién estás enamorada?

VALERIA: De... de Marcelo... de Marcelo el mecánico...

(El Padre le da una cachetada. Ella llora. Sobre esta plano corte)

GRISELDA: ¡Qué viejo jodido!

ROSALÍA: Mirá, si él se lo propone, te juro que lo revienta a Marcelo.

(En el teleteatro, corte a Marcelo que está en su taller. Canta y trabaja).

ROSALÍA: ¡Mirálo, qué divino!

GRISELDA: ¡Cómo querés que lo mire si me tapás todo!

ROSALÍA: Oíme, yo también quiero verlo ¿o es tuyo sola?. (Forcejean y se acomodan)

Qué naricita tan perfecta tiene...

GRISELDA: Mirá ese pelo. Hoy lo tiene más lindo que nunca...

ROSALÍA: Félix me lo dijo. Hay un hombre en mi vida. Lo veo venir. (Besa el televisor)

GRISELDA: ¡Sacá la cabeza!

MARCELO: Pasáme la bisagra, Tachuela, querés.

TACHUELA: ¿Qué bisagra, Marcelo?

MARCELO: La de la ventanilla, flaco.

GRISELDA: Mirá, cómo se pone los tornillos en la boca, qué bien le quedan.

ROSALÍA: Es que tiene los dientes de caníbal. ¿Viste cómo mastica?. Me encanta verlo comer, sobre todo cuando se traga a mordiscones una manzana.

GRISELDA: Callate la boca que no se escucha.

ROSALÍA: Yo lo haría comer manzana todo el tiempo. Así debe besar, a mordiscones.

(En el teleteatro, timbre)

MARCELO: Atendé, Tachuela, querés.

VOZ DE POLICIA: Buenas tardes. Soy el oficial Ramírez. Tengo orden de detención del señor Marcelo Bragante. ¿Se encuentra en la casa? (Música de suspenso y “leiv-motiv” del teleteatro. Rosalía apaga el televisor)

GRISELDA: ¿Cómo sabes que se terminó?

ROSALÍA: ¿No viste los cartones? Terminó-

GRISELDA: ¿Terminó que se lo llevan preso?.

ROSALÍA: Lógico, el padre de ella le mandó la policía. Es un tipo muy influyente, yo te dije que lo iba a aplastar como una mosca.

GRISELDA: ¡Pobrecito! ¿Y ahora qué hacemos?

ROSALÍA: Imagináte que si le pasa algo grave a Marcelo, se acaba el teleteatro. Así que no puede ser.

 

GRISELDA: Son teleteatros modernos. Algunos terminan mal. Acordáte el año pasado con esa tira “Simpático adolescente”, terminaba que ella se moría. Sí, para mí que es moderno y va a terminar mal. Marcelo ahora va preso, y después el padre va a contratar a alguien que lo mate. Un accidente casual, y mucho dinero encima para tapar las cosa.

ROSALIA: También puede terminar bien. Marcelo se casa con Valeria y Javier reconoce sus errores y se va del país.

GRISELDA: ¿Y al padre dónde lo metés en todo esto?. No, querida. Hay un padre que es un personaje muy importante, y que está decidido a todo. No ves que ahora le  mandó un policía a la casa. Por de pronto ahora va preso, y son un montón de capítulos de sufrimientos en los que van a estar separados.

ROSALÍA: ¿Pero cómo va a ir preso si él no hizo nada?

GRISELDA: ¿Y eso que tiene que ver? ¿O solamente van presos los que han hecho algo?

ROSALÍA: No nos podemos quedar así, de brazos cruzados. Hace cuatro años que venimos siguiendo los teleteatros donde trabaja Mariano Rivas. Acordáte el año pasado con “Muchacho Terrible”. Que sufrimiento, corría carreras de auto como un desafortunado. Nunca sabíamos si iba a vivir o no.

(Griselda se lo alcanza sumisamente)

El número del canal

(Griselda le alcanza una agenda donde figura. Rosalía marca)

GRISELDA : ¿A quién llamás?

ROSALÍA: Al autor del teleteatro, por supuesto. (La atiende) Hola, buenas tardes. Comuníqueme por favor con el Señor Gaspar Méndez Paz. (Pausa). De parte de Lolita Torres. (pausa) Hola, sí, no, no soy Lolita Torres pero dije que era Lolita Torres porque si no usted no iba a querer atenderme. Yo soy Rosalía Echagüe, una constante, una apasionada espectadora de sus tiras y lo llamaba para preguntarle si el teleteatro va a terminar mal, y para pedirle por favor que no lo meta preso a Marcelo, ya que ha sufrido bastante para conseguir el amor de Valeria, y ahora que lo tiene, justo se lo va a arruinar. (Pausa) Me cortó. (Vuelve a llamar) Con en el señor Gaspar Méndez Paz. De parte de Susana Giménez. (Pausa) Hola, soy Rosalía Echague otra vez. (Pausa cortada) ¡Dios mío! (Cuelga)

GRISELDA: ¿Qué te dijo?

