La noche...

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La Noche es Fría, Cristalina  y por demás Hermosa

de Omar Fragapane

Personajes

  • Juan

  • Clara

  • Hombre Viejo

  • Caballero

  • Mozo

  • Muchachos

(Fragmento)

XVII

Calle de tierra. Clara está de pié, sosteniendo la valija. Llega Juan sin registrarla y se sienta.

Clara: Descubierta frente a la oscuridad, sola, en silencio. Cómo resistir el silencio si el calor me es negado; totalmente impregnada de frío, oscuridad y muerte. La vida no es sino un despliegue imperfecto de necesidades, tu noche, la mía, yo...

Desaparece. Llega el mozo.

Mozo: ¿Le retiro la taza?

Juan: Sí... gracias...

El mozo se lleva la taza. Juan abre la libreta y se dispone a escribir. Pausa. Toma una taza imaginaria y bebe. Llega el mozo.

Mozo: ¿Puedo retirar la taza?

Juan: (Sin mirarlo) Sí, gracias.

El mozo levanta la taza imaginaria y se retira. Anochece. Juan se pierde en la oscuridad. La vela se enciende sola y el rostro de Juan se comienza a vislumbrar en medio de la negrura a medida que la llama crece. Su lapicera brilla al igual que la cruz del ataúd. Se abre la tapa del ataúd. Llega el Hombre.

Hombre: (Juan escribe en el momento en que el Hombre habla) La noche es fría y posee ese aroma profundo, que se impregna en el olfato y acentúa aún más su condición de cristalina y ya, insosteniblemente hermosa.

Juan se detiene. Levanta la cabeza de la libreta.

Juan: ¿Insosteniblemente hermosa?

Silencio. El Hombre se aleja en la oscuridad. Juan voltea hacia el ataúd.

Juan: ¿Cómo puede ser: Insosteniblemente hermosa? ¿Cómo?

Gradualmente, se levanta viento, el que llega a tomar mucha fuerza. Juan sujeta la libreta y la botella. Llega el mozo caminando contra el viento, abrazado a la bandeja.

Mozo: ¿Qué le sirvo?

Juan: ¡¿Qué?!

Mozo: (Grita) ¡¿Qué le sirvo?!

Juan: (Grita) ¡Un café!

El viento crece. El mozo se aleja llevado por el viento. Juan se desplaza con mesa y todo. El ataúd se cierra de un golpe y es arrastrado hasta desaparecer. Se escucha un galope que se aproxima. Llega un caballero con armadura. El viento cesa. El estado del caballero es deplorable. Juan levanta la cabeza y lo ve. Se asusta y trata de ocultar su cabeza detrás de la botella. El caballero desenvaina su espada y la levanta pesadamente. Juan se encoge aún más.

Caballero: ¡Qué estáis haciendo aquí, en mi marcha cruzado, sucio gusano!

Juan lo mira atónito asomándose por la botella.

Caballero: ¡¿Responde?!

Juan se encoge.

Caballero: ¡Sal de allí detrás y muéstrate tal y como eres!

Agita las riendas, se acerca a la mesa. Juan se levanta llevando la libreta. Aquel descarga la espada contra la botella, partiéndola en mil pedazos.

Caballero: ¡Mira lo que hago con tu estúpido escondrijo! ¡Rata asquerosa! (Alzando la espada hacia Juan) ¡Enfréntate, aborto de Dios!

El Caballero persigue a Juan alrededor de la mesa.

Caballero: ¡Huyes! La cobardía hará de ti una escoria del infierno.

El Caballero se detiene. Se pone junto a la mesa. Alza la espada y la descarga contra la aquella, partiéndola en dos. Juan se queda paralizado. Aquel se acerca a éste, amenazante.

Caballero: ¡Di tus últimas palabras, perro cobarde!

Juan cierra los ojos. El Caballero alza su espada sobre él.

XVIII

Juan está sentado a la mesa, la cual, partida en dos, se mantiene de pié apoyándose una parte contra otra. Trozos de vidrio en el suelo. La vela, encendida, está apoyada directamente sobre la mesa. A un lado, el ataúd, abierto. La libreta está abierta y él está en posición de escribir.

Juan: La noche es fría y cristalina... y eternamente hermosa... Cómo atrapar esa sensación, que del ultraje del tiempo se ha hecho dueño, y sueño, con ser sólo un señor, que en la ausencia soñó en salir, salvo y sano, con la salvaje señal del cielo: el sol, salido de su sitio.

