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TALLER DE DRAMATURGIA: UNA EXPERIENCIA.

PROCESO, METODOLOGIA Y ESBOZO TEORICO.

Presentado en el Segundo Congreso Nacional de Dramaturgia realizado en Mar del Plata el 17, 18 y 19 de Noviembre de 2000.

En Julio de 1997 comencé a dirigir un taller de dramaturgia, con frecuencia de una vez semanal, auspiciado por la Comedia de la Provincia de Buenos Aires.

Desde el comienzo algunas características influyeron en su conformación, en su dinámica y en el modo como los proceso de aprendizaje se desarrollaron: el taller fue gratuito, abierto, y realizado en lo que se denomina el tercer cordón del Conurbano bonaerense.

Un taller gratuito, la experiencia lo confirmó, permite que concurran personas que no podrían hacerlo si los talleres fueran arancelados. Se favorece que gente, que habitualmente no lo hace, se acerque a actividades culturales y artísticas, y permite que conozca sus códigos con frecuencia distantes y ajenos.

Era inicialmente un taller abierto de dramaturgia formado por un pequeña base de actores. Apenas iniciado advertí que empezaron a concurrir personas con materiales de poesía y narrativa. Cómo no existían otros lugares gratuitos donde podían integrarse, través de sus demandas fueron imponiendo su presencia. La gente difundía nuestro trabajo a través del boca a boca y al cabo de un tiempo "el taller de dramaturgia" se transformó en "taller de escritura y creatividad", una denominación más abarcadora e inclusiva.

Los talleres privados que se dictan desde el ámbito teatral especialmente en las grandes ciudades son más específicos en cuanto a su población, precisos en la oferta y la demanda, y relacionados con el ambiente y la industria del espectáculo. Representan mejor la especialización dramatúrgica y preparan profesionales para la actividad.

Esta experiencia se desarrolló en lo que podríamos llamar la base de la pirámide de actores, escritores y "público-público", tal como se entendía antes: gente que va al teatro pero que no pertenece al ámbito teatral.

Un taller amplio ayuda a la gente a introducirse al mundo del teatro y plantea nuevos desafíos en la enseñanza. Esta diversidad, que inicialmente podía ser vivida como dificultad, se transformó en el núcleo de la red artística que se fue constituyendo.

La convivencia de géneros demostró ser enriquecedora para todos los miembros porque recibieron información, formación, lecturas y recursos de cada uno de ellos. En cuanto a mi, me permitió conocer su especificidad, aprender elementos nuevos y aprender a enseñarlos.

Los integrantes, personas de diversas edades, profesiones, formaciones y condición social, se acercaron, se quedaron y/o se alejaron según su necesidad y circunstancias. La existencia de un espacio artístico y creativo en el que hubiera la mayor libertad posible estaba entre los objetivos de mi dirección.

El taller funcionó en la ciudad de Pilar, que a pesar de ser cabecera del partido que mayor inversión y crecimiento ha tenido en los últimos años no participa plenamente de el, ya que los barrios privados, countries y clubes de campo generaron un desarrollo dual y encerrado entre los límites custodiados y alambrados de sus territorios.

Por encima de estos sistemas y abarcándonos a todos estuvo y está el contexto macro del segundo gran cambio social, económico y cultural que vivió la Argentina en el siglo XX, y que se conoce como ajuste.

A través de este trabajo se reitera el concepto de red como idea central en la realización de talleres de estas características, ya que sin perder su especificidad dramatúrgica amplían su influencia hacia áreas y personas que están más allá de lo específicamente teatral. Creo que al teatro le hacen un bien enorme porque ayudan a superar cierta inclinación que tenemos los teatristas a diferenciarnos, a creernos vanguardias estéticas e ideológicas y finalmente a vaciar el teatro de público. Si bien se mira es comprensible que actuemos así: solemos trabajar en condiciones de completa desventaja y adversidad, y el aislamiento es una forma de protegernos.

Los hombres y mujeres, solos y dispersos, son fáciles presas de los mensajes de exclusión permanentes con los que se quiere reforzar el pensamiento único que domina nuestra sociedades.

Este pensamiento puede resumirse de la manera siguiente: "aquí sobra mucha gente".

