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| TALLER DE ESCRITURA (DRAMÁTICA). La construcción de un espacio conversacional acerca del proceso creativo. La experiencia de la que voy a hablar corresponde a un taller comenzado en 1997 con el auspicio de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires en el tercer cordón del Conurbano y que hoy continúa en el Teatro Repertorio del Norte de Vicente López. Comenzó siendo libre y gratuito, y hoy es un taller pago. Esta experiencia se desarrolló con actores, escritores, público y personas que simplemente tenían una necesidad expresiva. Participaron también personas que quieren escribir teatro. Voy a hablar de dos tipos de conversaciones que se produjeron en el taller a lo largo del tiempo: las que están referidas a los materiales; y las que están referidas al estancamiento del proceso creativo y a la búsqueda de nuevas alternativas y recursos. A. El taller de escritura es entendido por mi como una sociedad de conversación en donde cada tallerista es experto de si mismo; y el director, es experto sobre el proceso de conversar acerca de los procesos creativos, y experto también en algunos conocimientos sobre el escribir. La primera consecuencia de esta distinción es que la responsabilidad de la exploración comienza a ser compartida. No es de ningún modo algo que el director del taller hace en la cabeza de los integrantes (ponerles contenidos que desconocen), sino algo que ambos hacen juntos: abrir posibilidades o cerrar posibilidades de crecimiento y desarrollo creativo a través de la conversación. ¿Qué quiero decir con que cada uno es experto de si mismo? No quisiera discutir con ustedes el valor de verdad que tiene esta afirmación. Más bien quiero explorar qué camino de investigación y práctica nos abre. En primer lugar, favorece una mayor horizontalidad en la conversación ya que existen en ella, por lo menos, dos expertos. Uno, es más experto en el oficio de escritura dramática y en el proceso de conversar. El otro, el participante del taller, es experto de si mismo y quien guía la conversación: sobre qué quiere hablar y sobre qué quiere permanecer callado, qué necesita, y qué le conviene. No voy a plantear una excesiva novedad en el funcionamiento de un taller literario. La cosa es así: un participante lee y los demás (incluido el director) van dando su opinión sobre el material. A esta metodología habitual yo le sumo algunos procedimientos que Tom Andersen utiliza en sus equipos reflexivos. En las devoluciones que se hacen al material yo mantengo como consigna que las personas no hablen entre si. Que simplemente expongan sus opiniones o sus visiones sin intercambiar criterios o juicios. La intención es que cada participante pueda decir su palabra y dejarla frente a quien lee para que la persona elija cual le es más conveniente en ese momento. Trato de asegurar la participación de todos los que quieran hacerlo, pero limito "la libre dinámica del grupo". Este encuadre es el que acuerdo desde los primeros tiempos de un taller. Así "cada miembro (...) tiene en mente todo el tiempo que hay muchas versiones de los temas que se discuten y que cada miembro tiene su propia versión, que es diferente de la de los demás". Dice Andersen: " las reglas que tenemos se refieren a las cosas que no debemos hacer: no hacer reflexiones sobre algo que pertenece a un contexto distinto del de la conversación que estamos teniendo y no debemos dar connotaciones negativas". En todo grupo existen personas más formadas, que se expresan mejor, que usan más energía, que tienen más carácter. Estas generalmente suelen monopolizar la palabra, y como para una opinión siempre existe otra contraria, lo más frecuente es que se cristalicen los antagonismos, en general extremos, y se instale la polémica. "Si no existe la conversación, los significados tienden a no modificarse. Las conversaciones muy a menudo se detienen cuando los significados de las diferentes personas son demasiados distintos entre si. Si también hay en juego una situación de prestigio, la gente tiende a aferrarse más a sus significados.. En tales circunstancias , la gente tiende a escuchar sus significados acerca el significado de los demás, en lugar de escuchar el significado de los demás" . Esta forma en que Tom Andersen utiliza la conversación permite superar cierta humana tendencia binaria en las decisiones y en la imaginación: es esto o aquello. De este otro modo los recursos se amplían porque la variedad está favorecida. Quien escucha es el que va a elegir que le sirve y que no. ¿Es así como cada participante es el experto de si mismo? ¿Es el que quien guía el aprendizaje? ¿No hay allí un experto explícito (director del taller) que sabe sobre lo que se viene a aprender? Yo creo ver en mi práctica docente y profesional lo siguiente: Los procesos a través de los cuales se genera el