Escribe. Se escucha un relincho. Juan presta atención. Se escuchan los cascos de un caballo caminando. Juan atiende a estos.

Juan: Mayores son las cosas que vive una rosa, que goza azarosa, pues roza la candorosa mano de la hermosa.

Escribe. Se escucha el sonido de la espada saliendo de su vaina. Juan se detiene.

Juan: (Atento a su derredor) Me espera un llanto que llora ya. Llora lloviendo sin lluvia hallada. Ya, si yo sé hallar, no habré yacido en las llamas de los llantos llovidos, ni yazgo ya sé, en el yunque de mi llaga. Yaceré yerto, en el yugo de mi llaneza.

Voz del Caballero: ¡Salid! ¡Salid, y enfrentaros conmigo!

Se escucha el relincho de un caballo encabritado.

Voz del Caballero: ¡Salid si sois un hombre! ¡No tenéis honor! ¡Salid!

Pausa.

Voz del Caballero: ¡Volveré a por ti maldito!

Se escucha el galope del caballo alejándose. Llega el mozo, cautelosamente. Se queda a unos pasos de Juan mirando en derredor suyo, asustado. Le chista a Juan. Éste no lo escucha.

Mozo: (Susurrando) Disculpe.

Juan continúa absorto. El mozo le vuelve a chistar con más fuerza. Juan sale de su ensimismamiento.

Mozo: ¿Qué se va a servir?

Pausa.

Juan: ... un café...

El mozo asiente y se aleja. Pausa. Se escucha el sonido de la máquina de café y el golpeteo de las tazas como si prepararan el café rápidamente. Juan permanece con la mirada perdida. Llega el mozo rápidamente, mirando hacia todos lados. Deja el café en la mesa y se aleja corriendo. Juan lo mira alejarse. Se va.

XIX

Oscuridad.

Voz de Juan: He sabido caminar tempranamente por una calle solitaria. He sabido aclarar la imagen que se ve al caminar, hasta tal punto, que el aire pasa a ser una dimensión más de la imagen. Pero no el aire tal y cual se lo conoce, no; sino el que transita en la memoria, el que discurre cuando la imagen ya no es visión, sino pensamiento.

Casa de Juan. Bar. Calle nocturna. Calle de tierra. La mesa partida. Juan está de pie junto a esta. Se escucha el andar del caballo del Caballero.

Juan: Por un momento, creí haberte perdido, pero estás ahí, siempre estás ahí. Sos el espacio que me rodea. La nada de la que estoy hecho.

Voz del Caballero: ¡Salid de allí, o te haré salir!

Juan: (Tranquilamente) Salgo.

XX

Juan camina por la calle de tierra. La mesa y el ataúd no están. Pasa por detrás de la Mujer, que continúa de pié sosteniendo la valija. Él se detiene y la mira. Ella no lo registra. Él continúa su camino.

XXI

Muro del castillo del Caballero. Penumbras. Llega Juan. Se detiene frente a aquel.

Juan: Un espectáculo desastroso es el que avanza por el campo de batalla cuando la derrota será un suceso. Qué hombre sabe quién será el triunfador sino aquel que vive la victoria. Soñar la derrota es su propia antesala, cuando ese mismo sueño es la batalla. Funesto paisaje es el que se aproxima, al contemplar la batalla entre un derrotado en sueños y un triunfador sin vida.

Aparece el Caballero en su caballo por detrás de Juan.

Caballero: ¿Has venido al fin?

Juan: He llegado al fin.

Caballero: ¿Cómo has sabido el camino hasta aquí?

Juan: No es necesario saberlo, cuando ese camino siempre ha estado.

Caballero: ¿Por qué has venido?

Juan: Porque me has llamado.

Caballero: ¿Cuando?

Juan: Cuando te he escuchado.

Caballero: ¿Qué es lo que quieres?

Juan: Lo que me vas a entregar.

Caballero: ¿Y qué es eso?

Juan: Aquello por lo que he venido.

Caballero: Entra.

Juan se pierde entre las sombras que hay delante del muro. El Caballero lo sigue.

XXII

Juan, armado caballero, regresa por la calle de tierra montado en su caballo. Está resplandeciente en su montura con la ventana del yelmo levantada. Pasa por detrás de la Mujer, que continúa de pié, sosteniendo la valija. Se detiene y la mira.

Caballero Juan: (Para sí) Me aguarda una jornada fatigosa.