Por eso destaco la especificidad con la que he llevado adelante esta experiencia y la diferencio de las ofertas privadas. Sin embargo, en lo metodológico muchos conceptos y prácticas pueden ser igualmente aplicables a ellas.

Este caracterización del contexto se presenta necesaria especialmente para quienes creemos que los contextos son determinantes en las conductas de las personas, aún en las más íntimas como es el acto de imaginar.

La transformación del Estado, su retiro de casi todas las actividades de la sociedad, la privatización y desrregulación los servicios, el triunfo del capitalismo financiero por sobre el capitalismo productivo, las dificultades estructurales de la Argentina para exportar y crecer, las presiones de la deuda externa y el proteccionismo de los países centrales conformaron y conforman un contexto de enorme presión sobre las capas medias y trabajadoras del país. Eso se traduce en exclusión, empobrecimiento y el desgarro de las redes de solidaridad social sobre las que estaba montado el Estado de Bienestar que continuó hasta 1991.

Puede sonar extraño hacer referencias a cuestiones que no parecen tener que ver con la enseñanza de la dramaturgia ni con su metodología pedagógica. Pero yo valorizo mucho los contextos porque entiendo que es dentro de ellos que se dan los desarrollos individuales creativos. Y que esa exterioridad, permítaseme decir tan lejana y ajena, ejerce una enorme influencia en la experiencia interior llamada imaginación.

El despliegue de la imagen creadora, y luego de la escritura está atravesado por lo contextual y no puedo pensar el desarrollo pedagógico de la dramaturgia sin antes hablar aunque sea someramente de estas cuestiones.

La inclusión y la dualidad no sólo ha sido una construcción concretada en términos económicos sino que su tensión atravesó y atraviesa todas las dicotomías de la vida social.

Voy a referirme específicamente a las tensiones relacionadas con el proceso creativo y la enseñanza de la dramaturgia, con las que me ha tocado trabajar durante estos años.

Yo desarrollé la enseñanza sobre varias dualidades y también sobre los conceptos de legitimidad y propiedad de los recursos imaginarios, y luego expresivos. Enumero de esas tensiones:

centros urbanos – periferia.

Aunque estoy hablando sólo de mi experiencia, me atrevería a decir que esta dualidad tiene enorme influencia en el desarrollo de las potencialidades creativas en muchos lugares del país. La grandes ciudades son vistas como una concentración real e imaginaria de creatividad frente a desarrollo local. No estamos hablando de las diferencias que siendo determinantes podrían soportarse si no del efecto que ellas tienen en el proceso creativo, en la imaginación y en su desarrollo. Esta dualidad se combina con la que sigue.

Autores profesionales – yo, tallerista.

Como es obvio, a quien se le otorga reconocimiento social se lo ayuda a construir una identidad (entre ellas, la artística). Entiendo como identidad artística a la creencia construida en conversaciones exteriores e interiores que legitiman a una persona para realizar la tarea creativa con un aceptable grado de confianza.

Por ejemplo, escribir teatro.

Bajo estas consideraciones la primera parte del proceso pedagógico estuvo relacionada con el fortalecimiento de la autoestima.

Quiero ser preciso y claro: no me estoy refiriendo al aliento y a la crítica atenuada que intenta facilitar que el tallerista se anime a escribir y crecer.

Estoy hablando de las pautas conceptuales y metodológicas que van guiando las conversaciones del coordinador con los talleristas y de los talleristas entre si.

La aceptación y la legitimidad de las propias imágenes, esos íntimos flashes de la mente, como precursores del acto creativo y la escritura. La imagen, como el hidrógeno, es lo que más abunda. Todas las personas tienen imágenes, no sólo los dramaturgos o escritores profesionales. El reconocimiento de las imágenes propias y luego su expresión disuelven los límites de la dualidad escritores profesionales – yo, tallerista. Pone en manos de la gente la propiedad, la legitimidad y capacidad de imaginar.

La imagen como algo propio y singular, tal vez lo más genuino de uno mismo.

La legitimidad, propiedad, uso de sus imágenes para que el tallerista haga con ellas lo que le venga en gana.