desarrollo de la creatividad son diversos, personales y dinámicos. Cómo le sirve a alguien lo que uno le dice es muy particular. Uno puede pensar que fue tal o cual concepto o frase, pero en el feedback se encuentra muchas veces con sorpresas. Lo que la persona dice haberle servido es algo distinto y muchas veces impensado por uno mismo. Entonces la diversidad de opiniones que esta metodología propone favorece esa impredecible y singular incorporación de nuevos contenidos a las conversaciones interiores de cada tallerista. Otra práctica que solemos realizar frente a los estancamientos en los materiales de algún participante es hacer, con las mismas características arriba descriptas, una ronda de preguntas a quien ha leído y encuentra bloqueado su material. Porque, como dice Andersen, "las personas que se encuentran estancadas en lo que ellas mismas definen como situaciones problemáticas están acostumbradas a hacer una y otra vez la misma preguntas". El pensamiento de Tom Andersen adhiere al pensamiento filosófico posmoderno como crítica a las verdades universales, al conocimiento como representativo de un mundo objetivo, que existe con independencia de la mente, en donde el entendimiento actúa como una representación mental interna de la realidad. Desde esta perspectiva no podemos tener un conocimiento del mundo directo sino solo a través de nuestras experiencias. Se destaca entonces la inclusión del observador en el hecho observado y el conocimiento como construcción del mundo a través del lenguaje, y de la determinación de lo social en esa misma construcción. No existe de verdad de mundo representado, todas son construcciones lingüísticas. Yo agregaría: son conversaciones. Nuevamente no quisiera que ustedes pensaran cuanto de verdad contiene esta hipótesis, si no que me acompañen a los recorridos que genera este supuesto. Por empezar, uno comienza a estar más atento sobre lo que se dice en la conversación y menos acerca de lo que se quiere decir. A todo lo dicho le cabe la misma de validez de construcción social y la misma legitimidad de verdad. Si el lenguaje es nuestro pensamiento, si la relación entre la realidad y pensamiento es nula, si la misma realidad no puede ser aprehendida no hay expertos sobre la realidad. Todos construimos el mundo que percibimos: coordinador y tallerista. Todos estamos en iguales condiciones acerca de lo que decimos saber. Este supuesto radical además de polémico termina con el modelo moderno de conocimiento, de expertez, de transmisión del aprendizaje y de prácticas. La conversación no es un instrumento para convalidar un saber anterior, si no que la conversación es lo único que tenemos para comprender lo que pasa. ¿Cómo conversa el coordinador con los tallerista? ¿Cómo conversan los talleristas entre si respecto de un material? ¿Cuáles de esas conversaciones favorecen el proceso creativo y cuales lo obstaculizan? ¿Cuándo se estanca la conversación y cuando sigue fluyendo? Desde esta perspectiva, son preguntas muy importantes para quien se dedica a la enseñanza. B. Otro tipo de conversaciones que se mantienen en el taller son las que tienen que ver con el proceso creativo. ¿Cómo son abordadas desde esta perspectiva? Todos actuamos sobre el quiebre de los demás. La realidad es transparente y se desliza sin problemas hasta que la dificultad la hace evidente. El tallerista se dice: quiero escribir. Comienza una conversación interior: ¿puedo? ¿sé hacerlo? ¿quién me podrá enseñar? Allí está el quiebre. Concurre al taller porque necesita aprender y entra, a mi criterio, en un sistema conversacional. Mi experiencia es que el estancamiento en la escritura es consecuencia de las conversaciones interiores que la persona mantiene consigo mismo, de los significados que adjudica a las descripciones que hace, de las conversaciones exteriores, lejanas o cercanas en el tiempo, que se han incorporado a las propias. Y como la palabra es poderosa y también suele ser peligrosa, los resultado de esas conversaciones interiores son la inseguridad, la parálisis, la pérdida de confianza en si mismos. Se cumple la autoprofecía: piensan que no pueden, y finalmente no pueden. El taller entonces será el espacio lingüístico que permitirá que la creatividad fluya o permanezca estancada. Ahora bien, ¿qué es lo que produce uno u otro resultado? ¿Qué modo de conversar, qué forma de liderar, administrar, gerenciar la conversación, de últimas qué metodología de la conversación favorece el proceso creativo y qué lo estanca u obstaculiza? Un clima distendido, permisivo, cálido favorece la exploración que la creatividad necesita. Por el contrario, un clima tenso, crítico, frío, persecutorio obstaculiza la creatividad. Esto es algo difundido, cierto y obvio. Pero quiero avanzar un poco más allá de este saber, que seguramente todos compartimos. Mi experiencia es que las personas, por razones