Continúa su camino. Llega hasta la mesa partida. La vela está consumida Se baja del caballo y se sienta a ella. Llega el mozo, al verlo, se detiene bruscamente y se queda mirándolo. El Caballero Juan lo advierte.

Caballero Juan: ¡¿Qué ves?! ¿De las morales o las materiales, deuda alguna ha quedado entrambos pendiente?

El mozo lo observa inmóvil, murmurando la frase que acaba de escuchar, como tratando de comprender.

Caballero Juan: ¡Contesta! ¡Vamos! ¡Dime qué demonios a ti te ocurre que así me miras, como si la mi presencia de un fantasma se tratase!

Se miran.

Caballero Juan: (Poniéndose de pié bruscamente)¡¿Qué es lo que se te ofrece de mí?!

Mozo: (Asustado) Eh... ¿qué... le sirvo?

El Caballero Juan toma la empuñadura de su espada amenazando sacarla.

Caballero Juan: ¡¿Pues decirlo nombrarlo es necesario, maldito?!

Mozo: ...no, no, no señor...

Caballero Juan: Pues entonces ¡Ve a por él!

El mozo se va corriendo. Él mete su mano dentro del peto y saca la libreta y la lapicera. Con dificultad le quita el capuchón a ésta y abre la libreta. En forma muy incómoda, se dispone a escribir. Llega Clara, con la valija. Él la ve, suelta la lapicera y coloca su mano en la empuñadura de la espada. Ella lo nota y se asusta.

Clara: Te vi cuando pasaste junto a mí, pero no quise llamarte...

Él la escucha sin mirarla. Comienza a desenvainar la espada.

Clara: (Retrocediendo un poco)... y después, cuando regresaste en el caballo también te vi, y tampoco quise llamarte...

Caballero Juan: ¡Vete de aquí!

Clara avanza un paso con firmeza, él se pone de pié y descubre inmediatamente toda la espada. Ella se detiene. Llega el mozo con el café en la bandeja y al ver lo que sucede se detiene inmediatamente. El Caballero Juan no lo ve llegar.

Mozo: (Tímidamente)... su...

El Caballero Juan gira violentamente hacia el mozo y se pone en guardia. El mozo retrocede aterrado, levantando la bandeja y escondiendo su cabeza debajo de ésta, sin volcar el café. Aquel, al reconocerlo, guarda el arma y se sienta.

Mozo: (Notando que pasó el peligro)... su... café... señor caballero...

Caballero Juan: ¡Acércate y sírvemelo!

El mozo, con cautela, se acerca y sirve. Se aleja rápidamente.

Caballero Juan: ¡Espera!

El mozo se detiene bruscamente, como si hubiese sido herido por la espalda. Se queda estático.

Caballero Juan: ¡Tráeme una candela!

Mozo: ¿Una qué?

Caballero Juan: ¡¿Qué has dicho?!

El mozo esconde la cabeza entre los hombros.

Mozo: Nada, nada.

Caballero Juan: ¡Entonces, corre y tráemela!

Mozo: (Alejándose corriendo) Sí... sí señor caballero...

Se dispone nuevamente a escribir.

Clara: ... te espero...

Caballero Juan: ¡Vete!

Clara queda mirándolo.

Caballero Juan: ¡Vete!

Clara deja la valija y va hacia él. Éste se pone de pié, saca su espada y la levanta al pecho de ella.

Clara: ¡Vamos! ¡Ahora! El día debe penetrar en la noche; que el ocaso de mi mano se haga puño en la tuya y siempre seré esclava de tu luz. La noche, huye permanentemente del día, porque lo ama.

El Caballero Juan baja la espada y Clara va hacia él. Lo abraza y le acaricia el yelmo como si lo hiciera con su mejilla.

Clara: Juan, Juan.

Ella con gestos suaves lo hace sentar. Él está abatido. La punta de la espada toca el suelo. Ella se sienta en la falda de él y le abraza la cabeza contra su pecho y le besa el yelmo.

Juan: No puedo.

Clara: (Con ternura) No puede.

Llega el mozo.

Mozo: Le calien...

En ese momento se escuchan los pasos del caballo del Caballero. Todos miran hacia el lugar de donde llega el sonido. El mozo se aleja corriendo. El Caballero Juan toma a la Mujer por la cintura y se levanta poniéndola de pié también a ella. Va hacia el caballo y lo monta. Va junto a ella y le extiende un brazo.

Caballero Juan: Monta a la grupa conmigo.

Ella toma el brazo de él y éste la alza de un tirón. Se alejan al galope.