Entiendo por esto lo siguiente: la imagen es un elemento íntimo del que nadie puede apropiarse y sobre el cual los demás, incluido el coordinador, deben hablar con el mayor respeto. Ya que las imágenes en la escritura funcionan como objetos transicionales al decir de Winnicot, a mitad de camino entre lo propio y ajeno, tal como son los juguetes para el niño. La Imagen vista como un juguete es una formulación que acerca aún más la escritura al placer, a lo lúdico.

Es muy importante separar, y mantener con rigor esa separación, entre lo escrito y la persona que lo escribió, entre el producto y la fuente que lo produce. Así dejamos a la persona fuera de cualquier comentario, crítica u

opinión y centralizamos el trabajo sobre el producto. De tal modo el tallerista puede arriesgar materiales, imaginación y producción sabiendo que su persona no estará ni será expuesta.

Reconocer la escritura como un espacio personal, quizás el único, en el que el escritor puede hacer lo que quiere. El concepto freudiano de sublimación expresa para mi esta cuestión de un modo inmejorable y es parte esencial de la cultura del taller. La expresión creativa construye su producción con los elementos emocionales más elementales, y muchas veces, más

repudiados por la sociedad. En talleres abiertos y gratuitos a los que asiste

todo tipo de población, esto que para nosotros especialistas del arte es

una obviedad, muchas veces resulta un difícil aprendizaje que debe ser

protegido y cuidado.

De las premisas metodológicas anteriores se deduce con claridad la importancia que tiene el ensayo y error, y el proceso de exploración. Como así también el reconocimiento del proceso de cambio personal, su dinámica y etapas, y las diversas emociones que lo van acompañando.

Podrán apreciar ustedes que nada está más alejado de esta metodología que lo que conocemos como aliento o estímulo.

Estoy hablando de un conjunto articulado de conceptos y prácticas que buscan organizarse de un modo coherente para que de ellas resulte un proceso de aprendizaje amplio y eficaz al mismo tiempo.

La vida social puede también ser vista como un mundo de conversaciones.

Por eso pienso que el arte, la teoría y la práctica de la conversación constituyen un conjunto de conocimientos que deben ser trasmitidos en el taller.

No todo lo que conversamos, en nuestra conciencia y/o con otras personas, generan aperturas y nuevos significados ni son conversaciones que favorecen el cambio y el crecimiento, en este caso artístico. Es por eso que pongo un especial énfasis en el tema conversacional.

En ese sentido, las conversaciones entre todos acerca de la producción de cada integrante; las conversaciones acerca de los estancamientos y problemas en el proceso creativo; y las conversaciones sobre las alternativas y recursos personales y grupales para superarlos merecen un mayor desarrollo teórico, y ejemplos que permitan comprender mejor su puesta en práctica. Estas cuestiones quedarán para el futuro.

Prefiero desarrollar ahora la historia de la experiencia y reforzar el concepto de redes sociales y su valor reparador de los desgarramientos sociales sufridos en los últimos años. Las redes sociales son además un enorme yacimiento de recursos para la realización de proyectos. Veamos nuestro ejemplo.

Una de las integrantes del taller tenía una revista cultural. Inicialmente me pidió un artículo, quizás influenciada por la dicotomía que expresara antes. Yo era el coordinador, el dramaturgo de la Capital, el escritor profesional, en fin lo que ustedes ya saben. Le replanteé su pedido y propuse al grupo la publicación de un suplemento con lo que produjéramos en los primeros seis meses.

Entendía que la publicación podía reforzar la identidad y la legitimidad creativa de los integrantes porque permitiría la circulación de nuevas conversaciones en el contexto plano más amplio de su comunidad.

Así lo hicimos y así fue. Algunos de ellos fueron reconocidos como escritores por gente que hasta ese momento sólo los consideraba como simples vecinos. Esa gente desarrolló entre sí y con los autores nuevas conversaciones que incluían el cambio y el reforzamiento social de la identidad.

Estas conversaciones a su vez generaron nuevas conversaciones interiores en el escritor fortaleciendo su legitimidad, su libertad y la confianza en si mismo.

La red social construyó así el círculo virtuoso.

Realizamos otro paso: llevar los materiales a la representación, fueran o no estrictamente dramáticos.

No pudimos hacerlo con actores de Pilar pero la comunidad del Teatro Repertorio del Norte se unió con generosidad a la propuesta y los materiales fueron trabajados en su seminario de entrenamiento actoral.

