Medea
Principal Medea Kosovo Mas p... que ...


PERSONAJES:

  • Medea, la enfermera.

  • Cirujano.

  • El Paciente.

Un quirófano. Un paciente que están operando. Por un aparato se escucha los latidos del corazón del paciente. Entra una mujer envuelta en una túnica bailando una danza tétrica que mezcla los látidos del corazón con música. Luego de un minuto entra un hombre vestido de negro con una capa draculiana.

Cirujano.-(con voz de ultratumba) Medea... Medea... Medea... Venga Medea...

Medea.-Sí, dotor.

Cirujano.-Tengo una idea genial. Cada noche del próximo mes, cuando todos estén durmiendo, ire al cementerio de la ciudad y buscaré entre los cadáveres recién enterrados a los más jóvenes, fuertes y bellos. De esos cuerpos extraeré las mejores partes y con todos esos pedazos construiré a una nueva persona. Luego la haré volver a la vida mediante la electricidad de un rayo en un día de tormenta (risa macabra).

Medea.-Dotor... disculpe, dotor. Pero eso ya lo hizo el dotor Frankestein, que creó un mostro así.

Cirujano.-¡Oh, caramba! Esta bien. No importa Medea. No importa. Mejor utilizando mis conocimientos profundos de química orgánica haré una pócima para dividir el alma humana en sus dos mitades esenciales: la buena y la mala, la noble y desinteresada y la cruel y perversa, la parte que persigue los fines más elevados de la humanidad y la que se deja arrastrar por las pasiones más bajas y desenfrenadas... (risa macabra)

Medea.-Dotor, dotor, disculpe de nuevo. Pero eso ya lo hizo un tal dotor Jekyll que tomando un brebaje se convertía en el Señor Hyde.

Cirujano.-(llorando desconsolado)¡Oooh, nooo Medea! ¡Por qué me roban mis ideas! Esto es una conspiración para no dejarme ejercer mi profesión.

Medea.-¡Ay, pero dotor! ¡Cómo no va a poder ejercer su profesión! Estamos en un hospital público... haga lo que quiera. Mire acá tiene al accidentado que trajeron antiyer. Opere, opere nomás.

Cirujano.-Gracias Medea. Usted siempre alentándome en todo momento. ¡Bien! Manos a la obra (se escupe la manos, se las friega y comienza a operar).

Cirujano.-Pinzas (Medea se las alcanza). Bisturí (idem). Gasas (idem). Pinzas (idem).

Medea.-¡Ay, dotor! Mientras usted trabaja acá, no me puedo ir a sentar que tengo las pata' a la miseria...

Cirujano.-Bueno, vaya no más, m'hija.

Medea.-Aaaah (gesto de alivio). Toy hecho pelota.

Cirujano.-Se acostó tarde anoche, m'hija.

Medea.-No, hoy me levanté temprano, baldié los pisos, planché la ropa, dejé la comida preparada, envenené a mis hijos.

Cirujano.-¿Cómo es eso?

Medea.-Les tenía que dar el desayuno y era lo único que tenía en la heladera.

Cirujano.-¿Qué veneno?

Medea.-No. Tenía papas fritas, chizitos, palitos salados, que me llevé de un copetín, y eso les hace un mal a los chicos... terrible. Yo le recomiendo dotor que a sus hijos no les compre esas cosas.

Cirujano.-¿Le parece?

Medea.-Sí. Les cae como si le pegara una patada en el hígado. No les compre más, eeh.

Cirujano.-Si usted lo dice Medea. ¿Se acuerda de esta arteria que cruza por acá?

Medea.-¡Ay, dotor!¡Qué barbaridad!¡Qué cabecita de novio, eeh!

Cirujano.-Lo que pasa es que soy cirujano autodidacta y no llegué a esta parte todavía.

Medea.-Aaah. Me quedo más tranquila. Espere que me calce las chancletas.

Cirujano.-¡Qué cosa esta arteria!

Medea.-A ver...

Cirujano.-Esta. ¿Ve...?

Medea.-Aaaah. No se preocupe. Esta arteria pasa por abajo 'el bofe. No es nada. Corte. Corte nomás.

Cirujano.-¿Le parece?

Medea.-Pero síííí. Equivocándose aprende la gente.

Cirujano.-Medea, vaya higienizando las partes, por favor.

Medea.-(mirando la pelvis del operado) ¿Sabe una cosa dotor? Me parece que a esta pija la conozco de algún lado.

Cirujano.-Bueno, ahora tiene la oportunidad... conózcala de todos los lados.

Medea.-No. Le quiero decir que me resulta familiar.

Cirujano.-¿Familiar por parte de quién?

Medea.-Por parte de mi marido. Es la pija de mi marido. ¡Dios mío! (Llora).

Cirujano.-¿Segura? ¿No se la habrá confundido con otra que conoce?

Medea.-No. Estoy segura.

Cirujano.-¿Y qué hace la pija de su marido en el moribundo que estoy operando?