XXIII

El cementerio. Junto a la tumba abierta. Es de noche y todo continúa embarrado. El Caballero Juan, junto con Clara llegan montados en el caballo. Él la ayuda apearse y luego lo hace también. El Caballero Juan se acerca a la fosa. Se escuchan los pasos en el barro. Clava su espada en el barro y se arrodilla. Ella le mira de pié junto al caballo. Él mete los brazos en el pozo y comienza a sacar, con dificultad, el ataúd. Se escuchan los pasos de alguien acercándose por el barro. Juan se detiene y prestan atención. Llega el Hombre.

Hombre: La noche contiene al día. La oscuridad es su materia y la luz, sólo dibuja en ella formas temporales que desaparecerán al atardecer. Tu forma es apenas lo que queda de la noche anterior y lo que entiendas de mis palabras, es sólo la sombra de la profunda oscuridad que te aguarda.

El Caballero Juan va hacia él. El Hombre lo detiene con un gesto.

Hombre: Soy yo. ¿Cuánto tiempo debe pasar para que los ojos vean lo que el tiempo niega?

Pausa. Juan desentierra la espada. Va al caballo, lo monta y se aleja. El Hombre y Clara se miran. Se sonríen.

XXIV

Muro del castillo. El Caballero Juan llega al galope.

Caballero Juan: (Grita desde su caballo) ¡Toma lo que es tuyo!

Un refusilo que dibuja una línea quebrada en el cielo, produce un destello que deja ver la figura del Caballero en su caballeo junto al muro. El Caballero Juan se sobresalta.

Caballero: Tu oportunidad te ha sido otorgada.

Caballero Juan: Lo ha sido.

Caballero: No la has aprovechado.

Caballero Juan: No la quiero.

Caballero: No podías rechazarla.

Caballero Juan: Lo sé.

Caballero: Morirás.

Caballero Juan: Lucharé.

Caballero: Sabes bien que será inútil.

Caballero Juan: Lo sé.

El Caballero alza su espada que tenía desenvainada y en la oscuridad de un costado. El Caballero Juan desenvaina la suya y la levanta. El Caballero arremete contra éste. Chocan las espadas. Luchan. El Caballero Juan cae al suelo y queda boca arriba moviendo las piernas y los brazos.

Caballero: (Desde su caballo) Sabías que sería inútil. Ahora tu muerte será peor.

Caballero Juan: Nunca será peor que tu estúpida armadura.

Caballero: Entonces ¡quítatela!

El Caballero Juan con esfuerzo pero rápidamente, se quita la armadura y queda desnudo. Se coloca de frente al Caballero.

Caballero: Ahora sufrirás.

Juan: Ahora voy a vivir.

El Caballero arremete sobre Juan con la espada en alto. Juan la esquiva. El Caballero vuelve nuevamente a la carga y Juan se cuelga del cuello del caballo. Se trepa al animal. Luchan. Caen al suelo y continúan luchando. El Caballero domina. Se yergue sobre Juan con la espada en alto para acertarle el golpe final. Juan alcanza a tomar su espada que había quedado próximo a él y la interpone cuando el Caballero descarga la suya. Con las espadas cruzadas, continúan forcejeando. Con un impulso, Juan se quita al Caballero de encima y se pone de pié. Jadean, enfrentados. El Caballero se yergue magnánimamente y alza su espada bien en lo alto. Juan toma aire abriendo el pecho, sujeta la espada con firmeza. El Caballero se lanza con mucha fuerza sobre él. Juan cruza su espada pero aquel se la hace volar de un golpe con la suya. Cae. El Caballero pone un pié sobre el pecho de Juan y se dispone para el golpe final.

Juan: La noche es suave, cristalina... y hermosa.

Caballero: Deberías aprender a morir en silencio.

Descarga su espada sobre Juan. Lo contempla por un momento, va hasta su caballo, monta y se aleja al galope. Llega Clara. Va hacia él y lo abraza en el suelo. Juan, lentamente, la mira. Mueve una mano queriendo tocarla. Ella se la toma y la lleva a su pecho. Llega el mozo trayendo los pedazos de mesa y los deposita de manera que quede parada. Se va y vuelve con la silla, la bandeja y la vela, la que enciende con un fósforo y coloca sobre la mesa. Va hacia ellos con la bandeja.

Mozo: ¿Qué les sirvo?

Clara lo mira. Pausa.

Clara: Dos cafés.

Mozo: Muy bien.

Se retira.


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