ROSALÍA: Una mala palabra. Es un guarango este hombre. Y pensar que la vida de Marcelo el mecánico depende de gente como este señor. Está cantado: lo va a reventar a Marcelo. Aunque sea para llevarme la contra. Le tendría que haber pedido que lo meta preso. Así lo dejaba  en libertad. Ese hombre me odia.

GRISELDA: Ese hombre no te conoce.

ROSALÍA: Ese hombre odia a los espectadores, y yo soy una espectadora.

GRISELDA: Entonces también me odia a mí.

ROSALÍA: Sí. Pero a mí me odia más, porque yo me atreví a enfrentarlo. Le hablé por teléfono. (Pausa). Pobre Marcelo, ahora por mi culpa todo el sufrimiento que le espera.

GRISELDA: ¡No digas disparates! ¿Qué tiene que ver?

ROSALÍA: (Le agarra un ataque) Tiene mucho que ver, sabés. Félix me lo dijo. Mi vida pega un salto en este momento. Mi vida cambia pero no cambia sola. Vos también tenés que cambiar conmigo. Hay un hombre. Tenemos que hacer algo.

GRISELDA: ¿Qué?

ROSALÍA: No sé . Algo definitivo. Algo donde le demostremos a Mariano Rivas lo que sentimos por él. ¿Entendés?

GRISELDA: Sí, pero ¿qué?

ROSALÍA: El tiene que saber que existimos. El tiene que meterse en nuestra vida. Me lo dijo Félix. Es cuestión de atreverse.

GRISELDA: Sí, pero ¿A qué?

ROSALÍA: A algo que nos arroje a la vida verdadera. Algo que nos sacuda de raíz y nos dé vuelta. Algo sin regreso. ¿Entendés? (Como una alucinada) Presiento grandes cambios, Griselda. Estoy harta de cosas pequeñas. Harta de ponerte tomates en la cara para detener el tiempo. El tiempo pasa igual, Griselda. Nos hemos cuidado demasiado. Pero, ¿para quién nos hemos cuidado? Para Dios.

GRISELDA: (Con mucho miedo) Dios. Mi Dios.

ROSALIA : Dios creó la vida para ser vivida. Dios nos va a perdonar. Arrodilláte Griselda. Pidámosle perdón a Dios.

GRISELDA: ¿Perdón? Si nunca hemos pecado.

ROSALÍA: (Reza en voz alta)

Perdón por lo que no hice.

Perdón por lo que no tuve.

Perdón por lo que no tomé.

Perdón por lo que no sentí

Perdón por no haberme reído bastante.

Perdón por no haber usado mis lágrimas.

(Griselda se ríe repentinamente. Rosalía la mira muy seria).

GRISELDA: Perdón.

ROSALÍA: A mí, no. A Dios. A Dios.

(Apagón)

 

QUINTA ESCENA

(Es de noche. Una luz violácea cruzada por el brillo de los relámpagos atravieza la escena vacía. Afuera llueve intensamente, y durante unos instantes las ventanas abiertas golpetean ininterrumpidamente, la jaula de los loros oscila movida por el viento. Después de una pausa, Rosalía, furiosa y desencajada, entra a escena. Tiene el pelo muy revuelto y la cara cubierta con una crema muy blanca. Descalza, y con un ancho camisón sin gracia. Parece un fantasma de sí misma).

ROSALIA.: ¡Otra vez las ventanas abiertas! ¡Pero vos qué tenés en la cabeza? ¡Se nos viene abajo la casa y vos seguís durmiendo tranquilamente! ¡Nos vas a matar a todos! (Cierra furiosamente las ventanas que se le resisten por el viento).¡Hace veinte años que abrís las ventanas que yo cierro! (Un odio casi descontrolado ocupa su cuerpo. Da vueltas por el escenario como buscando una presa para matar. Finalmente agarra un helecho.) Hace veinte años que vivo entre las verduras. Veinte años escuchándote hablarle a la Begonia para que nos quite el mal de ojo, y a la Violetita de los Alpes para curar el catarro, y a mi Don Helecho macho para conseguir novio. (Levanta en alto el helecho como una ofrenda ante un altar)

“Don helecho dame amor

que yo te voy a cuidar

dame felicidad

quitáme la soledad”

(Baja el helecho y lenta y destructoramente le arranca las hojas)

¡Mirá como te quito la soledad! ¿No te sentís mejor ahora? Yo no espero más, Griselda. ¿No te das cuenta? Yo no puedo más. Ni begonias, ni hortensias, ni malvones, clavelinas del aire... en esta casa hace falta un hombre! ¡Un hombre, no verduras! (Deja el helecho, saca violentamente a los loros de la jaula. Y los arroja por la ventana. Después, dificultosamente, vuelve a cerrar el ventanal). ¡A volar, muchachos, a volar! ¡En esta casa nadie los necesita! ¡Quitáme la soledad! (Después de cerrar el ventanal vuelve a rondar por el jardín de invierno como buscando algo) Yo voy a traer un hombre a esta casa. Y vos me vas a ayudar. Vos, Griselda. Despertáte. (Se trepa a una escalera y busca sobre un armario o una alacena, una caja de hierro oculta.Todavía ahí arriba, la abre y saca un revólver. Lo mira asustada y casi embelesada).¡Quítame la soledad! ¡Quítame la soledad!