particulares o porque la verdad social imperante se les impone, suelen utilizar descripciones negativas cuando hablan de sus dificultades para escribir. Conversaciones externas con carga negativa conforman ahora las creencias que operan en el íntimo acto de imaginar y escribir, y sustentan los bloqueos en la escritura. Es inadecuado que las conversaciones del taller refuercen esas formulaciones negativas. Entiendo la reformulación positiva, no como una astucia, sino como el comienzo de otra forma de comprender y de conversar acerca del proceso creativo propio. Las formulaciones negativas y positivas son dos formas de ver las cosas, tan válidas o invalidas, como cualquier otra. Están sostenidas, como casi todas las creencias, sobre generalizaciones. Tienen el mismo y nulo criterio de verdad. La cuestión es observar cual es más eficaz para el proceso creativo de las personas. Parte del vivir está basado en la capacidad de hacer generalizaciones. No podríamos hacer de cada cosa una experiencia distinta. Intentamos que las generalizaciones nos organicen las conductas con más rapidez y facilidad. Pero las generalizaciones conspiran contra el entendimiento de cada proceso creativo, contra la singular estrategia mental con que cada uno accede a sus percepciones o construye sus bloqueos. Mediante una escucha desde el no-saber y a través de preguntas que contenga la curiosidad necesaria, tallerista y coordinador a través de una indagación compartida indagan las particularidades que asoman en las conversaciones del taller. Estas conversaciones llevan a distinciones más finas, distinciones superadoras de la generalización que con frecuencia apuntan al por qué suceden las cosas. Yo apunto a comprender el cómo suceden, para que desde allí se abran opciones para hacer algo distinto. Quiero volver al tema de las preguntas. Las preguntas que se producen en esta forma de trabajar devienen desde adentro de la conversación que se esta dando y no desde afuera. Ese afuera puede ser la conversación interior que el director mantiene consigo mismo, con su teoría y sus creencias. Este tipo de preguntas se hacen para validar hipótesis previas, para las que tenemos una respuesta antes de formularlas. Las preguntas conversacionales, en cambio, intentan hacer solo pequeños desplazamientos en la conversación para abrir nuevas exploraciones a lo todavía no dicho que permita disolver el bloqueo creativo de un material. "Aquellas preguntas apropiadamente poco usuales que dan la posibilidad de más de dos respuestas (si y no) a menudo abren las posibilidad de hacer más preguntas", dice Andersen. Y estoy de acuerdo. Cuando uno pregunta para confirmar, y no para investigar el proceso singular del tallerista, la conversación que allí se produce se transforma en la confirmación de algo ya conocido. Una auténtica curiosidad mantenida a lo largo de la conversación nos permiten conocer, no generalidades sobre el escribir, sino cómo y de qué manera se da la relación del tallerista con su material. Es obvio que todos vamos a las conversaciones con una carga de certezas y convencimientos (llámense opinión o teoría científica) que hacen que lo dicho por el otro, se transforme en lo escuchado por mi, en lo significado por mi, en lo atribuido por mi. Cada pregunta resulta de un sincero intento de entender lo que acaba de ser dicho y lo no dicho. La conversación adquiere un ritmo lento, donde no se superponen las frases finales del otro con lo que uno quiere decir, si no que existe una pausa entre uno y otro texto que favorece la reflexión y la nueva pregunta que sigue indagando. Así entendidas, las conversaciones no resuelven los bloqueos creativos. Más bien los disuelven. Para terminar quisiera manifestarles mi creencia que esta forma de comprender la conversación puede ser un aporte interesante para quienes trabajamos permanentemente con ella. Por ejemplo, en la enseñanza. Muchas gracias a todos. BIBLIOGRAFIA. Conversación, lenguaje y posibilidades. Anderson, Harlene. Amorrortu/editores. Buenos Aires, 1999. La estructura de la magia. Bandler, R. y Grinder, John. Cuatro Vientos Editorial. Santiago de Chile, 1980 El cliente es el experto: un enfoque en la terapia del no-saber. Anderson, H y Goolishian, Harry. Revista Sistema familiares, año 11, No. 3. Buenos Aires Diciembre, 1995. Conversaciones para encontrar soluciones. Furman, Ben y Ahola, Tapani. Revista Sistemas familiares, año 12, No. 3. Buenos Aires, 1996. Cambiando el nombre se cambia el juego. Elfran, Jay y Heffner, Kerry. Revista Sistemas familiares., año 8, No. 3. Buenos Aires 1992. El lenguaje es poderoso y suele ser peligroso. Andersen, Tom. Revista Sistemas familiares, año 12, No. 1. Buenos Aires 1996. El equipo reflexivo. Diálogos y diálogos sobre diálogos. Tom Andersen. Gedisa editorial. Barcelona, 1994. |
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