No quiero abundar en lo que para ustedes será seguramente muy evidente: la red social reforzó la identidad de las personas y fue un camino muy ventajoso para la realización artística. Porque ya no sólo se escribieron textos dramáticos si no que también se pudieron concretar.

La revista cultural al año siguiente, y también con el auspicio de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, editó un suplemento de nuevos trabajos. Algunos fueron utilizados en los Torneos Juveniles Bonaerenses en distintas instancias; y uno de ellos llegó a la final en Mar del Plata.

Los materiales producidos en el taller eran de distintos niveles de calidad pero tal como lo manifestamos en los suplementos, no teníamos la exigencia que fueran puestos en escena. Podían ser también utilizados en talleres de actuación y entrenamiento actoral.

La concepción sistémica de nuestro trabajo permitió la circulación de la energía creativa de todos como también la organización de los esfuerzos individuales en distintos ámbitos de la comunidad artística.

Las publicaciones, las representaciones en los talleres de formación actoral, los puestas en escenas en los Torneos fueron parte importante del proceso pedagógico de dramaturgia que iniciamos hace cuatro años.

A través de todas estas distintas instancias los talleristas fueron recibiendo críticas, viendo sus producciones desde otras perspectivas y creciendo como artistas y personas.

Toda la experiencia me confirma que los talleres son una parte importante de la educación no formal, especialmente para aquellos sectores de la población que no han podido acceder o terminar la educación formal necesaria.

Si ponemos al servicio de los talleres un aparato conceptual sólido y una puesta en práctica coherente, ellos se transforman en espacios sociales de aprendizaje y circulación de la energía creativa.

Muchas de estas personas tal vez nunca serán escritores profesionales pero habrán accedido a una experiencia creativa y productiva que ya saben está dentro de ellos como potencialidad. La creación no será ya más un actividad de especialistas si no una posibilidad legítima y propia. La experiencia de haber producido junto a otros habrá reforzado la importancia de la red social y de la colaboración como forma productiva.

En una Argentina que debe enfrentar el desafío de la producción es un aprendizaje necesario y valioso.

Es por eso que yo me atrevo a proponer estos talleres dentro del sistema de enseñanza formal, en carácter de optativos. Y también solicitarlo e impulsarlos como enseñanza no formal.

La creación ha demostrado ser un medio barato y eficaz de bienestar individual y social. Y es también un actividad valiosa como prevención secundaria.

Yo entiendo que lo que se invierte en actividades creativas para la comunidad se ahorra en salud y hasta en seguridad.

No quisiera terminar sin antes agradecer a la extensa red de voluntades que unidas a través de mi hicieron posible esta experiencia y este modesto aporte teórico.

En primer término, al entonces Director de la Comedia, Antonio Lorenzo que creyó en el proyecto y me dio absoluta confianza para desarrollarlo.

A Jorge Villar, Roberto Aguirre y Norberto Barrutti, directores de teatro, que ofrecieron generosamente sus conocimientos, sus espacios teatrales y muchos de los actores que trabajan con ellos para que la representación se concretara. Sin sus muchos años de trabajo previo que luego maduraron en nuestro encuentro esta experiencia no hubiera sido posible.

A la Sra. Alicia Bureau que brindó su revista Cultural "El Decidor" para nuestras publicaciones. Finalmente, a todos los que pasaron por los talleres aportando su diversidad, su singularidad y su intercambio. Con ellos tejimos esta extensa red de acciones y conversaciones. Con ellos formamos esta red, que conectando imaginarios y esfuerzos, multiplicó recursos y concretó esta experiencia de comunidad artística autogestiva.

Quiero terminar esta ponencia con la lectura de tres escenas breves producidas en el taller. Los autores agradecen a los organizadores del Congreso su inclusión. La red se sigue ampliando y yo creo con una enorme beneficio para todos.

Hay talento y gente. Sólo falta saber si hay voluntad. Y la voluntad es definitiva. No recuerdo quien decía esta frase pero yo la tengo por cierta: "Sólo los pueblos fuertes y virtuosos son dueños de su destino".

Muchas gracias a todos.

Lic. Jorge Huertas.


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