Medea.-No sé. Mi marido es tan desordenado. A parte no fue a dormir a casa anoche.

Cirujano.-¿Y la pija de su marido?

Medea.-Tampoco.

Cirujano.-¿Y recién le llama la atención?

Medea.-Es que él es tan mujeriego y salidor.

Cirujano.-Si este es su marido le aseguro que se está portando bien.

Medea.-Saquémosle la máscara de oxígeno a ver si es (estirando la mano).

Cirujano.-¡Noo! Se muere. Pero quedese tranquila que todas las pijas son más o menos iguales.

Medea.-No. La de mi marido es especial.

Cirujano.-Pero no... Toque... Toque la mía sinó. Toque... Con confianza.

Medea.- A ver...

Cirujano.-¿Y... qué le parece? ¿Cree usted encontrar alguna diferencia?

Medea.-Espere. A ver... Déjeme que me ubique...

Cirujano.-¿Se ubicó? (comienza a sentir la mano de Medea)

Medea.-Sí. Sí. (mientras lo masturba)

Cirujano.-¿Y...? Responda por favor. (teniendo el orgasmo)

Medea.-Tiene razón, sí...

Cirujano.-¿Vió? ¿Vió? ¿Qué le dije? ¿La convenció mi elocuencia ahora?

Medea.-Pero dotor... ¡Cómo no me va a convencer! Si tiene una de las elocuencias más grandes y desarrolladas que he conocido.

Cirujano.-Bueno, ahora, siga higienizando.

Medea.-Dotor, el operado tiene un grano en el culo igual que mi marido. ¿Muchos hombres pueden tener un grano en el culo?

Cirujano.-¡Por supuesto!

Medea.-¿Me deja tocarle el culo para ver si usted tiene uno?

Cirujano.-Mejor no. Deje. Deje. Debe ser su marido nomás.

Medea.-¡Ooooh! ¡Nooo! ¡Qué desgraciada soy! ¡Mi marido! ¡Mi querido Jasón!

Cirujano.-Quédese tranquila que termino enseguida y nuevamente será útil a la sociedad.

Medea.-¡Ay, qué suerte dotor! Con lo inútil que era.

Cirujano.-Quédese tranquila, m'hija. Alcánceme algo para operar.

Medea.-(dándole un martillo y un cortafierro, una motosierra u otra herramienta eléctrica) ¿Esto está bien?

Cirujano.-¿Y a usted que le parece?

Medea.-Yo creo que está bien.

Cirujano.-Si usted lo dice Medea. ¿Ve? Tres golpecitos acá... y listo. Uno... dos... y... tres... (la sangre salta por todos lados y el sonido del corazón se va haciendo cada vez más lento hasta que desaparece).

Cirujano.-¡A la mierda! ¿Qué pasó?

Medea.-¿Qué pasó, dotor? ¡Por favor, dígame...! ¿Va a ser de nuevo útil a la sociedad?

Cirujano.-Por supuesto. ¡¿Cómo no?! Poniéndolo en formol va a poder ser muy útil para los estudiantes de anatomía.

Medea.-Eso quiere decir... Eso quiere decir... Eso quiere decir que... Eso quiere decir que...

Cirujano.-(cansado) ¡Qué cagó fuego?

Medea.-Y, se veía venir... (llorando).

Cirujano.-No. No se veía venir un carajo, sino el camión no lo hubiera atropellado a su esposo.

Medea.-¿Y habrá sufrido mucho, dotor?

Cirujano.-Solamente con el primer paciente que se me murió. Pero ahora ya estoy acostumbrado.

Medea.-Todavía no lo puedo creer.

Cirujano.-Creáme, su esposo está muerto.

Medea.-¡Ay, a cuántas le dirá lo mismo!

Cirujano.-Solamente a las viudas.

Medea.-¡Ay, usted es un pícaro! ¡Dotor tenía que ser!

Cirujano.-Tan pícaro no soy (risa cómplice).

Medea.-Usted ve una viuda joven y linda, y ya se la quiere levantar.

Cirujano.-Bueno, no es para tanto (risa cómplice).

Medea.-¿No quiere ir a tomar un cafecito? Tengo el camión estacionado en la puerta.

Cirujano.-Si usted invita...

Medea.-Cómo no, dotor. El paragolpes del camión está un poco sucio con sangre. Es que justo cuando venía por la ruta se me atravesó un canguro.

Cirujano.-Estos animales siempre dando sobresaltos (se toman del brazo y caminan hacia la puerta).

Medea.-Y a mis hijos los tengo atrás del camión. De la indigestión con esas porquerías quedaron todos inconscientes. Los tengo que ir a tirar al mar para que aprendan buceo.

El operado se queda solo. Los latidos del corazón empiezan a sonar nuevamente. El paciente hace un mínimo movimiento de cabeza. Los latidos del corazón recuperan la frecuencia normal.

Cirujano.-(volviéndose sorprendido)¡Bisturí!

FIN.


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