Fragmento
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EL PANTEÓN DE LA PATRIA

 

(…)

 

Pausa larga.

 

El Loco: Usted no entenderá nunca la política, nunca. Su moral católica se lo impide. La moral de los curas es para que la crean los otros. El mundo es una suciedad. Usted peleó contra los españoles porque es un patriota. Pero cuando vio el caos del derrumbe colonial, como buen católico, se asustó. Usted no quiere el progreso de la República, usted quiere restaurar el orden de los curas. Por eso no encuentra su lugar. ¿De qué sirve su ética, su moralismo, si no tenemos industria, si no tenemos fábricas? Es un orden de viejas rezando novenas, de curas paseando con su incienso. El progreso lo hacen los hombres sucios, los codiciosos. Y no los santos, o las imitaciones de santos como usted pretende ser. Mire: ni usted mismo sabe qué hacer con su instinto. Desea a su sobrina y no la toma, quiere el progreso de la república y no lo realiza. ¿Por qué? Porque todo es sucio, oscuro y confuso. En cambio, usted es puro, íntegro y finalmente inútil. Usted es otro restaurador. Si hasta para casarse ha buscado un familiar.

Paz: Yo no hice la guerra a los bárbaros para parecerme a ellos. No vencí a Quiroga en La Tablada para tomar su lugar. El orden no es una siesta cordobesa al borde de los arroyos. El orden es fundamental en las batallas, en el progreso, en la vida amorosa. El orden es un pulido engranaje, es matemática pura, limpia. Nada se puede realizar sin esa quietud que sólo da el orden. Yo no soy un político, soy un científico. Mi guerra contra Quiroga no es el espectáculo sangriento de hombres que se matan entre sí. En la batalla hay un teorema, hay una incógnita matemática a resolver. Quiroga no era tan peligroso por su política sino por su forma de guerrear. La guerra que yo libré fue entre la matemática y el coraje animal, entre el orden y la improvisación, entre el cálculo racional y el burdo entusiasmo, entre el entrevero de la montonera y el orden táctico disciplinado. Yo luché por el triunfo del espíritu sobre el instinto, del carácter sobre el temperamento. Si no es así, ¿qué diferencia hay entre Quiroga y yo, entre Quiroga y usted?

 

Pausa.

El Loco: Entre Quiroga y yo: ninguna. ¡Yo soy el Quiroga de la civilización, el forajido del progreso, el montonero de la libertad y el orden futuro!

 

Pausa.

 

El Loco: Usted es el conocimiento experto en la mente equivocada. Como Lavalle, como Dorrego.

Paz: O el Tigre.

El Loco: Usted sabe muy bien cómo cuesta luchar contra alguien de talento, aunque sea un asesino. El Tigre era un caudillo con genio.

 

Paz, extraño a su carácter y a su habitual compostura que se confunde con envaramiento, lanza una carcajada, imitando al Loco.

 

Paz: - "¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte para que te levantes a explicarnos las convulsiones internas que desgarran las entrañas de nuestro pueblo! Tú, Facundo, posees el secreto: ¡revélanoslo! Los argentinos, dicen: "¡No, Quiroga no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá!". ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en Sarmiento. Sarmiento, y no Rosas es su complemento: El alma del bárbaro Quiroga y el escritor Sarmiento es la misma. En Sarmiento es más perfecta, más acabada. Lo que en Quiroga era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtiose en Sarmiento en sueños de progreso y literatura".

 

Pausa.

 

Paz: Usted no escribió el Facundo, usted escribió el Faustino.

 

Suenan campanadas. Se escucha la voz de Margarita cantando un cielito. Entra en la celda con una vela en la mano.

 

Margarita: Cielito digo que sí

Cielito digo que no

Aunque no te vea nunca

Siempre yo pienso en vos.

 

Paz: ¡Amor, amor, amor! ¡Qué noche más horrible! (intenta tocarla) Sólo tú eres mi consuelo en esta celda.

 

Margarita se mantiene distante.

 

Paz: Ya tenemos la dispensa del Arzobispo de Buenos Aires. ¡Qué feliz soy! (Con gracia) Margarita Agustina Ester Josefa: ¿quieres por esposo a José María del Rosario Ciriaco?

 

Paz se acerca y la joven retrocede.

 

Paz: ¿Qué pasa, amor? Ya le dije al padre Cabrera que por la tarde venga a visitarme y allí, frente a madre, nos casaremos. Ven, dame un beso.

 

Paz intenta abrazarla y ella se escapa.

 

Margarita: No quiero casarme contigo, no te amo, no te amo.