(En ese momento entra Griselda. También despeinada. En camisón y con la cara llena de crema. A manera de máscara. Rosalía la mira desde arriba de la silla y le apunta con el revólver).

GRISELDA: Rosalía... (Trémula)

ROSALÍA: Ves que no soy sonámbula. Estoy despierta. Tengo los ojos abiertos. Mucho más abiertos que vos.

(Griselda respira con fatiga)

ROSALÍA: Una vez voz quisiste usar este revolver para dejar de sufrir. ¿Te acordás? (Griselda no le contesta) Habías dejado una carta y todo. ¿Te acordás? (Pausa) ¿Te acordás?

GRISELDA: Sí

ROSALÍA: El veterinario se fue con la veterinaria y Griselda se quedó con el Don Helecho macho ¿Te acordás?

GRISELDA: Sí

ROSALÍA: Vos le cantabas todas las noches al Don Helecho macho. ¿Te acordás?

GRISELDA: Sí

ROSALÍA: Pero el Don Helecho macho no te quitó la soledad.

GRISELDA: No

ROSALÍA: Repetí: “el Don Helecho macho no me quitó la soledad”.

GRISELDA: No

ROSALÍA: “Repetí: el Don Helecho macho no me quito la soledad”.

GRISELDA: No.

ROSALÍA: Repetí que te mato. (Apunta con el revòlver).

GRISELDA: El Don Helecho macho no… no… no… no me quitó la soledad.

ROSALÍA: Yo te la voy a quitar. ¿Entendés?

GRISELDA: Sí.

ROSALÍA: Te la voy a quitar yo, con ésto. (Por el revòlver).

GRISELDA: (Temblando porque cree que la va a matar) Sí…

ROSALÍA: Vamos a traer a Mariano Rivas a casa. Con ésto, vos y yo.

GRISELDA: (Aliviada) ¿Sí?

ROSALÍA: Solito para nosotras dos. (Se ríe. Griselda sonríe).

GRISELDA: Sí. (Le saltan las lagrimas).

ROSALÍA: Repetílo

GRISELDA: Solito para nosotras dos.

ROSALÍA: Aunque sea por unas horas

GRISELDA: Solito para nosotras dos. (Se ríe)

ROSALÍA: Lo vamos a hacer feliz.

GRISELDA: (A las carcajadas) Solito para nosotras dos.

ROSALÍA: Marcelo el mecánico va a venir a casa. (Se ríen).

GRISELDA: Me voy a atrever, Rosalia. ¡Me voy a atrever! ¡Siento que me voy a atrever!

(Pausa. Rosalia baja de la escalera. Sin dejar el revolver)

ROSALÍA: Al principio no va a querer venir.

GRISELDA: Pero lo traemos igual.

ROSALÍA: Y después no se va a querer ir… (Se ríen)

GRISELDA: Vamos a prepararlo todo. Detalle por detalle. Total por unas horas, nadie se va a dar cuenta…

ROSALÍA: ¡Marcelo el mecánico en casa! (Cae una en brazos de la otra) Te quiero tanto, tanto.

GRISELDA: Yo también.

ROSALÍA: Sos lo único que tengo en este mundo.

GRISELDA: Vos también sos lo único que tengo en este mundo.

(Se besan con mucho afecto)

ROSALÍA: Vamos a ser felices aunque sea por una hora.

GRISELDA: Como la cenicienta…

ROSALÍA: ¡Basta de novelas! ¡Ahora Marcelo el mecánico se representa en casa!

GRISELDA: ¡Sí, sí basta de novelas! ¡Ahora la novela somos nosotras!

ROSALÍA: ¡La mejor de las novelas! ¡Nuestra novela!

GRISELDA: ¡La gran novela de nuestra vida!

(Rosalía abre el arcón y se mete adentro)

ROSALÍA: ¡Yo sabía… yo sabía que a nosotras nos esperaban grandes momentos! Yo te dije, Griselda, que algún día…

GRISELDA: (Se ríe) ¡Hoy es ese día, Rosalía! ¡Hoy es nuestro día! ¡Ahora nos toca vivir a nosotras! ¡Ahora, por fin, nos toca vivir a nosotras nuestro gran amor…! ¡Ahora!

ROSALÍA: Ahora, sí ahora…! Ahora, ahora.

ROSALÍA: Ahora, ahora, ahora, ahora y acá.

ROSALÍA: Traerlo… traerlo… saborearlo…

GRISELDA: Mirarlo… sentirlo… cuidarlo…

ROSALÍA: Mariano Rivas con nosotras, acá…

GRISELDA: Nuestro Marcelo el mecánico nos va a arreglar todos los coches que querramos…

ROSALÍA: Quiero ahora, quiero… ¡Te quiero!

GRISELDA: Vamos a morder la manzana… ¡¡¡La gran manzana de la felicidad!!!

horizontal rule

E-mail: dianaraz@argentores.org.ar                                                                                                                                    Espacio cedido por ARGENTORES