Fragmento de EL PANTEÓN DE LA PATRIA

Paz: ¿Por qué todos ustedes me buscan, si no me toleran? No veo más que traición, malicia, ignorancia, venalidad, sórdida codicia. ¿Por qué me buscan?    

Pausa.

El Loco: Porque usted es el mejor militar que tenemos.

Paz: Tan bueno no seré, si me apresaron así.

El Loco: ¿Qué exporta la Argentina?

Paz: Tasajo.

El Loco: El tasajo que el Degollador vende para alimentar los esclavos de Centroamérica es carne muerta y salada. Como la de esos negros. ¿Qué conocimiento, qué de la inteligencia exporta este desierto que somos? Nada, excepto usted.

Paz: ¿Yo?

El Loco: Sí. Sus tácticas de guerra se estudian en las academias militares de Europa. Por eso El Tirano no lo mata.

Paz: Hasta hoy.

El Loco: Ni nunca. El degollador es avieso y calculador, astuto detrás de sus ojos celestes. Lo quiere para él. Sabe que si logra convencerlo será invencible.

Pausa larga. 

El Loco: Usted no entenderá nunca la política, nunca. Su moral católica se lo impide. La moral de los curas es para que la crean los otros. El mundo es una suciedad. Usted peleó contra los españoles porque es un patriota. Pero cuando vio el caos del derrumbe colonial, como buen católico, se asustó. Usted no quiere el progreso de la República, usted quiere restaurar el orden de los curas. Por eso no encuentra su lugar. ¿De qué sirve su ética, su moralismo, si no tenemos industria, si no tenemos fábricas? Es un orden de viejas rezando novenas, de curas paseando con su incienso. El progreso lo hacen los hombres sucios, los codiciosos. Y no los santos, o las imitaciones de santos como usted pretende ser. Mire: ni usted mismo sabe qué hacer con su instinto. Desea a su sobrina y no la toma, quiere el progreso de la república y no lo realiza. ¿Por qué? Porque todo es sucio, oscuro y confuso. En cambio, usted es puro, íntegro y finalmente inútil. Usted es otro restaurador. Si hasta para casarse ha buscado un familiar.

Paz: Yo no hice la guerra a los bárbaros para parecerme a ellos. No vencí a Quiroga en La Tablada para tomar su lugar. El orden no es una siesta cordobesa al borde de los arroyos. El orden es fundamental en las batallas, en el progreso, en la vida amorosa. El orden es un pulido engranaje, es matemática pura, limpia. Nada se puede realizar sin esa quietud que sólo da el orden. Yo no soy un político, soy un científico. Mi guerra contra Quiroga no es el espectáculo sangriento de hombres que se matan entre sí. En la batalla hay un teorema, hay una incógnita matemática a resolver. Quiroga no era tan peligroso por su política sino por su forma de guerrear. La guerra que yo libré fue entre la matemática y el coraje animal, entre el orden y la improvisación, entre el cálculo racional y el burdo entusiasmo, entre el entrevero de la montonera y el orden táctico disciplinado. Yo luché por el triunfo del espíritu sobre el instinto, del carácter sobre el temperamento. Si no es así, ¿qué diferencia hay entre Quiroga y yo, entre Quiroga y usted?

Pausa.

El Loco: Entre Quiroga y yo: ninguna. ¡Yo soy el Quiroga de la civilización, el forajido del progreso, el montonero de la libertad y el orden futuro!

Pausa.

El Loco: Usted es el conocimiento experto en la mente equivocada. Como Lavalle, como Dorrego.

Paz: O el Tigre.

El Loco: Usted sabe muy bien cómo cuesta luchar contra alguien de talento, aunque sea un asesino. El Tigre era un caudillo con genio.

Paz, extraño a su carácter y a su habitual compostura que se confunde con envaramiento, lanza una carcajada, imitando al Loco.

Paz: - “¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte para que te levantes a explicarnos las convulsiones internas que desgarran las entrañas de nuestro pueblo! Tú, Facundo, posees el secreto: ¡revélanoslo! Los argentinos, dicen: "¡No, Quiroga no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá!". ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en Sarmiento. Sarmiento, y no Rosas es su complemento: El alma del bárbaro Quiroga y el escritor Sarmiento es la misma. En Sarmiento es más perfecta, más acabada. Lo que en Quiroga era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Sarmiento en sueños de progreso y literatura”.[1]

Pausa.

Paz: Usted no escribió el Facundo, usted escribió el Faustino


[1] Texto sobre las frases iniciales de “Facundo”.

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